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¿UN ISLAM QUE SE ACTUALIZA?/2

La voz de Hocine Drouiche,

Vicepresidente de la Conferencia de Imanes de Francia

 

“El odio se ha vuelto un elemento cotidiano en el Islam”

Hocine Drouiche

Desde este punto de vista, también la reivindicación que Hocine Drouiche hace de la herencia intelectual de cierto número de figuras muy controvertidas en la comunidad musulmana, si no totalmente rechazadas, muestra su coraje, pero también su verosímil marginalidad: “En el 2001, me ha ocurrido encontrar en Damasco al filósofo egipcio Nasr Hamid Abu Zayd. Él había sido condenado a muerte por haberse atrevido a afirmar que por lo que concierne a los textos religiosos, el sentido debe ser revisado en base a la interpretación. Desafortunadamente, este no es un caso aislado. La lista no deja de alargarse con los nombres de Nasrine Tasmina, Tayeb Tizini, Jalal el-Adhan, Mohamed Arkoun, Hassan Chalghoumi y de los muchos otros que se han atrevido a hacer los mismos discursos. En lugar de discutir y de dialogar con ‘los hombres de Dios’, el arma letal de la apostasía se ha levantado enseguida con la sentencia de condena a muerte. Por su fin primario de defender la religión, ellos autorizan la muerte de un ser humano. Para ellos, ¡la religión es más importante que el hombre! Este tiene que estar al servicio de la religión”.

El Imán de Nîmes denuncia la taqiyya (disimulación), a la que acude “el Islam delictivo”, como él lo define. En base a este principio, que tiene cierta tradición en la historia del pensamiento islámico, decir mentiras sobre el descreído es halâl (está permitido); robar a los descreídos es lícito; amar un no musulmán es una apostasía; los hebreos y los cristianos no son hermanos, porque la única fraternidad es la fraternidad musulmana: “Por manipulación o por mentira, ¡el odio hacia los cristianos y hacia los hebreos se ha vuelto un elemento cotidiano en la fe musulmana!”.

Por incidencia, su afirmación según la cual “robar a los descreídos es lícito” merecería ser tomada como punto de partida para un estudio –según mis conocimientos hasta ahora nunca realizado–, sobre las consecuencias que puede tener para una criminogénesis. Quien frecuente las cárceles sabrá que los musulmanes, en Europa, están representados en exceso en ellas: en Estados en los que son el 3-5 % de los habitantes, llegan al 30-40 % de la población carcelaria. Entre otras cosas, precisamente las cárceles son, muy a menudo, el lugar donde ocurre una radicalización de los musulmanes.

¿Qué futuro?

Se puede percibir, en estas palabras, acentos comunes con el famoso discurso del Presidente egipcio As-Sîsî en la Universidad de al-Azhâr, el pasado 1.° de enero, en el cual afirmó: “¿Es posible que un millardo y seiscientos millones de personas puedan pensar lograr vivir, solamente si eliminan al resto de los siete millardos de habitantes del mundo? No, no es posible”[1].

Y es el mismo recorrido trazado por Benedicto XVI, quien hablando a la Curia romana a finales del 2006, el año en el cual había pronunciado el famoso discurso de Ratisbona y había realizado el viaje a Turquía declaró: “El mundo musulmán se encuentra hoy con gran urgencia ante una tarea muy semejante a la que se impuso a los cristianos desde los tiempos de la Ilustración. ... Es necesario aceptar las verdaderas conquistas de la Ilustración, los derechos del hombre, y especialmente la libertad de la fe y de su ejercicio, reconociendo en ellos elementos esenciales también para la autenticidad de la religión. Del mismo modo que en la comunidad cristiana tuvo lugar una larga búsqueda de la postura correcta de la fe ante esas convicciones una búsqueda que, desde luego, nunca concluirá definitivamente, así también el mundo islámico, con su propia tradición, tiene ante sí la gran tarea de encontrar a este respecto las soluciones adecuadas”[2].

El discurso de Hocine Drouiche no parece haber encontrado la resonancia que merecía. No lo han vuelto a tomar los sitios web del Conseil français du culte musulman[3] (la instancia suprema de los musulmanes franceses), de la Gran Mezquita de París[4], de la Union des organisations islamiques de France[5], del Rassemblement des musulmans de France[6]. Y tampoco de la Unión de las Comunidades Islámicas de Italia[7].

La Gran Mezquita de París

Sin embargo, la puesta en juego es enorme, para Hocine Drouiche: “Si el discurso islámico no tiene en cuenta las enseñanzas de la historia y continúa en esta ceguera suya de fondo, llevará a los musulmanes europeos hacia una nueva oleada de odio, que creará una Shoah peor de la que han sufrido los hebreos europeos entre el 1939 y el 1945, en particular modo, con el aumento de cierto nacionalismo extremista en Europa”.

Su conclusión que implica un juicio no solo sobre las probables futuras orientaciones de la comunidad musulmana en Europa, sino también sobre posibles degeneraciones de la vida y de las instituciones democráticas en el continente puede parecer apocalíptica, pero tiene que hacer reflexionar, porque el fluir de la historia no es una marcha triunfal hacia la inexorable afirmación del bien, en esta circunstancia, de los valores de la Ilustración y de los derechos del hombre. Y suponer que bastará el tiempo para anular lo que se concibe y se describe como un “retraso” de las sociedades islámicas puede esconder una dosis, tal vez inconsciente, de ingenuidad y de presunción.

Un observador atento de las sociedades islámicas, Jean-Pierre Peroncel-Hugoz, quien por varios decenios fue corresponsal del Oriente Próximo para “Le Monde”, ha contestado a quien le preguntaba si creía posible un “Vaticano II” para el Islam: “Esto no se ve en el horizonte. El Islam y los musulmanes, como todo lo que es humano, son ciertamente capaces de evolucionar pero ¿por qué esto tendría que ocurrir en el sentido de una occidentalización? ¡Qué soberbia de nuestra parte! Los franceses, paralelamente a la gran autodenigración que practican, muestran un complejo de superioridad desconcertante: ¿La Francia, una oportunidad para el Islam? No creo que se pueda inventar una religión a propia medida, un Islam suavizado. Esta civilización de casi mil quinientos años, de más de un millardo y medio de hombres, segura y orgullosa de sí, ¿cómo podríamos cambiarla nosotros, solos y según nuestras ideas?”[8].

El programa está trazado, pero los resultados no están en absoluto descontados.


 


UN REFORMADOR PERSEGUIDO: NASR HAMID ABU ZAYD


Nasr Hamid Abu Zayd

Nasr Hamid Abu Zayd, al cual Hocine Drouiche se refiere, obtuvo fama internacional cuando, en 1995, un tribunal islámico egipcio lo declaró “apóstata” y anuló su matrimonio aduciendo el motivo que, según la sharî’a, una musulmana no podía permanecer casada con un renegado. El motivo de la declaración de apostasía de la que había sido objeto era un libro suyo, publicado en la lengua árabe cinco años antes, con el título El concepto del texto: un estudio de las ciencias coránicas. En el libro, Nasr Hamid Abu Zayd, que se había formado, además de que en la Universidad del Cairo, en la University of Pennsylvania, donde se había interesado en la hermenéutica y en la semiótica, profundizando en el pensamiento de Ricœur y de Gadamer, proponía no aislar el texto el Corándel contexto. En su visión, el texto sagrado, sin dejar de ser reconocido como “palabra de Dios”, tiene un vínculo indisoluble con la lengua, con el período histórico, con la situación social la de la sociedad tribal árabe en los cuales se ha redactado. En esta perspectiva, el Corán es un "discurso" que, para ser comprendido debe tener en cuenta no solo al locutor (Dios), sino también al interlocutor (el hombre árabe del siglo VII d.C.).

Además, Nasr Hamid Abu Zayd escribía que el lenguaje del Corán no se comprende sin referencia al lector, a su horizonte cultural e intelectual. Es el lector quien, en la terminología de la lingüística,  “decodifica” el texto. Sin este esfuerzo interpretativo, el texto coránico quedaría privado de cualquier mensaje para la humanidad: “El texto coránico, desde el primerísimo momento de su existencia es decir, cuando el profeta Mahoma lo recitó en el momento en que fue revelado cambió la propia naturaleza, volviéndose, de texto divino, un texto humano, comprensible, porque pasó del ser revelación al ser interpretación”.

Esta aproximación se opone al pensamiento islámico dominante, para el cual el Corán es “increado”, esto es, tiene una eternidad suya inmutable y no se relaciona con ninguna contingencia de lenguaje, de espacio o de época histórica.

Según este pensador egipcio –quien, junto con la esposa, encontró refugio en los Países Bajos, donde se le ofreció una cátedra en la prestigiosa Universidad de Leiden, considerar el Corán como un “discurso” le habría devuelto una naturaleza dialógica y, por tanto, dinámica, sustrayéndolo a las manipulaciones ideológicas, políticas, y sociales. Una consecuencia de esta visión era, según Nasr Hamid Abu Zayd, la proclamación de la igualdad entre hombres y mujeres.

Él mismo definía las finalidades de su método “humanísticas” y “democráticas”.

Falleció en el 2010.

 

Michele Chiappo

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


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[1] Un extracto video del discurso es visible en http://www.memritv.org/clip/en/4704.htm

[2] Benedicto XVI, A los miembros del a Curia romana (22 de diciembre de 2006).

[3] http://www.lecfcm.fr/

[4] http://www.mosqueedeparis.net/

[5] http://www.uoif-online.com/

[6] http://www.lermf.com/wp/

[7] http://www.ucoii.org/

[8] J.-P. Péroncel-Hugoz, Est-il encore temps de combattre l’islamiquement correct? Propos recueillis par S. Taussig, en L’Islam en France. Sous la direction de Y. Ch. Zarka e. a., Quadrige - PUF, Paris 2008, 304-305. Algunos amplios extractos en http://islamiquementincorrect.blogspot.com/2006/03/analyse-du-phnomne-entretien-avec-jean.html

 

09/10/2015


 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis