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Comprender el Derecho Canónico/15

 


¿CUÁL SALIDA?


El artículo titulado: "El Vaticano ya tiene una salida para el caso Fernando Lugo", publicado en "Última Hora" (Paraguay) del 22 de mayo de 2008, afirma que "el Vaticano ya tiene elaborada la carta que remitirá en breve al presidente electo y ex Obispo Fernando Lugo, acerca de su situación dentro de la Iglesia Católica". El periodista sigue diciendo que tal noticia ha sidoBasílica de San Pedro confirmada por una "fuente del Vaticano", especificando que tal escrito se fundamenta en el can. 287 del Código de Derecho Canónico. Agrega, inmediatamente después: "Es decir, se le concederá su reducción al estado laical". En el mismo artículo, se declara que "la falta de Lugo no es considerada del todo grave para la Iglesia".

Se presume que a hacer estas últimas afirmaciones no haya sido la no mejor identificada "fuente del Vaticano", sino el periodista. Esto se deduce de la terminología impropia[1] que, como hemos precisado antecedentemente, no es propia de una persona que trabaja en la Santa Sede. Además, el can. 287 no trata de la pérdida del estado clerical, que está explicada en otro lugar. A más, no resulta de ningún documento oficial de la Santa Sede que Mons. Lugo es un "ex Obispo".

Desgraciadamente, nos encontramos de nuevo frente a chismes de pasillo que, aunque provenientes de ambientes clericales y pasados a los periodísticos, no garantizan un correcto uso de las expresiones y menos aún la exactitud de su significado.

¿La Santa Sede da, acerca del can. 287, una interpretación diferente de la que se presenta en la carta del Card. Re?

Lo que el artículo en cuestión quiere sugerir es que la carta del 4 de enero de 2007, que elCard. Giovanni Battista Re Card. Giovanni Battista Re, en calidad de Prefecto de la Congregación para los Obispos, envió a Mons. Lugo, prácticamente está superada. Pero, ¿es cierto que estamos frente a una nueva interpretación de la Santa Sede de tal situación eclesial?

En este escrito, el Card. Re comunicaba a Mons. Lugo la decisión de la Santa Sede de no aplicar a su caso la excepción que el § 2 del can. 287[2] prevé para un clérigo, que desee comprometerse en el campo político. Las motivaciones expuestas son de extrema claridad:

A. "La tarea de un Obispo es estar al lado de los fieles siguiendo en todo la suprema ley de la Iglesia que es efectivamente la salvación de las almas y no el gobierno de la comunidad política. La colaboración del Obispo en procurar el bien de la sociedad civil debe ser desempeñada siempre en modo pastoral, actuando como padre, hermano y amigo y ayudando con su ministerio a construir caminos de justicia y de reconciliación". La política, en efecto, tiene un rol, leyes y finalidades propias bien distintas de la misión del Obispo, llamado a iluminar con el Evangelio todos los ámbitos de la sociedad y a formar las conciencias, anunciando la esperanza cristiana, para defender la dignidad del hombre y para tutelar y proclamar con firmeza aquellos valores, que el Santo Padre ha definido "no negociables".

B. No se concede a Mons. Lugo la excepción prevista por el § 2 del can. 287, para poder candidatarse a las elecciones presidenciales, para evitar confusión y división entre los fieles, además de una clericalización de la misión específica de los laicos, que es la de ocuparse de las realidades terrenas.

C. La Santa Sede no concede a Mons. Lugo la pérdida del estado clerical con un indulto (o acto gratuito), porque la sagrada consagración de un Obispo, una vez reciba válidamente, no puede ser anulada o suspendida ad tempus. En el caso de Mons. Lugo no está en discusión la validez de su consagración, que él ha aceptado libremente "para siempre".

¿Qué es, por lo tanto, lo que ha cambiado para la Santa Sede, en estos puntos?

¿Se ha modificado la concepción del bien común?

Para un Obispo, en cuanto pastor de la Iglesia y "ministro del gobierno de la Iglesia", el bien común tiene la connotación de bien sobrenatural vivido ya hoy, concretamente, en la Iglesia, "porque el hombre puede experimentar su verdadera liberación únicamente en la comunión eclesial, que es la comunión con la vida divina trinitaria"[3].

Para la Iglesia, ciertamente no puede cambiar el sentido del "bien común", como dimensión intrínseca de la comunión eclesial, alma de la Iglesia misma, que es unión entre los fieles, fundamentada en las relaciones trinitarias.

¿Se ha transformado el significado de la relación entre Estado e Iglesia?

Para mayor claridad, es oportuno subrayar que no está en juego la legitimidad de la elección del Presidente del Estado paraguayo, aunque este sea un Obispo emérito. Tal legitimidad, a nivel estatal, procede de las elecciones democráticas que, en un Estado independiente como el Paraguay, se han desarrollado en el máximo respeto de la libertad de cada uno. Esto, además, está confirmado por la madurez del comportamiento del pueblo paraguayo que, contra toda previsión, ha realizado las propias elecciones políticas en un clima tranquilo, como atestiguan los observadores de la Organización de los Estados Americanos (cf. "ABC Color", 23 de mayo de 2008, 9). No compete, por lo tanto, a la Santa Sede otorgar al Presidente de la República del Paraguay la legitimidad constitucional, quitando al pueblo soberano sus derechos y deberes.

No es, por cierto, ésta la preocupación de la Santa Sede.

¿Ha cambiado la posición de la Iglesia Católica con respecto a la inserción de los clérigos en la política?

En el artículo de "Última Hora", se pone en evidencia otra preocupación que guía la reflexión de la Iglesia Católica, en la búsqueda de una salida a la situación de Mons. Lugo, o sea, el hecho de que, a este caso, podrían seguir otros, comenzando por sacerdotes que podrían entrar a formar parte del Gobierno de Mons. Lugo. Varios todavía podrían ir por los mismos pasos de Mons. Lugo y entrar a formar parte de la vida política o pública en otros países. Esto comportaría que la excepción, que está prevista por el can. 287 para un clérigo, perdería su carácter de excepcionalidad, y correría el riesgo de volverse la normalidad. ¿Es, tal vez, este el punto cambiado en la visión de la Santa Sede, acerca de la situación eclesial del Paraguay? Esto se tiene que ver todavía.

No se debe aumentar la confusión

A este punto, sin embargo, me parece que, para no alimentar ulterior confusión, considerada la complejidad y las implicancias de la cuestión, es más sabio esperar la posición oficial de la Santa Sede, sobre este caso delicado y sobre otros posibles en el futuro. En efecto, no pasa desapercibido el hecho de que un "ex sacerdote de Pedro Juan Caballero, hoy con permiso, padre Pablino Cáceres", ya se esté preparando para desempeñar el cargo de Ministro, en el nuevo Gobierno de Mons. Lugo. Y con buena probabilidad de lograrlo (cf. "ABC Color", 23 de mayo de 2008, 5). Notamos que la terminología del periodista resulta imprecisa, puesto que él habla de "ex sacerdote", luego, de "padre" y de una "autorización", no bien definida. Mas, aunque la situación de un ex sacerdote es diferente de aquella de un Obispo emérito, sin embargo, el nuevo escenario que se está delineando deja que pensar.

Maria Cristina Forconi

 

___________

[1] "Ante todo, hay que precisar que el nuevo Código, para mencionar la pérdida del estado clerical, ya no habla de ‘reducción al estado laical'. Dicha terminología ha parecido impropia y, de algún modo, ofensiva para el estado laical", en V. De Paolis, Perdita dello stato clericale (Amissio status clericalis), en Nuovo Dizionario di diritto canonico, Ed. San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 784.
[2] El can. 287 dice: "§ 1. Fomenten los clérigos siempre, lo más posible, que se conserve entre los hombres la paz y la concordia fundada en la justicia.
§ 2. No han de participar activamente en los partidos políticos ni en la dirección de asociaciones sindicales, a no ser que según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, lo exijan la defensa de los derechos de la Iglesia o la promoción del bien común".
[3] G. Ghirlanda, Diritto canonico (Ius canonicum), en Nuovo Dizionario di diritto canonico..., 352.



25/05/08
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis