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Noticias desde el Paraguay

  


 

EL PROFESIONAL DE LA "CARIDAD INTELECTUAL"

El perfil del educador en una Universidad Católica

 


En una conferencia, dictada a más de cincuenta profesores del Curso de Admisión de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" (Paraguay), el sábado 20 de febrero de 2010, el P. EmilioP. Emilio Grasso Grasso ha puesto en evidencia los rasgos que definen el perfil del educador, sobre todo de los profesores que prestan su servicio en una Universidad Católica.

En este tiempo, en que existe el problema de una emergencia educativa, la educación se vuelve un arte; la más difícil que existe, porque implica la formación de las personas, es decir, de quienes tienen la responsabilidad, la libertad y la capacidad de decidir sobre su vida. El arte de hacer comprender que el núcleo mismo de la educación es la verdad, no como una opción, sino como una exigencia para cada hombre y, sobre todo, para quien sabe que el Señor es la verdad. Emilio habló de esto y desarrolló los siguientes temas.

La función de una Universidad Católica

La educación en una Universidad Católica exige un compromiso todavía más fuerte que en otras instituciones, porque esta es una entidad nacida para reconstruir la unidad entre la inteligencia del hombre, herida por el pecado original, y la Inteligencia de Dios.

Puesto que todo ha sido creado por medio del Logos, la Razón creadora que se ha manifestado como amor en el Dios crucificado, hay que recoger las semillas del Verbo de Dios esparcidas en cada realidad, para reconstituir la unidad de todo el género humano.

Para realizar esto, los educadores tienen que efectuar un trabajo multidisciplinar, iluminado por la fe, teniendo siempre presente que se debe respetar cada disciplina en su autonomía epistemológica.

Ya que nadie puede conocerlo todo a solas, necesitamos la ayuda de los demás, y debemos buscar un nexo de unidad entre las distintas materias: entre la fe y la administración, entre la administración y el derecho, etc. Se trata de buscar el elemento de comunicación entre las diversas asignaturas, por medio de la fe. La fe proporciona una luz nueva al hombre, quien, a causa de  la ceguera provocada por el pecado original, muchas veces tiene en su mente ideas equivocadas, porque no pone su confianza en Dios y no se apoya en Él.

No hay que olvidarse de que las distintas disciplinas tienen que trabajar con autonomía - lo cual no quiere decir separación -, con libertad, con posibilidad de investigación, porque un trabajo científico no puede estar determinado por un dogma; de lo contrario, no nos encontraríamos en una universidad. Se reconoce la verdad que Cristo ha revelado, sin embargo, para llegar a esta verdad, para descubrir las semillas del Verbo escondidas en cada realidad, se debe realizar una dura obra de investigación.

Una Universidad Católica, a través de la investigación de todas las disciplinas, tiene que descubrir la Inteligencia de Dios escondida en todas las realidades. Y para realizar esto necesita la ayuda de todos.

El papel del profesor respecto a los estudiantes

El educador de una Universidad Católica tiene que enfrentar el problema de la relación entre fe y razón, porque su tarea es la de educar la inteligencia de los jóvenes.  

Para desarrollar esta importante función - ha puesto de relieve Emilio -, el profesor tiene que llegar a ser el profesional de la "caridad intelectual".

Para iluminar y educar la inteligencia de los jóvenes, no se debe separar la fe de la razón, porque si la separamos entramos en el clericalismo o en el secularismo. La función de la fe respecto a la razón es la de iluminarla, dejando a la razón sus instrumentos, sin sustituir a la misma.

Además, un profesor no tiene que educar solo la inteligencia, sino también la voluntad de los jóvenes: una inteligencia sin voluntad es inútil, y una voluntad sin inteligencia es ciega. Por eso, una educación que insista en la voluntad y olvide la inteligencia no llegará a realizar una verdadera formación.

El educador tiene que enseñar un método de investigación; debe ayudar a desarrollar las capacidades de los jóvenes, para que encuentren ellos mismos la verdad. El docente no está llamado a dar respuestas, sino a hacer preguntas, hasta que los jóvenes lleguen a la verdad con sus capacidades.

Hacer preguntas empuja a la inteligencia del hombre, porque Dios ha puesto en él una inteligencia que debe desarrollarse, trabajar, buscar caminos.

Dios mismo no nos da respuestas, sino que nos interroga sobre nuestra vida: "¿Quieres o no quieres desarrollar tu inteligencia? Te he donado la inteligencia, la memoria, la voluntad. Posees estos dones. Si no quieres desarrollar tu inteligencia, no puedo hacerlo yo, porque este es tu trabajo".

En el marco de la educación, no hay que olvidar el aspecto de la libertad de los jóvenes, que se debe respetar, porque ponerse contra la libertad de alguien, significa rechazar la actuación de Dios, quien respeta la libertad de cada uno, como afirmó san Agustín: "Quien te hizo sin ti, no te justificará sin ti".

Por eso, después de haberlo hecho todo para ayudar a los jóvenes a descubrir un método de investigación, a crecer en el conocimiento de la verdad, debemos respetar su libertad. Si los protegemos más allá de cierto límite, fracasamos en la educación.

La enseñanza de Benedicto XVI

Tomando algunos aspectos del discurso pronunciado por Benedicto XVI, durante el encuentro con los educadores católicos, en Washington, Emilio ha subrayado que no debemos vivir bajo la dictatura de los números. No es importante el número de los estudiantes, sino el camino de la verdad.

En este tiempo de relativismo, en que cada uno tiene su opinión, todo está fragmentado y existe un pensamiento débil, en el sentido de que ya no se tiene la capacidad de un fundamento fuerte, auténtico, sólido y firme, se llega a la dictadura de los números: la verdad está determinada por la dictadura de la mayoría. Para que el número aumente y a fin de tener el consenso de todos, terminamos por perder cada vez más nuestra identidad.

Por eso, el Papa, subrayando que la identidad de una Universidad Católica no es simplemente una cuestión del número de los estudiantes católicos, sino una cuestión de convicción, ha formulado, en suSede de la Universidad Católica de Asunción discurso, algunas preguntas que se dirigen a la conciencia de cada educador: "¿Creemos realmente que solo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del hombre? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón, a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras universidades y escuelas ¿es 'tangible' la fe? ¿Se expresa férvidamente en la liturgia, en los sacramentos, por medio de la oración, los actos de caridad, la solicitud por la justicia y el respeto por la creación de Dios?" (Benedicto XVI, Encuentro con los educadores católicos, Washington, 17 de abril de 2008).

No es suficiente que el educador católico reconozca las verdades de fe (fides quae), sino que, más bien, tiene que manifestar, a través del testimonio de su vida, su entrega personal a Dios y a los demás (fides qua).

Los estudiantes tienen que ver como actúa el educador, porque la calidad humana tiene que ser la primera concreta certificación de la calidad de la fe cristiana. Como afirmó uno de los grandes Padres de la Tradición oriental de la Iglesia: "Muéstrame tu humanidad y te diré quién es tu Dios". Tienen que ver cómo vive, y luego comprenderán que su Dios es el Dios de la belleza, de la bondad y del amor.

Actualmente, las categorías de belleza, bondad y amor se han reducido a puras abstracciones, mientras que es fundamental mostrar que no existe la bondad, sino una persona buena; no existe la maldad, sino una persona mala; no existe la puntualidad, sino una persona que respeta un compromiso tomado.

Si el educador no manifiesta con su comportamiento estas realidades abstractas, no podrá conducir a los jóvenes al camino de la verdad, y tampoco ellos respetarán su autoridad, porque esta no se adquiere de repente, sino que es algo que se debe conquistar en cada momento.

De lo contrario, ¿dónde podremos ver la diferencia entre los católicos y los demás? En este sentido, la Universidad Católica tendría que iluminar a las otras universidades, con toda humildad y espíritu de servicio.

Benedicto XVI, con gran sabiduría, afirma: "Debemos reconocer que la 'crisis de verdad' contemporánea está radicada en una 'crisis de fe'. Únicamente mediante la fe podemos dar libremente nuestro asentimiento al testimonio de Dios y reconocerlo como el garante trascendente de la verdad que Él revela" (Benedicto XVI, Encuentro con los educadores...).

El objetivo de una Universidad Católica tiene que ser el de buscar la verdad y, en una continua tensión, a veces conflictiva, entre tradición y verdad, idiosincrasia y verdad, cultura y verdad, si somos católicos, debemos elegir la verdad. Nuestra idiosincrasia, cualquiera que sea, no debe prevalecer sobre la verdad.

Cuando nos apartamos de la búsqueda de la verdad, empieza la fragmentación, el pensamiento débil, típico de la posmodernidad, y con la fragmentación inicia la destrucción de la verdad, del fundamento. Con el pensamiento débil, el hombre entra en el relativismo de la verdad y ya no tiene la posibilidad de encontrar un punto en común con los demás.

El educador, por lo tanto, frente a los numerosos desafíos con los cuales tiene que enfrentarse, debe actuar con la que podríamos llamar "caridad intelectual". "Este aspecto de la caridad invita al educador a reconocer que la profunda responsabilidad de llevar a los jóvenes a la verdad no es más que un acto de amor" (Benedicto XVI, Encuentro con los educadores...).

(A cargo de Maria Grazia Furlanetto)

10/03/2010

 

 

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