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Apuntes de Espiritualidad/19

La vida común


Para hablar de la vida común, un elemento que caracteriza la existencia cristiana, queremosBasilio de Cesarea remitirnos a un padre de la Iglesia, Basilio de Cesarea (329-379). Él ha vivido en Capadocia, en el período en que la Iglesia gozaba del reconocimiento y del apoyo del Estado, y en ella iniciaban a tomar estable morada todas las corrientes políticas, sociales y espirituales del "mundo".

Obispo y hombre de acción, en un período en que las herejías amenazaban a la Iglesia, Basilio ha preferido siempre la vida así llamada contemplativa. Por eso, ha organizado la vida monástica, que nacía y se estaba desarrollando precisamente en aquellos tiempos, y que de él toma un tono particular y original. En el desierto del Egipto, vivían monjes solitarios como Antonio, pero también monjes que hacían vida común, en monasterios, alrededor de otro gran padre del monaquismo: Pacomio. Más a oriente, en Palestina, y sobre todo en Siria, el monaquismo se desarrollaba en experiencias de fuerte rigorismo ascético, es decir, con prácticas que llevaban a los monjes a la mortificación corporal, hasta los extremos de las posibilidades humanas.

Basilio, inspirándose en estas varias formas, piensa que el ideal monástico debe ser vivido en pequeñas comunidades, donde cada uno de los miembros, además de preservar el recogimiento, pueda cultivar también las relaciones interpersonales.

Además, Basilio nunca utiliza el término "monjes" para sus discípulos, sino aquel simple de "hermanos", porque "no considera la vida monástica como una institución particular, en el interior de la Iglesia, basada en la observancia de los ‘consejos', sino simplemente como la realización más perfecta de la fraternidad cristiana, cuyos modelos son: el grupo de los discípulos de Jesús, la comunidad primitiva de Jerusalén y las Iglesias paulinas"[1].

Para Basilio, la vida común es una de las características de la vida cristiana. El hombre es un ser social, no puede vivir y realizarse a solas, en la soledad.

Basilio indica algunos puntos fundamentales para defender esta tesis suya. Entres estos, hemos escogido tres.

1. Nadie es autosuficiente. Basilio se encomienda al discurso de Pablo sobre el cuerpo y los miembros, que encontramos en 1Co 12, 12-26, que comenta así: "El pie, por ejemplo, tiene ciertamente su facultad propia, pero le faltan otras y, sin el concurso de los demás miembros, su actividad no es posible, o no le está garantizada de modo estable, y tampoco puede otorgarse lo que le falta"[2].

Lo mismo acontece también con los miembros del cuerpo místico de Cristo. Exactamente de esta comparación Basilio llega a la otra gran afirmación: "Dios Creador ha establecido que debemos ser útiles recíprocamente, como está escrito, a fin de que estemos unidos los unos a los otros"[3].

Nada es tan propio a nuestra naturaleza como el comunicarse el uno con el otro, el necesitar el uno del otro y el amar al que es de nuestra estirpe[4].

El hombre es un animal manso y sociable, y no solitario y salvaje[5]. Por eso, si el Señor mismo ha dado al hombre, de antemano, las semillas de este su ser social, es obvio que busque, luego, también los frutos que de ellas proceden[6].

Es en virtud de esta posibilidad por lo que JesúsJesús y sus discípulos dona a sus discípulos el mandamiento nuevo del amor recíproco, señal suprema que los distinguirá (cf. Jv, 34-35).

2. El amor de Cristo lleva al hombre a no ocuparse solo de lo que le es propio. Para Basilio, quien "para el propio alivio descuide de algo necesario para el hermano, tanto para el alma como para el cuerpo, es ya evidente, también para los demás, que tiene el mal del amor a sí mismo, cuyo fin es la perdición"[7].

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, quien es amor, ha recibido en sí la semilla del amor, que excluye cualquier tipo de soledad. Su vida, por lo tanto, está orientada al amor, a la salida de sí mismo y a la realización de lo que es bueno y hermoso, en las dos direcciones del amor a Dios y al prójimo.

Basilio enraíza sus afirmaciones en la Escritura. Retomando 1Co 13, 5 y Rom 12, 4-7 (todavía la relación de los miembros con el cuerpo), Basilio sostiene que los cristianos son "los que cooperan el uno con el otro para el único fin de la satisfacción de Dios"[8].

La satisfacción de Dios constituye uno de los elementos más característicos de la espiritualidad de Basilio[9]. Esta no es el fruto de una fe intimista, sino de la fe operante mediante el amor. Son numerosas las referencias al Evangelio de Juan (sobre todo a los versículos 15, 12 y 13, 35), que Basilio vuelve a proponer, para subrayar cómo el amor recíproco de los hermanos deriva del amor a Cristo, y es recibido por los cristianos como el mandato más precioso, como verdadera señal de reconocimiento. Mandato, que el cristiano interioriza y hace concreto, es decir, pone en práctica, para poder vivir la caridad, de manera simple y natural.

El amor a los hermanos, sobre todo a los más pobres, no es un sucedáneo del amor a Cristo, sino amor a Cristo mismo. La cita de Mt 25, 35ss. ("Tuve hambre y ustedes me dieron de comer...") justifica la actuación del cristiano, "sobre todo porque el Señor acoge como dirigido a él el cuidado que se tiene de la persona que se ha consagrado a él, y por ello promete el reino de los cielos"[10].

Comentando 1Co 12, 26 (la participación de todos los miembros en los sufrimientos y los gozos de cada uno de los miembros del cuerpo), Basilio dice que "está claro que quien no tiene estas disposiciones no ama al hermano"[11].

3. Nadie recibe todos los carismas espirituales. Insistiendo, una vez más, en la unidad del cuerpo, Basilio recuerda que, "en la vida comunitaria, el carisma propio a cada uno se vuelve común a todos los que viven con él... y de todo esto cada uno recibe más para los demás que para sí mismo"[12].

Quién vive solo, y aun quien es indigno, puede también tener un carisma[13], pero lo vuelve inútil dejándolo inactivo, enterrándolo como el talento del Evangelio. "Al contrario, en la convivencia con muchos otros, se disfruta del propio don, que se multiplica compartiéndolo, y se goza del fruto de los dones ajenos como del propio"[14].

La vida común es, por lo tanto, la acogida de los diversos carismas. Es necesario, entonces, que "todos se compongan armónicamente el uno con el otro en el amor de Cristo, como los miembros en el cuerpo"[15].

Con estas particulares intuiciones, Basilio nos recuerda los fundamentos de la vida cristiana, que es ante todo "vida comunitaria".

Sandro Puliani



[1]J. Gribomont, Basilio, en Dizionario degli Istituti di Perfezione. Diretto da G. Pelliccia e G. Rocca, I, Edizioni Paoline, Roma 1974, 1106.
[2] Basilio di Cesarea, Regole Ampie 7, en Opere ascetiche. A cura di U. Neri, UTET, Torino 1980, 241.

[3] Basilio di Cesarea, Regole Ampie 7, en Opere ascetiche..., 241.

[4] Cf. Basilio di Cesarea, Regole Ampie 3, en Opere ascetiche..., 232.

[5] Cf. Basilio di Cesarea, Regole Ampie 3, en Opere ascetiche..., 232.

[6] Cf. Basilio di Cesarea, Regole Ampie 3, en Opere ascetiche..., 232.

[7] Basilio di Cesarea, Regole Brevi 54, en Opere ascetiche..., 365.

[8] Basilio di Cesarea, Il Battesimo II-8, en Opere ascetiche..., 597.

[9] Cf. nota 11, en Basilio di Cesarea, Il Battesimo I-1, en Opere ascetiche..., 516.

[10] Basilio di Cesarea, Regole Brevi 207, en Opere ascetiche..., 441.

[11] Basilio di Cesarea, Regole Brevi 175, en Opere ascetiche..., 424.

[12] Basilio di Cesarea, Regole Ampie 7, en Opere ascetiche..., 243.

[13] Cf. Basilio di Cesarea, Regole Brevi 179, en Opere ascetiche..., 427.

[14] Basilio di Cesarea, Regole Ampie 7, en Opere ascetiche..., 244.

[15] Basilio di Cesarea, Morali LX, en Opere ascetiche..., 162.

 

16/02/09
 

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