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¡DUC IN ALTUM!/1

Las dos dimensiones de la misión en el tercer milenio


 

El alfa y la omega, el principio y el fin de la carta apostólica Novo millennio ineunte, con la que Juan Pablo II cerró el Gran Jubileo del año 2000 y abrió las puertas del tercer milenio, están destacados por las palabras evangélicas: ¡Duc in altum!, citadas así en latín en el texto.

La expresión ¡Duc in altum! se encuentra cinco veces en la Novo millennio ineunte[1].

"Jesús escribe el Papa, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón, invitó al Apóstol a 'remar mar adentro' para pescar: 'Duc in altum' (Lc 5, 4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes. 'Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces' (Lc 5, 6)"[2].

Traemos el texto evangélico de Lc 5, 4-6, en la traducción de la Biblia Latinoamericana de 2005:

"4Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: 'Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar'.

5Simón respondió: 'Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes'.

6Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían".

 Más allá de toda lógica cultural

Lo importante es examinar el versículo 5: entre la invitación del Señor y el fruto abundante de la pesca se encuentra la conversión interior de Simón. Él da, ante todo, una respuesta de orden cultural. En calidad de pescador experto objeta que él y sus compañeros ya lo hicieron durante toda la noche y no pescaron nada. La competencia profesional y la anterior e infructuosa experiencia nocturna empujan a retirar las redes en la barca y parar. La contestación de Simón pone en evidencia cuán absurda es al parecer la petición de Jesús a los ojos de un experto, ya que el tiempo apto para pescar es la noche, no el día, y la fatiga inútil de la noche precedente está demostrando la ausencia de peces en aquel punto del mar[3].

Podríamos decir que, en este caso, la cultura de Simón se opone a la invitación del Señor. Si Simón hubiese permanecido firme en su cultura, ciertamente no habría ido mar adentro y no habría echado las redes.

Pero, superando toda lógica cultural, Simón acepta remar de nuevo mar adentro: "Pero, si tú lo dices, echaré las redes".

En su respuesta, Simón pasa del rol de pescador que no tiene nada que aprender de Jesús a aquel del discípulo. Él, yendo contra todo principio de realidad y evidencia, basándose totalmente en la autoridad de la palabra del Señor, echa las redes.

La ejecución de la orden no encuentra otro motivo y fundamento que el mandato de Jesús. Así Simón actúa por la fe en Él. y esta fe, luego, será confirmada por la pesca abundante.

Aquí podemos afirmar que en Simón se ha realizado un paso no de una cultura a otra, de una manera de pescar a otra (el mar permanece igual; iguales, las redes; iguales, las técnicas; iguales, las capacidades de Simón y de sus amigos), sino un paso fundamental de un orden cultural a un orden transcultural, o sea al orden de la fe.

Pedro y sus compañeros echaron las redes, como escribe Juan Pablo II, porque "confiaron en la palabra de Cristo"[4].

Nos encontramos en la presencia de la fe como pistéuin con el dativo (creer a Cristo). O sea, se expresa la actitud del hombre que se remite a la palabra divina de la promesa, aceptándola y confiando en ella. Se trata de la fe, que implica esencialmente la confianza en el testigo divino, es decir, la entrega confiada del hombre a Dios, que se le revela y así lo salva[5].

Al parecer, todo queda igual. Quien cambia es Simón: ya no echa las redes sobre la base de sus criterios, sino sobre la palabra de Aquel al que él llama Maestro. Podríamos aquí citar aquel pasaje de Kierkegaard, donde se subraya "la contradicción entre la pasión infinita de la interioridad y la incertidumbre objetiva"[6].

Esta contradicción entre el dato socio-cultural y la tensión hacia un Rostro, que no se logra tematizar porque siempre está más allá de toda expresión cultural[7], se soluciona solo una vez más para quedarnos con Kierkegaard en el tener el entusiasmo, salir, ir mar adentro y encontrarse felices en la profundidad de 70.000 brazos[8].

Este primer acto de fe de Simón encontrará, luego, su pleno cumplimiento en la proclamación de la divinidad de Jesús, a la cual seguirá el cambio de su nombre de Simón a Pedro.

La clásica versión de La Bible de Jérusalem prefiere traducir el ¡Duc in altum! de la Vulgata, más que con la expresión "remar mar adentro", con la expresión "avanza hacia aguas profundas" ("avance en eau profonde").

En la misma línea tenemos otras traducciones, como la de Chouraqui ("avance en profondeur")[9], de Rengstorf ("spingi verso il profondo")[10], de Howard Marshall ("to sail out into deep water")[11], la traducción en De Bijbel a cargo de la Katholieke Bijbelstichting ("vaar nu naar het diepe")[12] y también la versión popular Dios habla hoy a cargo de la Sociedad Bíblica Americana ("Lleva la barca a la parte honda del lago")[13].

Schlier, en el Lessico cuidado por Kittel y Friedrich, subraya que el término griego bathos[14], indica una profundidad exterior, material, que comporta una dirección hacia abajo o hacia arriba, sin ninguna consideración de la medida de esta profundidad[15].

Las dos dimensiones de empuje hacia mar adentro y hacia la profundidad están presentes en el ¡Duc in altum!; basta con que pongamos atención al sistema de pesca utilizado en aquel momento: después que los pescadores se han alejado de la costa, "la red, replegada sobre la plataforma en la parte trasera de la barca, viene bajada lentamente al agua, a medida que la barca avanza paralelamente a la costa"[16].

Emilio Grasso

(Continúa)


[1] Cf. n.os 1, 15, 38, 58.

[2] Novo millennio ineunte, 1.

[3] Cf. Il Vangelo secondo Luca. Commento di K.H. Rengstorf, Paideia, Brescia 1980, 131.

[4] Novo millennio ineunte, 1.

[5] Cf. J. Alfaro, Fe, en Sacramentum Mundi, III, Herder, Barcelona 1976, 111-112.

[6] S. Kierkegaard, Postilla conclusiva non scientifica alle "Briciole di filosofia", en S. Kierkegaard, Opere. A cura di C. Fabro, II, Piemme, Casale Monferrato (AL) 1995, 331.

[7] También el acto del creyente, como magistralmente nos enseña santo Tomás, "termina no en el enunciado, sino en la realidad que contiene. En verdad, no formamos enunciados sino para alcanzar el conocimiento de las realidades; como ocurre con la ciencia, ocurre también en la fe", Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 1, a. 2, ad 2; cf. M.-D. Chenu, Contribution à l'histoire du traité de la foi. Commentaire historique de II-II, q. 1, a. 2, en M.-D. Chenu, La Parole de Dieu, I. La foi dans l'intelligence, Éd. du Cerf, Paris 1964, 30-50.

[8] Cf. S. Kierkegaard, Postilla conclusiva..., 261.

[9] Cf. La Bible traduite et présentée par A. Chouraqui, Desclée de Brouwer, s.l. 1985.

[10] Cf. Il Vangelo secondo Luca..., 129.

[11] Cf. The Gospel of Luke. A Commentary on the Greek Text by I. Howard Marshall, The Paternoster Press, Exeter 1978, 202.

[12] De Bijbel. Uit de grondtekst vertaald. Willibrordvertaling, Katholieke Bijbelstichting Boxtel in samenwerking met de Vlaamse Bijbelstichting, 1981.

[13] Dios habla hoy. La Biblia con Deuterocanónicos, Sociedad Bíblica Americana, Nueva York 1983.

[14] Cf. Lc 5, 4.

[15] Cf. H. Schlier, bathos, en G. Kittel - G. Friedrich, Grande lessico del Nuovo Testamento, II, Paideia, Brescia 1966, 11.

[16] Vangelo secondo San Luca. Commento di A. Valensin - G. Huby, Studium, Roma 1959, 103.

 



02/12/2017

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis