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Comprender el Derecho Canónico/14



NO HAY DOS OPCIONES

 

EMons. Rogelio Livieres Planon una entrevista concedida por Mons. Rogelio Livieres Plano al diario "Última Hora" del 23 de abril de 2008, titulada "Livieres ve inevitable que Lugo vuelva a ser laico", se lee: "La privación del estado clerical o la reducción al estado laical son las dos soluciones que el obispo de Ciudad del Este, monseñor Rogelio Livieres Plano, ve factibles para resolver el impasse canónico planteado con Fernando Lugo, obispo dimitente y presidente de la República electo. La primera opción equivale a una pena o sanción; la segunda es una gracia concedida a un consagrado que se considera no cometió falta grave".

En la misma entrevista se continúa: "Sin embargo, los efectos jurídicos son los mismos: ‘La persona vuelve a ser jurídicamente un laico, aunque sacramentalmente continuará siendo siempre un sacerdote, porque eso no se pierde. El orden sagrado imprime un carácter indeleble y permanente. Pierde su condición jurídica de sacerdote, por lo tanto, los derechos y deberes inherentes al sacerdocio y al episcopado', explica". Para hacer entender que se trata de dos caminos distintos que recorrer, la periodista Susana Oviedo escribe que Mons. Livieres "insiste en que las dos opciones que él observa aplicables a la situación particular de Lugo, en cuanto al resultado, son lo mismo".

Como canonista, querría precisar algunos puntos de cierta confusión terminológica, que encuentro en las palabras retomadas en dicha entrevista.

"Reducción al estado laical": terminología impropia

Mons. Velasio De Paolis, destacado canonista, quien, durante más de 30 años, ha enseñado en la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana, dictando también el curso de Derecho Penal, al cual yo también he asistido, aclara: "Ante todo, hay que precisar que el nuevo Código, para mencionar la pérdida del estado clerical, ya no habla de ‘reducción al estado laical'. Dicha terminología ha parecido impropia y, de algún modo, ofensiva para el estado laical"[1].

Esta terminología, en efecto, estaba en vigencia en el viejo Código, y "el proyecto de reforma del código evita esta expresión y habla, más bien, de la pérdida del estado clerical (Communicationes 3 (1971) 196)"[2].

Mons. De Paolis es Secretario saliente del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica y, recientemente, ha sido nombrado presidente de la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede; es consultor de cinco Congregaciones y del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, y ha sido profesor y decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Urbaniana.

Sorprende que, en la comunicación del Card. Giovanni Battista Re, Prefecto de la Congregación para los Obispos, del 4 de enero de 2007, en la cual se notifica a Mons. Lugo que "el Santo Padre no ve posible acoger la solicitud de dimisión del estado clerical presentada por Vuestra Excelencia", se utilicen las mismas expresiones del viejo Código, tanto trayendo una expresión de la petición de Mons. Lugo, "para retornar a la condición de laico en la Iglesia", como cuando se habla de la "reducción jurídica al estado laical", haciendo referencia al can. 290 § 3.

"Pérdida del estado clerical"


El can. 290 § 3 está insertado en el Capítulo IV, "De la pérdida del estado clerical", del Título III, "De los ministros sagrados o clérigos", de la Parte I, "De los fieles cristianos", del Libro II, "El pueblo de Diós"; este ha asumido la nueva terminología, abandonando la vieja.

 Para volver a la cuestión terminológica de la entrevista a Mons. Livieres, se nota una cierta confusión también cuando dice que "la privación del estado clerical o la reducción al estado laical son las dos soluciones", que se pueden aplicar al caso en cuestión. No resulta que en el Código de 1983 haya estos dos caminos: o permanecer clérigo sin derechos o volver (o bien "estar reducido a") laico.

Hemos visto ya que son solo dos expresiones diferentes, una del viejo y la otra del nuevo Código, para indicar la misma realidad: el ministro sagrado, con la pérdida del estado clerical, pierde los derechos de su estado, pero no está "reducido a laico".

Esto no equivale ni a la cancelación del carácter sacerdotal ni a la pérdida de las obligaciones, particularmente del celibato, al que el clérigo debe permanecer vinculado, a no ser que llegue una dispensa adicional, que compete solamente al Papa.

"La pérdida del estado clerical, en conformidad con el can. 290, puede acontecer de tres maneras: 1) a través de una declaración de nulidad de la ordenación sagrada; 2) a través de la pena de la dimisión del estado clerical; 3) a través de una gracia concedida por la Santa Sede"[3]. En el primer caso, la declaración de nulidad de la ordenación sacerdotal "puede derivar de diversos motivos; especialmente por vicios de materia y forma o de consentimiento o de intención, tanto por parte del consagrante como del consagrado"[4]. No parece este el camino aplicable al caso.

El n.° 2 especifica que "la pérdida del estado clerical es una pena particularmente grave, porque toca el estado de las personas y, además, de modo perpetuo (cf. can. 293). ... El Codex prevé solamente seis casos para los cuales es posible la dimisión del estado clerical"[5]. Son casos gravísimos, que van de los crímenes contra la fe a los crímenes de concubinato[6].

El n.° 3 se ocupa del procedimiento de dispensa de la Santa Sede: "La dispensa es un acto de gracia. No hay ningún derecho, por parte del clérigo, de conseguirla. Existe, más bien, el derecho de la comunidad cristiana, a que él persevere en la fidelidad al compromiso libremente asumido de servir a la Iglesia y las almas en el estado clerical. Sin embargo, el legislador se da cuenta de que, en algunos casos, no es posible o de cualquier modo no es útil, mantener en el ministerio y atadas a empeños a personas que ya no están en condición de ejercer el uno o llevar los otros. Toma en consideración, por tanto, la posibilidad, bajo precisas condiciones, de la dispensa de las cargas clericales. Evidentemente, para dar tal dispensa, son necesarias causas justas, que son más o menos graves, según se trata de un Obispo o de un sacerdote o de un diácono. En la normativa y en la praxis, no está tomada en consideración la posibilidad de una dispensa para un clérigo constituido en el orden episcopal"[7].

Se nota, además, que, "para la concesión de la dispensa a un sacerdote, se exigen ‘causas gravísimas'"[8].

Ahora bien, volviendo a examinar el decreto del 20 de enero de 2007, con el cual la Congregación para los Obispos infligía a Mons. Lugo, a consecuencia de una reprensión canónica, "como primer paso", la pena canónica de la suspensión a divinis, se pone el problema de cómo conciliarla con una despensa, puesto que esa pena, que ha sido infligida como "primer paso", no puede transformarse, mágicamente, en una "gracia", sobre la cual no se puede reivindicar ningún derecho.

¿Hay un camino de salida al impasse?

La Santa Sede está examinando la cuestión, sopesando el caso en todas sus implicancias. A nosotros nos interesa cómo va a ser solucionado un problema canónico, que presenta esta dificultad: excluido que se trate de nulidad de la consagración episcopal de Mons. Lugo, no quedan más que estas posibilidades: 1) la pérdida del estado clerical "de modo permanente" por dimisión penal, a causa de un "delito grave"; 2) la pérdida del estado clerical por la concesión de un indulto de la Santa Sede, que es "un acto de gracia". En el primer caso, hay que establecer si, verdaderamente, se trata de una violación grave, que comporta una pena tan severa; en el segundo caso, ya que es un acto de gracia del Pontífice, hay que enfrentarse con un Decreto de la Congregación para los Obispos, que, el 20 enero de 2007, ha suspendido a divinis al Obispo, por un grave acto de insubordinación al Pontífice. Y, entonces, ¿cómo conciliar los dos hechos? ¿Se premia con una gracia a un Obispo rebelde? La cuestión que se plantea no es de fácil solución y no se vislumbra cuál podrá ser el camino de salida que se va a encontrar, ya que la Santa Sede ha sido puesta ante un hecho cumplido, verdaderamente sin caminos de salida.

 


[1] V. De Paolis, Perdita dello stato clericale (Amissio status clericalis), en Nuovo Dizionario di diritto canonico, Ed. San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 784.
[2] Cit. en A. Depasquale, Stati e funzioni del popolo di Dio, en Il diritto nel mistero della Chiesa, II. A cura del Gruppo Italiano Docenti di Diritto Canonico, (Quaderni di "Apollinaris" 2), Libreria editrice della Pontificia Università Lateranense, Roma 1981, 156, nota 83.
[3] V. De Paolis, Perdita dello stato clericale..., 784 -785.
[4] V. De Paolis, Perdita dello stato clericale..., 785.
[5] V. De Paolis, Perdita dello stato clericale..., 785.
[6] Cf. Commento al Codice di diritto Canonico. A cura di P.V. Pinto, Urbaniana University Press, Roma 1985, 170.
[7] V. De Paolis, Perdita dello stato clericale..., 785-786.
[8] V. De Paolis, Perdita dello stato clericale..., 786.  

 

28/04/08

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis