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EL FUTURO DE LA PROFESIÓN DOCENTE

   

 

Están en proceso de continuo cambio los modos de trabajar, las necesidades y clases de trabajo, los modos de comunicarnos, informarnos y relacionarnos, los modos de pensar desafiados por las innovaciones tecnológicas y los cotidianos descubrimientos científicos, que nos llevan a otras interpretaciones y otras cosmovisiones de la realidad, y todo ello nos está abocando a cambios en los modos de vivir.

Se sospecha con fundamento que, en el futuro, a mediano y largo plazo, los cambios serán revolucionarios, mucho más radicales y extensivos.

Ante este panorama inminente, los cambios en educación tienen que ser sustanciales e iniciados desde el presente, porque el futuro nos ha alcanzado.

Aprender deja de ser un programa para una etapa primera de la vida, aprender es ya y lo será cada día más una necesidad constante, absoluta e insoslayable durante toda la vida, para poder vivir en este mundo cambiante, plagado de novedades desafiantes, que nos obligan a reubicarnos en las nuevas realidades, a saber usar los nuevos medios o recursos, a poder comprender los nuevos conocimientos, a saber adaptar nuestras vidas a las nuevas posibilidades.

Pongamos un ejemplo, para comprender mejor que inevitablemente tenemos que aprender y desaprender constantemente. Raymond Kurtzweil, en su libro "Cómo se crea una mente" (2013), informa del proyecto de creación de un nanochip para insertar en el cerebro y potenciar nuestra capacidad mental. ¿Qué y cómo tendrán que aprender los niños, adolescentes, jóvenes y adultos cuando esté listo tal nanochip, que posibilitará trescientos millones de operaciones intelectuales más rápidas que las que ahora procesa nuestro cerebro?

Aunque el nanochip no alcance tanta potencia, aunque por su costo sea inaccesible, el hecho de que exista y funcione ya es provocador y fuente de muchos cuestionamientos, para nuestros actuales conocimientos sobre el cerebro y el pensamiento. Por algo el subtítulo del libro de Kurtzweil es "El secreto del pensamiento humano".

Si aprender va a ser (es ya) una necesidad absolutamente necesaria y vital, quiere decir que es absolutamente necesario y vital enseñar, porque es utópico y simplista pensar que todos tenemos competencias suficientes, para el autoaprendizaje sobre todo lo existente y por existir. La profesión de enseñar, es decir, la profesión docente, es cada día más necesaria y trascendente. Hablo de la profesión docente de todos los niveles de cualquier sistema educativo, y lo explicito porque en el imaginario social, en la mente de la mayoría de los ciudadanos, cuando se habla de docentes solo se imaginan a los docentes escolares, y raramente a los docentes de universidades.

Tan cierta es la necesidad de aprender constantemente y, consecuentemente, de enseñar para todas las edades, que hay futurólogos que aseguran que la profesión que será más demandada en el futuro será la profesión docente. Otras profesiones irán desapareciendo, porque su trabajo y producción serán, algún día, inútiles, superados por nuevas maneras de trabajar y producir, pero la profesión docente tiene asegurado un puesto privilegiado entre las grandes profesiones del futuro.

Algunos países han comprendido la trascendencia de la profesión docente y han empezado a priorizar la carrera docente frente a las demás, y lo hacen con políticas como la de exigir que, para ingresar en las universidades, para estudiar y formarse profesionalmente en educación y docencia, ingresen únicamente aquellos postulantes que vienen del bachillerato con las mejores calificaciones, los máximos puntajes. Coherentemente, con un plan financiero comprometido con políticas de Estado (no solo de Gobierno), están levantando paralela y progresivamente la calidad de educación y los salarios cada vez más altos, hasta incluso llegar a ser los mejor pagados entre los profesionales dependientes del Estado.

Nosotros estamos, lamentablemente, muy lejos de estos nuevos horizontes profesionales. Es hora de que nuestro país deje de suicidarse lentamente con políticas de menosprecio real a la profesión docente. Con los presupuestos y las interferencias político-partidarias, que acosan y pervierten a la educación, estamos castigando cruelmente a los hijos y nietos, que ahora coinciden con la mayoría de la población.

Estamos ante un desafío histórico. O cambiamos nuestra mentalidad sobre lo que debe ser, en adelante, la profesión docente o nos condenamos a vivir en la ignorancia sucesiva y fuera de las rutas aceleradas de la nueva humanidad.

Jesús Montero Tirado

© ABC Color - 5 de febrero de 2018
   Fotos de la redacción de www.missionerh.it




18/02/2018
 

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