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Comprender el Derecho Canónico/29



EL SÍNODO DE LOS OBISPOS/2

Instrumento de colegialidad


Estamos en las inmediaciones del segundo Sínodo de los Obispos para África, que se realizará en el Vaticano desde el 4 hasta el 25 de octubre de 2009, al cual el Pontífice participará junto con los Obispos de cincuenta y tres naciones del continente africano, reuniéndose para tratar del tema de la reconciliación, de la justicia y de la paz. En este sitio web, hemos hablado de este Sínodo bajo muchos aspectos; nos parece apropiado profundizar en el aspecto canónico, para especificar en qué consiste un
Sínodo de los Obispos y comprender su función eclesial.

El Concilio Ecuménico y el Sínodo de los Obispos

El Sínodo es una forma para expresar la colegialidad de los Obispos. Por el hecho de que la expresión de dicha colegialidad no es exclusiva del Sínodo de los Obispos, es necesario un acercamiento con el Concilio Ecuménico, que es la forma eminente de esta colegialidad.

Entre el Concilio Ecuménico y el Sínodo de los Obispos existe una diferencia cualitativa.

En el Concilio Ecuménico, en efecto, todos los Obispos, encabezados por el Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, principio visible y fundamento de la unidad del episcopado, forman al Colegio que sucede al apostólico encabezado por Pedro (can. 337 §1).

El Sínodo de los Obispos no realiza la colegialidad del mismo modo, pero, a pesar de esto, expresa la colegialidad de manera sumamente intensa.

Como expresó Juan Pablo II, el 30 de abril de 1983, en el Discurso al Consejo de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, "el Sínodo es instrumento de la colegialidad e igualmente elemento válido de comunión, aunque de forma diversa a un Concilio Ecuménico. Se trata, con todo, siempre de un instrumento eficiente, ágil, oportuno y adecuado para el ministerio de todas las Iglesias locales y de su recíproca comunión"[1]. Nacido en el seno del Concilio Vaticano II, se ha vuelto un instrumento notable para "aplicar las enseñanzas y orientaciones, tanto doctrinales como pastorales, del Concilio Vaticano II en la vida de la Iglesia universal. El modo como el Sínodo entiende y explica el Concilio, se ha convertido casi en el modo de interpretar, aplicar y desarrollar el mismo Concilio"[2].

Naturaleza consultiva del Sínodo

El Sínodo de los Obispos tiene naturaleza consultiva, y los Obispos reunidos en Sínodo participan en el ejercicio de la función primacial del Pontífice, por medio de la ayuda y del consejo ofrecido a él. El Sínodo, en efecto, no tiene una función legislativa, como tiene un Concilio Ecuménico. Sin embargo, como afirma Pastores gregis, del 16 de octubre de 2003, en el n.° 58: "El hecho de que el Sínodo tenga normalmente solo una función consultiva no disminuye su importancia. En efecto, en la Iglesia, el objetivo de cualquier órgano colegial, sea consultivo o deliberativo, es siempre la búsqueda de la verdad o del bien de la Iglesia".

Solo en determinadas situaciones, establecidas por el Pontífice, el Sínodo puede desarrollar también una función deliberativa. En tales casos, corresponde al Pontífice ratificar las decisiones tomadas (can. 343). "Se comprende así que la capacidad de acordar no es propia del Sínodo, sino está concedida por la plenitud de autoridad del Sumo Pontífice y refluye a su misma fuente: este, en efecto, está encargado a ratificar las decisiones"[3].

También en este caso, sin embargo, puesto que no está reunido el Colegio Episcopal en su totalidad, sino solo una parte de los Obispos, no hay ejercicio de potestad colegial: es el Pontífice el que ejerce su primacía "de modo colegial" (cans. 333 §2 e 334).

En otras palabras, en el Sínodo el Pontífice no ejerce su función de jefe del Colegio de los Obispos, sino la función primacial que detiene sobre toda la Iglesia (y no solo sobre el Colegio)[4].

Unión con el Pontífice

La Asamblea del Sínodo de los Obispos está sometida directamente a la autoridad del Pontífice por su convocación; por la ratificación de los miembros elegidos; por la designación de otros; por la periodicidad; por el lugar de convocación; por los temas que tratar y la definición del orden de los trabajos, presididos por el Pontífice mismo o por otros por él designados; por la suspensión, la disolución, el traslado y la clausura de la Asamblea (can. 344). En cuanto terminen los trabajos, "cesa la función que en la misma se había confiado a los Obispos y demás miembros" (can. 347 §1). Si durante los trabajos sinodales falleciese el Pontífice, está suspendida de derecho la Asamblea del Sínodo hasta la decisión del nuevo Pontífice (can. 347 §2).

Es importante notar que, en un momento crucial de la Iglesia en África, haya sido el Sínodo elMons. Nikola Eterović instrumento eclesial creído idóneo para embocar el camino de la reconciliación, de la paz y de la justicia; un camino en unión con Pedro estrechamente unido a sus Pastores. Esto "será una ocasión providencial para la Iglesia Católica, peregrina en África, para robustecer aún más su obra evangelizadora... El Santo Padre no dejará de confirmar en la fe a los Padres sinodales representantes del episcopado africano, que, a su vez, transmitirán a los fieles de las correspondientes Diócesis la experiencia vital de la única fe cristiana en la multiplicidad de sus expresiones: ‘un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre' (cf. Ef 4, 5). En los trabajos sinodales, la participación del Romano Pontífice, Presidente del Sínodo de los Obispos, es garantía de la unidad en la caridad de la Iglesia universal, que se alegra de recibir por parte de las Iglesias particulares y de ofrecer a ellas los dones de la fe, de la esperanza y de la caridad en sus expresiones"[5].

Maria Cristina Forconi

(Continúa)


__________

[1] Juan Pablo II, Discurso al Consejo de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos (30 de abril de 1983), en www.vatican.va
[2] Juan Pablo II, Discurso al Consejo de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos..., en www.vatican.va
[3] Codice di diritto canonico commentato.
A cura della Redazione di Quaderni di diritto ecclesiale, Ancora Editrice, Milano 20093, 338.
[4] Cf. A. Perlasca, La Chiesa Universale, en Corso istituzionale di diritto canonico. A cura del Gruppo Italiano Docenti di Diritto Canonico, Ancora Editrice, Milano 2005, 272-273.
[5] N. Eterović, Conferenza stampa di presentazione dei lineamenta della seconda Assemblea speciale per l'Africa del Sinodo dei Vescovi (27 giugno 2006), en www.vatican.va


04/10/09

 

 

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