Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Entrevistas arrow Entrevistas/40. Madeleine Delbrêl y el bello escándalo de la caridad
Advertisement
Imprimir Enviar a un amigo

Entrevistas/40



madeleine DelbrÊl y el BELLO escándalo de la caridad

Entrevista a Gilles François, el Postulador
de la causa de beatificación


  

Gilles François es un sacerdote de la diócesis de Créteil, en Francia. Nacido en 1955, ha sido ordenado en 1983. Párroco por largo tiempo, actualmente es director del Seminario Saint-Sulpice d'Issy-les-Moulineaux, cerca de París. Es el coordinador de la publicación de las obras completas de Madeleine Delbrêl y el Postulador de su causa de beatificación.

Lo hemos conocido recientemente en Camerún, con ocasión de la consagración episcopal del nuevo Obispo de Mbalmayo, Mons. Joseph-Marie Ndi-Okalla.

Dialogando juntos en esos días, él nos ha transmitido su pasión por la figura espiritual de Madeleine Delbrêl, y nosotros le hemos hecho, pues, algunas preguntas de ahondamiento.

Ahora recordamos solo algunos elementos biográficos de Delbrêl. Nacida el 24 de octubre de 1904, en Mussidan, en Dordogne, Madeleine se transfiere con la familia a París, en 1916; a los quince años se define estrechamente atea. Luego, "a los veinte años, poeta y artista, encuentra a Dios y quiere vivir ya el absoluto del Evangelio en medio de los pobres y de los no creyentes. En 1933, ella se transfiere para vivir con algunas compañeras en Ivry (Valle del Marne), en medio de una población obrera 'que ha perdido cada memoria cristiana'. Muere el 13 de octubre de 1964, durante una sesión del Concilio, que ella había contribuido a inspirar. Sus escritos tienen una resonancia cada vez más grande"[1].

Nuestro sitio ya ha prestado atención a Madeleine Delbrêl a través de una lectura misionera de sus obras.

Madeleine Delbrêl es conocida cada vez más, gracias a la Asociación de sus amigos[2] y a través del trabajo sistemático realizado sobre sus escritos, que ha permitido progresar en la causa de beatificación.

 


* Gilles François, en cuanto Postulador, ¿nos puede decir a qué punto estamos con la causa de beatificación de Madeleine Delbrêl, y cuáles son las dificultades encontradas?

Estamos en la fase romana; esto quiere decir que la causa sigue adelante bien.

La Positio está impresa. Los historiadores han dado su parecer. Recibiremos, pronto, también el parecer de los teólogos delegados por el Vaticano, respecto a la heroicidad de las virtudes de Madeleine. Las dificultades encontradas derivaban, principalmente, del hecho de que los primeros pasos del proceso fueron basados en un conocimiento demasiado parcial de Madeleine. Nous autres, gens des rues (Nosotros, gente común y corriente) y La joie de croire (La alegría de creer), publicados respectivamente dos y cuatro años después de la muerte de Madeleine, son florilegios, pasajes selectos, excelentes para hacer saborear su obra, pero, demasiado "selectos" para hacer captar el conjunto de la vida y del pensamiento de Madeleine.

* Usted ha seguido la publicación de todas sus obras. ¿Puede decirnos algo sobre este trabajo tan importante? ¿Cuáles son los rasgos de su perfil que usted considera más significativos?

La aventura de la publicación de las obras completas de Madeleine Delbrêl, puesta en marcha por el padre Bernard Pitaud en el año 2000, quería hacer posible el acceso de modo sistemático al conjunto de la obra. Esto ha permitido una reanudación de la causa de beatificación.

El padre Bernard Pitaud sostiene, justamente, que método y rigor son un servicio a la vida espiritual. A partir de este nuevo impulso, muchas cosas se han aclarado, en particular, su obra profesional de asistente social, pero, también la manera muy fuerte en Madeleine de atar sufrimiento y gozo, precisamente como hace el Evangelio; y también su manera de estar con la gente, sin perder nunca la originalidad de la fe, "extraña al mundo" y que viene de Dios; la conciencia que tenía de la fe, don libre de Dios, que se recibe absolutamente como un regalo y, sin embargo, muy a menudo permanece enganchada a ciertas costumbres cristianas; su sentido de la vocación de cada uno; y todavía su mística profundamente cristiana, o sea, encarnada y práctica. Y muchos otros aspectos...

* Madeleine ha vivido la experiencia del ateísmo, ante todo personalmente, y después en el contexto donde ha escogido vivir su compromiso cristiano. ¿Qué puede decir hoy su "amor apostólico" a un mundo que vive cada vez más como si Dios no existiera?

Madeleine poseía el arte, la capacidad y el humorismo de volcar las situaciones. Por ejemplo, con respecto a los ateos, dice que ¡lo importante es sembrar la duda en su ateísmo!

Quería, sobre todo, citar a ella misma, cuando invita a:

"Ser islotes de residencia divina. Asegurar un lugar a Dios. Permanecer entregados, ante todo, a la adoración. Dejar pesar sobre nosotros el misterio de la vida divina, hasta quedar aplastados. Ser, en las tinieblas de la ignorancia universal, unas tomas de conciencia de Dios. Saber que está en esto el acto salvador por excelencia: creer de parte del mundo, esperar para el mundo, amar para el mundo. Saber que un minuto de vida lleno de fe, incluso despojada de cada acción, posee una potencia vital, que todos nuestros pobres gestos humanos no podrían sustituir"[3].

* En su libro sobre la misericordia según Madeleine Delbrêl[4], usted vuelve a tomar su enfoque del compromiso social de los cristianos, con vistas a una más profunda "misericordia revolucionaria". Hoy ¿cuál es el aporte que su ejemplo puede dar, en este sentido, a la nueva evangelización de Europa?

La "misericordia revolucionaria" quiere decir, ante todo, que siempre seremos superados por las nuevas miserias; lo que ha sido ya tomado en consideración por la solidaridad, la ayuda, la generosidad, siempre será insuficiente o bien improcedente, después de cierto tiempo. Entonces, siempre habrá necesidad del "bello escándalo de la caridad", que sacude las ideas consolidadas y las buenas maneras.

Más aún, yo diría que Madeleine aporta un verdadero dinamismo, anticipando así no solo el Jubileo de la misericordia que acabamos de vivir, sino que es la característica de este "signo" de los tiempos que es la misericordia[5].

Madeleine nos dice, a propósito:

"De Dios no podemos recibir sino misericordia. Aun en los momentos que consideramos más sublimes, uno es cristiano solo en la medida en que acepta la misericordia de Dios.

Esta misericordia se enraíza en nosotros, no desaparece de nosotros; se recrea y no permanece inactiva, vive y actúa a través de nosotros.

En la medida misma en que esta misericordia nos santifica y nos perdona, no puede detenerse en nosotros, no tiene descanso si no produce en nosotros también algunos actos de misericordia. Esta nos hace, a nuestra vez, misericordiosos"[6].

Esto es precisamente una verdadera revolución.

* Según Madeleine, es imposible, para un cristiano, permanecer al margen de la vida de los hombres, justamente por la presencia del amor de Dios en nosotros. ¿Puede profundizar en la conexión existente, para Madeleine Delbrêl, entre la relación personal a Cristo y la misión?

Cristo es el enviado del Padre. Lo dice Él mismo: "Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también" (Jn 20, 21). Si yo estoy en relación personal con Cristo, Él "me embarca" en su misión a beneficio de cada hombre. "Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a Él" (Jn 3, 17).

Madeleine lo dice a su manera: "Que lo queramos o no, estamos embarcados en el más grande barco del mundo: el Barco Iglesia. Ella precisa que el viento que sopla contra él lleva a la Iglesia hacia lo que no es la Iglesia"[7].

* El cristianismo, a menudo, se vive de una forma individualista; ¿de qué manera Madeleine Delbrêl, en cambio, nos lleva de nuevo a la dimensión comunitaria, a la importancia de las relaciones personales, de los encuentros que han alimentado su fe y su oración?

Madeleine Delbrêl lleva en ella misma dos dimensiones muy fuertes: la de la soledad y la del encuentro, las cuales juntas, según ella, construyen la vida fraternal.

¡Soledad, porque la fe, vivida en medio del mundo secularizado, siempre tiene algo singular e inesperado; soledad, porque Dios nos quiere entera y exclusivamente! Encuentro, porque somos creados por Él los unos para los otros. Invito, en este sentido, a releer su célebre Nous autres, gens des rues (Nosotros, gente común y corriente), escrito en 1938[8] y también Le beau scandale de la charité (El bello escándalo de la caridad)[9].

* Gracias, Gilles François, por este intercambio y por el gran trabajo que ha cumplido, para permitir a todos conocer y apreciar mejor a Madeleine Delbrêl, y su precioso aporte a la Iglesia.

(A cargo de Antonietta Cipollini)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)




[1] Madeleine Delbrêl 1904-1964. Piccola biografia, qualche testo e preghiera per la beatificazione. Edito dall'Association des Amis de Madeleine Delbrêl, s.l., s.f.

[2] Cf. Association des Amis de Madeleine Delbrel, www.madeleine-delbrel.net/rubriques/droite/international/italien

[3] Cf. M. Delbrêl, La vocation de la charité, Éd. Nouvelle Cité, Bruyères-le-Châtel 2015, 169.

[4] G. François - B. Pitaud, La miséricorde selon Madeleine Delbrêl. Le beau scandale de la charité, Éd. Nouvelle Cité, Bruyères-le-Châtel 2016.

[5] Cf. a propósito, la reflexión del Papa emérito Benedicto XVI: "Para mí es un 'signo' de los tiempos el hecho de que la idea de la misericordia de Dios se vuelve cada vez más central y dominante", J. Servais, Intervista al Papa emerito Benedetto XVI, en "L'Osservatore Romano" (17 marzo 2016) 5.

[6] Cf. M. Delbrêl, La vocation de la charité..., 233.

[7] Cf. M. Delbrêl, La sainteté des gens ordinaires, Éd. Nouvelle Cité, Bruyères-le-Châtel 2009, 56-57.

[8] M. Delbrêl, La sainteté des gens ordinaires..., 23-30.

[9] G. François - B. Pitaud, La miséricorde selon Madeleine Delbrêl..., 92.

 

 

02/06/2017

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis