Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Comprender el Derecho Canónico arrow Comprender el Derecho Canónico/28. El Sínodo de los Obispos/1
Menu principal
Home
Quiénes-somos ▸
Donde obramos
Escríbenos
Secciones
África ▸
América Latina ▸
Apuntes de Espiritualidad ▸
Centro de Estudios ▸
Comprender el Derecho Canónico
Conocer la vida consagrada ▸
El Personaje
Entrevistas
Escritos de Emilio Grasso ▸
Galería de Imágenes
Islam y Cristianismo
Papa Francisco
Perfiles misioneros y espirituales
Profundizaciones
Temas de Doctrina Social de la Iglesia
Utilidades
Busca en el sitio
Mapa del sitio

Los artículos publicados
en este sitio
se pueden reproducir
parcialmente o integralmente,
 
citando la fuente
 
www.missionerh.it.

 

Los datos ingresados serán tratados bajo la normativa vigente en materia de privacidad.

Imprimir Enviar a un amigo


Comprender el Derecho Canónico/28



EL SÍNODO DE LOS OBISPOS/1

Instrumento de reconciliación para la Iglesia en África


Con ocasión del viaje a África del marzo pasado, el pontífice Benedicto XVI ha entregado, en Yaoundé (Camerún), el Instrumentum laboris, el instrumento de trabajo, para preparar el próximo Sínodo de los Obispos que se llevará a cabo en Roma, desde el 4 hasta el 25 de octubre de 2009, sobre el tema: "La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz. ‘Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo' (Mt 5, 13.14)".

¿Por qué un Sínodo?

Durante el Encuentro con el consejo especial del Sínodo para África, el Santo Padre ha precisado que, para poder ser agente de evangelización y anunciar "la justicia y la paz, indispensables para construir un mundo mejor", la Iglesia tiene que ser creíble y comunicar un mensaje que ella misma vive. Esto quiere decir que ella debe iniciar ya una purificación de la memoria, una reconciliación con su pasado, "la Iglesia debe ser una comunidad de personas reconciliadas con Dios y entre ellas. Así, puede anunciar la Buena Nueva de la reconciliación a la sociedad actual, que lamentablemente padece en muchos sitios conflictos, violencias, guerras y odio".

El Secretario General del Sínodo, Mons. Eterović, identifica el motivo que ha llevado al Pontífice a convocar al Sínodo de los Obispos, en la voluntad de encontrar, "a través de la cruz", la reconciliación en África, "devastada por muchas discordias y divisiones étnicas, sociales y religiosas", que son "manifestaciones de pecados personales que tienen connotaciones sociales negativas, y hacen urgente la obra de reconciliación con Dios y con el próximo". Una reconciliación que no puede ser afrontada partiendo de la periferia de los problemas, sino que debe iniciar del "centro", porque "el centro de la reconciliación entre Dios y el hombre es el corazón traspasado del Señor Jesús crucificado, del cual siguen brotando agua y sangre (cf. Jn 19, 34), sacramentos de nuestra salvación"[1].

El Instrumentum laboris no teme de revelar la verdad de la situación de la Iglesia en África, para volver a llamarla a su específica función profética, que ella podrá ejercer en la sociedad destrozada por muchas contradicciones, solo si será capaz de purificar y unificar a sí misma; "solo si será capaz de hacer reinar en su seno la unidad, y de solucionar las propias contradicciones", superando las "divisiones étnicas o tribuales, regionales o nacionales", que llegan a afectar a las relaciones entre Obispos y clero, y Obispos entre ellos, enturbiando su imagen y credibilidad (Instrumentum laboris, 53).

Solo por el camino de la renovación interior del hombre es posible alcanzar el objetivo, porque "la paz, en efecto, no es ante todo el producto de estructuras o realidades externas, sino que nace sobre todo desde dentro, del interior de las individuales personas y las comunidades mismas" (Instrumentum laboris, 47).

Una memoria purificada

Este proceso de saneamiento de las heridas producidas en el tiempo es la base sobre la que construir el futuro; pero es también un paso crucial, en el que estamos llamados "a elegir entre una memoria que nos cierra en el pasado (y entonces ya no hay purificación) y una memoria que nos abre hacia el futuro. ... Se trata de salir de un proceso circular, repetitivo a lo infinito, que encierra al hombre en la inmovilidad del pasado, para entrar en un proceso ascensional, donde, en el compromiso del presente, el hombre se proyecta hacia el futuro, teniendo como punto de partida la riqueza de su pasado, cualquiera que sea este"[2].

Solo a partir del Evangelio, que, "como la sal, conserva, purifica y protege de la corrupción",El Evangelio puede realizarse este paso decisivo, para cambiar a los cristianos en "agentes de transformación" (Instrumentum laboris, 37).

Esto brota de un compromiso total en el seguimiento de Cristo, que quiere decir "aceptar sufrir con él para compartir su gloria, como certifica la vida de los santos de nuestro continente. ... Ellos han sido ‘sal' en la tierra en que han vivido, y ‘luz' en el mundo que los ha visto vivir" (Instrumentum laboris, 36).

De estos hombres nuevos nacerá el verdadero fruto del Sínodo, en la conciencia, "como escribía el P. Barsotti a propósito del Vaticano II, de que la grandeza y la sabiduría profunda de un Concilio o de una Asamblea eclesial no están tanto en los documentos producidos, cuanto en los hombres nuevos que nacerán de aquellas Asambleas"[3].

El instrumento sinodal

El Sínodo de los Obispos es, para el Pontífice, el instrumento adecuado para promover tal proceso de purificación interior; este no tiene, pues, un simple carácter técnico, casi fuese un summit de expertos burócratas, sino que, mostrando el vínculo que une al sucesor de Pedro y a los sucesores de los Apóstoles, es ya un modelo de diálogo en la búsqueda de justicia, reconciliación y paz, que conduce a la unidad entre las personas.

Como al Papa Juan Pablo II le gustaba subrayar, "el mismo Sínodo pone más en relieve el nexo íntimo entre colegialidad y primado: la tarea del Sucesor de Pedro, en efecto, es un servicio a la colegialidad de los Obispos y, a su vez, la colegialidad efectiva y afectiva de los Obispos constituye una ayuda muy importante al ministerio primacial petrino"[4].

Este Sínodo ha sido precedido por el primer Sínodo Especial, que tuvo lugar en 1994, sobre "La Iglesia en África y su misión evangelizadora hacia el año 2000: ‘Serán mis testigos' (He 1, 8)", convocado por Juan Pablo II. El fruto de este primer Sínodo africano fue la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Africa (14 de setiembre de 1995), que ha llamado al Pueblo de Dios en África a las responsabilidades de la evangelización.

El Sínodo de los Obispos fue instituido por el papa Pablo VI, con la Carta apostólica Apostólica sollicitudo, durante la fase conclusiva del Concilio Vaticano II, para que los Obispos, elegidos de muchas zonas del mundo y reunidos en asamblea, pudieran tomar parte "de manera más evidente y más eficaz" a la solicitud del Pontífice por la Iglesia universal.

El Código de derecho canónico ha acogido la doctrina de Apostólica sollicitudo en los cánones 342-348. El can. 342 define al Sínodo como "una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para laJuan Pablo II integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo".

Para tratar los argumentos de la reconciliación, de la justicia y de la paz que implican a las Iglesias del continente africano, Benedicto XVI ha elegido reunirse con los Obispos africanos en Asamblea Especial, como ya había ocurrido con Juan Pablo II, en 1994.

En aquel entonces estuvieron presentes 242 Padres Sinodales y la asamblea terminó con el deseo, expresado en Ecclesia in Africa, de que la Iglesia en el continente africano se volviera "Imagen de la Trinidad, germen e inicio en la tierra de aquel Reino eterno que tendrá su plenitud en la Ciudad cuyo constructor es Dios: Ciudad de justicia, de amor y de paz". Por este mismo camino quiere proceder Benedicto XVI, junto con los Obispos y todo el pueblo de la Iglesia en África, para recomponer el rostro completo y puro de la única Esposa de Cristo, de modo que ella se transforme en espejo de justicia, de reconciliación y de paz, en el cual Él pueda hallar la imagen de sí mismo.

Maria Cristina Forconi



_________
[1]
N. Eterović, Indirizzo del Segretario Generale del Sinodo dei Vescovi alla consegna del Santo Padre Benedetto XVI dell'Instrumentum laboris ai presidenti delle Conferenze Episcopali (Yaoundé, de 19 marzo de 2009).
[2] E. Grasso, Le sfide teologiche della purificazione della memoria in Africa, en E. Grasso, Come una nave. Ieri oggi domani nella memoria di Dio, EMI, Bologna 2001, 51.
[3] E. Grasso, Intervista sul Sinodo Africano, en E. Grasso, Il mattino che viene. Comunità cristiane nel postmoderno, Editrice Missionaria Italiana, Bologna 1995, 157.
[4] Giovanni Paolo II, Discorso al Consiglio della Segreteria Generale del Sinodo dei Vescovi (30 aprile 1983), en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VI/1, Libreria Editrice Vaticana 1983, 1105.



03/10/09

 

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis