Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Comprender el Derecho Canónico arrow Comprender el Derecho Canónico/26. Las Conferencias Episcopales/3
Menu principal
Home
Quiénes-somos ▸
Donde obramos
Escríbenos
Secciones
África ▸
América Latina ▸
Apuntes de Espiritualidad ▸
Centro de Estudios ▸
Comprender el Derecho Canónico
Conocer la vida consagrada ▸
El Personaje
Entrevistas
Escritos de Emilio Grasso ▸
Galería de Imágenes
Islam y Cristianismo
Papa Francisco
Perfiles misioneros y espirituales
Profundizaciones
Temas de Doctrina Social de la Iglesia
Utilidades
Busca en el sitio
Mapa del sitio

Los artículos publicados
en este sitio
se pueden reproducir
parcialmente o integralmente,
 
citando la fuente
 
www.missionerh.it.

 

Los datos ingresados serán tratados bajo la normativa vigente en materia de privacidad.

Imprimir Enviar a un amigo
 

 

Comprender el Derecho Canónico/26



Las conferencias episcopales/3


Después de haber explicado la realidad institucional de las Conferencias Episcopales y haber presentado sintéticamente sus competencias, queremos agregar algunas reflexiones teológico-pastorales, que nos permiten comprender mejor su naturaleza, y la importancia de la función que están llamadas a desarrollar.

Hemos dicho que las Conferencias Episcopales son una agrupación de Iglesias particulares, que tienen en la base una realidad sociocultural común; no son organismos intermedios de gobierno jerárquico de la Iglesia, y tampoco constituyen un "puente" entre la primacía del Romano Pontífice y cada uno de los Obispos diocesanos.

Por derecho divino, en efecto, no existe una instancia intermedia entre la Iglesia universal y la Iglesia particular diocesana. Esta última no es una realidad parcial de Iglesia; en ella hay una presencia plena de la Iglesia de Cristo, en la medida en que hay la acogida del Evangelio y de los dones del Espíritu, la celebración de la Eucaristía y el ministerio pastoral[1].

La Iglesia de Dios se realiza, concretamente, en cada una de las Iglesias particulares diocesanas; la constitución Lumen gentium afirma que estas están "formadas a imagen de la Iglesia universal, y es en ellas y a partir de ellas donde existe la Iglesia católica, una y única"[2]..

La Iglesia diocesana, por lo tanto, no es una manifestación parcial de Iglesia, y tampoco está simplemente subordinada a la Iglesia universal[3]; esta última tiene que ser entendida a partir precisamente de sus actuaciones locales, y se realiza efectivamente en la comunión entre todas las Iglesias[4].

Desde un punto de vista teológico, las Conferencias Episcopales no pueden ser consideradas "Iglesia" en el mismo sentido en que se aplica a cada Iglesia diocesana.

Autonomía y solidaridad

A pesar de que no son organismos intermedios de gobierno eclesiástico, la importancia de la función de las Conferencias Episcopales no puede ser subvalorada en el ámbito de su actividad, especialmente legislativa, a favor del pueblo de Dios en el territorio de su competencia.

Con respecto a esto, ha sido expresado el temor de que las Conferencias Episcopales puedan, hoy, recorrer de nuevo el mismo camino que ha conducido, en la eclesiología latina, a dar la primacía a la Iglesia universal, acabando por oscurecer la realidad concreta de la Iglesia particular diocesana. Dicho riesgo sería tanto más real, por el hecho de que las Conferencias Episcopales han ampliado sus dimensiones territoriales y sus prerrogativas hasta ámbitos supranacionales, amenazando el espacio de autonomía del Obispo diocesano.

Está claro que, en la visión del Código de derecho canónico, las Conferencias Episcopales no desarrollan la propia función en oposición al poder del Obispo. En cambio, le permiten realizar una "prolongación" de su mismo ministerio pastoral, de manera que, en unión con los demás Obispos, pueda ejercerlo mejor.

La Conferencia Episcopal no se opone a la potestas ordinaria, propia e inmediata del Obispo diocesano; al contrario, la hace más eficaz y permite al Obispo cumplir mejor la propia función, solidariamente con los demás Obispos con los cuales está unido por proximidad geográfica. El gobierno de la Diócesis por parte del Obispo y su participación en la Conferencia Episcopal están estrechamente asociados e interdependientes.

El cumplimiento correcto del ministerio episcopal exige que este no permanezca aislado, sino que se ejerza en colaboración con los demás Obispos, para un enriquecimiento recíproco y un intercambio de experiencias y decisiones disciplinares comunes.

Responsabilidad en la comunión

Desde un punto de vista diferente, se ha objetado también que la función legislativa de las Conferencias Episcopales, a pesar de que no falte de interés local, en el fondo, se ejerce sobre materias de importancia relativa, y que su poder sufre, de hecho, algunas restricciones estrictas.

Sabemos ya que las Conferencias Episcopales tienen la autoridad de emanar decretos generales, administrativos y legislativos, en el interior de anchos sectores encomendados por el Código a su derecho complementario. Este poder, sin embargo, está sumiso a algunas condiciones precisas, tanto en lo que se refiere a la materia de su competencia, como al procedimiento impuesto en las decisiones que se deben tomar. Con respecto a la materia, pueden legislar únicamente allá donde el derecho universal o una decisión de la Santa Sede lo prevé. Con respecto al procedimiento, los decretos decididos en asamblea plenaria, con una mayoría de al menos los dos tercios de los votos, pueden ser válidamente promulgados solo después de la revisión de la Santa Sede.

Algún autor ve en estas condiciones, y sobre todo en la exigencia de la revisión (recognitio) por parte de la Santa Sede, una limitación al ejercicio de la responsabilidad de las Conferencias Episcopales, interpretando tal situación como una sumisión de las Iglesias locales a la Sede Apostólica, por la que las Conferencias Episcopales serían incapaces de responder a las necesidades, por lo cual han estado creadas.

La revisión de la Sede Apostólica, sin duda, no debe ser considerada como una pura formalidad. Es una conditio sine qua non y da fuerza jurídica a las decisiones de las Conferencias Episcopales, a pesar de que estas últimas permanezcan siempre decisiones de la Conferencia misma y no se transformen en disposiciones de la autoridad superior.

La razón de la revisión es la de reconocer la ortodoxia de las decisiones adoptadas; es también una expresión jurídica de la comunión entre las Conferencias Episcopales y la Sede Apostólica. En este sentido, no se debe considerar una medida contra la responsabilidad efectiva de las Conferencias Episcopales o contra una legítima autonomía de las Iglesias diocesanas.

Conclusión

La configuración jurídica y estructural de las Conferencias Episcopales representa, para los Obispos, en la hodierna sociedad eclesial, una nueva manera de gobernar a la Iglesia, en una dimensión de comunión y solidaridad, en el interior de un determinado territorio y un específico espacio cultural. Su actividad expresa también un modo más adecuado y más eficaz de responder a las exigencias de los tiempos y de los diferentes contextos humanos y sociales.

La función de las Conferencias Episcopales es fundamental para afrontar los desafíos que el mundo contemporáneo lanza a la Iglesia, al fin de ofrecer un servicio precioso a la evangelización de las culturas y a la inculturación de la fe.

Silvia Recchi



[1] Cf. Christus Dominus, 11.
[2] Lumen gentium, 23 (lo subrayado es nuestro).
[3] "La Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una, santa, católica y apostólica, es la Iglesia universal, es decir, la universal comunidad de los discípulos del Señor, que se hace presente y operativa en la particularidad y diversidad de personas, grupos, tiempos y lugares. Entre estas múltiples expresiones particulares de la presencia salvífica de la única Iglesia de Cristo, desde la época apostólica se encuentran aquellas que en sí mismas son Iglesia, porque, aun siendo particulares, en ellas se hace presente la Iglesia universal con todos sus elementos esenciales. Están por eso constituidas ‘a imagen de la Iglesia universal', y cada una de ellas es ‘una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada con la cooperación de su presbiterio'", Congregación para la doctrina de la fe, Communionis notio, Carta sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión, 28 de mayo de 1992, 7.
[4] "La Iglesia universal es, pues, el Cuerpo de las Iglesias, por lo que se puede aplicar de manera analógica el concepto de comunión también a la unión entre las Iglesias particulares, y entender la Iglesia universal como una Comunión de Iglesias", Congregación para la doctrina de la fe, Communionis notio, 8.

  

02/09/09

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis