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Artículos de Emilio Grasso



PARA RECORDAR AL PADRE LORENZO MILANI


      

El 26 de junio de 1967 murió el padre Lorenzo Milani.

De él se ha dicho, se ha hablado, se ha escrito mucho, pero no han sido agotadas la riqueza, la belleza, la profundidad, la novedad de su mensaje y, sobre todo, de su vida.

Padre Lorenzo está presente también en nuestros orígenes y en nuestra historia, porque su persona y el encuentro con él forman parte de las raíces, de las opciones y de la experiencia sacerdotal de Emilio.

"Quien lo ha conocido - escribe Emilio, en un artículo de 2007 que volvemos a presentar a nuestros lectores - puede testimoniar de haber encontrado a un hombre que vivía y moría (lo vi todavía pocos días antes de su muerte) en la presencia de Dios y de los chicos de la escuela.

El amor a la escuela fue tal que en las pocas líneas de su testamento dejadas a los chicos encontramos escrito: 'Os he querido más a vosotros que a Dios, pero tengo esperanza en que Él no esté atento a estas sutilezas y haya escrito todo a su cuenta'.

Tantos años después de la muerte del padre Milani, aquel 'I Care' escrito en las paredes de la escuela de Barbiana sigue testimoniando, sigue interrogando, sigue lanzando su mensaje.

Convirtiéndose en el ‘único responsable' él hacía visible, en la praxis, aquella ortodoxia que había acogido en el día de la conversión y de la que nunca había dudado.

Dios, el Evangelio y la Iglesia no se pusieron nunca en él como motivo de discusión".



EL LENGUAJE COMO INSTRUMENTO DE LIBERTAD



 

Hablar del padre Lorenzo Milani, hoy, está casi de moda. En el espacio de estos cuarenta años, se han sucedido convenciones, conmemoraciones y debates, han sido publicados libros, han sido realizadas Padre Lorenzo Milanipelículas.

En un cierto sentido, el padre Milani se ha transformado en un "mito", que en varias partes se intenta clasificar y encasillar en un lugar preestablecido para ajustar las cuentas.

En su Storia della Chiesa in Italia, el padre Penco habla de él como de "una de las figuras más peculiares, y en cierto sentido única, de la Iglesia de la segunda posguerra"
[1].

Cuarenta años atrás no era así. Recuerdo cómo, en el Seminario, hablábamos de él casi a escondidas y en voz baja. Éramos solo muy pocos los que lo habíamos conocido, y habíamos leído lo poco que había escrito. Esto, porque el padre Milani era demasiado incómodo, ya sea para la derecha como para la izquierda, y quizás más aún en los ambientes eclesiales. Era uno de aquellos hombres peligrosos que, con pocas palabras, van a lo esencial y desenmascaran "los pensamientos más escondidos del corazón", no permitiendo que se pueda seguir hablando de los pobres, sin hacer una precisa elección de campo de trabajo al respecto.

¿Quién era el padre Milani?

Lorenzo Milani nace en Florencia el 27 de mayo de 1923, en una familia de la burguesía acomodada y culta
[2]. Por parte de la madre hereda aquella cultura hebrea, que ahonda sus raíces en el mundo centroeuropeo.

El encuentro con la Iglesia y la vocación sacerdotal son casi contemporáneos. En 1943 entra en el Seminario, y en 1947 es ordenado sacerdote.

Enviado en cualidad de vicario parroquial a la parroquia de San Donato en Calenzano, zona donde eran muy numerosos los obreros y muchos los comunistas, experimenta enseguida la vanidad y la inutilidad de toda una praxis pastoral, que tiende a guardar y conservar allí donde hay que evangelizar.

En este contexto, el padre Milani constata cuán lejos estaban los obreros de la Iglesia y de la sociedad civil, y su inferioridad con respecto a sus coetáneos, hijos de la burguesía.

El remedio que él propone y pone en acción es la escuela popular. Su experiencia produce contrastes y divisiones. Por eso, viene alejado y enviado a una parroquia de montaña, Barbiana, de pocas decenas de campesinos.

En 1957 publica Esperienze pastorali (Experiencias pastorales), un libro de casi quinientas paginas, que constituye un estimulante ensayo de sociología religiosa.

El padre Milani sitúa "en la incapacidad de expresarse y de entender la expresión del pensamiento ajeno, por falta lingüística y lexical", la causa de las condiciones de inferioridad y de alejamiento de los obreros y de los campesinos
[3].

Hay que tener presente el contexto político-social de la Italia de la posguerra, donde las clases obreras y campesinas pagan los precios más pesados de la reconstrucción y de un capitalismo muchas veces salvaje y sin reglas.

La elección que hace el padre Milani es una precisa elección de clase. La motivación es intensamente ortodoxa. Por eso el padre Milani permanece inatacable hasta el final.

La carta que escribe en 1950 a un joven comunista es, sin duda, una estupenda página de literatura cristiana: "¿Te falta el pan? ¿Qué me hubiera importado a mí eso, si tenía la conciencia tranquila de no tener más que tú? ¿Qué me hubiera importado a mí, que querría hablarte solo de aquel otro Pan que desde el día que volviste de prisionero y viniste con tu madre a tomarlo, no me lo has vuelto a pedir? ... Pipetta, hermano, cuando por cada una de tus miserias yo padezca dos miserias, cuando por cada una de tus derrotas yo padezca dos derrotas, Pipetta, aquel día - deja que te lo diga enseguida - ya no te diré como te digo ahora: 'Tienes razón'. Aquel día, por fin, podré volver a abrir la boca para el único  grito de victoria digno de un sacerdote de Cristo: 'Pipetta te has equivocado. Bienaventurados los pobres porque es suyo el Reino de los cielos'"
[4].

El padre Milani escribe páginas estupendas y llenas de pasión religiosa y evangelizadora que, a más de medio siglo de distancia, mantienen la misma intensidad y actualidad.

Él sabe que tiene que enfrentarse con la historia, y no puede huir de ella. En él está todo el ardor del neófito y la pasión del apóstol. En él, Dios y el mundo son bien distintos, pero ciertamente no separados.

Escribe a un amigo, que se había quedado turbado por sus actitudes: "¿Debo rendirme a los treinta años como se rinde un viejo de sesenta desanimado y escéptico? ¿Debo abandonarme solo a la oración, también para esto? ¿Atenerme solo a la acción del Espíritu Santo? Lo hago, créeme, pero con el remordimiento de quien sabe que el hábito que lleva no es el de los trapenses, sino un hábito que compromete a buscar también los caminos terrenos de la Gracia"
[5].

Experiencias Pastorales
no pasa inadvertido. A pesar de haber salido con el imprimatur de la Curia Episcopal de Florencia y el prefacio de un Arzobispo, experimenta una crítica muy dura en una reseña de "La Civiltà Cattolica"
[6] y, por orden del otrora Santo Oficio, es retirado del comercio y se prohíben toda reimpresión y traducción.

Esta medida no solo no sofoca sino, al contrario, hace conocer fuera de un pequeño círculo al prior de Barbiana.

La escuela de Barbiana

Barbiana es para el padre Milani como un exilio. Pero, él sabe transformar esta aislada parroquia de montaña en un lugar que despierta las conciencias y llama a reflexionar acerca de la forma de ser y de presencia de la Iglesia en Italia.

BarbianaBarbiana, de lugar aislado de los Apeninos toscanos, se transforma en uno de los pocos lugares-símbolo, que saben hablar a la conciencia y a la inteligencia de los jóvenes.

También en Barbiana el padre Milani enseña. La escuela es todo. Y allí, en Barbiana, no puede ser sino así. Una escuela que se abre a la universalidad de la humanidad, aunque permaneciendo anclada siempre en el concreto histórico de los rostros de los muchachos que la frecuentan.

Su lenguaje es tajante, paradójico y provocativo: interroga y profundiza.

Acerca de esto, los chicos de Calenzano lo recuerdan así: "Cuando don Lorenzo lo creía necesario, se expresaba con tonos fuertes y polémicos utilizando también afirmaciones paradójicas para poner en crisis convicciones y certezas y para acostumbrar a las personas a reflexionar"
[7].

En el padre Milani, Dios y los pobres se remiten recíprocamente, y la escuela constituye casi un "octavo sacramento"
[8].

Una atenta lectura crítica de la obra del padre Milani, con el distanciamiento que ofrecen los cuarenta años de su muerte, permite una mayor objetividad frente a una serie de acusaciones que tuvo que padecer en vida.

Una de éstas, y no la menos grave, fue aquella de una cierta ilustración de su propuesta pastoral. El Card. Ermenegildo Florit se expresaba así, en una carta dirigida al padre Lorenzo pocos meses antes de su muerte: "Éste, en el fondo, era también el defecto de tu libro Experiencias Pastorales, en el cual la batalla contra cada otro método pastoral que no fuera la escuela (así al menos fue entendido), te hizo aparecer un poco ilustrado"
[9].

Ahora bien, la elección de la escuela debe ser entendida solo a partir de la cuestión de la evangelización, que el padre Milani comprende con intuición pastoral que es ya la cuestión ineludible también para la Iglesia italiana
[10].

 Él enfrenta el problema allá donde se encuentra, en el contexto socio-cultural que le es dado vivir, examinando y tratando de interpretar la realidad histórica en la que está situado.

La elección evangelizadora es central en el proyecto pastoral del padre Milani. Es la clara elección de quien se reconoce solamente un instrumento en las manos de Dios, un medio en el encuentro entre la gracia de Dios y la libertad del hombre.

"Dios - escribe en Experiencias Pastorales - no me pedirá razón del número de los salvados en mi pueblo, sino del número de los evangelizados. Me ha confiado un Libro, una Palabra, me ha mandado a predicar y yo no tengo el coraje de decirle que he predicado cuando me consta ciertamente que, por ahora, no he predicado, sino que he lanzado solamente palabras enigmáticas contra muros impenetrables, palabras que sabía que no iban a llegar y que no podían llegar"
[11].

Se trata de dar aquel "mínimo instrumental técnico sin el cual no es posible mantener un diálogo"
[12].

Permanece, luego, el problema de la elección personal de cada uno. Y sobre esto el padre Milani es de una extrema claridad.

"No es que tenga una confianza mágica en la cultura, como si fuera una receta infalible, como si todos los profesores universitarios fueran automáticamente más cristianos y tuvieran el cielo asegurado, mientras que lo tuvieran cerrado los incultos pastores de estas sierras. Lo que pasa es que los profesores, si quieren, pueden tomar un Evangelio o un Catecismo, leerlo y entender. Luego después, podrán hacer lo que les dé la gana: tirarlo por la ventana o metérselo en el corazón; que se las arreglen. Si escogen mal, peor para ellos"
[13].

Es en este sentido en que debe ser comprendida esta expresión del padre Milani: "La escuela es para mí tan sagrada como un octavo sacramento. De ella espero (y a lo mejor ya la tengo en la mano) la llave, si no de la conversión, porque es un secreto de Dios, sí de la evangelización de este pueblo"
[14].

A los tantos que proclaman un amor universal, pero mientras tanto siempre huyen y no se atan nunca a nada, el padre Milani recuerda el carácter concreto del verdadero amor: un empeño total, hasta la muerte, es siempre un empeño particular.

"Se puede amar solo a un número limitado de personas, tal vez unas docenas, tal vez algún centenar. Y como la experiencia nos dice que al hombre solo le es posible esto, me parece evidente que Dios no nos pide más. ... Cuando hayas perdido la cabeza como la he perdido yo tras unas pocas decenas de creaturas, encontrarás a Dios como un premio. Te tocará encontrarlo a la fuerza porque no se puede hacer escuela sin una fe segura. Es una promesa del Señor contenida en la parábola de los corderos
[15], en la maravillada sorpresa de quienes se descubren a sí mismos, después de su muerte, amigos y bienhechores del Señor sin ni siquiera haberlo conocido"[16].

En otra carta, escrita a un conocido intelectual florentino, aclara mejor todavía su pensamiento: "Hazte apóstol entre tus compañeros graduados católicos para dar vida a una grandiosa escuela popular en Florencia. No como un regalo que hacer a los pobres, sino como una deuda que pagar y un regalo que recibir. No para enseñarles, sino solo para dar a los pobres los medios técnicos necesarios (es decir, la lengua), para que ellos les enseñen las inagotables riquezas de equilibrio, de sabiduría, de concreción, de potencial religiosidad que Dios ha escondido en su corazón, casi para compensarlos por la especulación cultural de la que son víctimas. La escuela será dedicada evidentemente a Sócrates y no al Sagrado Corazón, justamente como homenaje a este rendirse de la cultura y del tipo de catolicismo dominante frente a los nuevos electos. No les entregaremos, por tanto, las cosas que hemos construido y que están cayendo por todas las partes, sino solo las herramientas del oficio (es decir, más que otra cosa, la lengua, las lenguas, etc.) para que construyan sus cosas muy diversamente de las nuestras y no bajo nuestro alto patronato ni nuestra paternal complacencia"
[17].

La escuela de Barbiana tuvo la capacidad de hablar a toda Italia, y sobrepasó los confines del país.

Una carta sobre el problema de la objeción de conciencia
[18] y otra sobre el carácter clasista de la escuela que discrimina a los pobres y privilegia a los ricos[19] se han transformado en dos documentos leídos y discutidos a varios niveles. Su método de enseñanza, si se quiere hablar de método pedagógico, es la interpelación y el despertar continuo de la conciencia.

Si la cultura dominante paraliza las conciencias, las hace inertes, subalternas, administradas, eterodirigidas, la grandeza de Milani es la de haber golpeado el centro de este sistema, sea del color que sea. El suyo ha sido un anuncio profético-mesiánico, cuyo punto decisivo es el paso del estado de inercia al estado de libertad, del estado de subordinación al estado de autonomía, del  estado de servidumbre a los faraones al estado de libertad de la Tierra Prometida. Ésta ha sido la intuición fundamental de la pedagogía del padre Milani
[20].

"La escuela - escribe el padre Milani - se sienta entre el pasado y el futuro y tiene que tener presentes los dos. ... Y el maestro tiene que ser, en cuanto pueda, profeta, sondear los 'signos de los tiempos', adivinar en los ojos de los muchachos las cosas lindas que ellos van a ver claras mañana, y que nosotros vemos solo entreveradas"
[21].

Es más que cierto que en esta intuición el padre Milani conserva toda su originalidad. Sin embargo, aquí no puedo contenerme de escuchar el eco del pensamiento de san Bernardo en su relacionarse con los jóvenes. Al comienzo del siglo XIII, en un sermón sobre san Bernardo, Felipe, Canciller de la Universidad de París, afirmaba que el camino de los jóvenes era muy difícil de comprender y lo comparaba a un vino nuevo y burbujeante, ya listo para el consumo, pero no completamente claro todavía
[22].

Para el padre Ernesto Balducci, la profunda intuición antropológica, que se encuentra en la base de la experiencia educativa del padre Milani, es que la verdadera cultura no es la que se transmite, sino la que la conciencia produce por sí, una vez que se decida alcanzar, con todos los instrumentos necesarios, la propia liberación.

En Barbiana, los muchachos aprendían a expresarse por medio de la "técnica humilde" de un trabajo realizado juntos, uno con otro, donde nadie educa a nadie, sino todos se educan juntos
[23].

Éstas son sus reglas del escribir:

1. "Tener algo importante que decir y que sea útil para todos o para muchos.

2. Saber a quién se escribe.

3. Recoger todo lo que viene bien.

4. Buscarle un orden lógico.

5. Eliminar todas las palabras inútiles.

6. Eliminar todas las palabras que no usemos al hablar.

7. No ponerse límites de tiempo"[24].

 A partir del dato concreto, que son los rostros de los muchachos, la escuela de Barbiana se abría hacia la universalidad de la condición humana, y no había nada que no interesase y estimulase la atención de todos.

En una pared de la escuela estaba escrito: "I Care". Era el lema intraducible de los mejores jóvenes americanos. Fue traducido: "Me importa, me interesa".


La herencia del padre Milani

Hoy, en Italia, Barbiana, la escuela popular, las rígidas mentalidades clasistas parecen un recuerdo de otros tiempos.

La misma problemática eclesial está profundamente cambiada. La cultura teológica de la que se alimentó el padre Milani todavía fue fundamentalmente una cultura tridentina.

En él hubo una estrecha identificación entre la fe y las formulaciones católicas de tipo catequístico.

"Estamos en la Iglesia - escribe en 1959 - precisamente para sentirnos encauzar por sus carriles que nos impidan desviarnos tanto hacia fuera como hacia dentro. Estos carriles se encuentran en el Catecismo diocesano y para llevárselos a casa bastan 75 liras. Después de lo cual, ya sabes con precisión lo que puedes decir y lo que no. Todo lo que no está prohibido está permitido y créeme que no es poco"
[25].

Sin embargo, justo en esta rigidez consiste la paradoja del padre Milani. Una paradoja que todavía hoy habla, interroga e indica un camino de renovación.

Con agudeza Balducci habla de mensaje, no de modelo. El mensaje no se imita nunca, siempre es una llamada a nuevas creaciones
[26].

El mensaje del padre Milani es la paradoja de una obediencia que engendra desobediencia y de una desobediencia que se apoya y se justifica sobre la obediencia. En él obediencia - pobreza - celibato forman un todo inseparable.

El celibato hace posible la totalidad del don. Él eligió la vida de los pobres sin reservar nada para sí. Balducci observa que quien hace esta elección sabe que es un hombre acabado. Éste ha sido su modo de encontrar y de vivir a Jesucristo
[27].

Cerrado en los carriles de la "ortodoxia", completamente olvidado de sí mismo en el don fecundo de su cuerpo comido cotidianamente como pan eucarístico, el padre Milani en una situación imposible realizó lo imposible: Barbiana, "una iglesia y las casas esparcidas entre bosques y campos, 39 almas en total"
[28], se transformó en una voz que habló a la historia de la Iglesia y de la sociedad italiana, llegando más allá de los confines nativos.

De aquí emanó el mensaje de la paradoja de la profunda fidelidad de la obediencia del padre Milani: "Tener el coraje de decir a los jóvenes que son todos soberanos, por lo que la obediencia ya no es una virtud, sino la más solapada de las tentaciones; que no crean poder escudarse detrás de ella ni delante de los hombres ni delante de Dios; que necesita que se sientan cada uno el único responsable"
[29].

De este sentirse "único responsable" el padre Milani no se retrajo.

El profesor Julio Ramos, en el texto de su última actuación académica como catedrático de Teología pastoral en la Universidad Pontificia de Salamanca ha escrito: "En la dignidad humana va a estar el quicio de toda su obra en las escuelas. Hacer que el hombre sea hombre, dignificarlo, llevarlo al máximo de sus posibilidades humanas. Y ése será el mejor camino para el Evangelio. Por eso, no es de extrañar que vea - en su trabajo y en todos los trabajos - la cultura como auténtica evangelización. ... Hay un tema que he dejado para el final porque, en realidad, es el primero: el del lenguaje. Hacer de él el centro de la educación, porque, en el fondo, ahí está el problema de la transmisión de la fe, de su autenticidad y de su propuesta. Si algo repele al cura de San Donato es el tener que mutilar y reducir el Evangelio para que pueda ser comprendido, en vez de hacer un trabajo sobre el lenguaje que ponga a los pobres en contacto con las raíces de la fe. Al final, escuela e Iglesia coinciden en la forma de generar un nuevo hombre y, con él, transformar la sociedad, las relaciones humanas, el mundo del trabajo, la solidaridad entre los hombres"
[30].

Quien lo ha conocido puede testimoniar de haber encontrado a un hombre que vivía y moría (lo vi todavía pocos días antes de su muerte) en la presencia de Dios y de los chicos de la escuela.

El amor a la escuela fue tal que en las pocas líneas de su testamento dejadas a los chicos encontramos escrito: "Os he querido más a vosotros que a Dios, pero tengo esperanza en que Él no esté atento a estas sutilezas y haya escrito todo a su cuenta"
[31].

A cuarenta años de la muerte del padre Milani aquel "I Care" escrito en las paredes de la escuela de Barbiana sigue testimoniando, sigue interrogando, sigue lanzando su mensaje.

Convirtiéndose en el "único responsable" él hacía visible, en la praxis, aquella ortodoxia que había acogido en el día de la conversión y de la que nunca había dudado.

Dios, el Evangelio y la Iglesia no se pusieron nunca en él como motivo de discusión.

"Cuando una cosa te está delante de los ojos como una realidad objetiva y bien palpable - escribió en 1959 - no pierdes tiempo para recordarla, describirla y  defenderla cada cinco minutos. ... No podría vivir en la Iglesia ni un minuto si tuviera que vivir en una actitud defensiva y desesperada. En ella vivo, en ella hablo y en ella escribo con la más absoluta libertad de palabra, de pensamiento, de método y de cada cosa. Si dijera que creo en Dios, diría demasiado poco, porque lo quiero. Y entenderás que querer a uno es algo más que creer en su existencia"
[32].

Pocos meses antes de la muerte, ya destruido por la enfermedad, en una de sus ultimísimas cartas apunta: "Quería escribir sobre la puerta ya 'I don't care', pero en cambio me care mucho todavía..."
[33].

En uno de los billetes escritos pocas horas antes de la muerte se lee: "Ahora empiezo a estar cansado más allá de los límites de mi capacidad. Pero espero que no sea una blasfemia"
[34].

El padre Lorenzo Milani murió a los 44 años el 26 de junio de 1967. Fue revestido con los paramentos sagrados y las botas de montaña. Después de su muerte también las últimas familias abandonaron Barbiana.




Emilio Grasso, Mundo de campesinos, campesinos del mundo. Pautas para una pastoral campesina, Centro de Estudios Redemptor hominis, San Lorenzo (Paraguay) 2007, 57-71.

______________________

[1] G. Penco, Storia della Chiesa in Italia, II. Dal Concilio di Trento ai nostri giorni, Jaca Book, Milano 1978, 562.
[2] Como biografía del padre Milani, cf. N. Fallaci, Dalla parte dell'ultimo. Vita del prete Lorenzo Milani, Milano Libri Edizioni, Milano 1974; cf. M. di Giacomo, Don Milani. Tra solitudine e vangelo, Borla, Roma 2002. Por lo que concierne al ambiente en que el padre Milani ha vivido como sacerdote y ha madurado sus elecciones religiosas, sociales y políticas, cf. R. Francesconi, L'esperienza didattica e socio-culturale di Don Lorenzo Milani, Centro Programmazione Editoriale, Bomporto (MO) 1976. Fundamental, porque ha introducido la experiencia del padre Milani en los países hispano-americanos, permanece el estudio de J.L. Corzo Toral, Lorenzo Milani, maestro cristiano. Análisis espiritual y significación pedagógica, Universidad Pontificia (Bibliotheca Salmanticensis. Estudios 47), Salamanca 1981.
[3] Cf. L. Milani, Maestro y cura de Barbiana. Experiencias Pastorales, Editorial Marsiega (Fondo de Cultura Popular 31), Madrid 1975, 207.
[4] Cit. en J.L. Corzo Toral, Lorenzo Milani..., 53-54.
[5] L. Milani, Maestro y cura..., 369-370.
[6] Cf. A. Perego, Le Esperienze pastorali di don Lorenzo Milani, en "La Civiltà Cattolica" 109/III (1958) 627-640. Para una relectura de aquella recensión y de su significado, cf. informe de G. De Rosa, en A trent'anni da "Esperienze pastorali" di don Lorenzo Milani. Atti del convegno di Calenzano 16-17 dicembre 1988. A cura di M. Sorice, Giunta Regionale Toscana-Franco Angeli, Firenze-Milano 1990, 48-56.
[7] Gruppo don Milani - Calenzano, Don Lorenzo Milani. Riflessioni e testimonianze a trent'anni dalla morte, Libreria Editrice Fiorentina, Firenze 1997, 82. Ejemplar, en tal sentido, la carta escrita a Nicola Pistelli, director del semanario "Politica". En ella encontramos un "ensayo" del lenguaje provocatorio del padre Milani, cf. J.L. Corzo Toral, Lorenzo Milani..., 85-94.
[8] Sobre el tema de la "escuela como octavo sacramento", cf. M.S. Calicchia - R. Lanfranchi, La scuola e la parola. Una scelta di don Lorenzo Milani per la piena umanizzazione dei giovani, Libreria Ateneo Salesiano, Roma 1992, 15-42.
[9] Lettere di don Lorenzo Milani priore di Barbiana. A cura di M. Gesualdi, Arnoldo Mondadori Editore, Milano 1970, 282.
[10] Cf. E. Grasso, La coscienza missionaria della Chiesa in Italia dal Concilio ad oggi, en "Neue Zeitschrift für Missionswissenschaft" 54 (1998) 23-34.
[11] L. Milani, Maestro y cura..., 181-182.
[12] L. Milani, Maestro y cura..., 167.
[13] L. Milani, Maestro y cura..., 181.
[14] L. Milani, Maestro y cura..., 185.
[15] Probablemente el padre Milani se refiere al juicio final descrito en Mt 25, 31-46.
[16] Cit. en J.L. Corzo Toral, Lorenzo Milani..., 196, 198-199.
[17] Lettere di don Lorenzo Milani..., 34.
[18] Cf. L'obbedienza non è più una virtù. Documenti del processo di don Milani, Libreria Editrice Fiorentina, Firenze 1971.
[19] Cf. Alumnos de la escuela de Barbiana, Carta a una maestra, PPC, Madrid 2000. Para una relectura de la escuela de Barbiana en relación a la escuela en la Italia de los años dos mil, cf. M. Lancisi, La scuola di don Lorenzo Milani. Una lezione per i genitori, gli insegnanti e gli studenti, Edizioni Polistampa, Firenze 1997.
[20] Cf. E. Balducci, L'insegnamento di don Lorenzo Milani. A cura di M. Gennari, Editori Laterza, Roma-Bari 1995, 109-110.
[21] Cf. L'obbedienza non è più una virtù..., 36-37.
[22] Cf. J. Leclercq, Saint Bernard et les jeunes, en "Collectanea Cisterciensia" 30 (1968) 126.
[23] Cf. E. Balducci, L'insegnamento di don Lorenzo Milani..., 67; cf. F. Gesualdi - J.L. Corzo Toral, Don Milani nella scrittura collettiva, Postfazione di P. Freire, Edizioni Gruppo Abele, Torino 1992.
[24] Alumnos de la escuela de Barbiana, Carta a una maestra..., 39. Se ha indagado sobre la relación del padre Milani con Freire. Con toda probabilidad el padre Milani no entró en conocimiento y no tuvo noticia de Freire, cf. G. Pecorini, Don Milani! Chi era costui?, Baldini & Castoldi, Milano 1996, 140.
[25] Cit. en J.L. Corzo Toral, Lorenzo Milani..., 85.
[26] Cf. E. Balducci, L'insegnamento di don Lorenzo Milani..., 50.
[27] Cf. E. Balducci, L'insegnamento di don Lorenzo Milani..., 25.
[28] Cf. Lettere di don Lorenzo Milani..., 192.
[29] L'obbedienza non è più una virtù..., 51.
[30] J. Ramos, Presentación del libro "Experiencias Pastorales" de Lorenzo Milani. Fiesta de la Facultad de Pedagogía, en M.A. Pena González - J.R. Flecha Andrés - A. Galindo García (eds.), Gozo y esperanza: memorial Prof. Dr. Julio A. Ramos Guerreira, Universidad Pontificia (Bibliotheca Salmanticensis. Estudios 285), Salamanca 2006, 86.
[31] Cit. en J.L. Corzo Toral, Lorenzo Milani..., 115.
[32] Lettere di don Lorenzo Milani..., 139-140.
[33] Lettere di don Lorenzo Milani..., 321.
[34] Cit. en N. Fallaci, Dalla parte..., 506.

25/06/2012

 

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