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Apuntes de Espiritualidad/11


 


Los logismoi, las pasiones



Logismoi es una palabra griega, entrada en la espiritualidad cristiana, que quiere decir: pensamientos, deseos, impulsos, pasiones, vicios. Podemos decir que el combate contra los pensamientos pasionales o logismoi es, en definitiva, una lucha contra los deseos desordenados.

Los grandes maestros del arte espiritual han utilizado diferentes términos, para hacer referencia a estos deseos (espíritus, demonios, pensamientos, aflicciones, afecciones, pasiones, apegos, apetitos, voluntad, vicios, pecados capitales...), y nos han enseñado a combatirlos y a eliminarlos, a través de la mortificación, la renuncia y la humildad.

El monje Macario, discípulo de san Antonio abad, interpretando toda la tradición espiritual cristiana, a partir del Evangelio, decía: "Todo el combate del hombre se realiza en el afrontar los logismoi".

Jesús, en la línea de los profetas, puso en guardia a sus discípulos contra la hipocresía; contra el hacer y decir ciertas cosas, mientras que el corazón piensa en otras. Del corazón, en efecto, proceden los malos deseos, los asesinatos, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, las mentiras, los chismes (cf. Mt 15, 18-20).

La lucha interior

La lucha contra los malos pensamientos es sobre todo un tema típico de la literatura monástica. Según la explicación de Evagrio Póntico, los demonios luchan contra los hombres del mundo utilizando, de preferencia, los objetos. Es la lucha visible que concierne a las cosas. Su contacto hace surgir las pasiones. Contra los monjes, por el contrario, más a menudo, utilizan los pensamientos; los objetos, en efecto, ellos no los tienen, a causa de la soledad[1].

Para afrontar este combate, los grandes monjes del desierto tuvieron que enfrentar el problema central de los logismoi, que impiden y paralizan cualquiera acción. Algunos de ellos, como Evagrio, Macario y Cassiano, se volvieron verdaderos "psicólogos del desierto". Su enseñanza, aunque tan lejana en el tiempo y en diferentes condiciones culturales y sociales, puede ser todavía útil hoy, para afrontar nuestra batalla.

En efecto, debemos tener la humildad de recordarnos que no somos ni los primeros ni los únicos, que han recorrido el camino indicado por el Señor, aunque, para Él, cada uno de nosotros siempre es el primero y el único. Tenemos que cultivar el camino de la humildad, que nos hace escuchar la voz de la experiencia de los que afrontaron nuestros mismos problemas, nuestras mismas dificultades; que dudaron, cayeron, pecaron, pero, también se levantaron y vencieron.

La historia no está escrita ya, y a nosotros no nos compete solo repetir lo que hicieron otros. Nuestra historia la podemos escribirla solo nosotros. Sin embargo, no somos mónadas, casas sin puertas y ventanas, sino personas capaces de comunicar, de dar y recibir. Capaces, pues, de acoger la enseñanza de los que combatieron y vencieron. No tenemos que tener miedo de confrontarnos con esta enseñanza. Los padres antiguos tienen mucho que enseñarnos.

Conocerse a sí mismos Evagrio Pontico

Los monjes del desierto afrontaron la cuestión central del "conócete a ti mismo". Con intuición profunda, Evagrio afirmaba lo que la moderna ciencia psicológica ha descubierto y puesto de relieve, en aquella actividad profunda y escondida, que llamamos el subconsciente. Según Evagrio, "muchas pasiones están escondidas en nuestra alma y escapan de la atención; cuando sobreviene la tentación, entonces lo que estaba escondido se pone de manifiesto". Se trata de saber conservar el dominio de los actos; de no perder el control de la situación; de no atribuir sentido mayor o diferente a ciertos fenómenos.

No se puede pedir a nuestro cuerpo y a nuestro corazón lo que no pueden, no deben y no están llamados a dar. Existen condiciones creaturales (somos criaturas humanas, no naturalezas angélicas), que deben ser conocidas, respetadas, purificadas, guiadas. Recordemos lo que decía Pascal, cuando afirmaba que el hombre no es ni ángel ni bestia; pero, si quiere hacer el ángel acaba por hacer la bestia[2].

Por eso, es importante que no nos ilusionemos con que alcancemos fácilmente, de un golpe y sin combate, el control de nuestros logismoi, la posesión de nosotros mismos. El combate es largo y lleno de insidias. Nunca debemos decir haber vencido, antes del fin de la batalla. Y la batalla del cristiano se acabará algunas horas después de la muerte...  Hasta entonces, hace falta vigilancia y cuidado[3].

Irene Iovine




[1] Cf. T. Špidlík - M. Tenace - R. Čemus, Il monachesimo secondo la tradizione dell'Oriente cristiano, Lipa Edizioni, Roma 2007, 162.
[2] Cf. B. Pascal, Pensieri e altri scritti di e su Pascal, Edizioni Paoline, Cinisello Balsamo (MI), Milano 1986, 243.
[3] Cf. E. Grasso, Très chers amis... Thèmes choisis de spiritualité, Centre d'Études Redemptor hominis, Mbalmayo 2000, 207-210.


18/04/08


 

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