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Comprender el Derecho Canónico/11
 

 

LOS CARGOS PÚBLICOS EN ÁMBITO CIVIL

EN EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO 



 A partir de la pregunta sobre qué significa la prohibición a los sacerdotes de empeñarse activamente en política, expresada por el can. 287 §2, hemos visto que en el Código de Derecho Canónico la respuesta se coloca en el interior de un amplio cuadro, que contempla la división de roles entre los sacerdotes y los religiosos, por un lado, y los laicos, por el otro. En efecto, la Iglesia no quiere la confusión de funciones, donde “todos lo hacen todo” y que, en realidad, conduce a una exención de responsabilidad del individuo. La armonía se construye en el orden, en base al estado de vida elegido y a las tareas que consiguen de ello. De esta diversificación de aspectos no se puede deducir una superioridad de unos sobre otros, porque se trata solamente de facetas de la misma realidad, el Cuerpo de Cristo.

Por eso, “el Derecho Canónico es el instrumento para crear, promover, conservar y tutelar el recto orden en el pueblo de Dios”1. Una de las preocupaciones presentes ya antes de la codificación del nuevo Código ha sido, en efecto, el reconocimiento de la “responsabilidad personal del laico, para la salvaguardia de aquella indispensable distinción entre orden sobrenatural y orden natural (en la única historia de salvación que resume en Cristo cadaCard. Vallini cosa)”2
, que es de suma importancia. Reconocimiento acogido por el Código, que deja el campo de las realidades temporales a los laicos. Como el Card. Vallini ya subrayaba, cuando era Obispo de Albano, expresándose acerca del valor del laicado: “El ideal de ser siempre y dondequiera ‘cristianos sin descuento’, es decir cristianos que asumen integralmente el Evangelio y lo encarnan laicamente, es hoy más que nunca necesario”3. Observaba un canonista, en el período en que se estaba redactando el Código de 1983: “Si no se lleva adelante sin demoras la inserción de los laicos en la vida y en la misión de la Iglesia, como está previsto por el Vaticano II y el magisterio posconciliar, pontificio y episcopal, vaciaremos el Concilio de una de sus más geniales intuiciones, porque no presentaremos al mundo aquella imagen de único Pueblo de Dios, que la cultura contemporánea puede apreciar, y la Iglesia perderá en credibilidad y eficacia, por el hecho de continuar a aparecer y ser «clerical»”4.

Se puede comprender, pues, otro punto de vista del discurso sobre el can. 287 §2, que, como etapa casi obligada, llama a pararnos en el can. 285 que en el §3 dice: “Les está prohibido a los clérigos aceptar aquellos cargos públicos que llevan consigo una participación en el ejercicioParlamento Europeo de la potestad civil”. Esta norma vale también para los religiosos, como afirma el can. 672, mientras que están excluidos de ella los diáconos permanentes (can. 2885). El párrafo 3 del can. 285 está insertado en una lista que prevé una gradación de actividades, que van de las indecorosas (§1) a las ajenas (§2); de las prohibidas (§3) a las peligrosas (§4) para los sacerdotes. Además, está incluido “entre las actividades explícitamente consideradas no conformes, no en sí obviamente, sino en relación a la especificidad de la misión del clérigo, y por tanto prohibidas de manera absoluta: el ejercicio de funciones y cargos públicos que comporten un poder institucional civil en ámbito legislativo, ejecutivo y judicial (can. 285 §3) (por ejemplo, alcalde, asesor, consejero, parlamentario, magistrado...)”6. El canon en cuestión también “está en relación, al menos en buena parte, con la prohibición del can. 287, §2”7.

El ejercicio de tales actividades está interdicto expresamente: “El carácter universal... de estas normas y su formulación absoluta (es decir que no deja lugar a ninguna excepción, según las normas ordinarias) se basa en la ontología del sacerdocio y la finalidad sagrada de su misión, en virtud de la que el sacerdote se erige a señal y artífice de unidad y hermandad entre todos los hombres, fuera de cada confrontación ideológica o política. No es nunca propio del sacerdote ser dirigente político o funcionario de un poder temporal; le pertenece ser testigo y dispensador de valores sobrenaturales en nombre del Cristo y con su poder”8. Nos encontramos de nuevo confrontados con una norma que refuerza la prohibición para el sacerdote de asumir cargos públicos, incluidos los políticos. Su figura de pastor está delineada más claramente todavía, como quien proclama el valor absoluto y no negociable de los bienes duraderos, sobre los cuales el hombre está llamado a construir ya en la tierra, con sacrificio, empeño y dignidad, la ciudad de Dios.

Naturalmente es posible contestar que el hombre no puede estar encarcelado en un sistema legislativo: “¿Acaso Jesús no ha enseñado que hace falta poner en el centro a las personas, saliendo de los esquemas ‘legales’”?. Sin embargo, si no se quiere ser superficiales y no se quiere hablar utilizando lugares comunes, sería necesario al menos ponerse en la perspectiva de profundizar en el trabajo de años, que la Comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico, reuniendo a los más grandes expertos en el campo por ciencia jurídica, ha hecho, aplicando los principios del Concilio Vaticano II al derecho de la Iglesia. Sin olvidar, luego, que el Código de Derecho Canónico termina con el can. 1752, que pone en el centro de todo laCard. Castillo Lara salvación de las almas, “que tiene siempre que ser en la Iglesia la ley suprema”. Un juicio demasiado simplista no es signo de inteligencia, menos aún de prudencia. El Card. Castillo Lara, Vicepresidente de la Pontificia Comisión que ha preparado el actual Código de Derecho Canónico, escribe acerca de esto: “Según algunos no hay lugar en la Iglesia para el Derecho Canónico. Ellos ven una radical oposición entre la naturaleza mistérica y neumática de la Iglesia y el Derecho Canónico. ... Hay que decir enseguida que no es una posición doctrinal o una actitud práctica nueva. Sus raíces ya se encuentran en los primeros movimientos heréticos en los albores de la Iglesia y, con diferentes matices, se repiten de vez en cuando. En la base hay evidentemente una falsa eclesiología y a menudo una falsa noción del Derecho Canónico”9. Sin querer utilizar palabras comprometedoras como “herejías”, “cismas” u otro, sería quizás suficiente observar, como lo hace el mismo Card. Castillo Lara, en nota, que “ya en su tiempo (a. 1254) el Card. Hostiensis tachaba de presunción e ignorancia el querer gobernar con la sola Biblia prescindiendo de los cánones”10. Nada nuevo bajo el sol, pues.

Hay también otro peligro que se adensa detrás de quien está afectado por este género de “alergias” por lo jurídico, que no raramente está presente también en hombres políticos, que se inspiran en modelos así llamados “evangélicos”: nos referimos a la contestación que se hace a la Iglesia por parte de los que la acusan de tener un propio sistema jurídico. Es verdad que la Iglesia no es sencillamente equiparable a un cualquier Estado nacional; pero también ella tiene un ordenamiento propio, que regula las relaciones entre las personas que constituyen al Pueblo de Dios. Se debe notar, pues, que detrás de tal crítica se esconde, fácilmente, la mentalidad de quien no reconoce la verdadera función del derecho, que es la de establecer principios que ordenan a una sociedad, con los cuales hay que enlazarse para aplicar una justicia igual para todos. Una justicia que no está a la merced de la “interpretación” del individuo, del dictador populista o caudillo de turno, según el cual “la ley está hecha para los enemigos de los que detentan el poder”11. Este género de crítica significa asechar en sus fundamentos el estado de derecho.

Para el cristiano individual que quiere elegir al que, con honestidad, sepa gobernar la cosa pública, “olvidándose de su propio interés y del beneficio venal”12, es importante conocer cuáles son las consecuencias de un discurso político, especialmente si está basado en principios cristianos. Quien desprecia las normas de un sistema jurídico eclesial o laico - tanto en buena fe como por un propio provecho -, guarda ya en sí mismo el germen del rechazo del derecho en todos los niveles, que es, en cambio, la base de la justicia para cada uno. Con tal actitud, se rechaza una confrontación con la racionalidad de las cosas que ha llevado a codificar unas normas que regulan a una sociedad, atrincherándose en eslóganes genéricos, que inducen a abdicar de la misma inteligencia en favor del caudillo de turno.

En un encuentro que se ha llevado a cabo, recientemente, en la sede romana de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, una relatora, Serena Vitale, catedrática de Lengua y Literatura rusa, observaba: “«La ideología y el poder de las ideas abstractas y genéricas que, ignorando la razón, orientan al individuo hacia modelos impuestos» se han revelado reales flagelos de la humanidad”13.


                                                                                         Maria Cristina Forconi


____________  

1 R.J. Castillo Lara, Il posto del diritto canonico in una visione conciliare della Chiesa, en Iustus Iudex. Festgabe für Paul Wesemann zum 75. Geburtstag vol seinen Freunden und Schülern. Herhausgegeben von K. Lüdicke, H. Mussinghoff, H. Schwendenwein, Ludgerus-Verlag, Essen 1990, 15.
2 E. Cappellini, I laici nella futura normativa canonica. Attese e prospettive, en La legge per l'uomo. Una Chiesa al servizio.... A cura di E. Cappellini, Rogate, Roma 1979, 274.
3 A. Vallini, Presentazione, en A. Gutièrrez, Cristiani senza sconto, 2001, in www.grupposeguimi.org/bibl_gutierrez_cristiani.pdf
4 E. Cappellini, I laici nella futura normativa canonica..., 275.
5 El can. 288 empieza: "A no ser que el derecho particular establezca otra cosa".
6 G. Mazzoni, Il ministero ordinato, en Corso istituzionale di Diritto Canonico. A cura del Gruppo Italiano Docenti di Diritto Canonico, Ancora, Milano 2005, 165.
7 Código de Derecho Canónico. Edición bilingüe comentada por los profesores de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca. Director L. De Echeverría, BAC, Madrid 1983, 172.
8 Code de Droit Canonique bilingue et annoté. Direction de E. Caparros, M. Thériault, J. Thorn, Wilson & Lafleur Itée, Montréal 1999, 223.
9 R.J. Castillo Lara, Il posto del diritto canonico..., 5.
10 Hostiensis, Summa aurea [nota 4], lib. V, De poenitentiis et remissionibus, n. 20; cit. en R.J. Castillo Lara, Il posto del diritto canonico..., 5, nota 9.
11 E. Grasso, Da Roma al Paraguay. Le sfide continuano, Editrice Missionaria Italiana, Bologna 2007, 61.
12 Gaudium et spes, 75.
13 A. Manzoni, Un matematico ebreo spiega le ragioni di Benedetto XVI. All'Università Cattolica del Sacro Cuore il secondo incontro sul discorso del Papa a La Sapienza, en L'Osservatore Romano (6 febbraio 2008), en www.vatican.va


                                                                                                         
01/03/08

 

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