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Comprender el Derecho Canónico/4



EL DERECHO DIVINO

    

En uno de los aportes anteriores hemos hecho referencia al derecho divino, con relación al canon 22 del Código de derecho canónico, como al patrimonio de normas que son imprescindibles para la Iglesia y para todas las personas bautizadas en comunión con ella. Intentaremos en esta ocasión profundizar el significado de este fundamento para entender la estructura jurídica del Pueblo de Dios y, por lo tanto, el derecho canónico que estamos examinando.
"Según la teología y los cánones clásicos el derecho divino positivo consiste en una serie de normas establecidas por la autoridad divina. Ellas constituyen el núcleo central fijo e inmutable del ordenamiento eclesiástico"[1]

El can. 22 aclara de hecho que, ante las disposiciones del derecho divino, ninguna otra ley humana se puede considerar superior[2]. La Iglesia, por lo tanto, se reserva el derecho de someter a juicio crítico aquellos principios jurídicos que el Estado aplica, para determinar si los mismos están evidentemente contra él. 

 En la historia de la iglesia ésta ha sido una indicación precisa para los que, como Tomás Moro, decapitado en 1535 en Inglaterra por alta traición al oponerse a las decisiones del rey, ha pagado en persona su fidelidad a las leyes de la Iglesia y la coherencia con la propia conciencia. Citamos sus palabras dirigidas a los amigos y a los dignatarios de la corte, que intentaron hacerlo razonar para evitarle la pena de muerte: "Aquí, mis queridos señores, hemos llegado al punto en que alguien se atreve a hacer y deshacer, a creerse superior a la ley divina y humana, según cómo se levanta de humor por la mañana. (...) Y yo, mis queridos señores, en todas las cosas que conciernen mi conciencia, no reconozco a otra persona que a Dios!"[3]. De este fragmento de Tomás Moro resulta claramente la importancia que tiene el derecho divino para la Iglesia. 

El derecho divino "pertenece a la esencia de la Iglesia, que nos ha dado la Revelación, y expresa la voluntad de su Fundador"[4]. La base sobre la cual se apoya es, por lo tanto, la relación particular que une Cristo a la Iglesia que Él ha fundado y a cada miembro del Pueblo de Dios que ha sido llamado a formar parte. Él indica a la Iglesia el camino a recorrer para seguirlo y para compartir su plan de salvación en los cuidados de la humanidad. La Iglesia, por su parte, para permanecer unida a Cristo, recibe las expresiones de su voluntad, que se convierten en su patrimonio irrenunciable. La definición de derecho divino es, en síntesis, el complejo de las normas que Cristo ha establecido para la Iglesia, que regulan su vida y la manera de organizarse, en cuánto es la estructura de comunión que congrega en su ámbito a los bautizados que tienen una relación personal con él. Una vez definido el derecho divino, se deberán individualizar que leyes o principios reúne. En primer lugar, recibe las disposiciones que el mismo Cristo ha dado en el momento de fundar la Iglesia, como nos han llegado a través de la Escritura y de la tradición apostólica. 

En segundo lugar, están incluidas las que nacen de la vida sacramental y de los dones especiales del Espíritu Santo, los carismas y los ministerios, que ordenan las relaciones entre los miembros de la Iglesia y la modelan como comunidad. "Estas dos categorías de elementos constituyen lo que la doctrina tradicional ha llamado Derecho divino positivo, teniendo en cuenta que su promulgación se realizó por medio de la Revelación. En tercer lugar, los principios y los requisitos normativos fundados en la dignidad de la naturaleza humana, es decir sobre el derecho natural (...). La doctrina tradicional habla sobre este último elemento como de Derecho divino natural, en cuánto su promulgación se realiza a través de la naturaleza humana y su conocimiento está al alcance de la razón recta"[5]. Estos principios ético-jurídicos, inherentes a la naturaleza del hombre, forman el patrimonio de su dignidad y están, comúnmente, bajo el nombre de derechos  fundamentales del hombre, como nuestro Pontífice no deja de evidenciar con fuerza: "Los derechos fundamentales no son creados por el legislador, sino que se inscriben en la misma naturaleza de la persona humana"[6]

Definido el cuadro del derecho divino, hay que relevar que de él emanan las leyes eclesiásticas (positivas) que regulan la vida de la Iglesia como comunidad visible, aunque siempre en el límite y en la perfectibilidad de la humanidad que, como hemos dicho previamente, es uno de los dos elementos portantes de la estructura eclesial. Identificar los dos componentes, el divino y el humano, también en campo jurídico, significaría no entender la realidad de la Iglesia, que es dinámica porque está siempre dirigida hacia su crecimiento, su liberación total, su perfección. Por eso, también el derecho eclesial se debe considerar como proyectado hacia el derecho divino, que de él es el cumplimiento. Separar de manera clara estos dos componentes esenciales llevaría a desconocer el aspecto místico de la Iglesia, porque el término hacia el cual las leyes canónicas apuntan, aunque se refieren a las relaciones entre las personas concretas, va más allá de la normativa de una sociedad, para poder ayudar a la iglesia a cumplir la voluntad de Cristo, para vivir en una intima relación de amistad, confianza y amor con Él, y en la caridad mutua con todos los miembros del pueblo de Dios, para construir la comunidad de fe y de amor. 

Preservar en su propia existencia de cristiano y en la de la Iglesia esta estructura de comunión es por lo tanto, esencial y superior a todo vinculo jurídico, como entendemos en el can. 22.




_______________
[1] A. Montan, Basi sacramentali dell'ordinamento canonico, en AA. VV., La legge per l'uomo. Una Chiesa al servizio.... A cura di E. Cappellini, Ed. Rogate, Roma 1980, 69.
[2] El texto del can. 22 es lo siguiente: "Las leyes civiles a las que remite el derecho de la Iglesia, deben observarse en derecho canónico con los mismos efectos, en cuanto no sean contrarias al derecho divino ni se disponga otra cosa en el derecho canónico".
[3]
L. Desiato, Il coraggio si chiama Thomas More. Sotto il segno dell'Acquario, Ed. Paoline, Alba 1974, 143.
[4]
G. Ghirlanda, Diritto canonico, en Nuovo Dizionario di diritto canonico, Ed. San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 351.
[5]
P. J. Viladrich, El derecho canónico, en Catedráticos de Derecho canónico de Universidades Españolas, Derecho canónico, Pamplona 1974, I, 52, cit. en C. R. M. Redaelli, Il concetto di diritto della Chiesa. Nella riflessione canonistica tra Concilio e Codice, Glossa Libreria Editrice, Milano 1991, 199.
[6]
Il Papa: "I diritti fondamentali vengono da Dio, non dallo Stato", en http://www.repubblica.it/2005/i/sezioni/esteri/paparatzinger/diritt/diritt.html (15 ottobre 2005).


23/06/07

 

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