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Comprender el Derecho Canónico/10

 

EL COMPROMISO POLÍTICO

EN EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO 



 El Código de Derecho Canónico, o de Derecho Eclesial, pone a los laicos en el corazón del mundo que son llamados a transformar desde dentro, como levadura evangélica amasada en la sociedad, de manera que contribuya a su humanización.

Entre las tareas confiadas a los laicos hay la asunción de responsabilidades sociales y políticas, en la libertad y la justa autonomía[1], para el progreso de la sociedad, la adquisición de la cultura, la afirmación de la justicia y el respeto de los derechos de todos los hombres y pueblos y la distribución equitativa de las riquezas. El compromiso social y político está encuadrado en tal aspiración de humanización de las realidades terrenales, en medio de las cuales los laicos viven, como todos los ciudadanos. Desde el siglo II de la historia de la Iglesia, en efecto, los cristianos son descritos como los que no viven fuera del mundo, "ni por región, ni por voz, ni por costumbres son de distinguir de los otros hombres. En efecto, no habitan ciudades propias, ni usan una jerga que se distingue, ni conducen un género de vida especial. ... A decirla en resumen, como el alma es en el cuerpo, así son los cristianos en el mundo"[2].

En el actual Código de Derecho Canónico, el compromiso político se debe comprender como misión de los laicos, en línea con las enseñanzas del Concilio Vaticano II. En la Gaudium et spes se encuentran palabras de sostén para quien se compromete en la política: "Los que son o pueden llegar a ser idóneos para el difícil y al mismo tiempo tan noble arte de la política deben prepararse para él y procurar ejercerlo"[3].

Otro discurso, en cambio, vale para los religiosos, como expresa el can. 672 que  los obliga a seguir la normativa para los sacerdotes, que impide participar activamente en la vida política[4]. El comentario del Código de Derecho Canónico de la Universidad de Salamanca localiza allí la preocupación que su comportamiento siempre sea coherente con el Evangelio[5]. Un subrayado no de poca cuenta, porque se destaca el riesgo que en ciertas circunstancias no sea posible ser fiel al Evangelio, según cuanto requerido por la propia especifica vocación. En efecto, una característica de la vida religiosa es la "separación del mundo"[6], que es irrenunciable sea para quien vive en monasterio, sea para quien está comprometido directamente en la pastoral. Una vez perdido este elemento esencial de su propia elección de vida, se corre el peligro de ser como sal sin sabor.

En otro punto del Código, se encuentra la misma preocupación de tener separado el apostolado de la actividad política, también en las Asociaciones Públicas de fieles que tienen como fin propio el apostolado, aunque tal preocupación se limite al nombramiento de los moderadores: "En las asociaciones públicas de fieles, que se ordenan directamente al ejercicio del apostolado, no deben ser presidentes los que desempeñan cargos de dirección en partidos políticos" (can. 317 §4).

También los sacerdotes tienen la prohibición de ocupar cargos políticos, como recita el can. 287 §2: "No han de participar activamente en los partidos políticos ni en la dirección de asociaciones sindicales". Estas disposiciones no conciernen, en todo caso, a los diáconos permanentes[7].

La pregunta que surge, en este punto, es si la prohibición que concierne a estas categorías de personas entregadas al trabajo pastoral es absoluta. El Código de Derecho Canónico, a pesar de la prohibición que vale para los sacerdotes y religiosos de no asumir un compromiso de dirección en la actividad política y sindical, deja abierto un resquicio que encontramos en la segunda parte del §2 del canon 287: [Los clérigos] "No han de participar activamente en los partidos políticos ... a no ser que, según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, lo exijan la defensa de los derechos de la Iglesia o la promoción del bien común".

El primer elemento que debemos notar es que se trata de una excepción y, pues, no de una regla general[8].

El segundo, de fundamental importancia, es que esta apertura está acompañada por una importante restricción: el juicio si es necesario o menos tomar parte en la lucha política compete a la jerarquía eclesiástica. No recae, en este caso, bajo la responsabilidad del sacerdote individual, sino solo de la jerarquía, valorar el "bien común" y la "defensa de los derechos de la Iglesia".

La misma cosa vale para la decisión de sacar esta limitación en el caso individual, como subraya el acreditado comentario de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra: el juicio que cuenta "no es aquel del individuo"[9]. Esta formulación tendrá que ser comprendida bien, como aclara el comentario de Derecho Canónico de otra prestigiosa universidad española, la Universidad de Salamanca, porque tal excepción, "para evitar el riesgo de alucinación, queda subordinada al juicio de la autoridad eclesiástica competente"[10]. Es evidente que no favorece a la defensa de la Iglesia o al bien común, emprender un camino tan laborioso y arriesgado, porque uno se ha dejado arrastrar por una interpretación parcial de la situación. La Iglesia, pues, toma sus precauciones con el fin de evitar un mal peor para sí misma y la sociedad.

Para un jurista, que aplique rigurosamente el método de su materia, no existe otra interpretación de este canon, porque no está en la mens del legislador.

Si se quiere tratar de comprender de qué proviene tal limitación que concierne a los que son ordenados sacerdotes, se puede fácilmente reflexionar sobre el hecho de que su tarea es de otro orden que el político y, para poderlo realizar, ellos tienen que fomentar "siempre lo más posible, que se conserve entre los hombres la paz y la concordia fundada en la justicia" (can. 287 §1). En efecto, para proclamar la palabra de Dios, la verdad sobre el hombre, tarea para la cual el sacerdote ha sido ordenado, él no puede estar al servicio de una ideología o de un partido[11]. Tiene que gozar de aquella libertad que es la condición para que la palabra de Dios juzgue al hombre y las situaciones de injusticia. Dicha libertad no puede ser garantizada si él se hunde en las cuestiones políticas que exigen, por lógica intrínseca, unos acuerdos y el cultivar intereses de parte. El "acuerdo" es el medio para gobernar en democracia.

La tarea del sacerdote, profética con respecto al mundo,  es la de "hacer nacer en todos una tensión escatológica permanente hacia el Reino de Dios, reino de justicia y de paz, de verdad y de amor, que se desarrolla siempre en un proceso dinámico de un ya que tiende cada vez más apasionadamente a un todavía no"[12]. Eso es posible si el sacerdote no se deja absorber por la mentalidad del mundo, sino mantiene una mirada que lo transciende.

Con estas simples aclaraciones queremos contribuir a dar una idea de la relación de la Iglesia con el mundo, ayudando a borrar aquellas huellas de ignorancia que nacen, a veces, de una falta de rigurosidad en la aplicación de elementos o métodos de Derecho Canónico, mientras que se usan algunos, extraños a la mens del legislador. Una tendencia de la que también los juristas, a veces, están afectados. 



___________________

[1] Cf. can. 225 §2 y can. 227. El can. 225 §2 dice: "[Los laicos] Tienen también el deber peculiar, cada uno según su propia condición, de impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu evangélico, y dar así testimonio de Cristo, especialmente en la realización de esas mismas cosas temporales y en el ejercicio de las tareas seculares". La primera parte del can. 227 recita: "Los fieles laicos tienen derecho a que se les reconozca en los asuntos terrenos aquella libertad que compete a todos los ciudadanos". Estos dos cánones tienen que ponerse en relación con el can. 222 §2 que insiste sobre el deber de promover la justicia social que compete a todos los cristianos.
[2] A Diogneto, en I Padri Apostolici
. Traduzione, introduzione e note a cura di A. Quacquarelli, Città Nuova, Roma 1976, 356-357.
[3] Gaudium et spes, 75; véase también 43.
[4] Cf. can. 672 que así empieza: "Obligan a los religiosos las prescripciones de los cann. 277, ... 287".
[5] Cf. La interpretación del can. 672 en el Código de Derecho Canónico. Edición bilingüe comentada por los profesores de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca. Dirección: L. De Echeverría, BAC, Madrid 1983, 355.
[6] Cf. F.J. Egaña, Istituto religioso, en Nuovo Dizionario di Diritto Canonico. A cura di C. Corral Salvador, V. De Paolis, G. Ghirlanda, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 604.
[7] Para los diáconos permanentes, el Código prevé solo la restricción establecida para el derecho particular (can. 288).
[8] Es esta la explicación del cánon en el comentario español de la Universidad de Navarra, preparado bajo la responsabilidad del Institut Martín de Azpilcueta, de la cual la Universidad Saint-Paul ha curado la traducción en francés, en Code de Droit Canonique bilingue et annoté. Direction de E. Caparros, M. Thériault, J. Thorn, Wilson & Lafleur Itée, Montréal 1999, 225.
[9] Code de Droit Canonique bilingue et annoté,... 225.
[10] "Por vía de excepción podría entrar el clérigo en la lucha política...; pero esta misma excepción, para evitar el riesgo de alucinación, queda subordinada al juicio de la autoridad eclesiástica competente", en Código de Derecho Canónico,... 173.
[11] El documento conciliar Presbyterorum ordinis, en el n.° 6, recita: "En la construcción de la comunidad cristiana, los presbíteros nunca se ponen al servicio de ninguna ideología o partido humano, sino que, ... se esfuerzan por conseguir el crecimiento espiritual del Cuerpo de Cristo".
[12] E. Grasso, Sacerdotes: hombres de la oración y de la palabra de Dios. Ejercicios espirituales para el clero, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 7), Capitán Bado 2002, 37.


11/02/08

 

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