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LA DEBILIDAD DIVINA

La navidad de doña Pablina

 


El 17 de octubre de 2018 doña Pablina Álvarez de Amarilla se ha despedido de nosotros y de todas las personas que la querían, para ir hacia la Patria eterna.

Doña Pablina ha sido una mujer que, desde que llegamos a la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Paraguay), nos ha dado el testimonio de la verdadera dedicación al Señor y a la Iglesia. Con gran fidelidad, además de prestar su servicio como Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión en la iglesia y visitando a los enfermos, se comprometía incansablemente, cada sábado, junto con otras señoras y niñas liturgistas, a hermosear nuestra iglesia.

La queremos recordar con estas palabras de Emilio.

 

En el mismo momento en que me han comunicado la noticia de la muerte de Pablina, he escuchado la palabra de Dios que nos recuerda la realidad más profunda que en aquel momento estábamos viviendo, el sentido auténtico de aquel acontecimiento:

"Sean nuestras hijas como columnas angulares esculpidas como las de un palacio" (Sal 144, 12).

Sigo contemplando con los ojos de la fe a doña Pablina que camina hacia el templo del Señor, siempre fiel a sus compromisos, que avanza como

"sol que sale por las alturas del Señor es la belleza de la mujer buena en una casa en orden. Lámpara que brilla en sagrado candelero es la hermosura de un rostro sobre un cuerpo esbelto. Columnas de oro sobre basas de plata, las bellas piernas sobre talones firmes" (Si 26, 16-18).

La memoria viviente de Pablina nos remite al Apóstol Pablo, allá donde nos habla de la lógica de este mundo que se opone al pensamiento de Dios: "La cruz de Cristo -anuncia Pablo- es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan es fuerza de Dios... Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres" (cf. 1 Co 1, 18-25).

A los ojos del mundo, a los ojos de los que siguen la lógica del mundo, Pablina aparecía como una necia y una débil. Pero a los ojos de Dios, Pablina resplandecía como una mujer sabia, una fuerza de Dios.

Tantas veces, en este templo, he repetido que la Iglesia nunca celebra la muerte y a los muertos. Nuestro Dios es el Dios de la vida y de los vivientes.

A Pablina, en este momento, le está hablando el Señor que ella ha servido con fidelidad, humildad, sencillez, generosidad y amor.

Por medio de Pablina, hoy, la Santa Madre Iglesia habla a todos nosotros y nos llama a saber hacer nuestra elección entre la lógica del mundo y la lógica de Dios.

El mundo pasa. Pasa para todos. Nadie se engañe pensando que para él nunca llegue el último momento.

El mundo pasa, pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre.

¡Querida amiga, buena y fiel Pablina! Tú has cumplido con gran fidelidad y humildad tu servicio a Dios y a los hombres. Ahora tú, no cabe duda, estás en el Reino para ti preparado desde la creación del mundo (cf. Mt 25, 34).

"Reino eterno y universal, reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz"[1].

Te saludamos, querida amiga Pablina, diciéndote: "Entra en el descanso eterno".

Descanso significa también un reposo de las labores. Es un descanso agradecido que todavía piensa en la labor que hemos hecho, y en la labor que Dios ha hecho en nosotros y a través de nosotros. En el cielo reposaremos en Dios; allí encontraremos nuestra paz, cuando nos dejemos caer en sus manos, y experimentaremos a Dios como al siempre vivo y siempre nuevo que nos mantiene en movimiento y nos atrae hacia Él.El encuentro con Dios no es un descanso eterno, sino una vida inmensa y palpitante, una tempestad de felicidad que nos arrastra, no hacia un lugar cualquiera, sino hacia lo más profundo del amor y de la bienaventuranza de Dios[2].


[1] Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo.

[2] Cf. A. Grün, ¿Qué pasa después de la muerte? El arte de vivir y morir, San Pablo, Buenos Aires 2014, 51-52.




19/10/2018

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis