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Comprender el Derecho Canónico/8



LOS DERECHOS Y LOS DEBERES DE LOS FIELES

EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA/1

 


 Hemos señalado en las anteriores contribuciones algunos derechos que corresponden a todos los fieles cristianos, porque basados en la dignidad común proveniente del hecho de que cada cristiano ha nacido en Cristo como hijo de Dios. Es cuanto nos recuerda el can. 208 del nuevo Código de derecho canónico.

Libres de elegir el estilo de vida que es más conforme a ellos (cf. can. 219), los bautizados tienen el derecho, al que corresponde el deber, de empeñarse para que el anuncio de liberación integral alcance en cada momento y en cada lugar de la tierra a todos los hombres
[1]. Tal derecho es ejercido por los cristianos participando en la misión de la Iglesia, en sustentar y promover la actividad apostólica, también con sus propias iniciativas[2]. Cada cristiano, pues, posee el derecho a participar en la misión de la Iglesia, según el propio estado y condición, el derecho a ser misionero.

Tal afirmación, en cierto sentido, es la consecuencia lógica del reconocerse por parte de la Iglesia como misionera, completamente misionera, en su conjunto y en cada una de sus partes, como el Concilio Vaticano II ha repetido de manera inequivocable
[3]. El nuevo Código ha retomado fielmente su formulación[4]. Tal aspecto es tan esencial para la Iglesia que si ella "descuidara esta finalidad y esta tarea, perdería su propia razón de ser y se desmoronaría como un organismo sin su principio vital"[5].

A estos derechos fundamentales corresponden los deberes de cada cristiano, laico o consagrado o sacerdote, de asumir un encargo tan básico, porque "la responsabilidad de la actividad misionera, por la naturaleza misionera integral de la Iglesia, es de todos los que componen la Iglesia, aunque sea más marcada en algunos de sus miembros. El Codex, en efecto, habla de los diferentes responsables: los fieles en general, el romano pontífice y los obispos, los miembros de los institutos de vida consagrada, los misioneros y los catequistas"
[6].

El Código pone derechos y deberes los unos cerca de los otros, porque ambos tienen la misma función, aquella de motivar cada uno a crecer en el estado de hijo de Dios. El ser hijo de Dios es dono de Cristo, pero pide como correspondiente la comparticipación del fiel cristiano, como es necesario en cada unión interpersonal.

Así como en cada historia de amor no se crea la unión si sólo una parte busca y desea el encuentro con el otro, mientras que la otra vive pura pasividad e inmovilismo, así en la historia de amor de cada cristiano con Cristo no puede existir una unión que no sea recíproca. También los cristianos reunidos en la Iglesia están llamados a asociarse a la obra de Cristo en el anuncio del rescate, de la libertad, de la dignidad que está dirigido a cada hombre.

Los fieles cristianos son, pues, llamados a compartir la exigencia de ser, en cada situación, misioneros y apóstoles del Evangelio, de la buena noticia que Dios ha querido enviar a todos
[7].

 

                                                                                    Maria Cristina Forconi

________________

[1] Cf. can. 211. Todos los fieles tienen el deber y el derecho de trabajar para que el mensaje divino de salvación alcance más y más a los hombres de todo tiempo y del orbe entero.
[2] Cf. can. 216a. Todos los fieles, puesto que participan en la misión de la Iglesia, tienen derecho a promover y sostener la acción apostólica también con sus propias iniciativas, cada uno según su estado y condición.
[3] El decreto Ad Gentes al n.° 2 así se expresa: "La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza". Al n.° 35 el documento continúa: "Puesto que toda la Iglesia es misionera y la obra de la evangelización es deber fundamental del pueblo de Dios, el Santo Concilio invita a todos a una profunda renovación interior a fin de que, teniendo viva conciencia de la propia responsabilidad en la difusión del Evangelio, acepten su cometido en la obra misional entre los gentiles".
[4] Cf. can. 781. Como, por su misma naturaleza, toda la Iglesia es misionera, y la tarea de la evangelización es deber fundamental del pueblo de Dios, todos los fieles, conscientes de su propia responsabilidad, asuman la parte que les compete en la actividad misional.
[5] J. L. Santos, Missioni (Missiones), en Nuovo Dizionario di diritto canonico, Ed. San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1993, 701.
[6] J. L. Santos, Missioni (Missiones)..., 702.
[7] Ad gentes al n.° 7 dice "La razón de esta actividad misional se basa en la voluntad de Dios, que ‘quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque uno es Dios, uno también el mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos' (1 Tim 2,4-6)".


07/12/07

 

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