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Comprender el Derecho Canónico/17



LA CLAUSURA



En los diarios paraguayos de los últimos días, se trae un hecho, definido inédito incluso por los protagonistas. "Esto jamás ha sucedido - indica "ABC Color" del 17 de junio de 2008, pág. 5 - ni aquí ni en otra parte del mundo, decía la hermana Lucía, superiora del convento". En efecto, "Diecisiete monjas carmelitas abrieron ayer la puerta del convento no solo para que Lugo vea su banda presidencial [tejida por ellas], sino para compartir un desayuno con el presidente electo". Se trata de Carmelitas descalzas del Ecuador que, según el diario y las declaraciones de la superiora del monasterio, "abrieron ayer sus puertas al presidente electo, Fernando Lugo", desatendiendo la clausura, que deben observar.

Es necesario examinar el alcance de estas declaraciones, para poder entender si nos hallamos ante unos cambios tan innovadores, hasta hacer decir que "ni aquí ni en otra parte del mundo" el carisma de las Carmelitas descalzas jamás se ha expresado de tal manera o si, en cambio, se trata de una imprudencia de alguien que, llevado por la ola del éxito político y sobre todo mediático del Obispo emérito suspendido a divinis, no se ha dado cuenta de las consecuencias de su acto, tanto en el interior de su comunidad religiosa como respecto al pueblo de Dios.

Ante todo, nos hacemos una serie de preguntas, que se deben examinar en el plano canónico, buscando profundizar en la cuestión.

¿Qué es la clausura?

"La clausura religiosa es una consecuencia del testimonio público, que los religiosos están obligados a dar a Cristo y a la Iglesia; testimonio que comporta aquel apartamiento del mundo que sea propio del carácter y la finalidad de cada instituto"[1], según lo que explica el can. 607 § 3 del Código de Derecho Canónico. La clausura tiene un significado especial en el interior de la Iglesia: "De modo aún más significativo y radical, el misterio de la unión exclusiva de la Iglesia-Esposa con el Señor se expresa en la vocación de las monjas de clausura"[2], que "incluso en su aspecto concreto, es, por eso mismo, un modo particular de estar con el Señor, de compartir ‘el anonadamiento de Cristo mediante una pobreza radical que se manifiesta en la renuncia no solo de las cosas, sino también del espacio, de los contactos externos, de tantos bienes de la creación'"[3].

¿Cuántos tipos de clausura existen?

El Código de Derecho Canónico prevé tres tipos de clausura.
El primer tipo es la clausura común, que debe ser observada por todos los institutos religiosos, "y que consiste en asegurar que una parte de la casa esté reservada exclusivamente a los miembros de la comunidad (can. 667 § 1)"[4]. El segundo tipo es la clausura monástica (can. 667 § 2-3) que atañe a todos los monasterios de monjes y monjas de vida parcialmente contemplativa, con una disciplina más estricta, respecto a la clausura común. El tercer tipo es la clausura papal (can. 667 § 3), que se debe observar en los monasterios de monjas de vida íntegramente contemplativa y que consiste en una disciplina aún más rigurosa de la clausura, según las normas dadas por la Santa Sede[5]. 

La clausura papal atañe también a las Carmelitas descalzas que se remontan al ejemplo deSanta Teresa de Jesús santa Teresa de Jesús, "la figura más ilustre de la vida claustral carmelita, en la que las monjas de cada época constantemente se inspiran. Teresa reelaboró y renovó la tradición carmelita, fomentando el deseo de vivir cada vez más perfectamente en soledad con Dios, a imitación de los primeros padres ermitaños del Monte Carmelo. Siguiendo su ejemplo, las Monjas carmelitas están llamadas, como se encuentra escrito en sus Constituciones, 'a la oración y a la contemplación, porque en esto está nuestro origen, somos progenie de aquellos santos del Monte Carmelo que, en gran soledad y en el total desprecio del mundo, buscan este tesoro y preciosa margarita' (Constituciones de las Monjas carmelitas, n.° 61)"[6].

¿Cómo se configura la clausura papal?

La ley de la clausura papal regula los casos de legítima entrada en clausura y salida de la misma; se extiende al edificio y a todos los espacios, internos y externos, reservados a las monjas, y es separación efectiva, también en las celebraciones litúrgicas; "si hubiera huéspedes, estos no pueden ser introducidos en la clausura del monasterio"[7], mientras que "la concesión de permisos para entrar o salir requiere siempre una causa justa y grave, es decir, dictada por una verdadera necesidad de alguna de las monjas o del monasterio"[8]. "Corresponde a la Superiora del monasterio la custodia directa de la clausura. ... Ella es la que juzga la oportunidad de las entradas y salidas de la clausura, valorando con prudencia y discreción su necesidad, a la luz de la vocación íntegramente contemplativa, según las normas del presente documento y de las Constituciones"[9].

La entrada en clausura se permite, salvo privilegios particulares (indultos) de la Santa Sede, solo a los Cardenales y sus acompañantes; a los Nuncios y Delegados Apostólicos en los lugares sujetos a su jurisdicción; al Visitador durante la Visita canónica; al Obispo diocesano o al Superior Regular, por causa justa. El permiso de la Superiora se puede extender a las siguientes personas: al Sacerdote para administrar los sacramentos a las enfermas, para asistir a las que padecen graves enfermedades y para celebrar alguna vez para ellas la Santa Misa. Eventualmente, para las procesiones litúrgicas y los ritos de exequias. Además, pueden entrar las personas cuyo trabajo o competencia son necesarios para atender la salud de las monjas y proveer a las necesidades del monasterio; si así está previsto en el derecho propio, pueden entrar las propias aspirantes y las monjas de paso[10].

Por lo que concierne a la clausura papal de las monjas, hay que notar que cada instituto entregado a la vida contemplativa, en base a las propias tradiciones, puede estar definido ulteriormente por el derecho del instituto; "algunas modalidades de separación del mundo se dejan al derecho particular y han de ser aprobadas por la Sede Apostólica. El derecho propio puede establecer también normas más severas sobre la clausura"[11]. En otras palabras, la Sede Apostólica ha dispuesto una normativa-base para los institutos de monjas de vida contemplativa, que puede ser también más estrecha, pero debe tener siempre la previa aprobación de la Santa Sede, antes de ser aplicada. No está previsto mitigar dicha normativa, fuera de tal cuadro o sin permisos especiales de la Santa Sede.

En la Instrucción Verbi sponsa de 1999, que vuelve a ordenar la materia referente a la clausura, previendo, en el n.° 18, la serie de casos de entrada de los cuales hemos tratado, hay algunos cambios, con respecto a la normativa precedente. Sobre uno en particular es interesante detenerse. En la Instrucción precedente, Venite seorsum, de 1969, en el n.° 8, el permiso de entrar en clausura estaba extendido también "a los que actualmente ocupan el puesto supremo en el gobierno de la nación, a sus esposas y comitiva"[12]. Este privilegio no está retomado por Verbi sponsa y, por eso, ha caducado. Esto parece respetuoso de la división entre Estado e Iglesia. La Iglesia, en efecto, no pide privilegios para sí misma, pero tampoco concede privilegios a jefes de Estado, perdiendo la propia libertad de anuncio y autonomía jurídica.

La pregunta legítima es saber de cuál "permiso" está provisto Mons. Lugo

Volviendo a la cuestión inicial, nos preguntamos en base a cuál de estas normas un Obispo emérito, por lo tanto no diocesano, además, con una suspensión a divinis, ha podido entrar en el interior de ambientes protegidos por la clausura papal.

Maria Cristina Forconi




[1] F. J. Egaña, Clausura (Clausura), en Nuovo Dizionario di Diritto Canonico. A cura di C. Corral Salvador-V. De Paolis-G. Ghirlanda, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 180.
[2] Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, Instrucción Verbi sponsa (13 de mayo de 1999) n.° 4. Verbi sponsa revisa las normas para la clausura que, hasta aquel momento, estaban ordenadas por la Instrucción Venite seorsum de la Congregación para los Religiosos y los Institutos seculares (15 de agosto de 1969).

[3] Verbi sponsa, n.° 3, que retoma un pasaje de la Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata
de Juan Pablo II (25 de marzo de 1996) n.° 59.
[4] F. J. Egaña, Clausura..., 180-181.
[5] Cf. F. J. Egaña, Clausura..., 181.
[6] Giovanni Paolo II, Le Monache carmelitane e il Terz'Ordine secolare (7 de octubre de 2002) n.° 2.
[7] Verbi sponsa, n.° 14 § 2.
[8] Verbi sponsa, n.° 15.
[9] Verbi sponsa, n.° 16 § 1.
[10] Cf. Verbi sponsa, n.° 18 § 1-2.
[11] Verbi sponsa, n.° 14 § 1.
[12]
 Venite seorsum (15 de agosto de 1969) n.° 8.



19/06/08
 

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