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AMICUS PLATO, SED MAGIS AMICA VERITAS

Testimonio, con ocasión del 50.º aniversario de

ordenación sacerdotal de S. E. Mons. Antonio Lucibello



 

Desde la primera vez que toqué el suelo del Paraguay, aprendí un vocablo que se utilizaba con mucha frecuencia: argel.

Qué significaba esta palabra, de uso muy difundido en este país, lo comprendí con cierto retraso.

Argel se refiere a una persona (hombre o mujer) que no es bien grata, es antipática, poco amistosa, soberbia, arrogante.

En el Paraguay, el uso de esta palabra se atribuye al hecho de que los caball os que fueron traídos de Argelia eran muy difíciles de ser domados, y la palabra argel se utilizó también para las personas al comienzo del siglo XIX.

Ahora bien, lo que me impresionó era la facilidad con que tal término se pronunciaba, y que su uso era vinculado a la no aceptación de los juicios que la persona argel expresaba.

Comprendí lentamente que, más que en el contenido de cuanto se estaba diciendo, todos se detenían en la no aceptación de lo que se decía, tal vez, también en la manera de hablar y de expresar ciertos juicios, que fastidiaban a quien escuchaba y recaía bajo aquellos juicios.

El valerse de la palabra argel se volvía, así, una defensa y una conclusión del discurso. Definiendo a una persona con el epíteto de argel, se podía descalificar todo un discurso y los juicios expresados, sin deber hacer la fatiga de examinar la verdad o la falsedad de los mismos.

Por decirlo de manera sintética, bastaba afirmar que quien expresaba un juicio no grato era un Argel y la cuestión quedaba cerrada, y tranquilamente se podía seguir actuando como si nada hubiera ocurrido.

Por incidencia, hay que decir también que tranquilo es una de las palabras más inflacionadas que existen en el Paraguay. Si todo procede tranquilo, quiere decir que se puede continuar como antes, sin cambiar sustancialmente nada porque todo procede bien, todo está en orden y no tenemos que hacer ningún esfuerzo para interpretar unas situaciones en continuo cambio.

En el fondo de la cuestión, en el Paraguay o en cualquier otro país del mundo, el hombre no quiere cambiar nunca sus costumbres. Se instala en ellas y quiere ser dejado tranquilo, porque cualquier cambio cuesta y lo llama a una ruptura de equilibrios adquiridos y consolidados.

Esta mentalidad es profundamente innata en el hombre y, por tanto, cualquiera que te dice algo que rompe tu tranquilidad sustancialmente es un argel, aunque en otros países lo llamen con otro nombre.

Ahora bien, aun una lectura rápida y superficial del Evangelio nos mu estra que Jesús, en su tiempo, sin falta, fue juzgado un fastidioso argel que, con sus juicios duros y cortantes, molestaba a sus interlocutores.

En nuestros tiempos, con esta palabra, primero se lo habría aislado y, luego, puesto a un lado sin pensar demasiado en ello. Y quien habría hecho esto no habría sido el pueblo, sino una casta que no habría tolerado ver puestos en tela de juicio determinados privilegios, ejercidos de maneras más o menos untuosas.

La riqueza sorprendente de la Iglesia me ha hecho descubrir que la diplomacia no debe ser entendida, como a menudo se piensa, como un arte de la componenda y de la simulación de la realidad detrás de cortinas fumígenas, sino que puede querer decir también que “la verdad nos hace libres”, y que podemos también ser amigos de Platón, pero más aún ser amigos de la Verdad (Amicus Plato, sed magis amica veritas).

A una afirmación corroborada por un argumento, la lógica requiere que se le responda con otra afirmación avalada por un argumento consecuente.

Se puede estar de acuerdo o no con una afirmación, y se puede enriquecer o desmontar el argumento que la sostiene. Pero, dos cosas nos alejan de la búsqueda de la verdad.

La primera es el juego del decir y del no decir: desviar del argumento que sostiene la afirmación y moverse de formas solapadas, que hacen solo perder tiempo y no conducen a ninguna parte.

Este tipo de argumentación, bien conocida por aquellos abogados que tienden a llegar a la prescripción del delito para sus clientes, aquí en el Paraguay se llama chicana. Esta palabra, en el sentido originario, indica una serie de obstáculos artificiales que se ponen en una calle, para reducir la velocidad de los vehículos.

El otro medio que nos aleja de la búsqueda de la verdad es marcar al interlocutor con un epíteto, y con este epíteto se considera cerrado cada razonamiento.

Con el Argel es inútil hablar, por la simple razón que es… un argel.

Se recurre, como es evidente, a una tautología. Con este término se quiere indicar que, sustancialmente, no se hace sino repetir en el predicado (argel) lo que ya se ha expresado en el sujeto (Argel).

Se trata de una repetición no necesaria de un pensamiento, usando las mismas palabras o palabras semejantes y, por tanto, no se procede a ningún progreso cognoscitivo.

Cuando encontré por primera vez a Mons. Antonio Lucibello, me queMons. Lucibello y el P. Emilio en visita a la casa de María, en Éfeso (Turquía)dé impresionado por su modo de hablar muy directo, sin tener pelos en la lengua, como se suele decir.

Comprendí al vuelo que este modo de hablar suyo habría podido fastidiar a más de una persona y, puesto que yo estaba un poco al tanto de la cultura paraguaya, no me fue necesario mucho tiempo para prever, con facilidad, que, para quienes miran el dedo que muestra un cielo estrellado, y se detienen a mirar el dedo en lugar del cielo estrellado, Mons. Lucibello habría sido fácilmente marcado como un… argel.

Del año 1999 al 2005, tiempo en que fue Nuncio Apostólico en el Paraguay, tuve la posibilidad de verificar mi fácil previsión, pero, al mismo tiempo, pude enriquecerme con tantas sus observaciones que siempre partían de las cosas más simples y también casi banales, por medio de las cuales, a condición de que se sea amigo más de la verdad que de Platón…, y muchas veces aquel Platón que preferimos a la verdad no es sino la proyección de nuestra misma imagen…, se podía construir una “teología del fragmento”.

Teología del fragmento que hoy corresponde a la cultura posmoderna, en la cual los grandes sistemas ya no encuentran más su correspondencia.

He tenido la gracia de poder seguir conversando con Mons. Lucibello, también después de su salida del Paraguay, encontrándolo dos veces en la Nunciatura en Turquía. Pude, así, celebrar la Misa en la Capilla donde por años celebró el entonces Nuncio Roncalli, quien luego se ha vuelto Papa con el nombre de Juan XXIII.

Las expresiones no formales con las cuales el 22 de julio de 2015, al final de su mandato de Nuncio Apostólico en Turquía, el Patriarca Ecuménico Bartolomé, Arzobispo de Constantinopla, se dirigía a Mons. Lucibello, me han alegrado y hallado plenamente concorde, por lo que mi parecer puede contar, sobre todo en el destacar “la atención y la gentileza” de Mons. Lucibello.

Refiero un pasaje de la carta del Patriarca Bartolomé: “Con ocasión dMons. Lucibello con el Patriarca Ecuménico Bartoloméel día de su salida oficial de Turquía, queremos comunicarle, querido Hermano, nuestro más sincero y cordial agradecimiento por la fraternal e inestimable colaboración que usted ha asegurado en estos diez años. En efecto, desde largo tiempo trabajamos juntos para hacer conocer y apreciar mayormente –aquí y en todo el mundo– la antiquísima presencia y testimonio cristiano en nuestra histórica región, cruzada por muchos santos. Usted, Excelencia, siempre ha hecho propio el mensaje de San Pedro, hermano de nuestro patrono San Andrea, el primer Apóstol que fue llamado, o sea, que no se debe tan solo aspirar a establecer la paz, sino que es necesario buscarla y seguirla (1Pe 3, 11). Por tanto, querido Hermano, al recordar la cordial hospitalidad que usted nos ha asegurado en los años, con ocasión de nuestras visitas en Ankara, o de las innumerables ocasiones de visita aquí, en la Reina de las Ciudades, recordaremos en los años que vendrán su atención y gentileza y, además, su deseo y entusiasmo en trabajar juntos en la caridad y en la solidaridad”.

El justo reconocimiento por el trabajo desarrollado por Mons. Lucibello al servicio de la Sede Apostólica se encuentra de nuevo en estas expresiones del Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad, escritas en una carta dirigida a Mons. Lucibello, con ocasión de la celebración de su quincuagésimo aniversario de ordenación sacerdotal.

Escribe el Cardenal Parolin: “Me ha gustado mucho que tú hayas escogido, como pasaje evangélico de referencia, el de los siervos inútiles’. Creo que es la sola perspectiva en la que debemos colocarnos: servir, en el lugar donde la voluntad de Dios nos llama, sin pretender reconocimientos humanos, contentos solo de haber buscado gustar a Dios y haber servido al prójimo de alguna manera. Esto no quita que se tenga que mostrar vivo agradecimiento a quien, a menudo en situaciones no fáciles, ha soportado el ‘pondus diei et aestus’, en el servicio de la Iglesia universal y del Papa. Siendo yo por ahora el primer responsable de tal servicio, esto considero deber hacer y hago con gusto a través de la presente”.

El argel Nuncio Apostólico, Mons. Antonio Lucibello, como otros Nuncios Apostólicos que he conocido en mis cincuenta años de sacerdocio, me ha dado la posibilidad de rever algunos juicios no completamente positivos que tenía sobre el personal diplomático de la Santa Sede, y que me había formado, superficial e injustamente, en los años de mis estudios teológicos.

Con su inteligente autoironía, respondiendo a un escrito mío en que expresaba mis sentimientos de gozo y unión de oración por este aniversario, Mons. Lucibello me escribía, además: “Termino con una célebre frase francesa: Tout passe, tout lasse, tout casse et tout se remplace”.

Me parece que en esta frase se encuentra la profunda pobreza espiritual... y material de este Nuncio Apostólico:

  1. Tout passe... Todo pasa. Somos ciudadanos del cielo y siempre debemos tener presente que la figura de este mundo pasa veloz.Mons. Lucibello en la Catedral de la Arquidiócesis de Rossano-Cariati (Italia), con ocasión de su Jubileo Sacerdotal

  2. Tout lasse... Todo cansa. Si, como decía san Agustín, "nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Dios", entonces no solo todo pasa, sino que también todo nos cansa porque la imagen, por más perfecta que sea, siempre es una imagen que, en esta tierra, puede solo aumentar el deseo de la realidad última y definitiva. Realidad que un día veremos cara a cara así como es.

  3. Tout casse... Todo se rompe y, lentamente o de repente, se hace añicos. Podemos hacer todas las operaciones de cirugía estética que queremos, pero, polvo somos y al polvo volveremos. Y si el hombre vuelve al polvo, es inútil hacerse ilusiones de que sus obras sobrevivan a él.

  4. Tout se remplace... La sabiduría popular nos enseña que cuando muere un Papa, se elige a otro. ¡Imaginemos lo sencillo que es nombrar a un Nuncio Apostólico o a un Cardenal!...

Solo los tontos creen que son insustituibles, eternos y que su memoria no pasará con el transcurrir del tiempo. Si, en el sentido que he explicado, se podrá también decir que Mons. Lucibello era un argel, y esto, para mí, es un título de mérito suyo, ciertamente nadie podrá decir que era un tonto y un imbécil.

Para mí, por como yo lo he conocido, era y es un hombre libre, que, como tal, sabe reírse también de sí mismo y de todo lo que no es Dios.

Emilio Grasso


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Mons. Antonio Lucibello, nacido en Spezzano Albanese (Italia) en 1942, ha sido ordenado sacerdote el 23 de julio de 1967. Una vez entrado a formar parte del servicio diplomático de la Santa Sede, ha trabajado en las Representaciones Pontificias de Panamá, Etiopía, Haití, Argentina, ex República del Zaire, ex Federación Yugoslava, Grecia e Irlanda.

Después de ser nombrado Arzobispo titular de Thurio por Juan Pablo II en 1995, ha desempeñado el cargo de Nuncio Apostólico en Gambia, Guinea, Liberia y Sierra Leona. Del año 1999 al 2005 ha sido Nuncio Apostólico en el Paraguay y, por último, por diez años, en Turquía y Turkmenistán, hasta el 2015. Actualmente reside en Roma.

El 21 de julio de 2017, con ocasión de su Jubileo Sacerdotal, ha presidido la celebración eucarística en la Catedral de la Archidiócesis de Rossano-Cariati y, el 23 de julio, en la parroquia de Santa Maria del Carmine de Spezzano Albanese, su país natal.





25/11/2017

 

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