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"SI QUIERES, PUEDES ESCRIBIR UNA PÁGINA

DIFERENTE DE LA HISTORIA..."

    El testimonio de Liz María de la Comunidad Redemptor hominis

 

 

"Si quieres, puedes escribir una página diferente de la historia, porque no estás condenada a repetir lo que ha hecho tu madre o que han hecho los demás. Nadie te impide realizar cosas grandes y bellas, porque no lo olvides nunca también tú eres hija de Dios".

Estas simples palabras que me dirigió Emilio han cambiado para siempre mi vida.

Para mí, fue un drama hablar con él personalmente y contarle mi historia, me avergonzaba, no sabía de dónde comenzar. Había sido abandonada por mi madre biológica cuando tenía tres meses, y había sido recogida por una pareja de personas pobres y buenas, María y Vicente, que no tenían hijos y me han amado, me han educado cristianamente, me han hecho estudiar y no me han hecho faltar nunca nada.

Cuando tenía alrededor de seis años, puesto que en el pueblo donde vivíamos (una zona de campo en el interior del Paraguay) la gente era chismosa, María y Vicente, temiendo que tuviera noticia por parte de otras personas, de manera ofensiva, de haber sido adoptada, quisieron decirme ellos mis verdaderos orígenes.

Con el pasar del tiempo comprendí cada vez más quién era mi madre natural: una irresponsable que esparcía hijos a la derecha y a la izquierda, todos con hombres diferentes. No tenía contactos con ella y la única cosa que he sabido, después de muchos años, es que todas las otras hijas que ha tenido han seguido sus huellas, mientras que los hijos se han vuelto delincuentes.

De esta historia, antes de conocer a Emilio, no había hablado nunca con nadie, porque me daba un sentido de tristeza y de vergüenza.

He superado esta profunda molestia y el sentido de rechazo cuando he comprendido que, si no hubiera sido confiada a esa buena familia, no habría conocido nunca a Emilio y a la Comunidad Redemptor hominis. Cuando no se tienen ejemplos diferentes que seguir, la cosa más simple es que se perpetúe el comportamiento de quien te ha engendrado, repitiendo sus errores.

Comprendí que no estaba llamada a juzgar a mi madre y a mis hermanos, a quienes ni siquiera he conocido, y que podía solo no imitarlos. Comprendí también que era una historia de pecado la de mi madre, pero que era también gracias a aquel pecado como yo había tenido la posibilidad de hacer mi elección y de construir una vida diferente.

Hoy me doy cuenta de que no habría podido recibir un regalo más grande que esta gracia y puedo testimoniar que, cualesquiera que sean nuestros orígenes, estos no nos impiden construir el Reino de Dios.

También yo podía hacer la diferencia

Después de hablar con Emilio, quitándome el peso que me llevaba dentro, me sentí libre y en paz. De él aprendí que Dios nos ha creado para Él, pero nos ha dado también la libertad de elegir, libertad que supera los problemas del color de la piel, de los orígenes, de las condiciones de vida social o cultural. "Entonces me dije, también yo puedo hacer la diferencia y formar parte de su Comunidad".

Tenía dieciocho años y las palabras de Emilio han cambiado completamente mi existencia, me han engendrado a una nueva vida, porque fue entonces cuando decidí seguirlo y entrar en su Comunidad.

Algunos años antes, había empezado a participar en la catequesis en mi parroquia, confiada a la Comunidad Redemptor hominis. No me atraía mucho frecuentar la iglesia, y menos todavía tenía intención de conducir una vida religiosa. En aquel período, sin embargo, me estaba preparando para recibir la Confirmación y tenía que ir a la iglesia.

Tomé gusto en esto y acepté el compromiso de hacer la catequista, la lectora y de formar parte del coro. Se había formado también un grupo juvenil. Me gustaba ayudar y era bello ver a los miembros de la Comunidad Redemptor hominis, quienes donaban su vida por los demás.

Fue en el 2003 cuando participé en todos los encuentros que Emilio hizo con los jóvenes de la escuela secundaria, y de los demás grupos de la parroquia. Me gustaba escucharlo por su simplicidad y humanidad, por su manera de captar las situaciones: su modo de ser, para mí, era único.

El tema de aquellas jornadas era el de la vocación personal. Recuerdo bien que en cada encuentro reinaba un gran silencio, para que no se perdiera ni siquiera una palabra de lo que decía.

Con los jóvenes insistía en el discurso de formarse bien, de no dejarse engañar nunca, de no cerrar la puerta a la palabra de Dios, para poder realizar el sueño que Él ha sembrado en nuestro corazón.

La Comunidad en la parroquia tenía también una pequeña biblioteca, así había comenzado a leer. Para mis compañeros esta era una pérdida de tiempo. En el Paraguay no hay la costumbre de leer, también por los muy bajos niveles de estudio de la gente. Hoy las autoridades se están dando cuenta de cuánto es inadecuado el nivel de preparación cultural de los estudiantes, pero este problema Emilio lo ponía ya entonces y desde hace años lo repite continuamente: en los encuentros con los jóvenes, con los profesores y, sobre todo, con los confirmandos.

Desde que lo he conocido, siempre me he quedado maravillada de su pasión por la lectura, el estudio, la oración; de su cultura y de su profunda experiencia de vida. De él he aprendido a amar la lectura y el estudio. Cuando le pedí seguirlo, entrar en Comunidad, me dijo que no habría podido hacerlo sin dedicarme al estudio, a la lectura y, sobre todo, sin el amor a los más pobres.

La cuestión del estudio me desconcertó un poco, porque no me había preocupado nunca de tener buenas notas en la escuela. Fue aquella la primera batalla que gané: en el último año fui aprobada con el máximo de las notas.

Comencé así, poco a poco, a conocer a la Comunidad Redemptor hominis y a comprender el verdadero sentido del compromiso pastoral que se estaba desarrollando en la parroquia, en la zona más pobre del norte del Paraguay. Allá donde vivía, cuando llueve las calles se vuelven impracticables, las actividades se reducen porque a veces falta la corriente eléctrica y se permanece completamente aislados. También por estos motivos, un grupo de criminales el Ejército Popular Paraguayo que está ensangrentando al Paraguay con sus homicidios y secuestros ha escogido esta zona como base privilegiada.

Al final del 2003, una vez acabada la escuela secundaria, como todos los estudiantes también yo tenía que decidir si transferirme a la ciudad para continuar los estudios. Mis padres querían que estudiara enfermería o sastrería, pero yo había decidido ya qué quería hacer y estaba segura de que, si hubiera ido a la ciudad, habría perdido mi oportunidad de ser feliz. Tenía que escoger. No quería hacer el mismo fin de muchas mis compañeras y de muchos mis compañeros de escuela quienes, a los trece años, ya eran muchachas madres o se dedicaban a la prostitución, al alcohol o a la droga.

Ninguno de mis compañeros me creía. Me decían que estaba loca, y me repetían que nunca habría sido feliz si hubiera escogido la vida religiosa. Yo respondía que la felicidad no era el divertimiento de cinco minutos, de hacer hijos para luego abandonarlos o de jugar con el tiempo precioso que Dios nos ha dado. Creía en la llamada recibida y la quería seguir hasta el final y, si esto quería decir sacrificarse, lo habría hecho: tenía la certeza de que era el único camino que me garantizaba una verdadera alegría.

"Si me ha pasado a mí..."

Hoy, después de quince años de vida en Comunidad, puedo testimoniar que, si se abre el corazón a Dios que llama al encuentro con Él, también a través de una persona, se puede cambiar la propia vida y se puede ser feliz.

Después de algunos años de formación pasados en la Comunidad de San Lorenzo (Paraguay), he empezado a trabajar en la parroquia de Ypacaraí junto con mis otras hermanas. Trabajar con la gente no es simple, se necesita tener mucha paciencia y humildad y, sobre todo, tener presente que cada rostro que se encuentra es verdaderamente el de Cristo. La experiencia que he vivido en esta parroquia ha sido una de las más bellas e importantes de mi vida. Allí he aprendido muchas cosas.

Ahora me encuentro en Bélgica, la nación donde está ubicada la casa madre de mi Comunidad. Aquí todo es nuevo para mí: el ambiente, la gente, la situación cultural. Actualmente estoy en Lovaina para seguir los cursos de ahondamiento en la lengua flamenca, para estar en condiciones de anunciar el Evangelio y dar mi testimonio.

En esta nueva realidad estoy llamada cada día a decir mi "sí" al Señor. Rezo a Él por eso, y pido también a las personas que recen por esta vocación mía. No me olvido de mi pueblo y tanto menos de los rostros de las personas lejanas, de mis amigos y mis amigas más jóvenes que me quieren. Cuando pienso en ellos, me digo que, si me ha pasado a mí, con toda mi historia, creo que puede pasar también a otras muchachas y a otros jóvenes, en cualquier parte del mundo y en cualquier momento, cambiar la propia vida, escribir una página diferente de historia, realizar cosas grandes y bellas y llegar a ser felices.

Liz María Gómez

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 



14/04/2018
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis