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Conocer la vida consagrada/6



HOMBRES Y MUJERES DEL ESPÍRITU

El carisma de los fundadores
 


Gracias a la acción del Espíritu Santo, en el curso de los milenios siempre nuevas personas perciben la atracción por la secuela de Cristo en la vida consagrada[1]. Este mismo Espíritu está en el origen de las múltiples formas de esta última que, como "un árbol plantado por Dios", se ramifica de las maneras más diversas y admirables[2].

En la Iglesia, en efecto, muchas son las familias religiosas, diferentes la una de la otra, que, según la índole propia de cada cual, aportan el don suscitado por el Espíritu mediante la persona y la obra de "hombres y mujeres insignes"[3].

El acontecimiento fundador

Una familia religiosa recibe su vida de un don original, que el Espíritu, a través de ella, hace a toda la Iglesia, para que se alimente constantemente del misterio de Cristo y participe más profundamente de su misión de salvación.

Queremos detenernos sobre este "don" singular, otorgado, normalmente, a través de la mediación de un Fundador o una Fundadora, y que está en el origen de la existencia de la nueva familia religiosa y es la fuente de su acción.

En sentido general, "Fundador" es la persona a la que se hace remontar la intuición, la inspiración, el proyecto originario del instituto; es el destinatario inmediato de un carisma[4] que, en las familias religiosas, tiene una dimensión colectiva.

Mucho se ha escrito, en los años después del Concilio, sobre los Fundadores y sus proyectos. Ellos han sido objeto de una profundizada reflexión teológica[5]. Mucho ha sido hecho por los institutos de vida consagrada, para volver a descubrir el carisma de sus Fundadores y seguir alimentándose de su originaria inspiración. Han sido convocados capítulos generales, puestos al día las diferentes constituciones y estudiados de nuevo las fuentes de los orígenes.

Un gran compromiso ha caracterizado a las familias religiosas, solicitado, sostenido y confirmado por la autoridad eclesiástica; un empeño orientado esencialmente a profundizar en las propias raíces carismáticas, aunque esto no siempre ha significado reconducirlas a la vida.

El carisma del Fundador es definido, en los documentos del magisterio, como "una experiencia del Espíritu"[6], que constituye el acontecimiento fundante para toda la familia religiosa, de la que los discípulos, de todos los tiempos y de todos los lugares, están invitados a participar.

No siempre es fácil explicar, con categorías claras y distintas, el perfil de este don otorgado a los Fundadores, destinado a marcar la identidad de sus familias. En este campo propiamente carismático, frecuentemente, la experiencia ayuda más que el intelecto a tener una compresión más adecuada de esta realidad.

El carisma del Fundador es una inspiración, una intuición originaria proveniente del Espíritu. Esta le permite percibir más de cerca un aspecto del Señor; ver de manera más evidente un "rasgo" de su rostro, que frecuentemente responde a una necesidad eclesial de una época.

Cada don de Dios, en el fondo, no es nada otro que una revelación de Sí mismo; un dejar entrever algo de su misterio; un aspecto, tal vez descuidado o puesto aparte, en la conciencia eclesial de un determinado momento histórico.

Cuando, por ejemplo, Francesco de Asís ve interiormente, por una gracia especial, el rostro delSan Francesco de Asís Cristo "pobre", percibe en el misterio del Señor, de manera más profunda, el aspecto de su pobreza. Un aspecto ciertamente conocido, sin embargo "escondido" en la sociedad eclesial de su tiempo, que amaba reconocer y adorar al Cristo como "Rey" del universo, alrededor del cual había construido todo un poder temporal, frecuentemente corrompido.

Por la iluminación recibida, Francesco logra vislumbrar, bajo la apariencia del Rey, la pobreza de Dios y percibir existencialmente el misterio de la kénosis del Señor. Esta "visión" es una experiencia hecha posible por el don del Espíritu Santo, que suscita en él también la respuesta personal, el deseo de imitar al Pobre, viendo en todos los pobres su Rostro.

Novedad y sufrimiento

El carisma del Fundador puede ser comparado, figurativamente, a un "llave" que abre una puerta de acceso al misterio del Señor, percibido, aunque en su globalidad, bajo una luz particular; de esto deriva una iluminación que se traduce en una llamada, primero personal y luego colectiva, y en una misión que desarrollar en la Iglesia.

La puerta que la llave permite abrir es siempre la "estrecha", de evangélica memoria, y para poderla pasar se piden precisas exigencias de secuela.

Se tratará, en efecto, de remitirse siempre a ella y de desarrollar con coherencia todos los elementos, para actualizar fielmente el proyecto evangélico suscitado por el Espíritu, a través del Fundador. Todo esto, como veremos, exige una compresión y una penetración, cuyo procedimiento es más complejo que un simple conocimiento intelectual.

Podemos decir ya que el carisma del Fundador marcará, como un código genético, la vida de los miembros y de la nueva familia, su estilo apostólico, su espíritu y las estructuras comunitarias.

La dimensión profética del carisma del Fundador siempre crea una "novedad" en la vida de la Iglesia. A menudo, trastorna las opiniones corrientes y los criterios establecidos, suscitando dificultades allá donde no es fácil reconocer inmediatamente en él la acción del Espíritu Santo.

Todo esto provoca aquellos sufrimientos, que las vidas de los Fundadores siempre han manifestado abundantemente en su experiencia, y que demuestra, en la historia de los carismas, la constante y estrecha relación de estos últimos con la cruz[7].

No hay que creer, sin embargo, que este sufrimiento esté causado solo por las dificultades para el reconocimiento del carisma ad extra, es decir fuera del grupo, por parte de los ambientes sociales y eclesiales que, a veces, antes de aceptarlo, le ponen obstáculos.

Frecuentemente, es difícil también "generar" ad intra, o sea, en los mismos miembros de la nueva familia, la acogida plena del don del Espíritu y de todas las dinámicas, que el proyecto evangélico suscitado exige.

Un "generar" que exige de los discípulos la fidelidad al acontecimiento fundador y también una respuesta creativa, que permita su desarrollo y su irradiación eclesial.

En efecto, del impacto de la vida del Fundador y su original carisma con la vida del primer grupo de discípulos, llamados a interactuar con ello, nace la experiencia fundante de la nueva familia de vida consagrada, destinada a dejar una profunda huella sobre su desarrollo futuro y a constituir el fundamento de su patrimonio carismático, como iremos analizando.


_______________

[1] Cf. Vita consecrata, 19.
[2] Cf. Lumen gentium, 43.
[3] Cf. Lumen gentium, 45; Perfectae caritatis, 1.
[4] Varios autores distinguen, conceptualmente, el "carisma de fundador", es decir, el don que permite a una persona fundar a una familia religiosa, del "carisma del fundador", es decir, la especificidad original de un determinado carisma, que está en el origen de aquella familia y marca su identidad, cf. A. Romano, I fondatori, profezia della storia, Ancora, Milano 1989, 153-159.
[5] Cf., entre otros, F. Ciardi, In ascolto dello Spirito. Ermeneutica del carisma dei fondatori, Città Nuova, Roma 1996.
[6] Mutuae relationes, 11.
[7] "Todo carisma auténtico lleva consigo una cierta carga de genuina novedad en la vida espiritual de la Iglesia, así como de peculiar efectividad, que puede resultar tal vez incómoda e incluso crear situaciones difíciles, dado que no siempre es fácil e inmediato el reconocimiento de su proveniencia del Espíritu.", Mutuae relationes, 12.



08/11/08

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis