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LA PROFESIÓN INCOMPRENDIDA

 

     

"La educación es responsabilidad de la sociedad y en particular recae en la familia,  en los Municipios y en el Estado" (Constitución Nacional, 75).

La familia está en crisis y la educación que ofrece a los hijos es insuficiente, y deficiente, la mayoría de las madres y padres reconocen su incapacidad y ponen su esperanza en que las escuelas y colegios se encarguen de la educación integral de sus hijos.

Las municipalidades prácticamente nada hacen en educación. Parece que intendentes y concejales no han leído la Constitución Nacional ni la Ley de su Carta Orgánica.

Y el Estado, administrado por el Gobierno de turno, ha construido un sistema educativo que, desde hace años, recibe severas críticas.

Sin embargo, a la hora de opinar sobre los lamentables resultados en la educación formal, lo más frecuente es echarle la culpa a los maestros y profesores, docentes, educadores profesionales, llámenles como quieran, porque ni en su nombre profesional nos hemos puesto de acuerdo. Nadie asume la responsabilidad que le corresponde y la costumbre es buscar un chivo expiatorio, que en este caso recae injustamente en los maestros y profesores. No es que estos no tengan su cuota importante de responsabilidad, sino que la culpabilidad por el estado lamentable de nuestro sistema educativo y sus resultados pasan de eslabón en eslabón hasta el último, el más cercano y visible de la cadena educativa.

Es razonable que en el "Día del Maestro" reflexionemos sobre cómo los miembros de la sociedad ("en particular las familias, los municipios y el Estado") estamos tratando a los maestros.

Les confiamos y exigimos responsabilidades altísimas, de incalculable trascendencia para el presente y el futuro de los niños, adolescentes y jóvenes, que son el 56 % de la población con menos de 30 años. Les pedimos que suplan las deficiencias educativas de los padres. Les exigimos que los introduzcan en la cultura que nos identifica como paraguayos en un contexto pluricultural abigarrado y cambiante, que enseñen, formen, capaciten, eduquen a cada uno como si fuera el único de los 30 o 40 que les metemos en el aula, que los consuelen si llegan con sufrimiento, que los moderen si llegan alterados, que los preparen para el presente y el futuro, para que sean buenos y competentes ciudadanos y puedan ser excelentes profesionales, etc. Y en la bolsa del etcétera van responsabilidades como equiparlos con fortaleza para no sucumbir, por debilidad, ante la droga y los acosos.

La mayoría de los educadores profesionales se encuentran desarmados ante tantas responsabilidades, porque se les estafó en la formación que recibieron cuando entraron con entusiasmo soñando llegar a ser grandes profesionales. Y ahora descubren que no están preparados para la misión que han asumido y que, además, las exigencias profesionales cambian rápidamente porque cambian las ciencias, las tecnologías, los contextos y hasta los cerebros de los niños.

En estas circunstancias, las familias y las municipalidades se lavan las manos y se unen a las críticas y exigencias del resto de la sociedad civil. Por su parte, el Estado administrado por los sucesivos Gobiernos, mantiene un sistema educativo estancado bajo la presión prebendaria de los partidos políticos y la sangría de la corrupción más o menos activa.

Los maestros y profesores no solo no recibieron buena formación profesional y entraron a ejercer la profesión, en un sistema estancado y sin el aporte de la educación familiar y la educación municipal, sino que se les hace trabajar en escuelas arruinadas donde peligra su seguridad y la de sus alumnos, peor aún, algunos tienen que trabajar bajo la cobertura de un árbol haga frío o calor, llueva o sople viento huracanado. Los que tienen techo no cuentan con biblioteca ni laboratorios y los que ya tienen computadoras están condicionados por redes eléctricas que no soportan tanta carga de corriente eléctrica, y no siempre pueden entrar en internet porque no hay ancho de banda.

¿Quiénes son los responsables del bajo rendimiento escolar? Es hora de hacer justicia en educación. No es justo exigir profesionalidad y calidad, si la sociedad civil y la sociedad política no ofrecen las condiciones y medios necesarios para poderlas ejercer. Honremos la dignidad de la altísima y trascendental profesión de los educadores.

J. Montero Tirado


© ABC Color - 29 de abril de 2019
    Fotos a cargo de la redacción de www.missionerh.it



10/05/2019
 

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