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LEVÁNTATE Y VE DONDE TU CORAZÓN TE LLEVE

 


Querido Amigo:

Me han comunicado que Ud. desearía recibir de mi parte algunas indicaciones de lecturas que le podrían ser útiles, en este momento particular de su vida.

Podría aconsejarle muchos y muchos libros, empezando naturalmente por algunos libros o capítulos de la Sagrada Escritura.

Pero, por mi experiencia personal, pienso que, en este momento, el único libro que Ud. debe tener el coraje de abrir y de leer es el libro de su conciencia, que podríamos llamar el libro de su corazón.

Cualquier otra lectura sería algo que llega del exterior, y que se añade a otras lecturas o discursos hechos y escuchados en su vida. Estos libros se podrían llamar los libros del Maestro exterior.

Pero el Maestro exterior, incluso si fuera Jesús con su palabra, necesita encontrar, ser aceptado y compartido por el Maestro interior.

En el Catecismo de la Iglesia católica se cita una famosa expresión del Beato Cardenal Juan Enrique Newman:

"La conciencia es una ley de nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da órdenes, significa responsabilidad y deber, temor y esperanza [...] La conciencia es la mensajera del que, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de la gracia, a través de un velo nos habla, nos instruye y nos gobierna. La conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo" (n.º 1778).

No cabe duda de que, para Ud., ha llegado el momento de tomar su responsabilidad personal delante del primero de todos los vicarios de Cristo: su conciencia.

En el sentido explicado, podríamos también decir que Ud. está llamado a descubrir adónde va su corazón, y a tener el coraje de una decisión que solo Ud., y nadie más, puede tomar.

Por eso, pienso que cualquier lectura o cualquier palabra que llegue del exterior pueda solo crear una confusión en su corazón y en su mente.

En efecto, uno de los mayores filósofos del siglo pasado, Friedrich Nietzsche, decía que no existen hechos, sino que cualquier hecho que nos llegue es solo una interpretación.

En otras palabras, podríamos decir que no existen verdades "químicamente puras", sino que cualquier verdad siempre nos llega unida a una cierta interpretación y a un ropaje cultural.

Verdad "químicamente pura" es solo el Verbo de Dios en el seno trinitario, antes de la Encarnación. El Jesús histórico que nosotros conocemos es el verdadero Hijo de Dios, pero como verdadero hombre está unido a una cultura, sin la cual no existiría la entrada en el mundo de los hombres.

En el fondo, buscar una verdad "químicamente pura", buscar a un Dios que no se encuentra unido a una determinada cultura, sería una forma de herejía, una de las más antiguas, que tiene el nombre de docetismo: Jesús no sería un hombre, sino solo un Dios que aparentemente, pero no realmente, parece un hombre.

Todo esto significa algo muy sencillo: no podemos preguntar a nadie qué es lo que pertenece a nuestra responsabilidad personal, a nuestro esfuerzo y fatiga, a nuestra llamada a "beber en nuestro pozo".

No podemos pedir a nadie de dar al Verbo de Dios aquel ropaje cultural que permita a la Palabra de Dios de tomar carne y sangre en nuestra vida.

Dios ha puesto en cada uno de nosotros la huella de su presencia, creándonos a su imagen y semejanza.

En otras palabras, podríamos decir que cada uno de nosotros está llamado a descubrir su vocación, que consiste en vivir aquel sueño que no es fruto de nuestra actividad, de nuestra fantasía o la elaboración de nuestros pensamientos, sino que es aquella chispa que pertenece a Dios, pero, al mismo tiempo, pertenece a cada uno de nosotros en su actuación personal, original, única, irrepetible.

Al fin, cuál es su vocación solo Ud. y nadie más puede decirlo, porque es una vida entregada hasta la muerte y no es algo que se encuentra en un libro ya escrito.

Mi vocación es la mía y solo yo puedo vivirla en mi libertad.

Para concluir, querido Amigo, le transcribo un pasaje de un libro de una escritora italiana, Susanna Tamaro, libro que en los últimos años encontró un gran éxito y fue muy leído.

Este es el pasaje que le puede interesar:

"Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve".

Con gran simpatía, me quedo en silencio, en el respeto del sagrario de su conciencia.



23/11/2018

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis