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Comprender el Derecho Canónico/48



LITURGIA EUCARÍSTICA


Forma ordinaria y extraordinaria


No hay que extrañarse si el fiel común se siente perdido, al oír hablar de forma ordinaria o extraordinaria de la liturgia eucarística.

 Esta terminología se encuentra en el Magisterio reciente de la Iglesia, a causa de algunas problemáticas litúrgicas, que han exigido unas decisiones de los Pontífices. Tales problemáticas han motivado la promulgación del Motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI[1], considerado por algunos como una de las proclamaciones más discutidas de su pontificado, cuya finalidad, sin embargo, ha sido la de promover una reconciliación, en la Iglesia, en materia litúrgica.

El Motu proprio ha querido facilitar, en efecto, el uso de la liturgia romana anterior a la reforma actuada por Pablo VI en 1970; un uso que exigía una autorización especial de parte del Obispo diocesano.

El debate alrededor del documento pontificio ha sido avivado, recientemente, por la publicación de la Instrucción Universa Ecclesia[2], sobre la aplicación del Motu proprio, haciendo emerger, a veces, posiciones no siempre conformes a su correcta interpretación.

La intervención de Benedicto XVI

Una Carta apostólica "motu proprio data" contiene algunos actos legislativos, puestos por el Romano Pontífice por iniciativa propia (motu proprio), sin una solicitud previa. Trata de temas de cierta importancia eclesial, sin la solemnidad que es propia de las Constituciones apostólicas.

La liturgia es un tema de fundamental importancia, al cual el actual Pontífice ha dedicado una atención prioritaria, preocupado de garantizar, en este campo, la unidad sustancial de las Iglesias locales con la Iglesia universal. Esta unidad es esencial para toda la catolicidad, ya que la lex orandi de la Iglesia se traduce en su lex credendi.

El Motu proprio Summorum Pontificum presenta un excursus histórico, que evoca las grandes etapas de la evolución litúrgica, en el seno de la Iglesia católica, a comenzar por la reforma de Gregorio Magno, pasando al empeño de varios Pontífices, entre los cuales Pío V, quien ha permitido la edición de Libros litúrgicos, correctos y restaurados según la tradición de los Padres, hasta los recientes Pontífices.

Significativo, con respecto a esto, ha sido el empeño del Concilio Vaticano II, que ha adaptado ulteriormente los ritos litúrgicos a las exigencias de los tiempos. Pablo VI aprobó, en 1970, algunos Libros Litúrgicos, parcialmente renovados y traducidos en varios idiomas modernos. Juan Pablo II ha aprobado, sucesivamente, la 3.a edición típica del Misal Romano.

 El Motu proprio Summorum Pontificum admite, sin embargo, que en algunas regiones hay grupos de fieles ligados a las formas litúrgicas precedentes a la reforma de 1970; esta es una realidad que había empujado a Juan Pablo II a conceder a ellos, mediante un indulto especial de la Congregación para el Culto Divino[3], la facultad de utilizar el antiguo Misal Romano, publicado en 1962 por Juan XXIII. Algunos años más tarde, con el Motu proprio Ecclesia Dei, Juan Pablo II exhortaba a los Obispos a utilizar tal facultad en favor de los fieles que lo hubiesen pedido[4].

Las nuevas disposiciones

Benedicto XVI afirma, ante todo, que el Misal Romano promulgado por Pablo VI tiene que ser considerado como la expresión ordinaria de la lex orandi de la Iglesia católica de rito latino. El antiguo Misal Romano, editado por Pío V y de nuevo por Juan XXIII, debe ser considerado como la expresión extraordinaria de la misma lex orandi. Las dos expresiones no deben inducir a conflictos ni a divisiones dentro de la única lex credendi de la Iglesia.

El actual Pontífice, con su Motu proprio, quiere facilitar la utilización del antiguo Misal Romano, aclarando las condiciones para esto.

En las Misas sin populo, el sacerdote puede celebrar según la forma extraordinaria, sin necesidad de  autorización del Ordinario, admitiendo también a algunos fieles que lo pidieran espontáneamente. Esto vale también para las comunidades religiosas, quienes, sin embargo, para un uso más continuo de esta forma, deben remontarse a las disposiciones de los Superiores Mayores.

En las parroquias donde se encuentre un "grupo estable" de fieles particularmente ligados a la tradición litúrgica anterior, el párroco está invitado a acoger su pedido de celebrar la Misa según el Misal de 1962. El mismo párroco debe siempre valuar lo que es el bien de estos fieles, en armonía con la pastoral de la parroquia, bajo la dirección del Obispo, y siempre con la preocupación por la unidad.

El Motu proprio subraya también que los ministros que celebren tal liturgia deben ser "idóneos" (veremos más adelante la interpretación de esta expresión).

El párroco puede admitir tal liturgia también en los días festivos o en la celebración de los sacramentos, si juzga esto "conveniente al bien de las almas".

El Obispo podría erigir a una eventual parroquia personal, para la celebración según la forma antigua del Rito romano.

El Motu proprio, en fin, remite todo problema de interpretación o la existencia de eventuales conflictos a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.

La carta de acompañamiento

Benedicto XVI ha acompañado el Motu proprio Summorum Pontificum con una Carta suya a los Obispos, con la cual ha querido explicitar las razones de este y dar algunos principios interpretativos[5].

 El temor del Santo Padre era el de una errónea interpretación del documento, que pudiera mellar la autoridad del Concilio Vaticano II, poniendo en duda exactamente una de sus decisiones fundamentales, la reforma litúrgica. Afirma, por tanto, con extrema claridad, que el Misal, publicado en doble edición por Pablo VI y luego en tercera edición por Juan Pablo II, permanece la forma normal y ordinaria de la Liturgia eucarística, en la Iglesia. El Misal de 1962 constituye, en cambio, la forma extraordinaria.

Benedicto XVI declara también no fundado el temor de que las disposiciones dadas, para permitir la forma extraordinaria del rito eucarístico, pueda llevar a la división o a la hendidura de las comunidades parroquiales; la adhesión al rito anterior, dice el Pontífice en su Carta, supone cierta formación litúrgica y el dominio del latín, condiciones ciertamente no frecuentes en la comunidad de los fieles.

La preocupación del Pontífice es la de llegar a una reconciliación interna, para que todos quienes tengan el deseo auténtico de unidad puedan volver a encontrarla.

La reciente Instrucción

La Carta, con la cual Benedicto XVI acompañaba el Motu proprio Summorum Pontificum, anunciaba un período de prueba de tres años, y pedía a los Obispos que le rindiesen cuentas de las eventuales dificultades de aplicación. Este período se considera cerrado con la publicación de la Instrucción Universa Ecclesia sobre la aplicación del Motu proprio[6].

Las instrucciones, según el Código de Derecho Canónico, explicitan las disposiciones de las leyes y determinan los procedimientos en su ejecución (cf. can. 34). La Instrucción publicada en 2011 se promulga, por lo tanto, con la finalidad de garantizar la correcta interpretación y la recta aplicación del Motu proprio Summorum Pontificum, del cual clarifica algunos conceptos.

Entre estos, la expresión "grupo estable" de fieles, que deseen asistir en la celebración de la Misa en forma extraordinaria. La Instrucción deja a los Pastores el cálculo del número de personas necesario para constituir a un "grupo estable"; sin embargo, detalla que tal grupo no tiene que estar constituido necesariamente por fieles de una misma parroquia; pueden confluir de diversas parroquias o incluso de varias Diócesis. La Instrucción propone, respecto a ellos, una actitud de "generosa acogida".

 El párroco tiene que decidir en cada uno de los casos, dejándose guiar por celo pastoral. En caso de grupos exiguos, el Obispo puede individuar en la Diócesis una iglesia en la que los fieles pueden reunirse para tales celebraciones.

Es particularmente importante la aclaración de la Instrucción, según la cual los fieles que pidan la celebración eucarística en forma extraordinaria no deben, de ningún modo, pertenecer a grupos que se manifiesten contrarios a la validez y legitimidad de la forma ordinaria; esto estaría en contradicción con el fin mismo del Motu proprio Summorum Pontificum, que es el de la reconciliación y de la recomposición de la unidad.

Una ulterior puntualización de la Instrucción se refiere al "sacerdote idóneo" para tales celebraciones extraordinarias. Se considera idóneo a un ministro que, además de no tener impedimentos canónicos, conoce bien el rito que celebrar y tiene un buen dominio del latín. En caso de necesidad, la Instrucción permite recurrir a sacerdotes de Institutos erigidos por la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.

La Instrucción recuerda, en fin, la competencia de esta Comisión, a la cual se puede recurrir en situaciones conflictivas a nivel diocesano; las decisiones de la Comisión pueden, en cambio, ser empuñadas en el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.

Confusiones que evitar

Benedicto XVI se ha preocupado mucho de evitar toda confusión, e impedir una interpretación errónea de su Motu proprio, como demuestran los documentos que hemos presentado.

Sin embargo, se debe admitir que, a veces, emergen posiciones no correctas y que inducen a cierta confusión; esta se vuelve más grave si está provocada por declaraciones de cualificados exponentes diocesanos, como hemos tenido ocasión de leer en el sitio de la Diócesis de Ciudad del Este (Paraguay)[7].

En efecto, la forma extraordinaria de la celebración litúrgica permanece siempre una "concesión", con respecto a aquellos fieles que están particularmente ligados a ella; es una posibilidad que se les ofrece, para evitar su "separación" en la comunidad eclesial, en espíritu de reconciliación.

 No están justificadas, por tanto, afirmaciones según las cuales una Diócesis tenga que comprometerse a hacer de manera que, en las iglesias parroquiales, se garantice semanalmente la celebración eucarística en la forma extraordinaria, y que los fieles, que no tengan ninguna exigencia y aspiración respecto a esta forma, deban incluso estar preparados.

Son igualmente desviadoras las declaraciones, como han sido divulgadas en el sitio citado, que pretenden que la inserción de la forma extraordinaria haya, como finalidad, la de una reducción progresiva de las diferencias entre las dos formas de celebración eucarística (ya que la forma ordinaria tendría que acoger elementos de la extraordinaria), con la intención de llegar, al final, a la unificación de los dos ritos. Esta es una visión que hace desviar totalmente de las finalidades del Motu proprio Summorum Pontificum.

El Papa ha pedido que no se excluyan de la liturgia de la Iglesia a los fieles ligados al Rito litúrgico anterior; no ha manifestado ningún propósito de querer unificar los dos ritos, frustrando la reforma litúrgica del Vaticano II, de la cual reafirma toda la importancia. Menos aún ha dado disposiciones para transformar la liturgia en las comunidades parroquiales, imponiendo por todas partes la celebración eucarística en forma extraordinaria, haciéndola, de este modo, volverse..."ordinaria", en las parroquias, que tendrán que preocuparse, tal vez, de impartir cursos de idioma latino a los fieles.

Silvia Recchi

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)





[1] Benedicto XVI, Carta apostólica motu proprio data Summorum Pontificum, 7 de julio de 2007.

[2] Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Instrucción Universa Iglesia sobre la aplicación de la Carta apostólica motu proprio data Summorum Pontificum, 30 de abril de 2011.

[3] Cf. Congregación para el Culto Divino, Carta Quattuor abhinc annos, 3 de octubre de 1984.

[4] Juan Paolo II, Carta Apostólica motu proprio data Ecclesia Dei, 2 de julio de 1988.

[5] Cf. Benedicto XVI, Carta a los Obispos que acompaña la Carta apostólica motu proprio data Summorum Pontificum, 7 de julio de 2007.

[6] Cf. Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Istrucción Universa Ecclesia, 30 de abril de 2011.

[7] http://diocesiscde.info/index.php?option=com_content&view=article&id=1965:el-papa-ha-ordenado-que-el-rito-romano-se-celebre-en-todas-las-diocesis-de-acuerdo-a-sus-dos-formas&catid=25:noticias-de-la-diocesis&Itemid=81

29/05/2012

 

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