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Comprender el Derecho Canónico/25



LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES/2

 

En la primera parte hemos expuesto la naturaleza de las Conferencias Episcopales, como organismos de armonización del gobierno pastoral de las Iglesias en un ámbito sociocultural homogéneo, normalmente nacional.

La dimensión de continuidad institucional propia de la Conferencia Episcopal, hemos dicho, exige una organización interna, con órganos capaces de representarla y oficinas estables.

El nombramiento del Presidente pertenece a la Asamblea plenaria de la Conferencia[1]. La Asamblea elige a los miembros del Consejo permanente, que tiene funciones organizadoras y ejecutivas; constituye a la Secretaría general, que actúa de forma continuada, con una función esencialmente ejecutiva; crea a las Comisiones y otras oficinas internas, permanentes o a tiempo determinado, para problemas específicos.

Comprenden las materias más diferentes las tareas otorgadas a las Conferencias Episcopales. A estas les competen decisiones en campo disciplinar, litúrgico y sacramental; en materia de enseñanza y de tutela de la doctrina; en el campo de la justicia eclesiástica y en el de la administración de los bienes de la Iglesia, para citar algunos sectores principales[2].

Las competencias legislativas

La función legislativa de la Conferencia Episcopal se ejerce a través de los decretos generales, establecidos en el seno de la Asamblea plenaria, con valor de verdaderas leyes en el territorio.

Las materias sobre las que la función legislativa se aplica están fijadas por el Código de Derecho Canónico, o por un mandato especial de la Santa Sede.

La legislación "complementaria", en cuanto complemento del Código, confiada a las Conferencias Episcopales, apunta a adaptar la disciplina de la Iglesia a las concretas situaciones locales.

El Código de la Iglesia deja algunos "espacios", que deben estar ocupados por la legislación publicada por las Conferencias Episcopales, a fin de asegurar, en el ámbito de un determinado territorio, normas y soluciones homogéneas, que respondan a las exigencias peculiares y comunes del territorio.

Las decisiones legislativas son, así, el resultado de una más amplia y profundizada reflexión de los Obispos, con vistas a adaptar la ley universal, para hacerla específica, al servicio de los hombres concretos, insertados en las diversas culturas[3].

En este sentido, las Conferencias Episcopales están llamadas a tomar decisiones en materia de adaptaciones litúrgicas, de ecumenismo, de estructuras de las diócesis, de la administración de los bienes de la Iglesia, de la formación sacerdotal, con relación al uso de los medios de comunicación, al funcionamiento de los tribunales eclesiásticos y a varios campos disciplinares.

En sus deliberaciones deben observar, rigurosamente, el itinerario legislativo indicado por el derecho canónico. Los decretos, una vez decididos en Asamblea plenaria, con una mayoría cualificada de dos tercios de los miembros que tienen derecho de voto, vienen sometidos a la aprobación de la Santa Sede; sucesivamente, son promulgados por la misma Conferencia Episcopal.

Si el derecho universal, que se aplica a toda la Iglesia católica, tiene la preocupación de proteger la unidad del pueblo de Dios, en su vida y en la doctrina relativa a la verdad de fe, la función del derecho complementario de las Conferencias Episcopales es la de asumir las expresiones socioculturales del mismo pueblo de Dios, adaptando a las exigencias de este último la norma universal.

Se comprende, por tanto, la importancia de la actividad legislativa de las Conferencias Episcopales, que permite desarrollar, en el seno a las Iglesias locales, una identidad jurídica más conforme a los lugares y los tiempos.

Sin embargo, es necesario agregar que, a 25 años de la promulgación del nuevo Código de la Iglesia que exige desarrollar tal identidad, numerosas Conferencias Episcopales no han desarrollado todavía esta tarea o la han llevado a cabo solo parcialmente.

La autoridad doctrinal

Las Conferencias Episcopales se pueden pronunciar también sobre cuestiones doctrinales, con respecto a problemas relativos al ámbito del propio territorio.

Uno de los recientes desarrollos de la reflexión sobre la naturaleza teológico-jurídica de las Conferencias Episcopales se refiere, precisamente, a su autoridad en materia de declaraciones doctrinales[4].

El Código de la Iglesia afirma que el ejercicio del ministerio episcopal, también cuando se realiza en la modalidad propia de la Conferencia Episcopal, comprende la función doctrinal. La Conferencia Episcopal ejerce una función de enseñanza, llamada tradicionalmente en la Iglesia "magisterio", cuando, por ejemplo, interviene con cartas pastorales sobre los problemas más diferentes que se refieren a la fe, a las costumbres, a la sociedad, etcétera.

¿Qué valor tiene esta enseñanza?

El magisterio de los Obispos, cuando ellos actúan individualmente o unidos a un número más o menos amplio de otros Obispos, nunca es infalible, aunque se tenga que considerar auténtico. Con respecto a él, sin embargo, los fieles están llamados a adherir con una actitud de religioso obsequio (can. 753)[5].

La Asamblea plenaria es el único organismo competente para plantear actos de magisterio auténtico; la Conferencia Episcopal no puede delegar dicho poder a sus Comisiones o a otros organismos constituidos en su interior.

El motu propio Apostolos suos, a este respecto, afirma: "Dando por supuesto que el magisterio auténticoMotu propio Apostolos suos de los Obispos, es decir, aquel que realizan revestidos de la autoridad de Cristo, debe estar siempre en comunión con la Cabeza del Colegio y con sus miembros, si las declaraciones doctrinales de las Conferencias Episcopales son aprobadas por unanimidad, pueden sin duda ser publicadas en nombre de la Conferencia misma, y los fieles deben adherirse con religioso asentimiento del ánimo a este magisterio auténtico de sus propios Obispos. Sin embargo, si falta dicha unanimidad, la sola mayoría de los Obispos de una Conferencia Episcopal no puede publicar una eventual declaración como magisterio auténtico de la misma al que se deben adherir todos los fieles del territorio, salvo que obtenga la revisión (recognitio) de la Sede Apostólica, que no la dará si la mayoría no es cualificada"[6].

Por tanto, solo una declaración doctrinal aprobada por unanimidad puede ser publicada en nombre de la Conferencia misma; en cambio, si es aprobada con una mayoría cualificada, tiene que obtener el reconocimiento de la Sede Apostólica, antes de ser publicada como magisterio auténtico.

En materia de declaraciones doctrinales, pueden votar, en el seno de la Asamblea plenaria, únicamente los miembros de la Conferencia ordenados Obispos; en este ámbito, el derecho canónico ha escogido en favor de la condición ontológico-sacramental propia de los Obispos; está excluida, por lo tanto, respecto a esto, la participación de las Iglesias presididas por un presbítero no Obispo.

Silvia Recchi

(Continúa)




[1] En Italia, dicho nombramiento está reservado al Santo Padre.

[2] Las competencias legislativas que el Código quería reservar a las Conferencias Episcopales inicialmente eran más amplias. Luego, han estado limitadas para amparar la autonomía de los Obispos en la propia diócesis.

[3] Cf. S. Recchi, La législation complémentaire des Conférences épiscopales et l'inculturation du droit canonique. Le cas de l'Afrique, en L'Année canonique 42 (2000) 313-330.

[4] Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica motu proprio Apostolos suos, sobre la naturaleza teológica y jurídica de las Conferencias Episcopales, 21 de mayo de 1998.

[5] "Al afrontar nuevas cuestiones y al hacer que el mensaje de Cristo ilumine y guíe la conciencia de los hombres para resolver los nuevos problemas que aparecen con los cambios sociales, los Obispos reunidos en la Conferencia Episcopal ejercen juntos su labor doctrinal bien conscientes de los límites de sus pronunciamientos, que no tienen las características de un magisterio universal, aun siendo oficial y auténtico y estando en comunión con la Sede Apostólica. Por tanto, eviten con cuidado dificultar la labor doctrinal de los Obispos de otros territorios, siendo conscientes de la resonancia que los medios de comunicación social dan a los acontecimientos de una determinada región en áreas más extensas e incluso en todo el mundo". Apostolos suos, 22.

[6] Apostolos suos, 22.


07/08/09

 

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