Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Comprender el Derecho Canónico arrow Comprender el Derecho Canónico/52. Para hacer bien el bien
Menu principal
Home
Quiénes somos ▸
Donde obramos
Escríbenos
Secciones
África ▸
América Latina ▸
Apuntes de Espiritualidad ▸
Centro de Estudios ▸
Comprender el Derecho Canónico
Conocer la vida consagrada ▸
El Personaje
Entrevistas
Escritos de Emilio Grasso ▸
Galería de Imágenes
Islam y Cristianismo
Papa Francisco
Perfiles misioneros y espirituales
Profundizaciones
Temas de Doctrina Social de la Iglesia
Utilidades
Busca en el sitio
Enlaces
Mapa del sitio

Los artículos publicados
en este sitio
se pueden reproducir
parcialmente o integralmente,
 
citando la fuente
 
www.missionerh.it.

 

Los datos ingresados serán tratados bajo la normativa vigente en materia de privacidad.

Imprimir Enviar a un amigo


Comprender el Derecho Canónico/52

 

PARA HACER BIEN EL BIEN

Ministerio episcopal y servicio de la caridad

 

En su primera Encíclica, Deus caritas est, del 25 de diciembre de 2005, Benedicto XVI había desarrollado el tema del amor de Dios por el hombre, había profundizado en el misterio de este amor y en la práctica eclesial del mandamiento del amor hacia el prójimo. La Encíclica apuntaba a suscitar, en el mundo de hoy, un dinamismo renovado de compromiso en la respuesta humana al amor divino.

Según la Encíclica, la misión de la Iglesia se realiza en una triple función que comprende: el anuncio de la palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el servicio de la caridad (cf. Deus caritas est, 25). Este último aspecto es, efectivamente, una dimensión constitutiva de su misión.

Una laguna jurídica que colmar

En la misma Encíclica, Benedicto XVI ponía de relieve una laguna presente en el Código de derecho canónico, con respecto al compromiso que los Obispos son llamados a asumir en el campo de la caridad. En efecto, los cánones relativos el ministerio episcopal no tratan expresamente de la caridad como de una actividad específica de tal ministerio, limitándose a exponer, de manera general, la tarea del Obispo como coordinador de las varias obras de apostolado.

El Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, Apostolorum Successores, del 22 de febrero de 2004, había desarrollado de modo más concreto el compromiso del Obispo diocesano en el campo de la caridad. A pesar de esto, era necesario colmar la laguna del Código y expresar adecuadamente, en el orden canónico, lo que pertenece a la esencia del servicio de la caridad en la Iglesia, su relación con el ministerio episcopal y, además, los perfiles jurídicos de tal servicio.

Es en esta óptica, por lo tanto, en la que Benedicto XVI ha promulgado, entre los últimos actos de su pontificado, el Motu proprio Intima Ecclesiae natura[1], con el objetivo de ofrecer un cuadro jurídico orgánico, y de disciplinar las diversas formas eclesiales de servicio de la caridad, estrechamente vinculado a la misión de la Iglesia y al ministerio episcopal.

Como ha dicho el Card. Robert Sarah, Presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, después de la promulgación del Motu proprio, no se trata solo de hacer el bien, sino también de hacerlo bien[2].

Queremos subrayar la importancia de este documento que, con los acontecimientos que se han subseguido hasta la renuncia de Benedicto XVI al ministerio pontificio, ha permanecido en la sombra.

Los principios teológicos del Motu proprio

El Motu proprio contiene un Proemio y una Parte dispositiva.

El Proemio evoca algunos principios teológicos fundamentales en todo servicio caritativo eclesial.

La caridad no es sino amar como Cristo ha amado. Son su misterio de misericordia y sus raíces trinitarias los que se quieren revelar mediante la actividad caritativa, para que cada hombre pueda hacer experiencia del amor de Dios.

El ejercicio de la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia, como lo son el anuncio de la Palabra y la celebración de los sacramentos. La caridad no es una forma de asistencia que puede ser delegada a otros; esta pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia. Para una comunidad cristiana, la atención a los pobres y a los enfermos no es un elemento accesorio de la misión de la Iglesia, sino que es coesencial a ella.

El Proemio subraya que cada acción eclesial concreta es insuficiente, si en ella no es perceptible el amor por el hombre. Por tanto, en el ejercicio de la actividad caritativa, las organizaciones católicas no pueden limitarse a recoger y repartir fondos, sino que son llamadas a testimoniar una atención particular hacia quien pase necesidades, y al mismo tiempo a ejercer, dentro de la comunidad cristiana, una función educativa preciosa capaz de promover la educación en el compartir y en la solidaridad. La actividad caritativa de la Iglesia tiene que evitar siempre el riesgo de disolverse en una organización de asistencia social (cf. Proemio).

El Proemio hace referencia a la institución de la Cáritas promovida por la jerarquía eclesiástica y realizada a nivel parroquial, diocesano, nacional e internacional, como testimonio de la fe generosa de los fieles y respuesta concreta a las necesidades de los pobres. Más allá de ella, hay una multiplicidad de formas que enriquecen la acción caritativa eclesial, vinculadas a los carismas de las familias religiosas, a los varios entes católicos y a las iniciativas de los fieles.

Con respecto a todas estas formas, la tarea del Obispo es la de garantizar que su gestión se realice en conformidad con las exigencias de la doctrina de la Iglesia y con las intenciones de los fieles, en el respeto de las normas emanadas por la autoridad civil.

Para esta finalidad, el Motu proprio, en la Parte dispositiva, establece algunas normas esenciales, inspiradas en los criterios generales de la disciplina canónica, poniendo en evidencia la responsabilidad de los Obispos al respecto.

La normativa del Motu proprio

Después del Proemio, hay la Parte dispositiva que comprende 15 artículos y ha sido decretada bajo petición del Presidente de Cor Unum, después de oír el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos.

La normativa del Motu proprio quiere explicitar las responsabilidades concretas del Obispo diocesano en la pastoral caritativa, a partir de su envolvimiento personal en el testimonio de sobriedad y de proximidad a los pobres.

Su función se concretiza en diferentes tareas: la animación de los fieles para suscitar su fervor por una caridad activa, el favorecer el nacimiento, el crecimiento y el desarrollo de las instituciones caritativas en la Diócesis, la verificación del espíritu cristiano en las iniciativas caritativas y el control de las finanzas.

El Motu proprio establece que todos los organismos y las fundaciones aprobadas para finalidades caritativas, en la medida en que estén vinculados al servicio de la caridad de los Pastores de la Iglesia y/o, en cuanto tales, quieran utilizar las contribuciones de los fieles, están obligados a someter sus estatutos a la aprobación de la competente autoridad eclesiástica. Además, en sus iniciativas caritativas están obligados a respetar los principios de la doctrina católica, y no pueden aceptar compromisos que podrían de alguna manera condicionar el respeto de estos principios (cf. art. 1).

Un ente caritativo no puede utilizar el nombre de “católico”, sin el consentimiento escrito de la autoridad competente (cf. art. 2 § 2).

El Obispo tiene derecho de vigilancia sobre los organismos en su Diócesis, a los que debe coordinar en el respeto de su autonomía.

El Obispo tiene que exigir siempre el respeto de las normas de derecho universal y de derecho particular de la Iglesia, así como el respeto de las intenciones de los fieles que hayan hecho algunas donaciones para unas finalidades específicas (cf. art. 3, § 3). Igualmente tiene que asegurarse de la observancia de la legislación civil en esta materia (cf. art. 5).

La preocupación por la transparencia en la gestión

Le pertenece al Obispo ejercer una vigilancia sobre los bienes eclesiásticos de los entes caritativos sometidos a su autoridad, los cuales deben presentar una rendición de cuentas anual al respecto.

Le compete al Obispo asegurarse que las rentas de las colectas estén destinadas a la finalidad para la que han sido recogidas. El Obispo, además, tiene que evitar que los organismos caritativos estén financiados por entes que persigan objetivos en contraste con la doctrina de la Iglesia, o también que sean aceptadas contribuciones para iniciativas que, en sus objetivos o en los medios utilizados para conseguirlos, no estén conformes a los principios eclesiásticos.

Tarea del Obispo es también la de ejercer una vigilancia a fin de que la gestión de las iniciativas caritativas, dependientes de él, sea un testimonio de sobriedad cristiana. A tal fin, está obligado a hacer que los sueldos y los gastos de gestión, aunque respondiendo a las exigencias de la justicia y a los perfiles profesionales, estén adecuadamente proporcionados a análogos gastos de la propia curia diocesana (cf. art. 10).

El Motu proprio dedica, pues, un artículo al servicio de la Cáritas, cuya creación tiene que ser impulsada por el Obispo en cada parroquia; este servicio apunta a promover, al mismo tiempo, una actividad pedagógica en toda la comunidad, para una educación en el espíritu del compartir y de la solidaridad.

Además, el Obispo y los párrocos tienen el deber de evitar tergiversaciones y errores en los fieles, impidiendo que, a través de la parroquia o de las estructuras diocesanas, se promuevan iniciativas que, aunque presentándose con finalidades caritativas, propongan elecciones o métodos en contraste con la doctrina de la Iglesia (cf. art. 9).

Un aspecto importante del Motu proprio se refiere, en fin, a la formación de las personas que trabajan en la pastoral caritativa. Para garantizar un testimonio evangélico en el servicio de la caridad, el Obispo tiene que vigilar para que estas personas, además de tener una competencia profesional, conduzcan una vida cristiana, proveyendo también a una adecuada formación teológica, pastoral y espiritual de ellas que permita profundizar en el sentido auténtico de la caridad cristiana (cf. art. 7).

Conclusión

El Motu proprio Intima Ecclesiae natura atribuye al Pontificio Consejo Cor Unum la tarea de promover la aplicación de sus normas, y de vigilar por esta aplicación en todos los niveles; el mismo Pontificio Consejo tiene la facultad de erigir canónicamente a los organismos caritativos a nivel internacional.

El Motu propio es un instrumento jurídico que, como tal, puede sostener, orientar, disciplinar la actividad caritativa en la Iglesia. Esta actividad forma parte de manera constitutiva de su misión y, desde los orígenes, ha tenido también una expresión institucional.

De este modo, el Motu proprio hace comprender que la acción caritativa es un verdadero ministerio. El Proemio del documento habla, en efecto, de ministerium caritatis, un servicio ordenado al cual es unido el don del Espíritu Santo. En cuanto tal, tiene un vínculo especial con el ministerio ordenado y sobre todo con el ministerio episcopal, porque la estructura de la Iglesia católica es episcopal.

Silvia Recchi

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 


____________

[1] Cf. Benedicto XVI, Motu proprio Intima Ecclesiae natura, 11 de noviembre de 2012; el Motu proprio ha entrado en vigencia el 10 de diciembre de 2012.

[2] Cf. Card. R. Sarah, Un cuore che vede le miserie della società, en “L’Osservatore Romano” (2 de diciembre de 2012).

 

08/07/2013

 

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis