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LA SANGRE DE AZÚCAR


La diabetes es un mal frecuente en los países occidentales, que ataca a cualquier edad y que tiene la clásica característica de tener un alto nivel de azúcar en la sangre. Puede aparecer la denominada “tipo uno”, también llamada diabetes juvenil o insulinodependiente, mal muy favorecido por una t endencia hereditaria, que destruye las células que producen la insulina en el páncreas. La insulina transforma el azúcar en energía. Estos portadores necesitan aplicarse la insulina desde la infancia. La diabetes “tipo 2” es la del adulto o no insulinodependiente, de causas no conocidas, pero, probablemente favorecida por una ingesta enriquecida de productos azucarados, dulces y pobres en cereales integrales. Es lo que rescaté de un especialista del tema.

Hoy, 14 de noviembre, es el Día Mundial de la Diabetes y, en esta fecha, muchos monumentos levantados en el mundo son iluminados de azul, como signo de esperanza para los diabéticos, y también para los que tienen el riesgo de adquirirla. El día fue proclamado en el año 1991 en señal del aumento del mal, para enseñar su prevención, un buen tratamiento, otras enfermedades que pueden desarrollarse y tener consecuencias, así como tentar una mejor calidad de vida. Este día fue elegido por ser aniversario del nacimiento de quien descubriera la insulina, el Dr. Frederick Grant Banting (Ontario, Canadá, 1891-1941), ya que antes era una enfermedad mortal y hoy puede tornarse en controlable. Pero, comenzó a celebrarse este día desde el año 2007, con el círculo azul en la bandera de la Organización de las Naciones Unidas (NN.UU.). El logotipo azul en muchas partes representa vida y salud. Acá, de momento, lo azul también es un círculo y casi vicioso.

Se estima que actualmente unas 350 millones de personas sufren del mal, y se calcula que 3 millones de personas m ueren cada año por esta causa y sus consecuencias. Esta alta incidencia obligó a las NN.UU. a la urgente necesidad de activar en contra del mal, facilitar el manejo y todas las indicaciones para la gente afectada.

En el año 1980, más de 100 millones de personas adultas padecían del mal, en el 2014 aumentó a 422 millones. Este enorme incremento equivale al aumento de los factores de riesgo, como la obesidad y el sobrepeso. El fenómeno aumenta rápidamente y, más aún, en los países de bajos ingresos y donde el subdesarrollo progresa, como en nuestro país.

El Paraguay cuenta con una buena cantidad de diabéticos, unas 340.000 personas padecen de esta enfermedad crónica, que acarrea sus consecuencias tan drásticas, como las amputaciones de los miembros, ceguera, males cardiovasculares, como los accidentes cerebro-vasculares y los infartos, entre otras consecuencias.

Este mal, llamado silencioso, tiene algunos síntomas, sobre todo en el tipo uno, como orinar mucho, se tiene hambre y sed en exceso, dolor de estómago con náuseas y vómitos, sentir cansancio fácilmente, tener una visión borrosa y una pérdida de peso sin lógica alguna. Un adulto puede perder de 5 hasta 10 kilos en dos o tres meses.

La prevención es fundamental sobre todo para la gente que esté con alguna peligrosa carga genética, y para los a quienes les gusten mucho de la carne, mariscos, leche, bebidas alcohólicas, azúcares, grasas saturadas, miel, chocolates y ser un pachá y altamente sedentario.

En el Paraguay, podemos prevenir y tratar con una infusión de 20 gramos/litro de agua de hojas del kamba akã, el palo azul, cola de caballo, mango, níspero, jaguarete po, ka’a he’ê, calabacita, ñangapiry, yva hái, pyno’i, kokû y Francisco Álvarez. Se puede mezclar hasta 3 especies por infusión, cuidando la dosis. Además, consumir legumbres, apio, berro, cebolla, papa, verduras, cereales integrales y frutas de arándano, aguacate y mango.

La caminata también podrá llevar al diabético un poco más tarde al camposanto...

Caio Scavone

© ABC Color - 14 de noviembre de 2017
   Fotos a cargo de la redacción de www.missionerh.it




16/11/2017
 

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