Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Entrevistas arrow Entrevistas/30. Un gran amor a Cristo, a la Iglesia y a los pobres
Imprimir Enviar a un amigo



Entrevistas/30



UN GRAN AMOR A CRISTO, A LA IGLESIA Y A LOS POBRES

Entrevista a S. E. Mons. Joaquín Hermes Robledo Romero

  

Para conocer más profundamente la personalidad del P. Julio César Duarte Ortellado, hemos entrevistado a S. E. Mons. Joaquín Hermes Robledo Romero, quien actualmente es Obispo de la Diócesis de San Lorenzo y antes era Obispo de la Diócesis de Carapeguá, donde se ha patrocinado la recolección de los testimonios de las personas que han conocido al P. Julio.

  

  

* Excelencia, Usted que ha seguido muy de cerca siendo en esa época Obispo de Carapeguá, la tramitación canónica para impulsar el proceso de Beatificación del Siervo de Dios el P. Julio César Duarte Ortellado, ¿puede relatar todos los pasajes requeridos para este itinerario, y las eventuales dificultades encontradas?

Sí, me he guiado por la Instrucción para las Causas de los Santos hecha por la Congregación para las Causas de los Santos. Es realmente un itinerario; se requiere un autor de la causa, un postulador nombrado por el Obispo, la conformación de un equipo o tribunal donde deben estar un perito en derecho canónico, un teólogo en dogmática, otro en teología moral, en historia de la Iglesia, un médico, un abogado. Se requiere: 1.o) una solicitud dirigida al Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, firmada por el Obispo para la apertura y el inicio de la causa a fin de que pueda ser autorizada por Roma; y una breve biografía del que es propuesto. En la Congregación estudian, examinan... y aprueban o no la apertura del proceso. En caso positivo, el Prefecto responde con un documento en que autoriza el inicio o apertura de la Causa del que es propuesto y lo denomina ya con el título de Siervo de Dios. 2.o) Se continúa el trabajo y la investigación acerca de las virtudes heroicas y la fama de santidad del candidato a beato o santo. Es presentado nuevamente a la susodicha Congregación y si serán aprobadas  le confiere el título de Venerable. 3.o) la Beatificación es el siguiente paso y se necesita un milagro para su aprobación. Finalmente, 4.o) la Canonización, aquí se requiere otro milagro examinado y aprobado por la Sede Apostólica.

Eventuales dificultades referentes al proceso del Padre Julio: fueron más bien que los postuladores no perseveraban por diferentes causas y renunciaban y el trabajo se retrasaba. A nivel de proceso, faltan más peregrinaciones al lugar, a la parroquia San José de Ybycuí, donde están los restos del P. Julio. Hace falta también hacer más difusión para que se conozca más al P. Julio.

* La breve existencia del Siervo de Dios está llena de acontecimientos que marcan la trayectoria de su camino sacerdotal. ¿Cuál es el aspecto más sobresaliente de la vida de este sacerdote?

A mi parecer, es su extraordinaria caridad pastoral unida a la oración, a la pobreza y a la penitencia. A nombrarle al P. Julio a una persona que le ha conocido, me mira y, con el rostro profundamente conmovido, exclama: "¡Es un santo!". Y esto se repite con todas las personas que le conocieron.

* ¿Qué significado ha tenido, para la Iglesia en el Paraguay, la figura del P. Julio?

Es impactante su testimonio; Paraguay tiene solo un santo canonizado (san Roque González de Santa Cruz) y estaría muy bien que también tenga otro santo. El P. Julio, "sacerdote secular de apostolado y vida ejemplar" (1906-1943), es un modelo de vida sacerdotal para el clero. Tuvo un gran amor a Cristo, a la Iglesia y a los pobres. Como sacerdote diocesano se hizo misionero, es decir, que salía y se acercaba a las familias, iba al encuentro de los débiles, de los enfermos... Fue párroco de la Parroquia de San José de Ybycuí, además, cura excusador de dos parroquias más: Parroquia de Natividad de María de Quyquyhó y Parroquia Nuestra Señora de los Dolores de Mbuyapey. El P. Julio construyó, con los fieles de estos tres pueblos lejanos y distantes entre sí mismos, tres grandes y hermosos templos. Fundó un hospital para los pobres de Ybycuí. También allí fundó un hogar para niños huérfanos y desamparados. Educó, evangelizó y él mismo trabajaba con la gente para abrir caminos, construir puentes...; enseñó a los agricultores y trabajaba con ellos para el cultivo y para la construcción de los templos. Vivió y murió en total pobreza; daba todo lo que tenía. En su corta vida realizó muchas y grandes obras.

* El P. Julio, desde joven, puso al centro de su vida el amor a la Eucaristía y, por lo tanto, ha tenido una amistad especial con Jesús. Según su parecer, ¿a cuáles preguntas de los jóvenes del Paraguay él puede responder con su testimonio de vida? Y ¿en qué medida los puede interpelar?

Es verdad, el P. Julio tuvo un amor grande a la Eucaristía; los fieles que le conocieron le veían con mucha frecuencia, y por mucho tiempo, de rodillas ante el Santísimo. Yo creo que el P. Julio puede dar una respuesta a los jóvenes cuando estos tienen dudas sobre si su amor será un amor duradero y fiel durante toda su vida. El P. Julio fue fiel en el tiempo durante toda su vida. El P. Julio, con su testimonio de vida, puede interpelar a los jóvenes para creer en el Dios Amor, que los ama absolutamente que los llama y los invita a ser libres de verdad. Creo que también su vida austera y generosa puede interpelar a los jóvenes a un mayor espíritu de servicio y compromiso con Cristo y con la Iglesia para evangelizar a muchos jóvenes alejados o indiferentes. Y aún más, los puede interpelar a escuchar al Señor que hoy los sigue llamando a una vida de seguimiento más radical en la vida sacerdotal, religiosa o consagrada. 

(A cargo de Maria Laura Rossi)



 

23/03/2016

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis