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Home arrow Comprender el Derecho Canónico arrow Comprender el Derecho Canónico/47. Ayuno y abstinencia. La penitencia en la Iglesia
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Comprender el Derecho Canónico/47



AYUNO Y ABSTINENCIA


La penitencia en la Iglesia




La Cuaresma es por excelencia el tiempo de la penitencia.

 La penitencia auténtica no puede prescindir de una ascesis también física, porque la fe cristiana implica no solo el espíritu, sino también el cuerpo del hombre.

La penitencia tiene un valor de mortificación, de purificación y de súplica que la Iglesia recomienda a sus fieles. La tradición eclesial, fundada en la Sagrada Escritura, propone comúnmente la penitencia en la forma del ayuno y de la abstinencia de carne, pero indica más exactamente en la tríada "oración −ayuno− obras de caridad" los modos principales para cumplir el precepto divino de la penitencia.

El ayuno, así como la oración y las obras de caridad, expresa delante Dios una actitud de humildad, de esperanza cristiana y de amor al prójimo. La ascesis, en este sentido, es un signo concreto de conversión del corazón.

Una visión profundizada

Con la Constitución apostólica Pænitemini del 17 de febrero de 1966, Pablo VI ha reorganizado enteramente la disciplina penitencial en la Iglesia.

Con una óptica profundizada, la Constitución exhorta a los fieles a ejercer la virtud de la penitencia ante  todo en la fidelidad perseverante a los deberes del propio estado, en el cumplimiento responsable de los propios compromisos, según la vocación y el trabajo de cada uno.

La Constitución Pænitemini profundiza ulteriormente en algunos aspectos, puestos de relieve por el Concilio. Por ejemplo, el aspecto social de la penitencia, que siempre tiene un estrecho vínculo con la comunidad humana; además, la necesidad de buscar, más allá del ayuno y la abstinencia, nuevas expresiones que sean aptas, según las exigencias de los tiempos y de los lugares, para realizar la finalidad de la penitencia, esto es, la conversión y la renovación interior y social.

El actual Código de Derecho Canónico ha asumido esta misma óptica. Establece que todos los fieles están obligados a la ley divina de la penitencia, cada uno a su manera (cf. can. 1249). Confirma la prescripción del ayuno y de la abstinencia de carne, entre las formas de penitencia más comunes, y las hace obligatorias en algunos días del año. Sin embargo, la obligación general de hacer penitencia ya no se concretiza solamente en los días de abstinencia y de ayuno, como estaba previsto en el Código precedente, sino también mediante otras formas sugeridas por circunstancias actuales, individuales y sociales.

Las prescripciones del derecho

En la Iglesia universal, son considerados días de penitencia todos los viernes del año y todo el tiempo de  Cuaresma (cf. can. 1250); el viernes evoca, en efecto, la muerte del Señor, y la Cuaresma es un tiempo particularmente penitencial.

La abstinencia de la carne (o de otro alimento, según las disposiciones de las Conferencias Episcopales) debe ser guardada cada viernes del año, a menos que este día no coincida con una solemnidad litúrgica. La abstinencia y el ayuno tienen que ser guardados el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (cf. can. 1251).

Al deber moral y jurídico de la abstinencia están obligados quienes han cumplido los 14 años; al deber del ayuno, todos aquellos que van desde 14 hasta 59 años.

El Obispo diocesano puede dispensar a los propios fieles de los días de penitencia, cada vez que lo considere oportuno para el bien espiritual de ellos. También el párroco tiene la facultad de dispensar de estos días, por una justa causa y en el respeto de las normas diocesanas.

Nuevas expresiones de penitencia

La Constitución Pænitemini había subrayado la necesidad de buscar, además de la abstinencia y del ayuno, algunas nuevas expresiones de penitencia, más conformes a las diversas exigencias, según se trate de contextos sociales donde existe cierto bienestar económico o bien de lugares caracterizados por la precariedad de la vida.

En nuestro tiempo, la abstinencia de carne, por razones económicas, dietéticas o culturales  frecuentemente ha perdido su significado. Por eso, el Código deja que sean las Conferencias Episcopales las que precisan mejor las modalidades de observar el ayuno y la abstinencia y las demás formas de penitencia, como las obras de caridad y las prácticas de piedad que pueden sustituir la abstinencia y el ayuno.

Con respecto a esto, las Conferencias Episcopales están invitadas a emanar las normas pastorales oportunas y eficaces.

Por eso, no es sorprendente que, en estos últimos años, algunas Diócesis hayan invitado a los fieles a formas de penitencias "inculturadas". Es el caso, por ejemplo, de la Diócesis de Modena (Italia) y de varias otras Diócesis italianas, que, con ocasión de la Cuaresma, han propuesto la abstinencia no de la carne, sino de los "sms" telefónicos, exhortando a los fieles al no sms day, esto es, a renunciar a los mensajitos telefónicos durante cada viernes de Cuaresma, privilegiando, en cambio, la comunicación personal. Otras Iglesias locales han propuesto la abstinencia del uso del auto, de lo "virtual" (facebook, mp3 ...), del alcohol, de la televisión, etc.

Relación a Cristo y servicio al prójimo

 Más allá de las diferentes formas, susceptibles de ser adaptadas a los lugares y a los tiempos, no se tiene que olvidar el sentido auténtico de la penitencia.

El significado cristiano del ayuno y de la abstinencia siempre permanece en una óptica de relación a Cristo; estos son signos de mortificación, de arrepentimiento y de conversión, de unión a Cristo crucificado y de solidaridad con los que sufren[1].

En efecto, todas las prácticas de renuncia, todos los gestos grandes y pequeños de penitencia, todas las obras escondidas o manifiestas de caridad y de misericordia adquieren valor salvífico, a la luz del misterio de la muerte y resurrección del Señor. La práctica del ayuno y de la abstinencia consiste, pues, no solamente en una privación del alimento, sino también en el remover aquellos obstáculos que no permiten una vida de comunión con Dios, en la oración, en la práctica de las virtudes cristianas y en el servicio humilde y desinteresado al prójimo[2].

Silvia Recchi

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)





[1] Cf. Reconciliatio et paenitentia, 26.
[2] Cf. CEI, Il senso cristiano del digiuno e dell'astinenza. Nota pastorale dell'episcopato italiano, Roma 4 ottobre 1994, 7-8.


21/03/2012

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis