Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Apuntes de Espiritualidad ▸ arrow Apuntes de Espiritualidad/17. El buen pastor llama por nombre a sus ovejas y ofrece...
Imprimir Enviar a un amigo


Apuntes de Espiritualidad/17


 

El buen pastor llama por nombre a sus ovejas

y ofrece su vida por ellas (Jn 10, 1-18)

 


La parábola de Jesús, "buen pastor", es muy importante para la vida del cristiano. Jesús hace comprender a sus discípulos el sentido profundo de su vida, que es dar la vida por sus ovejas, a las que conoce y llama por nombre, y también el sentido de la vida del cristiano, que es seguir la voz de Aquel que lo ama, en el rebaño reunido.

El contexto de la parábola

En la época de Jesús, la ganadería estaba muy desarrollada. Muchos poseían algunos rebaños que constituían su único recurso de vida. Para proporcionar el pasto necesario al propio rebaño, los pastores se desplazaban, periódicamente, hacia praderas libres. Para hacer esto, se iban también muy lejos, permaneciendo así por mucho tiempo fuera de su casa. Había, entonces, quien, poseyendo algunas parcelas de tierra, construía grandes cercados para poder ofrecer a los pastores la posibilidad de resguardar las ovejas durante la noche e ir a recogerlas el día siguiente. El contrato preveía un guardián que vigilase los varios rebaños.

En este contexto comprendemos mejor la parábola. Entendemos por qué Jesús habla del pastor que va a "recoger" sus ovejas en una zona cercada, con puerta y guardián. Comprendemos también por qué sus ovejas se encuentran junto con otras; por qué se levantan solo a la llegada del propio pastor y lo siguen cuando el guardián les abre la puerta. Es oportuno detenerse, primeramente, sobre este aspecto muy importante de la Escritura: la compresión del texto bíblico, de lo que comúnmente se llama la "letra", de lo que está escrito, para pasar, sucesivamente, a la compresión de lo que el texto quiere enseñarnos.

Decía justamente Orígenes que "Si alguien, en un estado todavía insuficiente, antes de cumplir cuanto está escrito, quiere subir más allá de lo que está escrito, ni entiende lo que está escrito. Como no es posible subir una escalera sin avanzar desde los peldaños más bajos según lo posible, lo mismo vale para el aprendizaje de las cosas divinas"[1].  

Del sentido a los sentidos

Una vez entrados en el texto, es necesario comprender el mensaje encerrado en él. Entre los tantos sentidos que la parábola del buen pastor expresa, escogemos dos.

El primero, que es también el centro de la parábola, consiste en el "dar la vida por su rebaño" (v. 11), condición esencial para ser un buen pastor. En aquella época, los pastores arriesgaban noche y día la vida por su rebaño, porque el rebaño era su única riqueza. Y si, de tarde, volviendo a entrar en el cercado, el pastor contaba sus ovejas y faltaba una, dejaba todas las demás al seguro y se iba a buscarla (cf. Lc15, 4-7).

Es por eso por lo que Jesús reprocha a todos los que antes de él se han comportado como ladrones y bandidos, a los cuales no les importa nada el rebaño (cf. Jn 10, 13). Seguramente la polémica de Jesús es contra los escribas y los fariseos de Mt 23, 1-36, quienes, "cierran a la gente el Reino de los Cielos" (Mt 23, 13); y que, al contrario de lo que hace el buen pastor, no pueden conducirlos a la salvación, porque son "guías ciegos" (Mt 23, 16).

En la visión de la parábola, Jesús, más adelante, dirá: "No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando. Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre" (Jn 15, 13-15).

Aquí hay como un eco de la parábola del buen pastor, sobre todo en la capacidad de "donar la vida por sus ovejas" y en el otro mensaje que vamos a analizar, relativo al hecho de que hay una relación personal e íntima entre el pastor y las ovejas (Jesús y sus amigos) hasta el punto que él las llama "a cada una" (es decir, por nombre), y ellas "lo siguen porque conocen su voz".

El segundo sentido, entonces, es aquel "llamar por nombre" con el cual el buen pastor se relaciona con sus ovejas (cf. Jn 10, 3). Los discípulos de Jesús no solo reconocen su voz, sino que han hecho la experiencia de ser llamados por nombre.

Un ejemplo muy explícito es el de la experiencia de María de Magdala, en el jardín donde había sido depuesto el cuerpo del Señor, que ella ya no encuentra. Ella ve solo la piedra (la "puerta") del sepulcro que había sido rodada a un costado. Aquí nos encontramos en una situación diferente de la parábola de la ovejita perdida (cf. Lc 15, 4-7) ya que, en este caso, es la "ovejita" que va en busca del "pastor". Pero no tenemos que dejarnos engañar. En efecto, es el Señor quien busca a María de Magdala, para encontrarla plenamente.

María de Magdala no reconoce a Jesús cuando le dice "Mujer, ¿por qué lloras?" (Jn 20, 15), sinoJesús y María de Magdala cuando la llama por nombre: "¡María!" (v. 16). Y solo entonces le responde: "Maestro". "Ella lo reconoce enseguida por el tono inconfundible de su voz, se da la vuelta de golpe y se dirige a él con el título con que estaba acostumbrada a llamarlo: ‘Rabboní', que quiere decir ‘Maestro'. El misterio de este encuentro se revela a través de dos nombres, probablemente el primero susurrado, el otro, en cambio, gritado en un ímpetu vibrante de gozo"[2].

Ella lo reconoce, escucha su voz y le sale al encuentro para abrazarlo, porque Jesús ha dado su vida por ella: la escena se ubica, en efecto, después de la muerte y resurrección de Jesús.

De los dos sentidos principales que hemos identificado, vemos cuánto es importante la parábola del buen pastor para la vida del cristiano. Nos hace comprender todo el misterio de la persona de Jesús, quien es donación de su vida por sus propios amigos, y también el sentido pleno de la vida del hombre, quien pasa de una existencia anónima a la de una amistad indisoluble con el Cristo, buen pastor, quien llama por nombre a sus ovejitas.

Sandro Puliani



[1] Cf. Origene, Fragm. 19 in 1Cor, citado en F. Cocchini, Origene: La Scrittura secondo la Scrittura, en "Parola Spirito e Vita" 1 (2001) 234-235.
[2] U. Terrinoni, Maria di Magdala: icona dell'amore ardente (Gv 20, 1-2. 11-18), en "Consacrazione e servizio" 51/4 (2002) 43.

23/01/09

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis