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    UN PEQUEÑO REBAÑO EN MEDIO DE LA MUCHEDUMBRE

Entrevista a Mons. Digno Benítez,
Vicario General de la Diócesis de San Lorenzo (Paraguay)




 


* Monseñor, ¿podría presentar, para nuestros lectores, las características salientes de la Diócesis de San Lorenzo, de la cual Ud. forma parte desde se fundación, además de ser actualmente su Vicario General?

San Lorenzo es una gran Diócesis, con una población extraordinariamente variada. La mayoría ha emigrado del campo y otros tantos de la capital, Asunción. Se trata de una sede sufragánea de la Arquidiócesis de la Santísima Asunción; pertenece al Departamento Central del Paraguay y fue erigida por el Papa san Juan Pablo II en el año 2000. El obispo actual es Mons. Joaquín Robledo. El territorio esta subdividido en 23 parroquias, con una población total de 1.300.000 habitantes. Las parroquias son muy grandes, algunas con una población que supera los 100.000 feligreses. La parroquia de la Catedral ronda los 300.000 habitantes: para su cura pastoral, estamos entre dos sacerdotes, ayudados por seis diáconos. Muchos podrían preguntarse cómo es posible llevar adelante esta tarea sin sucumbir. La respuesta está, por un lado, en una buena organización: objetivos bien definidos, un cronograma claro, colaboradores preparados, una comunicación precisa a todos los niveles; por otro lado, en la conciencia y en la aceptación de los límites inherentes a esta situación, evitando de caer en un activismo destructivo y quedando en el marco de las posibilidades reales. La evangelización, dedicada a la familia y a los jóvenes, es el punto focal del proyecto pastoral de la Diócesis; es una Iglesia que, a pesar de sus limitaciones, procura ser humilde, fraternal, servidora del hombre en el nombre de Jesucristo. El Plan Pastoral pone como de vital importancia el anuncio de la palabra de Dios y la celebración y vivencia de la Eucaristía.

* ¿Cuáles son los desafíos más grandes con los cuales la Diócesis se enfrenta tanto en el plan pastoral como en el de los recursos y de las estructuras?

El mayor desafío, mucho más grande que los relativos a los problemas económicos o materiales, está en relación con la falta de fe. Fe en el sentido de aceptar a este Dios que se nos acerca como pura gracia, y que es capaz de transformar nuestra historia y abrir a todos nosotros un futuro esperanzador. La manera de creer es todavía muy superficial. No hay dimensión concreta, histórica.

El Dios al cual es preciso hacer referencia, y que nosotros los sacerdotes presentamos, es el Padre de Jesús. No se trata solo del desafío de superar un deísmo tradicional, porque hoy, en la sociedad globalizada, se difunden otras proclamaciones de Dios, como la del New Age.

De hecho lamentablemente ocurre que corremos el riesgo de reducir nuestras tareas pastorales en ejecutivos de la fe. Descubrir y proponer un Dios personal, que se revela y me habla, es el gran desafío. Esto implica que como Iglesia tenemos que vivir escuchando su Palabra. Sin esto, ¿qué esperanza me queda? Solo queda la confianza en la fuerza y la inteligencia del hombre. Muchos en nuestra sociedad han dejado de escuchar a Dios, porque es más fuerte la invitación de una sociedad materialista, relativista y en proceso rápido de secularización, también en nuestro Paraguay, sujeto a un vertiginoso crecimiento económico y permeable a los estilos de vida que nos llegan de afuera.

En cuanto a la infraestructura, falta mucho por hacer. Estamos muy limitados en cuanto se refiere a centros de capacitación, edificios que puedan albergar a nuestros agentes pastorales a nivel diocesano para jornadas y encuentros formativos. Pero los verdaderos recursos que tenemos son personas entregadas al servicio de este anuncio de la Buena Noticia, y ciertamente lo hacen con fe y con alegría.

* ¿Ud. nota algunos ámbitos en los cuales es particularmente remarcable la falta de preparación y de conciencia de parte de los feligreses, y que, por lo tanto, deben ser objeto de una particular atención?

La gran mayoría de los feligreses queda dentro de la práctica de la piedad popular (fiestas patronales, culto de los santos, procesiones, rituales de la semana santa, novenario por los difuntos, rezo del rosario...), que aún falta ser purificada en algunos aspectos. Hay una clara preeminencia de lo meramente tradicional sobre la adhesión personal a la palabra de Dios. Lo mismo pasa con la participación en los sacramentos, que algunos reciben sin fe, solo para cumplir, porque forman parte de la práctica familiar, por borreguismo. Se van a Misa sin tener sed de la palabra de Dios, no quieren el cambio que esta Palabra suscita, no viven la Misa como diálogo constante entre Dios y el hombre. Termina la Misa y termina el ser cristiano, con un claro divorcio entre fe y vida, sin que la fe penetre la cultura y sin incidencia en la vida del creyente. Lo vemos en las autoridades políticas de nuestro país: la mayoría han salido de instituciones educativas católicas y se proclaman católicas. Sin embargos, para ellos como para muchos simples feligreses vale lo que ya san Agustín decía: muchos católicos no viven como cristianos, mientras que muchos no católicos viven los valores evangélicos.

* El Plan Pastoral de la Diócesis de San Lorenzo reserva un lugar a diferentes actores, entre ellos los movimientos. ¿Cómo juzga Ud. la inserción de los movimientos en la Diócesis?

El aporte de los movimientos a nuestra Diócesis es el testimonio de la gran mayoría de sus miembros, que viven una entrega generosa y ejemplar. Con algunos miembros o con algunos responsables puede haber tensiones, y con unos pocos de ellos incluso un conflicto constante, cuando quieran constituir "un rancho aparte" o imponer sus criterios y visiones. En algunos casos, tuve que hablar con los responsables nacionales de algún movimiento y poner en claro que no se puede derogar las normas universales de la Iglesia en temas tan importantes como la liturgia y los sacramentos. En definitiva, su papel es muy importante y su presencia un signo de vitalidad, siempre y cuando trabajen con los criterios Pastorales de la Diócesis y de la parroquia en la cual están presentes.

* La Diócesis de San Lorenzo cuenta con un grupo numeroso de Diáconos ¿Cuál es el aporte específico de ellos?

Ciertamente es un grupo numeroso. La mayoría de ellos trabajan en las parroquias animando las diferentes pastorales (catequesis, pastoral social, de enfermos, de la caridad) y presidiendo las celebraciones de la palabra de Dios. Desde mi punto de vista falta una mejor formación, para que el servicio que prestan sea dentro de un marco de dialogo y comunión. Sentarse y dialogar es una tarea permanente. Hay laicos que se creen sacerdotes y sacerdotes que se creen laicos, y esta confusión afecta también la identidad de los diáconos. Hay también, entre los diáconos, así como entre los sacerdotes, quien quiere sembrar la división. En la parroquia de la Catedral, donde contamos con seis diáconos, queremos que el diácono no se reduzca a lo meramente ritual. Por eso hemos determinado que los diáconos hagan celebraciones de Palabra exclusivamente los domingos; por lo demás, colaboran en las diferentes pastorales. Además, tenemos un encuentro mensual de formación.

* ¿Cómo ve Ud. el futuro de la Diócesis de San Lorenzo y, más en general, de la Iglesia en el Paraguay?

La evolución en el Paraguay es semejante a las tendencias mundiales. Nos movemos hacia el llegar a ser una minoría. Sin embargo, veo que estas minorías pueden ser muy convencidas e impulsivas, sin complejos. Es lo que pasa, por ejemplo, con algunos grupos de jóvenes en las universidades de San Lorenzo, que se caracteriza como ciudad universitaria. También en el Paraguay, el ambiente universitario está cada vez más permeado de ese relativismo que tan bien nos ha descrito el Papa Benedicto XVI, y no es un ambiente fácil para un cristiano. Pero unos pequeños grupos de estudiantes cristianos están llenos de entusiasmo. Por más que sea un futuro apremiante, está también lleno de esperanza, mientras se anuncia el misterio de la salvación.

Retomando san Agustín, la escucha de la Palabra suscita la fe en el corazón del hombre y nos anima a saber esperar, y es una espera con amor.

(A cargo de Michele Chiappo )

 


09/11/2018

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis