Italiano Español Nederlands Français
Home arrow Perfiles misioneros y espirituales arrow “A tiempo oportuno e inoportuno”/6
Imprimir Enviar a un amigo





“A TIEMPO OPORTUNO E INOPORTUNO”/6

Los grandes temas de la predicación de Mons. Jean Zoa

 

 

La lucha contra la miseria

Mons. Zoa, pastor constantemente presente en medio de su pueblo, había sabido compartir el sufrimiento de los hombres y de las mujeres completamente afectados por la miseria y la pobreza, sobre todo en el último decenio de su episcopado, empujándolos a organizarse y a conducir una acción fuerte y valiente a favor de la justicia, de la paz y del desarrollo. A menudo les decía:

“Ay de un pueblo que se acostumbra a la miseria”[1].

Ya desde el comienzo de su ministerio, había notado que en África se había insistido mucho en el misterio de la Redención: Jesús ha venido a salvarnos del pecado. En cambio, el misterio de la Creación había sido apenas señalado, de manera tal que no había ninguna espiritualidad de la creación y, por lo tanto, de la realidad profana, querida por la Providencia y que, por eso, entraba en la economía de la santificación[2].

“Nosotros los cristianos no llegaremos a una fe adulta si no descubrimos de nuevo, a través de la catequesis, a través de los misterios de la Creación, de la Encarnación y de la Redención la autonomía, la originalidad y, al mismo tiempo, el carácter religioso de lo profano”[3].

Era, pues, una necesidad urgente y vital, para África, descubrir de nuevo

“una teología y una espiritualidad de la creación… motivadoras y movilizadoras en un continente en peligro y amenazado, que debe hacerse cargo de sí mismo, poniendo en evidencia el deber de racionalidad; de ingeniosidad creadora…; de gestión del tiempo y del espacio a través del esfuerzo, del trabajo, de la ciencia, de la tecnología…; de organización de la ciudad (sociedad política), del espacio rural, del espacio urbano; de promoción y de servicio de la persona humana, de la familia, de la comunidad, de la cultura, de la paz; del exorcizar el dinero… Cristianos cameruneses y africanos, nosotros reconocemos el Señorío trascendente del Padre, creador del cielo y de la tierra, y del Hijo, al cual el Padre se lo ha remitido todo… Reconocemos también el Señorío subordinado confiado al Hombre y a la Mujer sobre el Universo, como una responsabilidad procedente de su dignidad de ‘Hombre y de Mujer’, creados a imagen de Dios y encargados de ‘dominar’ y de ‘someter’ la tierra… Que el Sínodo Africano recuerde claramente y con fuerza a las Iglesias cristianas de África la urgencia de una teología de la Creación, para eliminar el fatalismo, la pasividad y la resignación del estatuto de ‘continente subdesarrollado’”[4].

El anuncio del Evangelio, para Mons. Zoa, pasaba siempre a través de las imágenes y de los discursos sobre el agua potable, la producción agrícola, las letrinas que cavar, el compromiso para la salud y la higiene, los caminos y los puentes que arreglar, el cacao, la mandioca y la comercialización de los productos.

En el catecismo en idioma local, del cual había dotado a la Archidiócesis, él había hecho insertar todo un capítulo sobre la vida del hombre en este mundo, con los famosos cuatro “mandamientos del dinero”: saber crear la riqueza, saber administrar su propio dinero, saber prever sus propias necesidades, saber medir sus necesidades con sus propios medios antes de emprender unas compras[5].

El compromiso de los cristianos tenía que comenzar precisamente a través del aprendizaje de las leyes que gobiernan este mundo. Él decía:

“El hombre domina el universo a través del conocimiento y del trabajo, a través de la ciencia y de la técnica. Para sobrevivir, África debe aprender a contar, a pesar, a medir, a prever”[6].

Esto tenía un fundamento evangélico muy profundo. Porque, decía todavía Mons. Zoa:

“El gozo del bautizado consiste en el compartir. Ahora bien, para compartir es necesario tener. Para tener, es necesario producir abundantemente. Para producir abundantemente, es necesario trabajar racionalmente. Para trabajar racionalmente, es necesario organizarse solidariamente”[7].

Porque, como recordaba, si es verdad que la caridad es la única ley de los hijos de la Iglesia, esta, sin embargo, non es la limosna que se hace a los mendigos, sino que es una acción concreta sobre las causas de la miseria, de la ignorancia, de la enfermedad, de la injusticia; una acción que permita a cada hombre levantarse de su situación, hacerse cargo de manera responsable de sí mismo y de los demás, y vivir a imagen del Creador[8].

El compromiso político de los fieles

Luchar contra la miseria y la pobreza se había vuelto el tema conductor de la acción de la Diócesis, a causa de los efectos devastadores de la crisis sobre el conjunto de la gente común, desorientada y angustiada.

“He propuesto a todas las comunidades a las que visito que puedan reflexionar sobre nuestra manera de luchar contra la miseria. ¡África está sumergida en un océano de miseria!... Es necesario que África vuelva a encontrar confianza en sí misma… Hemos querido que la Archidiócesis ponga su empeño en esta lucha contra la miseria, la indigencia”[9]. “Una lucha habitual, continua, encarnizada, comunitaria y solidaria contra la miseria y la pobreza”[10].

Él había alertado siempre contra una falsa interpretación de la palabra del Evangelio sobre la pobreza, y sobre el desapego de los bienes de este mundo.

“Desde hace muchos años, insistimos en explicar la equivocación que se ha creado en la catequesis, hablando de pobreza evangélica: la pobreza evangélica es la que nos predica Jesús, cuando Satanás le ofrece una piedra y le dice: ‘Di una sola palabra y esta piedra se volverá pan’. Jesús dice: ‘No, está contra la ley, la ley de Dios, la del trabajo’. El pan se obtiene con el trabajo agrícola, a través de todas las transformaciones, desde la producción, desde la cocción del pan y no con el estar allá y decir: ‘Jesús, di una palabra y esta piedra se volverá pan’, esto está contra la naturaleza… África debe aceptar que la pobreza, la miseria están contra el plan de Dios”[11].

Pero, si el Arzobispo de Yaundé martilleaba con tal firmeza estos discursos a los fieles, a fin de que ellos pudieran salir del fatalismo y del entorpecimiento, más duras todavía eran sus palabras dirigidas hacia quienes utilizaban el poder para satisfacer su sed de ganancia, haciendo mofa de las leyes más elementales de la justicia y del derecho, no reconociendo la primacía del bien común sobre el interés particular.

Camerún, resumía Mons. Zoa en su homilía para la Ascensión 1995,

“se ahoga, se derrumba en gran parte de sus sectores. La ineficacia y el dejar hacer lo paralizan todo. La honestidad y el servicio han abandonado a la sociedad. La mendicidad, la extorsión, las actividades criminales se han erigido en Ley. La estafa, las malversaciones, la corrupción, las coimas, el fraude son la expresión de una élite administrativa, política, económica, cultural que ha dejado de creer en el porvenir de Camerún”[12].

Él ponía en guardia, cada vez más, a aquellos dirigentes que agravaban la miseria del pueblo, poniendo en evidencia la solidaridad de la Iglesia hacia este pueblo de pobres:

“Nuestra Iglesia es solidaria con la comunidad humana de los hombres y de las mujeres de nuestro continente, de los hombres y de las mujeres de nuestro país, he aquí por qué los cristianos, nosotros también somos solidarios con nuestros compatriotas en todas las dificultades. Ante todo, en las dificultades económicas. Sabemos cuánta miseria hay ahora en nuestro país, en nuestros pueblos, en nuestros barrios. Aunque nos prometan que estamos al final del túnel, solo los que tienen unas gafas especiales logran ver este final del túnel. Nosotros somos miopes, no lo vemos todavía… Que quien gobierna nuestro país sepa que tiene una misión, que no está allá para explotarnos y para dejarnos en la miseria”[13].

“Ay de un pueblo que se acostumbra a la miseria”, decía. Pero, afirmaba también:

“Ay de las Elites, ay de los Dirigentes, ay de los Jefes, que mantienen o agravan la miseria del pueblo a través de la negligencia, del descuido, de la pereza, de las estafas, de los robos, de la corrupción, del despilfarro, de las complicidades lucrosas”[14].

Mons. Zoa, entonces, durante sus visitas pastorales, volvía a hablar constantemente sobre el deber del pueblo de los más pobres de organizarse, e invitaba a los movimientos y a las asociaciones eclesiales a transformarse en

“verdaderas escuelas de entrenamiento en los métodos y en la disciplina exigidos por las leyes de la eficacia histórica”[15], a ser “un entrenamiento y una escuela práctica de vida y de compromiso en la Ciudad: la Iglesia no crea Partidos políticos. Mas, a través de sus organizaciones apunta a formar jóvenes y adultos, hombres y mujeres, que sean capaces, bajo su propia responsabilidad, de comprometerse eficazmente en la actividad política, rechazando todo fanatismo, todo anatema, toda provocación, toda violencia”[16].

Giuseppe Di Salvatore

(Continúa)

 

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


________________________

[1] J. Zoa, Homélie pour Noël (1995).

[2] Cf. Problèmes d’Église dans un pays en voie de développement. Conférence de S. Exc. Mgr Zoa, en “La Documentation Catholique” 60 (1963) 873.

[3] J. Zoa, Un Évêque africain s’interroge, en “Afrique Documents” [Lyon] n. 72 (1964) 61.

[4] J. Zoa, Homélie pour Pâques (1993).

[5] Cf. Katekismus ewondo asu benyia-bodo, Archidiocèse de Yaoundé, Yaoundé 1975, 265-266 (Catecismo en idioma ewondo para los adultos).

[6] J. Zoa, Homélie (4 janvier 1987), en Archidiocèse de Yaoundé. Service diocésain de l’Apostolat des Laïcs, Coude à coude…, 114.

[7] J. Zoa, Homélie pour Noël (1995).

[8] Cf. Discours d’ouverture de S.E. Mgr Jean Zoa à l’Assemblée Plénière des Évêques du Cameroun sur le thème “Santé et Famille” (11 avril 1983).

[9] J. Zoa, Homélie pour le premier dimanche de Carême (5 mars 1995). Cf. también J. Zoa, Homélie (1er  janvier 1993).

[10] Homélie de son Excellence Monseigneur Jean Zoa, Archevêque de Yaoundé, pour les Sinistrés de Nsam

[11] Homélie de son Excellence Monseigneur Jean Zoa, Archevêque de Yaoundé, pour les Sinistrés de Nsam

[12] J. Zoa, Homélie pour l’Ascension (1995).

[13] J. Zoa, Homélie pour l’Assomption (1997).

[14] J. Zoa, Homélie pour Noël (1995).

[15] J. Zoa, Homélie pour l’Immaculée Conception (1989).

[16] J. Zoa, Homélie pour la Pentecôte (1991). Cf. también, J. Zoa, Homélie pour Pâques (1990).


10/11/2015


 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis