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Entrevistas/20

 

COMPARTIR LA FE CON GOZO


Mons. Clemens acerca del Congreso Panafricano

de los Laicos Católicos



Desde el 4 hasta el 9 de septiembre de 2012 se ha llevado a cabo en Yaoundé el Congreso Panafricano para los Laicos Católicos, organizado por el Pontificio Consejo para los Laicos: "Ser testigos de Jesucristo en África hoy.
Sal de la tierra... luz del mundo (Mt 5, 13.14)".

 La asamblea ha reunido a más de 300 laicos procedentes de 35 países de África, y además a los representantes de casi 40 asociaciones laicales, movimientos eclesiales y nuevas comunidades que obran en la Iglesia del continente. Los congresistas han sido acompañados por una representación significativa de la jerarquía, con la presencia, además del Card. Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, de varios otros cardenales, entre los cuales el Card. Robert Sarah, Presidente del Pontificio Consejo Cor Unum y el Card. Peter K. A. Turkson, Presidente del Pontificio consejo "Justicia y paz", que han hecho una intervención en el Congreso. Han hecho una intervención también Mons. Joseph Clemens, Secretario del Pontificio Consejo para los Laicos y Mons. Barthélemy Adoukonou, Secretario del Pontificio Consejo de la Cultura, y varios exponentes del Episcopado en Camerún. Mons. Piero Pioppo, Nuncio Apostólico en Camerún y en Guinea Ecuatorial, ha transmitido a los participantes el mensaje muy expresivo y alentador del Santo Padre.

El programa del Congreso ha permitido desarrollar una amplia problemática sobre la identidad del laico y de su misión en África, sobre los desafíos a la evangelización en el continente, sobre la formación, los jóvenes, la mujer, las asociaciones, el mundialización, y los objetivos que alcanzar según la exhortación Africae munus. El debate ha sido enriquecido por una importante participación de las delegaciones de los laicos de los diversos países africanos, quienes han presentado experiencias concretas de vida y de apostolado en los campos más diversos: la familia, la educación, la catequesis, las actividades caritativas, las parroquias, el ecumenismo, el diálogo interreligioso.

En los últimos días del mes de enero de 2012, habíamos encontrado a Mons. Joseph Clemens -que había ido a Yaoundé para ocuparse de la organización del Congreso-, quien en aquella ocasión nos había concedido una amplia entrevista, explicando los objetivos y las perspectivas del mismo. Lo hemos encontrado de nuevo, al término de los trabajos del Congreso, para hacerle algunas preguntas, y pedirle una primera valoración suya acerca del trabajo desarrollado.


 



* Excelencia, en su intervención en el Congreso nos ha ofrecido un relectura profundizada de la exhortación Christifideles laici, manifestando toda la actualidad de este documento. Los congresistas han apreciado especialmente las líneas portantes de su intervención; algunos han puesto más particularmente un problema de "objetivos" que el laicado del continente africano tiene que alcanzar, y de "métodos" que utilizar para su consecución, a fin de que la identidad y la misión de los laicos en el continente se manifiesten con más eficacia.
 
 En mi intervención he querido subrayar, ante todo, el hecho fundamental de que es desde el Bautismo que mana la novedad de vida. He recordado este fundamento esencial, que para tantas personas es un acontecimiento olvidado o algo demasiado descontado. Ciertamente hay, luego, los demás sacramentos, como la Confirmación, la Eucaristía... que insieren plenamente en la vida y en la misión de la Iglesia, pero el Bautismo es la puerta que abre a la vida nueva. Dios enriquece a su Iglesia con múltiples dones que tienen que ser acogidos, vividos y transmitidos, como podemos ver hoy en los movimientos eclesiales, en las nuevas comunidades, sin olvidar a las grandes órdenes religiosas; pero, todo empieza con el Bautismo.

 
Si hablamos de "objetivos" que alcanzar de parte de los fieles laicos del continente, estos siempre permanecen dentro del compromiso de amar a Dios y al prójimo en el ambiente concreto. Esto parece en sí algo evidente, pero en la realidad no lo es, porque no se trata solo de una proclamación teórica. Si queremos traducir en la práctica este compromiso de amar, nos encontramos continuamente frente a decisiones que tomar y a elecciones también difíciles que hacer. La identidad de la vida de cada uno se califica en base a las decisiones y a las elecciones llevadas a cabo. A tantos jóvenes que me interrogan y me preguntan: "¿Cómo podemos traducir la fe cristiana en nuestra vida?", repito que, en cada decisión, es necesario preguntarse cómo actuaría Jesús, qué elección haría; siempre hay que ver qué es prioritario en la relación con Él y con el prójimo. Todos nosotros, Obispos y fieles de cada categoría, debemos hacernos continuamente este interrogante y no dar nada por descontado; luego, el objetivo que alcanzarse traduce, evidentemente, en tantos pasos que se deben poner concretamente y con coherencia.

Por lo que se refiere a los "métodos" que utilizar para alcanzar los objetivos que nos hemos planteado, quiero recordar lo que ha dicho el Santo Padre, Benedicto XVI, acerca de los caminos que llevan a Dios. Cada uno tiene que encontrar su camino, y los caminos son tantos. La verificación de todos los "métodos" y de todos estos caminos se encuentra en la doctrina de la Iglesia, en su discernimiento de los dones, de los ministerios y de los carismas. En las nuevas comunidades, en los movimientos eclesiales vemos múltiples modelos de vida cristiana, de compromiso social, de espiritualidad, pero todo tiene que vivir en la Iglesia. La fe auténtica y la comunión eclesial permanecen los criterios para todos los modelos y todas las actividades de apostolado, en la especificidad y riqueza de cada uno de ellos.


* Un problema que ha sido puesto, durante el Congreso, es la relación entre el fiel laico y el párroco en la vida de las parroquias; una relación que, a veces, es conflictiva y que en África, frecuentemente, acaba por penalizar la aportación de los fieles laicos en las comunidades eclesiales.

De este problema ha tratado ya el Sínodo del 87; sucesivamente, la reflexión se ha profundizado  ulteriormente con una Instrucción de 1997, redactada por varios Ministerios romanos, entre los cuales el Pontificio Consejo para los Laicos. El documento trata exactamente de la colaboración entre los sacerdotes y los laicos, y quiere trazar precisas directrices para asegurar la eficaz colaboración de los fieles no ordenados, en el respeto de los límites establecidos por la naturaleza de los sacramentos y por la diversidad de los carismas y de las funciones eclesiales. La Instrucción quiere favorecer una compresión de la disciplina eclesiástica, la cual, en la perspectiva de la comunión eclesial, desea promover los derechos y los deberes de todos. Los fieles no ordenados pueden desarrollar -como, de hecho, acontece en numerosos casos con gran provecho de las Iglesias locales, de manera positiva y con soluciones generosas e inteligentes, en las parroquias, en los ámbitos de los lugares de sanación, de asistencia, de instrucción, en las prisiones, etc.- tareas de efectiva colaboración con el ministerio pastoral de los sacerdotes. Esto requiere siempre, según el mismo documento, de parte de todos quienes están implicados en los mismos, un particular esmero para salvaguardar la naturaleza y la misión del sagrado ministerio, por una parte, y la vocación y la índole secular de los fieles laicos, por la otra (cf. la Instrucción sobre Algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes). El documento, que, sin mellar la dimensión insustituible del sacerdocio ministerial, desalienta toda forma de clericalismo, debe ser conocido y puesto en práctica.

Hay un gran campo, para el compromiso de los laicos, llamados a vivir plenamente la propia identidad en la familia, en el ambiente de trabajo, en la sociedad. También donde el empeño laical encuentra algunos obstáculos, por la incomprensión de algunos, los laicos no deben desalentarse en dar la propia aportación de testimonio, de empeño y de esperanza. Nos referimos, por ejemplo, a la familia, que es un terreno crucial para la transmisión de la fe, en África y en el mundo entero. Son sobre todo los padres quienes modelan a los hijos; con su comportamiento pueden influenciar sus convicciones; su ejemplo puede suscitar la fe que conduce, luego, a la vida sacramental y a la vida cristiana en general. En toda obra de formación, en efecto, momentos muy importantes son la coherencia de vida y el testimonio personal.


* Excelencia, ¿cuál es su primera valoración del Congreso Panafricano de los Laicos Católicos, que se ha llevado a cabo en Yaundé? 

Puedo decir, como primera cosa, que me he quedado positivamente impresionado por el empeño de la Iglesia local; el Congreso ha sido celebrado con entusiasmo y un gran empeño organizador. Los congresistas han percibido la "seriedad" del acontecimiento, que, quiero repetirlo, es un signo concreto del interés de la Iglesia universal por África, a fin de que no crea que sea un continente olvidado.

El Congreso ha sido una ocasión importante para recordar las intervenciones del Santo Padre en África, para reflexionar sobre los documentos que han hecho referencia a los dos Sínodos africanos, y sobre otros importantes documentos acerca de la identidad de los laicos y de su misión en la Iglesia. No basta, en efecto, publicar los documentos del magisterio; es necesario un empeño para difundirlos, reflexionar sobre ellos y también discutir sobre los mismos. El Pontificio Consejo para los Laicos ha proyectado este Congreso como una continuación del último Sínodo africano, y una "prolongación" de los viajes del Santo Padre en el continente, para que cada uno pueda recordar, profundizar y vivir en consecuencia.

* ¿Cuál cree que ha sido la aportación de los congresistas, de tantos hombres y mujeres que han llegado de 35 países de África y de asociaciones de laicos comprometidos en el terreno humano, cultural, caritativo, social y apostólico del continente africano?

 Se percibe, de las intervenciones escuchadas, que África tiene algunas grandes potencialidades que desarrollar, algunas enormes riquezas para contribuir a la construcción de la Iglesia universal. Esta África no concibe la vida sin Dios, allá donde, en cambio, la sociedad occidental, a menudo, ha decretado su muerte. Evidentemente, no todo debe ser canonizado; muchas cosas tienen que ser corregidas, purificadas y también rechazadas, pero la Iglesia tiene que ser grata respecto a este continente de esperanza.

Alguien, durante las intervenciones, ha dicho que se debe ayudar a África a encontrar las respuestas a sus problemas, sin el riesgo de cerrarse en sí misma. En la celebración de este Congreso no he visto "cerrazones"; he visto entusiasmos en la confrontación y en el compartir la experiencia de fe. Esta asamblea quiere ser exactamente un signo de gran apertura, para reflexionar con vistas a un actuar mejor, más solidario, y para que el rostro de la Iglesia, que se compone de la realidad de todas las categorías de los fieles y de las Iglesias locales, forme un mosaico que refleje cada vez mejor la imagen de Jesús.


*
¿Cuál buen augurio hace a los congresistas?

 Nosotros, como Pontificio Consejo de los Laicos, hemos dado un empujón, y ahora cada uno tiene que empeñarse en el propio campo. Nosotros hemos exhortado, mostrado nuestro interés, nuestra solicitud y nuestro amor; para este Congreso se han movido Cardinales, Obispos, sacerdotes, religiosos y expertos, y todo esto es un signo elocuente. Ahora todos están llamados a trabajar en el propio campo, transmitiendo lo que han recibido y traduciéndolo en la vida diaria. Nosotros contamos con un efecto "multiplicador"; los laicos presentes en el Congreso son los "embajadores", que deben irradiar el mensaje por todos los lugares donde viven y están comprometidos.

La idea portante que he propuesto en mi reflexión en el Congreso es, en efecto, la evangelización y la dimensión misionera. Si estamos convictos de que hemos encontrado el "tesoro", no podemos guardarlo para nosotros. Tenemos que transmitirlo por todas partes: en familia, en el lugar de trabajo, con los amigos, cada uno según los propios talentos. Una alegría compartida no disminuye, sino que aumenta y se multiplica; la fe se vuelve más firme cuando la transmitimos (cf. Redemptoris missio, n.° 2). Este Congreso ha querido precisamente esto: compartir la vida de fe, que hace crecer la alegría recíproca, porque esta fe es la cosa más linda que hemos recibido.

(A cargo de Silvia Recchi)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


18/09/2012
 

 

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