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PRINCIPIOS DE FILOSOFÍA, O SEA,
LO QUE NO ES EL FULANISMO/1


 


El texto que presentamos es la introducción, con algunas adaptaciones, al libro Principios de filosofía, o sea, lo que no es el Fulanismo, publicado en el 2005, a cargo del Centro de Estudios Red emptor hominis del Paraguay.

El texto en cuestión es el resultado de la síntesis de varios cursos, impartidos en ocasiones diferentes a jóvenes estudiantes paraguayos.

La palabra Fulanismo[1] deriva del nombre Fulano. En español, con el nombre Fulano se indica una persona indeterminada o imaginaria o alguien, cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar: Fulano, Mengano, Zutano y Perengano.

Puesto que el Fulanismo es lo contrario exacto de la filosofía, y se encuentra con facilidad en el hablar anónimo e inauténtico de quien se atrinchera, para no asumir las propias responsabilidades, me ha parecido oportuno, a fin de introducir en el arte del razonamiento, partir del lenguaje común con el cual tenemos que confrontarnos continuamente para tener un punto de apoyo en que basarnos.

Para una escuela que enseñe a razonar

Es muy conocida esta expresión del P. Lorenzo Milani cuando habla de la escuela: “La escuela se sienta entre el pasado y el futuro y debe tener presentes los dos. ... Y el maestro tiene que ser, en cuanto pueda, profeta, sondear los ‘signos de los tiempos’, adivinar en los ojos de los muchachos las cosas lindas que ellos van a ver claras mañana, y que nosotros vemos solo entreveradas”[2].

La escuela, por lo tanto, no tiene que llenar la cabeza de los muchachos con fechas y nombres que repetir de memoria. Esta, por el contrario, debe enseñar a reflexionar, a indicar un camino que recorrer, para que los jóvenes lleguen a entrever la verdad.

Después, frente a la verdad conocida, cada uno dará su respuesta. La verdad no se impone a nadie. Esta encuentra el misterio de la libertad de cada persona. Y, cuando verdad y libertad se encontrarán, aun el maestro tendrá que desaparecer, para permitir que verdad y conciencia hablen entre ellas. Qué acontecerá después, es la aventura que empieza en el libro, ya abierto y por escribir todavía, de la historia.

Tengo ante mí a tantos jóvenes que viven entre el trabajo de los campos, una estancia, una pequeña carpintería, una escuela que cuando hayan terminado los encontrará más enorgullecidos y culturalmente, tal vez, más empobrecidos[3]. La frecuentan para recibir un título, esperando así conseguir un lugar de trabajo cualquiera, que pueda hacerlos salir de la condición en la que han nacido y viven.

En la escuela que frecuentan te enseñan solo a repetir. ¡Ay de ti si haces preguntas, si preguntas el porqué de las cosas! Pedir el porqué significa poner en crisis al maestro, subvertir el orden constituido donde quien está detrás de una mesa hace preguntas y da órdenes.

En este tipo de escuela las funciones están claramente establecidas. El maestro es el único que posee el saber oficial y el joven debe solo escuchar y repetir. Ipse dixit[4] es la consigna de este tipo de escuela.

Entre los pobres, sobre todo entre los campesinos sin tierra, esta mentalidad fideísta, tradicionalista y fundamentalista (es así porque es así... porque siempre ha sido así y siempre será así... porque así tiene que ser y porque así quiere Dios) está profundamente arraigada y difundida por todas partes. Lo que nos interroga a nosotros los cristianos es que esta mentalidad la encontramos tantas veces también en el clero.

En el Paraguay, la gente más pobre repetía, en guaraní, la expresión pa’íma he’i (ya lo ha dicho el sacerdote), que indicaba la función intelectual de los sacerdotes y de los religiosos, y dejaba a los laicos en un estadio permanente de infantilismo, frustración e inferioridad, con respecto a la omnipotencia totalizadora del clero.

Hoy todavía, se continúa trabajando, en gran parte, con una pastoral que tiene como fundamento el pa'íma he'i, aunque se sepa bien que al igual que se escucha, así también se olvida inmediatamente, para seguir otras voces y otros intereses. Pero una pastoral de la inteligencia, y no de la repetición autoritaria y dogmática, requiere un cambio de costumbres y un esfuerzo personal a los que la escuela actualmente no forma.

La Iglesia no vive fuera del mundo. Ella se encuentra en un profundo intercambio cultural con el mundo. Recibe carne y sangre no solo de Jesucristo, sino también del mundo en el que vive. Y si el mundo del cual provienen tantos seminaristas es el de una cultura campesina, hay que comprender que, en muchos casos, su cultura de base se queda aquella recibida en los primeros años de vida. Existe el riesgo que, una vez llegados a ser pa’i, se haya cambiado solo el lugar en una escala social y simbólica que sustancialmente permanece invariada.

Emilio Grasso

(Continúa)

 



[1] Como se deduce del texto, uso el término Fulanismo en un sentido muy diferente del que acuñó uno de los mayores filósofos españoles, Miguel de Unamuno, en un breve ensayo de abril de 1903. Escribe Unamuno que con la palabra Fulanismo se considera aquella manera de actuar por lo que “los españoles, cuando forman partidos políticos u otras agrupaciones análogas, se adhieren más a la persona de Fulano o Zutano que a sus ideas; seguimos un nombre propio antes que una bandera. Esto es lo que muchos llaman Fulanismo”, M. de Unamuno, Sobre el Fulanismo, en “La España Moderna” n.º 172 (abril de 1903) 65.

[2] Cf. L’obbedienza non è più una virtù. Documenti del processo di don Milani, Libreria Editrice Fiorentina, Firenze 1971, 36-37.

[3] Sobre la situación desastrosa de la escuela en el Paraguay, que se encuentra en los últimos lugares en las evaluaciones internacionales, cf. J. Fleitas, ¿Reforma fracasada?, en http://www.abc.com.py/especiales/fin-de-semana/reforma-fracasada-1726311.html

[4] Locución latina que significa Él lo ha dicho y traduce una fórmula ritual en uso en la escuela pitagórica. Como los pitagóricos solucionaban las disputas doctrinarias recurriendo a una cita apropiada de palabras de un maestro, así en la escolástica medieval la opinión de Aristóteles valía como argumento que no admitía réplica, e “Ipse” indicaba a Aristóteles.



08/09/2018

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis