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LA FASCINACIÓN DE LA FIDELIDAD

Che Guevara en el imaginario colectivo


 
"El 8 de octubre de 1967, en un enfrentamiento en la garganta del Yuro, en Bolivia, Ernesto Che Guevara fue herido y capturado. Después de llevarlo a La Higuera, fue ejecutado al día siguiente, 9 de octubre, alrededor de las trece".

A los cincuenta años de la muerte del Che Guevara, deseamos volver a presentar un artículo de Emilio Grasso, escrito varios años atrás, que destaca cómo el Che se ha transformado -por razones que ya no pertenecen a la realidad de los hechos- en uno de aquellos clásicos personajes, cuya historia se ha vuelto leyenda y cuyo encanto sigue atrayendo.




En cualquier plaza del mundo, cuando los jóvenes se encuentran para manifestar su deseo de cambio y el sueño de un mundo nuevo, siempre aparece una bandera con un rostro que es notorio: el de Ernesto Guevara, más conocido como el Che.

El Che es uno de aquellos clásicos personajes, cuya historia se ha vuelto leyenda y cuyo encanto sigue atrayendo, por razones que ya no conciernen a la realidad de los hechos.

En el Che sigue celándose el sueño quebrado de una revolución fracasada, el deseo de una utopía en la que "el héroe inmaculado" desempeña la función del mesías salvador.

Su rostro y su bandera son como una silenciosa garantía para un sueño que se realizará. Su muerte no ha marcado el fin, sino el comienzo de un mito que el tiempo agiganta.

El 8 de octubre de 1967, en un enfrentamiento en la garganta del Yuro, en Bolivia, Ernesto Che Guevara fue herido y capturado. Llevado a La Higuera, fue ejecutado el día siguiente, 9 de octubre, alrededor de las trece. Le fueron amputadas las manos, segadas a la altura de las muñecas, como demostración de que el revolucionario argentino había sido muerto. Luego, fue sepultado en un lugar que quedó desconocido. Solo en julio de 1997 los restos de su cuerpo fueron encontrados, identificados y trasladados a La Habana.

Desde allí, los restos mortales fueron recompuestos en el nuevo mausoleo de Santa Clara, la ciudad a trescientos kilómetros de La Habana que, al final de 1958, Guevara liberó de los soldados del dictador cubano Fulgencio Batista, permitiendo así el fin de su régimen.

Han pasado cincuenta años de la muerte del Che y, sin embargo, su leyenda no conoce la usura del tiempo ni los límites de las fronteras.

La foto más famosa del mundo

El 5 de marzo de 1960 es un día trágico para Cuba: millares de personas lloran por los muertos de la explosión del bote francés "La Coubre", que desde Bélgica transportaba armas para Cuba. El bote estalló en una terrorífica explosión y murieron 136 personas.

Fidel Castro hablaba, en el centro del palco. En el fondo, casi en una esquina, estaba el Che.

Alberto Korda, con una Leica 35 milímetros, sacó aquella foto que se transformó en la más famosa y más reproducida en la historia de la fotografía mundial: imagen que fue llamada "la Mona Lisa del siglo veinte". En ella se le ve a un Ernesto Che Guevara con la mirada intensísima y la expresión grave. En la cabeza, la boina con la estrella de plata que Fidel le había hecho entregar en la Sierra Maestra, cuando lo promovió al grado de comandante[1].

Hoy, el Che ha pasado de la historia al mito. El interés histórico o cultural, doctrinal o político por el personaje es limitado. Por el contrario, en el imaginario colectivo, es cada vez más grande la identificación del Che con el héroe del siglo XX.

En la psicología analítica de Jung, el héroe es un arquetipo. Es una imagen primordial, presente en el inconsciente colectivo, patrimonio de toda la humanidad[2].

Al final del milenio, el Che se ha vuelto la expresión histórica de este arquetipo. "Cuanto más pasa el tiempo, más su figura es deformada y reinventada volviéndose una maraña de realidad e imaginación. Era un combatiente y se ha vuelto un profeta; un ateo y hoy es un santo; un hombre y ha llegado a ser un héroe; de racionalista lo han transformado en utopista; era un hombre que luchó en contra de la mercantilización, y hoy se vende como una mercancía cualquiera. Expresión de una voluntad de lucha colectiva de su tiempo, guerrillero junto a muchos compañeros que, como él, cayeron heroicamente en batalla, lo han sustraído a la historia para ser considerado un héroe solitario, un caballero andante que sueña cambiar el mundo y a sí mismo. ... Cuanto más pasa el tiempo, más el mito del Che parece vencer sobre la historia. Si sucediese lo contrario, probablemente su leyenda moriría. Un símbolo completamente conocido, penetrado en sus significados más profundos, acabaría por desaparecer. Un símbolo comprendido y reconocido solo parcialmente, vaciado de sus contenidos históricos, al contrario conserva su existencia"[3].

De tantos símbolos y mitos del 68, solo Guevara resiste. A él uno se acerca con un transporte religioso-místico. Hoy, él pertenece a la fe y no a la razón; al mito y no a la historia; a lo celestial más que a lo terrenal.

Se puede decir que la vida política del siglo veinte es un cementerio, en el que se ven los panteones morales de las personas que se estrenaron pretendiendo ser revolucionarios, pero luego se revelaron simplemente rebeldes oportunistas[4].

Será también por su muerte en Bolivia que el Che permanece, hasta el fin, el revolucionario puro, sin componendas con las lógicas del poder. Esto golpea el imaginario colectivo.

Sin duda, se puede afirmar que no es el business que ha creado al Che, sino que el business ha sido creado por el Che. Un fenómeno que ha empezado hacia el fin de 1993: sin que ninguna repetición particular justificase en ningún modo la reanudación, la barba oscura y el inseparable habano del Che han empezado a invadir las librerías. Una fiebre que, además de los nostálgicos y viejos románticos, ha contagiado sobre todo a los más jóvenes: camisetas, dibujos, banderas y pósteres, la imagen del revolucionario argentino en el célebre retrato de Alberto Korda destaca en los cortejos, las escuelas, los estadios o simplemente en las paredes de una casa[5].

Es también por eso por lo que el Che continúa interrogando. Él forma parte de nuestra historia; es una respuesta a una pregunta vagamente religiosa, que no se encuentra en modelos de tipo tradicional.

El Che del imaginario colectivo

El Che mítico del imaginario colectivo es uno de aquellos símbolos hacia los cuales uno se dirige en la búsqueda de una referencia que, en la diferencia y no identificación con otros símbolos, indica un espacio que todavía permite, en muchos, el derecho de ciudadanía a la aventura y al sueño[6].

En el imaginario colectivo, ha ocurrido también una tematización que hace del Che no solo un héroe, sino también un santo.

Aquí, no examinamos el fundamento histórico ni la génesis del mito. Nos detenemos solo brevemente sobre el fenómeno en sí, tal como aparece al examinar poesías y cantos sobre el Che, compuestos en diferentes países del mundo.

A través de ellos, tenemos, entre tantos modelos narrativos, también una presentación del Che según el modelo evangélico. Se podría hablar de una cristología desde abajo.

Una hipótesis de lectura puede partir de la nacionalidad de ciertos autores que, en esta búsqueda, nos parece más importante que sus mismas identidades.

Empezamos por la afirmación de un autor español, para el cual "el Che es más que el Che".

Al enunciar que "el Che es más que el Che", se especifica también que él no es solo "individuo perecedero y efímero, prometido a la muerte como todos nosotros... sino algo que está más allá de él mismo, mucho más allá de nosotros"[7].

Podríamos decir que aquí encontramos de nuevo el eco del famoso pensamiento de Pascal: "El hombre supera infinitamente al hombre"[8].

"El Che es más que el Che" quiere decir que no hay solo la identificación entre sujeto y predicado, sino que hay también una trascendencia de este último acerca del sujeto. Trascendencia acerca de los demás hombres, trascendencia acerca de su forma histórica.

Para un autor argentino, este sujeto se presenta con los caracteres de la universalidad del sacerdocio de Melquisedec:

"No tengo tierra ni casa,
no tengo nombre ni edad,
soy como el viento que pasa,
un viento de libertad"[9].

Pero, al mismo tiempo, este sujeto es hijo de un pueblo, heredero de una cultura, fruto de una tierra.

Un joven poeta y seminarista nicaragüense, que luego morirá combatiendo contra la dictadura de Somoza, traza en base al modelo del Evangelio de Mateo una genealogía de Guevara, en la cual entra todo el pueblo de América Latina y sus luchas contra los españoles[10].

El Che crece "puro como un niño" y madura "como un hombre puro"[11].

Basándose en el hecho histórico del viaje del Guevara joven por América Latina y en su parada en un lazareto de leprosos[12], un autor chileno canta así el ingreso del Che en la vida política: "Quisiera hablar del niño como todos los niños, del hombre que dejó la ciudad, olvidó su diploma, buscando al hombre en los huecos de la lepra"[13].

El Guevara pasa como "semilla, alegría, libertad"[14], "hermano y compañero de cada joven que tiemble con una injusticia"[15].

¿Quién dicen los hombres que es él? ¿Fray Bartolomé de las Casas? ¿Túpac Amaru? ¿Martí? ¿Sandino?[16].

En una "tierra de América en busca de un mesías"[17] , "San Ernesto de la Higuera le llaman los campesinos"[18]. En Colombia es visto como "santo ebrio de amor"[19], y también en Italia es alabado y le cantan el hosanna: "Vuela a lo alto, Che, vuela todavía, Che. Tú, aquel ejemplo Jesús en el templo. Gloria a ti, comandante Che"[20].

Pero el Che es consciente de los peligros que corre: "A lo mejor alguien podrá llamarme aventurero; hasta el fin andaré detrás de mis verdades"[21].

Como Jesús a las mujeres que lloran, el Che proclama: "Quien me llore a mí es que no ha comprendido que yo soy un sueño que siempre ha de vivir"[22].

Y si en Cuba se canta: "¡Salud, hombre de Dios...! Tu gran aventura recorre el planeta. Allí reside la inmortalidad. Hasta la victoria siempre, compañero del alma, compañero"[23], ya en otro continente, en Alemania, de él se dirá: "Jesucristo con el fusil, así tu imagen nos conduce al ataque"[24].

Y, yendo al ataque, el Che muere.

"En una tarde de octubre un hombre libre murió. En el jardín de la historia quedó sembrado su corazón. En medio de las montañas un árbol nuevo creció; con sus ramas generosas el universo entero cubrió"[25].

"Era como Cristo depuesto de la cruz... Nosotros lo hemos abandonado cuando habríamos tenido que ayudarlo con todas nuestras fuerzas"[26].

"Contemplamos las fotografías del lejano Valle Grande, del guerrillero muerto en Valle Grande, nobilísimo Cristo guerrero de Ñancahuazú"[27].

"Calvario y Pasión de Valle Grande, el escándalo de tu rostro presa de ojos impíos y de tu cuerpo sin sepultura quemaron las últimas etapas"[28].

Pero, de México resuena un grito, eco del tema de la hora de Juan: "En la precisa hora de tu muerte sonó la hora de nuestra libertad"[29].

La muerte no ha derrotado al Che. En la muerte, el Che vence a la muerte y entra en la eternidad.

En Brasil se canta: "Che Guevara no ha muerto, no, no ha muerto, ¡aleluya! ¡Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya!"[30]. Y en Argentina se contesta: "Alguna gente se muere para volver a nacer. El que tenga alguna duda que se lo pregunte al Che"[31].

Ahora el Che vive: "Dueño de todos los tiempos y lugares ... nacerás todos los días y cada cien años con cualquier nombre"[32].

"Tres días después de caído, germinaba ya tu prodigioso ejemplo y tu presencia era para siempre inmortal"[33].

El Che no ha muerto, porque "el Che es el mundo que late y espera y lucha, es la vida que alienta por más vida, es nuestra razón de ser lo que queremos ser, es nuestra estatura moral de hombres que no se deja achatar por largo tiempo"[34].

Las razones de aquella fascinación

Podríamos decir que, en aquel arquetipo que es el Che, hay la creación y la tematización de una inquietud del corazón, que está presente en el Sur como en el Norte del hemisferio.

El hombre, en efecto, busca y grita la necesidad de que no se puede suprimir aquel más allá, que nunca se detiene al aquí y ahora, y va siempre más allá de toda conquista.

En la vida del Che, hay algo aconceptual y atemático, que atrae y hace al revolucionario argentino tan contemporáneo. En él, las razones de la revolución, que pueden ser discutidas y hoy aparecen bastante poco defendibles, se fundamentan en las razones del corazón que, al contrario, guardan un sabor y una fascinación de eternidad.

Emblemáticas, a propósito, son las palabras del Che dedicadas a la vieja María, una lavandera muy pobre, conocida en el Hospital General de Ciudad de México, a la que cuidó cariñosamente hasta que murió, ahogada por el asma: "Toma esta mano de varón, que parece de niño, en las tuyas, alisadas por el jabón amarillo. Frota tus duros callos y los puros nudillos contra la suave vergüenza de mis manos de médico. Descansa en paz, vieja María, descansa en paz, vieja combatiente, tus nietos vivirán la aurora. Lo juro"[35].

La fascinación del Che está toda en aquel juramento. El Che muere, pero no reniega, no traiciona la palabra dada. Muere en la fidelidad a la palabra. En él, la memoria se proyecta en el futuro.

Lo que encanta es esa totalidad, esa universalidad en la lucha contra la injusticia. Es lo que encontramos en el testamento dejado a sus hijos: "Sobre todo tienen que ser capaces de sentir en lo más hondo de ustedes mismos toda injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo: es la cualidad más linda de un revolucionario"[36].

"Somos realistas, exigimos lo imposible"[37], queda como una de las expresiones más famosas del Che. En ella, está toda la osadía hacia aquel más allá, cuya conquista solamente da paz.

También en el comienzo del nuevo milenio, este llamamiento a lo imposible, eco del agustiniano corazón inquieto que encuentra descanso solo en Dios[38], no puede no fascinar y no ser una llamada para los que no se han instalado definitivamente, transformándose en benditos y felices hacendados, y que no quieren detenerse nunca ni declararse satisfechos. Esto constituye una invitación a un viaje, que lleva lejos y exige el compromiso de toda la vida. Viaje que hay que hacer con la cabeza erguida, a la luz del sol, con la conciencia de la propia dignidad.

"El hombre tiene que caminar con el rostro dirigido hacia el sol, de manera que este, quemándolo, lo marque con su dignidad. Si el hombre baja la cabeza, pierde esta dignidad"[39]. La conquista de la dignidad, aunque cueste la vida; el marchar con la cabeza erguida con el rostro dirigido hacia el sol, permanece para cada hombre que sea hombre la enseñanza más hermosa del Che.

El conocido periodista italiano Igor Man encontró al Che en La Habana en 1961. Al terminar la entrevista le preguntó: "Dios: ¿Ha creído en Él, cree en Él, no ha creído nunca en Él?" Y el Che: "Aquello de la existencia de Dios es un problema que, francamente, no me he puesto nunca. Y todavía quiero decirle que si Dios existe, como afirma mi madre, he aquí todo resumido: no me desagradaría que en su corazón, ciertamente grande, hubiese un lugar, aun pequeño, para mí, para las personas a las que quiero".

Igor Man ha escrito: "Me atrevo a pensar que Ernesto Che Guevara habrá finalmente encontrado aquel pequeño lugar en el corazón grande de Dios"[40].

Emilio Grasso

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[1] Cf. "la Repubblica" (12 luglio 1997) 14.

[2] Cf. C.G. Jung, Opere, IX/1. Gli archetipi e l'inconscio collettivo, Boringhieri, Torino 1980, 4.

[3] G. Sole, Ernesto Guevara de la Serna detto "Che". Mito dell'eroe tragico, en E. Che Guevara, Questa grande umanità. A cura di G. Sole, Newton & Compton Editori, Roma 1997, 8-9.

[4] Cf. E. Fromm, Dogmi, gregari e rivoluzionari. Saggi sulla religione, la psicologia e la cultura, Edizioni di Comunità, Milano 1973, 157.

[5] Cf. E. Caizzi, Che Guevara: quando la guerriglia diventa business, en "La Rivisteria" n. 63 (1997) 17-23.

[6] Sobre el imaginario social, cf. B. Baczko, Immaginazione sociale, en Enciclopedia Einaudi, VII, Torino 1979, 54-92. Allí bibliografía.

[7] F. Fernández-Santos, El Che es más que el Che, en M. Lao, Al Che. Poesie e canzoni dal mondo, Erre emme edizioni, Roma 1995, 342.

[8] B. Pascal, Pensamientos, § 434, Alianza Editorial, Madrid 2004, 112.

[9] A. De Robertis, Ay, Che camino, en M. Lao, Al Che..., 24.

[10] Cf. L. Rugama, El libro de la historia del Che, en M. Lao, Al Che..., 298-302.

[11] N. Guillén, Che comandante, en M. Lao, Al Che..., 154.

[12] Cf. J. Cormier, Che Guevara. Avec la collaboration de H. Guevara Gadea - A. Granado Jimenez, Éditions du Rocher, Monaco 1995, 55-63.

[13] Cf. J. Valdivieso, Presencia del Che Guevara, en M. Lao, Al Che..., 110.

[14] Cf. A. De Robertis, Changuito guerrillero, en M. Lao, Al Che..., 26.

[15] Cf. J. Valdivieso, Presencia del Che Guevara..., 116.

[16] Cf. J. Valdivieso, Presencia del Che Guevara..., 116.

[17] A. Phelps, Poema del Che, en M. Lao, Al Che..., 249.

[18] R. Ortiz, Zamba al Che, en M. Lao, Al Che..., 50.

[19] J. Zalamea, Cantata del Che, en M. Lao, Al Che..., 128.

[20] Cf. L. Berté - Piccoli - P. Buckanam, Il comandante Che, en M. Lao, Al Che..., 254-255.

[21] A. e L. Branduardi, Primo Aprile 1965. Dalla lettera del Che ai genitori, en M. Lao, Al Che..., 256.

[22] A. De Robertis, Changuito guerrillero..., 26.

[23] A. Conte, Che, "el poeta saluda al sufrimiento armado", en M. Lao, Al Che..., 142.

[24] W. Biermann, Comandante Che Guevara, en M. Lao, Al Che..., 225.

[25] H. Miranda - J. Marty, Tarde de octubre, en M. Lao, Al Che..., 44.

[26] P. Weiss, È morto proprio quando avevamo bisogno di lui, en M. Lao, Al Che..., 227.

[27] F. Fernández-Santos, El Che es más que el Che..., 344.

[28] L. Sejourné, Oración, en M. Lao, Al Che..., 222.

[29] E. Huerta, Cantata para el Che Guevara, en M. Lao, Al Che..., 272.

[30] S. Ricardo, Alleluia, en M. Lao, Al Che..., 83.

[31] A. Yupanqui - P. del Cerro, Nada más, en M. Lao, Al Che..., 56.

[32] J. Valdivieso, Presencia del Che Guevara..., 116.

[33] L. Sejourné, Oración..., 222.

[34] F. Fernández-Santos, El Che es más que el Che..., 344.

[35] G. Sole, Ernesto Guevara..., 19.

[36] E. Che Guevara, Scritti, discorsi e diari di guerriglia. 1959-1967. A cura di L. Gonsalez, Giulio Einaudi Editore, Torino 1969, 1457.

[37] Cit. en J. Cormier, Che Guevara..., 9.

[38] Cf. Agustín, Confesiones, I, 1, 1.

[39] J. Cormier, Che Guevara..., 430.

[40] Cf. I. Man, "Spero che Dio abbia un posto per me". Un'intervista con Guevara, trentasei anni fa a Cuba, en "La Stampa" (7 luglio 1997) 9.

 

 

09/10/2017

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis