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Comprender el Derecho Canónico/20
 


LA REPRESENTACIÓN DIPLOMÁTICA DE LA SANTA SEDE/1

Los Legados del Romano Pontífice


Una figura que suscita interés, por su particular rol en el interior de la estructura de la Iglesia y en ámbito de las relaciones internacionales, es, sin duda, la del Legado Pontificio, aunque en el lenguaje común es más conocido con el nombre de Nuncio Apostólico.

Aclaramos que en el nuevo Código de Derecho Canónico no se utiliza el término Nuncio, sino el de Legado Pontificio, nombre que indica a todos los "jefes de misión" de la diplomacia - para utilizar la terminología del derecho internacional - o a "las personas encargadas por el Estado de actuar con tal carácter" (cf. art. 1 del Convenio de Viena de 1961). La palabra Nuncio no agota, en efecto, todas las categorías de diplomáticos que, por el contrario, están resumidas, por la locución Legado Pontificio, que puede ser tanto un prelado como un laico, de acuerdo a los cargos a él confiados[1].

Etimología y referencias históricas

Tanto la palabra Legado como Nuncio derivan del latín. Legatus significa "embajador". El ius legationis es específicamente el derecho que un Estado tiene de establecer relaciones diplomáticas con otro Estado y negociar acuerdos con el mismo.

Nuntius, etimológicamente "el que anuncia, trae y lleva noticias", indica un "mensajero".

Inicialmente, el Pontífice ha ejercitado su derecho de legación enviando a Legados a los Concilios que se llevaban a cabo lejos de Roma, con la finalidad de consolidar los vínculos con las Iglesias particulares. No hay que subestimar la delicadeza de su tarea, puesto que para hacer llegar una noticia al Pontífice y recibir la respuesta no existían aéreos o Internet, sino que podían pasar meses o años y, en base a una noticia equivocada, podía cambiar radicalmente una situación o inclusive precipitar.

Por lo que se refiere a la figura del Nuncio, su origen se remonta a los representantes del Pontífice ante la corte imperial de Bizancio. Desde el siglo XVI, el término indicó al representante diplomático del Sumo Pontífice, con cargo permanente, que se elegía entre los miembros de la Sacra Rota y otros prelados[2].

Funciones

El §1 del can. 363 del nuevo Código de Derecho Canónico dice que "a los Legados del Romano Pontífice se les encomienda el oficio de representarle de modo estable ante las Iglesias particulares o también ante los Estados y Autoridades públicas a donde son enviados"[3].

Ellos pueden, por lo tanto, desarrollar fundamentalmente dos clases de legaciones: una sola para las Iglesias y la otra para estas y para los Estados[4]: "Hay, pues, dos clases de funciones, una de carácter eclesial y otra de finalidad eclesial con desempeño diplomático"[5].

Cuando el Legado Pontificio tiene solo una función eclesial y tiene el oficio de representar al Romano Pontífice ante las Iglesias particulares de un determinado territorio y le falta el rango diplomático, se denomina "Delegado apostólico"[6].

Si el Legado Pontificio ejerce la función eclesial y diplomática ante los Estados - los dos cargos se recapitulan en una misma persona - y, por lo tanto, a tal legación de naturaleza religiosa y eclesial se une, a su vez, también la diplomática, ante los Estados y los Gobiernos, él recibe el título de Nuncio, con adjunto el derecho de ser decano del cuerpo diplomático[7].

"Hasta el año 1992 se utilizaba también el título de Pro-Nuncio para los representantes pontificios que, al desarrollar en todo las mismas tareas del Nuncio, no gozaban del derecho de ser decanos. Sin embargo, aunque se ha mantenido la distinción entre las dos categorías, ha sido tomada la decisión de no asignar, en el futuro, el título de Pro-Nuncio Apostólico y de utilizar solo el de Nuncio, también en las ocasiones en las que al representante pontificio no se reconozca el título de decano"[8].

Vínculo con las Iglesias particulares (can. 364)

"La función principal del Legado Pontificio consiste en procurar que sean cada vez más firmes y eficaces los vínculos de unidad que existen entre la Sede Apostólica y las Iglesias particulares" (can. 364). Esta claridad de formulación muestra un desarrollo significativo respecto a la doctrina del Código anterior, porque el nuevo Código formula como solicitud primaria del Legado la de cuidar y consolidar los vínculos perennes entre las Diócesis y la Iglesia de Roma[9].

El nuevo Código se inspira en la eclesiología de la Lumen gentium - retomada por la Sollicitudo omnium Ecclesiarum -, que expresa "la verdadera y propia imagen de la Iglesia", considerada como "comunión" y "establece las relaciones que deben darse entre la Iglesia particular y la universal y entre la colegialidad y el primado"[10].

En esta construcción de la comunión entre la Iglesia particular y la Santa Sede, la tarea del Legado Pontificio es "un servicio eminentemente pastoral, una ‘diakonía', dirigida al bien de las Iglesias locales, con vistas a hacer cada vez más efectiva su unión con la Sede Apostólica", como lo expresaba Juan Pablo II, que no ocultaba las dificultades vinculadas a la función: "En el desarrollo de vuestro trabajo, no exento de sacrificios, casi siempre oculto, tal vez no suficientemente apreciado, tened presente que sois ‘ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios', en la tarea específica y delicada de dar voz sensible, en las diversas partes del mundo, a Aquel que Jesús quiso roca de la Iglesia"
[11].

Pero, él no puede perjudicar a los diferentes Obispos en el gobierno de las Diócesis: "Su autoridad y su acción no puede substituir y tampoco obstaculizar la de los Obispos diocesanos, por el contrario debe tutelarla y reforzarla"
[12].

Su tarea concreta, dentro de su circunscripción, es la de informar a la Santa Sede acerca de las condiciones de las Diócesis, y, además, prestar ayuda a los distintos Obispos y a la Conferencia Episcopal. Se ocupa, también, del procedimiento para el nombramiento de los Obispos en todas las diócesis bajo su competencia, conduciendo las investigaciones correspondientes, recogiendo las informaciones sobre los posibles candidatos y proponiendo a la Congregación para los Obispos una terna de candidatos, entre los cuales se elegirá al nuevo Obispo (can. 364).

Maria Cristina Forconi

(Continúa)




[1] Cf. C. Corral, Legato Pontificio (Legatus Pontificius, Legatus Romani Pontificis), en Nuovo Dizionario di diritto canonico. A cura di C. Corral Salvador - V. De Paolis - G. Ghirlanda, Edizione San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 622-624.
[2] Cf. C. Corral, Nunzio (Nuntius), en Nuovo Dizionario di diritto canonico..., 722.
[3] La fuente del canon es: Pablo VI, carta apostólica motu proprio Sollicitudo omnium Ecclesiarum (24 de junio 1969) I, 2; III, 1.
[4] No se tienen en cuenta aquí las legaciones de carácter no permanente, que tienen diferentes denominaciones.
[5] C. Corral, Legato Pontificio..., 620.
[6] Cf. C. Corral, Legato Pontificio..., 622-623.
[7] Cf. Sollicitudo omnium Ecclesiarum..., I, 2.
[8] Cf. Annuario Pontificio per l'anno 2008, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2008, 1943.
[9] Cf. Código de Derecho Canónico. Edición bilingüe comentada por los profesores de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca. Director L. De Echeverría, BAC, Madrid 1983, 210-211.
[10] Cf. constitución apostólica Sacrae disciplinae leges (25 de enero 1983) que promulga el nuevo Código de Derecho Canónico.
[11] Cf. Giovanni Paolo II, Agli alunni della Pontificia Accademia ecclesiastica (17 marzo 1979), en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, II/1, 670-671.
[12] Cf. Codice di diritto canonico commentato. A cura della Redazione di Quaderni di diritto ecclesiale, Edizione Ancora, Milano 2001, 354.


16/10/08

 

 

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