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Perfiles misioneros y espirituales
 

"MI VIDA ES JESUCRISTO"/1

EDOARDO POPPE


Continuando la reflexión sobre los testigos cristianos que han vivido en las tierras de Bélgica y Holanda, queremos hablar del sacerdote belga Edoardo Poppe. En el discurso de 1999, con ocasi
ón de su beatificación, Juan Pablo II recordaba que él había hechoEdoardo Poppe suyo el lema y el deseo de pobreza y humildad del beato Antoine Chevrier[1]: "Mi vida es Jesucristo". Esto constituye, en realidad, el ideal de cada sacerdote y cada cristiano, ya que una vida transcurrida en el amor al Señor es una existencia que encuentra su verdadera y llena realización[2].

En una carta de enero de 1919, Edoardo Poppe expresa claramente su deseo de dedicar cada instante de su vida al Señor, ya que el tiempo que nos es donado pertenece a Dios y "nosotros mismos somos de Dios, nuestra vida necesariamente es una vida para Dios. Lo que en nuestra vida no es para Dios, es un robo; lo que no está hecho para Dios está sustraído a su destino natural"[3].

La vida

Edoardo Poppe nació el 18 de diciembre de 1890, en Temse (Flandes orientales), en un pueblo de la Diócesis de Gent. A los 22 años entró en el Instituto filosófico León XIII de Lovaina. Después de haber conseguido el grado de doctorado en filosofía en 1913 entró en el seminario mayor de Gent. A causa de la Primera Guerra Mundial, fue ordenado sacerdote el 1 de mayo de 1916. Inmediatamente después, fue nombrado cura párroco de la parroquia Sta. Coleta, en Gent y, dos años después, rector de la Congregación de las monjas de San Vicente, en Moerzeke. En 1919, fue afectado por una enfermedad del corazón, que lo llevó muy cerca de la muerte. A pesar de su salud enfermiza, continuó su compromiso sacerdotal con dedicación cada vez mayor, hasta el punto que Juan Pablo II, en la homilía de beatificación, lo recomienda a los sacerdotes, para que se vuelvan "curas de fuego" como él, enamorados de Dios y de los hermanos.

En 1922, el cardenal Mercier, el entonces primado de la Iglesia belga, lo nombró director espiritual para los futuros sacerdotes que transcurrían el servicio militar en el CIBI (Centro de Formación para Camilleros y Enfermeros). Por esta razón, el P. Edoardo se estableció en Leopoldsburg, en la provincia del Limburgo belga.

En 1923 volvió a Moerzeke, donde murió de improviso el 10 de junio de 1924, a la edad de 34 años[4].

Un cura para los pobres

En la decisión de querer ser sacerdote, Edoardo Poppe tuvo presente lo que le dijo un día su padre, Desiré, mientras trabajaban juntos en su sótano. Para sondar si su propio hijo quisiese verdaderamente llegar a ser sacerdote, le dijo que "el sacerdocio es algo muy importante. Requiere sacrificios y un gran dominio de sí mismo. Tienes que reflexionar también sobre la perseverancia en la pureza por toda la vida, y la renuncia a la propia voluntad para siempre". Además, encomendaba al hijo "ser un cura para los pobres. Son estos los que necesitan el consuelo y la ayuda del sacerdote"[5].

En su trabajo pastoral, la elección preferencial por los pobres fue llevada a la práctica enseguida. Cuando era vicario parroquial buscó a los pobres en los lugares donde vivían. Donde se encontraba un enfermo, allá estaba Poppe. Para donarlo todo a los pobres, hizo sacar de su habitación todas las cosas, dejando solo lo que era realmente necesario. Pobre entre los pobres, compartía su suerte. Predicaba el Evangelio y lo vivía. Su palabra era hecho, y el hecho era palabra[6].

Uno permanece impresionado por su pobreza y por la confianza en la gracia de Dios, en la búsqueda continua de hacer la voluntad del Padre. Cuando tuvo que trasladarse a Moerzeke, en efecto, no titubeó en dejar enseguida su compromiso pastoral en la parroquia que le había sido asignada, y en la cual había puesto todo sí mismo. La obediencia a los superiores lo llevó a confiar su labor en las manos de Aquel que es el dueño de la mies. El proyecto de Dios no sigue los caminos humanos del éxito y la facilidad, sino el camino tortuoso y pesado de la incomprensión, de la privación, del sufrimiento, de la cruz de Jesús.

Abrazó y llevó con alegría esta cruz.

Santos nos volvemos

Uno no nace santo, sino que llega a serlo tomando sobre sí la cruz de Cristo. Edoardo Poppe invitaba a sus interlocutores a volverse ejemplos vivientes de santidad en primera persona: "Hermanos, no esperemos que un compañero nos dé el ejemplo. No estemos esperando que alguien nos tome a remolque. Quizás seas tú mismo este ‘alguien' al que otros esperan. Quizás tengas tú la gracia que quieres ver surgir en otros. En todo caso, tú tienes la llamada a la santidad. Cristo te quiere santo, el prójimo te quiere santo, concretamente santo..."[7].

El aspecto más importante que ha caracterizado su apostolado es el de la formación de los catequistas y los sacerdotes. Él estaba convencido de que "santos sacerdotes santifican a las parroquias, renuevan el fervor de los monasterios, transforman a los jóvenes. Sacerdotes santos tocarán los corazones de piedra. Solo el fuego puede encender el fuego"[8].

La convicción profunda que animaba al beato Poppe era que la fertilidad del apostolado de cada sacerdote brota de su unión con Dios. Hablando con los futuros sacerdotes, subrayaba que la gran miseria de la Iglesia "no es el vicio, sino que quienes deben cumplir el trabajo de Cristo no están unidos a Cristo, no tienen el espíritu de fe"[9].

Que el sacerdote es un alter Christus es, para Poppe, más que evidente. Celebrar la Misa donde se ofrecen a todos el pan y el vino, Cuerpo y Sangre de Jesús, no es diferente del ofrecer cada día su propia vida: "No entiendo - decía - al sacerdote que celebra la ofrenda de Jesús y no se une a Él como víctima. Amar, sin sufrir, es amar en un sueño"[10].

Lucia Ferrigno

(Continúa)



[1] Antoine Chevrier nació en Lyon en 1825, y murió en 1879. En su apostolado, se ocupó de los jóvenes al margen de la sociedad, y fundó la Congregación de los sacerdotes de "El Prado". Fue declarado beato en 1986.
[2] Juan Pablo II, A los peregrinos que vinieron a la beatificación (4 de octubre de 1999), en www.vatican.va
[3] E. Poppe, Een bloemlezing. Samengesteld en van voetnoten voorzien door K. Weekers, De Boog, Amsterdam 2001, 85.
[4] Cf. A. Buckinx-Luykx, Zo zie ik priester Poppe, en R. De Roover, Priester Poppe. Leven en Zending, Priester Poppe-Centrum Rome, Tielt 1987, 8-10.
[5] A. Buckinx-Luykx, Zo zie ik priester Poppe..., 63.
[6] Cf. A. Buckinx-Luykx, Zo zie ik priester Poppe..., 166-169.
[7] A. Buckinx-Luykx, Zo zie ik priester Poppe..., 189.
[8] D. Mondrone, Een priestergestalte, en R. De Roover, Priester Poppe..., 17.
[9] A. Janssens De Varebeke, Uit de geschriften van Priester Poppe, en R. De Roover, Priester Poppe..., 318.
[10] A. Buckinx-Luykx, Zo zie ik priester Poppe..., 150.

16/09/09

 

 

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