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Noticias desde África

 

 


CAMERÚN EN MINIATURA:

AL DESCUBRIMIENTO DE LA CIUDAD DE MBALMAYO/3

  Continuamos la presentación de la historia de Mbalmayo a través de la entrevista al Prof. Honoré Tongo, testigo directo, en el ámbito educativo, de los principales desafíos que vive esta ciudad.
Mbalmayo: ciudad estudiantil

Honoré Tongo es profesor de español en Mbalmayo desde hace más de veinticinco años; reviste también importantes cargos de responsabilidad en el Colegio Saint-Cœur de Marie, una de las mejores escuelas superiores de la ciudad. Durante estos años, ha trabajado con millares de jóvenes y ha conocido, desde el interior, el ambiente de las escuelas de Mbalmayo.

 

* Profesor, ¿puede presentar el panorama escolar de la ciudad de Mbalmayo y, sobre todo, su especificidad que hace de ella, respecto a las otras ciudades del centro-sur de Camerún, la ciudad estudiantil por excelencia?

Mbalmayo es una ciudad estudiantil. A pesar de sus modestas dimensiones, cuenta con una veintena de escuelas superiores públicas y privadas de enseñanza general y técnica, por un total de casi doce mil estudiantes[1].

A estas se les deben añadir dos escuelas especializadas: una escuela de formación de los enfermeros y una escuela de formación de los maestros. Quería terminar la lista con la enseñanza universitaria que comprende la Escuela Nacional de los Guardas Forestales y una extensión de la Universidad de Yaundé I: el Instituto Universitario de las Tecnologías de la Madera. Hay que añadir también la nueva escuela agro-pastoral abierta por la ONG Alternative Durable pour le Développement (Alternativa Duradera para el Desarrollo). Todo esto por un total de casi quince mil alumnos y estudiantes de una población de la ciudad estimada en casi ochenta mil habitantes.

Esta característica de ciudad estudiantil de Mbalmayo se explica no solo por el alto porcentaje de jóvenes en la población, sino también por la fuerte migración de estudiantes desde las grandes ciudades de nuestro país y de los países cercanos (Gabón, República Centroafricana, Guinea Ecuatorial, Chad, Congo-Brazzaville) que eligen inscribirse en nuestras escuelas. Tenemos, por lo tanto, una población estudiantil de origen muy varia, se podría decir cosmopolita.

* ¿Cuáles son las satisfacciones de un profesor de Mbalmayo que, como usted, ha dedicado casi toda su vida a la educación de los jóvenes?

Nuestro trabajo es fuente de numerosas satisfacciones: la más natural reside en el hecho de buscar cada día algunas estrategias para hacer adquirir a nuestros muchachos los conocimientos de los que tienen necesidad. Otra satisfacción, al final de estos años de enseñanza, deriva de los gestos de agradecimiento. Los encuentros con viejos estudiantes me llenan de emoción, sobre todo, cuando citan mis actitudes y mis palabras de las que se acuerdan y que, a veces, han sido determinantes en su recorrido escolar y también en su vida. En el colegio Saint-Cœur de Marie, por ejemplo, los dos tercios de los jóvenes profesores son nuestros viejos estudiantes: esto me rejuvenece mucho también a mí. Como responsable de una escuela, además de lo que ya he dicho, me resulta exaltador elaborar algunas estrategias para mantener y mejorar la respetabilidad y la calidad de la Institución, gracias a los buenos resultados obtenidos en los exámenes oficiales. Por otra parte, hay que responder continuamente a las solicitaciones de los padres y de los colegas; en conclusión, uno se siente verdaderamente un anillo útil en la cadena educativa.

* ¿Cuáles son los problemas que vive como profesor?

Hay varios tipos de preocupaciones. Hay que señalar, ante todo, la falta de motivaciones en los jóvenes estudiantes, debida, tal vez, a la constatación de la desocupación de sus hermanos mayores que han cursado los estudios.

Otro problema consiste en los comportamientos desviadores de cada tipo, cuales el apego al celular con todo lo que esto comporta, la atracción exagerada del sexo, el consumo creciente y verdaderamente preocupante de las drogas. Todo esto predispone a la violencia de parte de estos jóvenes: violencia entre ellos, contra los educadores y también contra los padres.

Además, las clases son demasiado numerosas (ciento, a veces, ciento treinta estudiantes); esto, por supuesto, no favorece un acompañamiento personalizado.

Existe también la abdicación de la propia función de los padres y de los adultos en general, quienes parecen atropellados por "esta horda de jóvenes" que quieren imponer su ley a la sociedad.

No se puede eludir el caso de los profesores mismos, desmotivados, en una sociedad donde sienten que se los considera marginados. Estos profesores están poco propensos a hacer propias las nuevas orientaciones pedagógicas propuestas por el Ministerio de la Educación.

¿Cómo no hablar, luego, de la corrupción en el ámbito escolar? Pienso sobre todo en lo que los jóvenes llaman, irónicamente, "las notas sexualmente transmisibles", y en las justificaciones de las ausencias obtenidas por medio de una suma de dinero, sin olvidar las falsas libretas de notas que ciertos estudiantes holgazanes usan para inscribirse en las clases superiores en otras escuelas. Esto provoca el descenso del nivel escolar de los estudiantes. En efecto, los muchachos ya no quieren esforzarse y, al mismo tiempo, no aceptan más repetir los años escolares.

Quería concluir esta serie de preocupaciones recordando la ganancia fácil y rápida de dinero que actualmente se propone a nuestros jóvenes, a través de algunos oficios como el moto-taxista o el vendedor de drogas y de estupefacientes. Esto lleva a considerar la escuela como una actividad de segundo plano, poco deseable.

* Considerando la situación actual, ¿cuáles son, por lo tanto, los desafíos mayores para reconciliar los jóvenes con la escuela?

Hay muchos desafíos: el primero es el de hacer de manera que las enseñanzas sean más atractivas sea de parte de las escuelas, sea de los profesores. En nuestros institutos técnicos los laboratorios que están vacíos tendrían que estar equipados; en la enseñanza general sería necesario que las lecciones se vuelvan más concretas. Los estudiantes ya no aceptan más enseñanzas teóricas. El nuevo proyecto pedagógico para competencias prácticas tendría que ayudar.

Es necesario volver a cualificar al profesor en la sociedad, mejorando sus condiciones de vida, y, en fin, crear más escuelas de formación en todos los niveles académicos, para facilitar la inserción profesional de los jóvenes; el Estado tendría que poner en marcha algunas modalidades de acompañamiento de los jóvenes en esta óptica.

Como conclusión de mi rápida "lectura" del panorama escolar de la ciudad de Mbalmayo, quiero subrayar, en fin, que ¡sobre todo a los profesores les incumbe ponerse resueltamente a trabajar para recoger este difícil, pero excitante desafío educativo!

(A cargo de Franco Paladini)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)



[1] Según las estadísticas provistas por la Délégation Départementale des Enseignements secondaires, los estudiantes de las escuelas superiores de Mbalmayo para el año escolar 2017-2018 son 12.616 (6.101 muchachas y 6.515 muchachos).

 



14/07/2018

 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis