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Perfiles misioneros y espirituales 

   

"Mi vida es Jesucristo"/2

Edoardo Poppe


Como ya hemos puesto en evidencia en la primera parte de la presentación de la figura de este beato, seg
ún Edoardo Poppe, el sacerdote, para ser un instrumento de la gracia de Dios, tiene que "hacer visibleEdoardo Poppe a Jesús y hacer oír Sus palabras", en Su espíritu: hacer y decir lo que Jesús mismo habría dicho y hecho en aquellas circunstancias. Poppe mismo tiende a ser, como sacerdote, sencillamente "otro Cristo"[1].

Sufrimiento y fecundidad espiritual

El sufrimiento marcó, de manera particular, la vida del beato Poppe. La enfermedad, que limitó su movimiento físico hacia el prójimo, lo abrió a una dimensión más profunda del sufrimiento, la de sufrir para Alguien. Esta conciencia aumentó su ardor misionero hacia las personas a él confiadas, y aumentó su fecundidad espiritual.

Justamente porque Edoardo Poppe, en su breve existencia, experimentó el sufrimiento, Juan Pablo II, en la homilía con ocasión de la beatificación, lo recomienda también a los enfermos como ejemplo que seguir, para que se acuerden de que la oración y el amor a María, la madre sufriente por el Hijo, son esenciales para el compromiso misionero de la Iglesia[2].

Nos parece que lo que escribe el papa Benedicto XVI, con respecto al sacrificio cristiano, se aplica bien a Poppe: "El sacrificio cristiano no consiste en que le damos a Dios algo que no podría tener sin nosotros, sino en que recibimos lo que nos da, en que le dejamos que nos dé algo. El sacrificio cristiano consiste en dejar que Dios haga algo en nosotros"[3].

En la vida sacerdotal, los verdaderos amigos de la Cruz comprenden que el grano de trigo tiene que desaparecer, sufrir y ser destruido antes de reaparecer, crecer y producir muchas espigas para un buen pan[4].

He aquí, entonces, la recomendación de seguir el consejo de Jesús a sus discípulos: "Vayan mar adentro...", porque "un alma completamente consagrada incide más que mil otras. Si tu luz no brilla, entonces tu parroquia y tu escuela permanecen en la oscuridad"[5].

Catequesis, escuela de vida

La invitación del papa Pio X a dar la Comunión a los niños en edad joven llevó a Edoardo Poppe a ocuparse, particularmente, de la catequesis de los niños de la Primera Comunión y, sobre todo, de la formación de las catequistas. Fundó, en su parroquia, la Asociación de las Comuniones, que conoció pronto un amplio consentimiento. En junio de 1917, la Asociación tenía ya noventa niños.

Las indicaciones que él daba, para las lecciones de religión y catequesis, se basaban en principios sólidos. Es decir: no recurrir a un preponderante trabajo de memoria, sino volver al núcleo y a la fuente del Evangelio. Además, cada enseñante tiene que poner en práctica lo que anuncia de palabras[6]. 

El papel del catequista o del enseñante de religión es primario en la transmisión de las verdades de la fe. El ejemplo que da con la vida es fundamental, porque el ser lo que se anuncia precede al anuncio mismo.

"Para encontrar, en cada lección de religión, el tono convincente y los modos adecuados, y para inventar, en las lecciones siguientes, los medios y las explicaciones que se adapten a la ocasión, es necesario que nosotros mismos, los enseñantes de religión, en nuestra meditación cotidiana y nuestra lectura espiritual, hayamos profundizado en la materia de la lección y, sobre todo, que la hayamos ejercitado en nuestras acciones cotidianas y la hayamos hecho nuestra. La materia de la lección de religión tiene que ser asimilada en nuestra vida, como convicción y costumbre, antes de que nosotros, de una forma vivible, podamos transmitirla a los niños. Los enseñantes tienen que tratar de ser primero ellos lo que los alumnos tienen que llegar a ser"[7].

Conclusión

La actualidad del mensaje del beato Poppe consiste en animar a los sacerdotes a vivir la propia vocación con pasión, uniendo en su propia vida santidad y misión. Solo la santidad puede tocar a los indiferentes, no las lindas palabras o los eslóganes. Un sacerdote tiene que ser, por lo tanto, un misionero siempre y dondequiera: en el confesional, cuando predica, en las escuelas, en las casas, sobre todo, en los encuentros con el Amigo, el Amigo del corazón del Tabernáculo[8].

Él miraba al mundo que se alejaba de Dios con una triste preocupación. Estaba entristecido por el vigor ineficaz de los sacerdotes, incapaces de frenar este abandono. Las palabras de exhortación dirigidas a sus cofrades, para que hallasen un nuevo impulso pastoral a partir de la propia vida, son de gran actualidad: "El mundo ya no se interesa de ‘buenos sacerdotes'. El mundo quiere escuchar solo a ‘sacerdotes santos' y a quienes estén listos a renunciar a sí mismos. Si ya no se cree en nuestras palabras, hagamos, entonces, que se crea en nuestros hechos"[9].

En esta expresión, resuena el pasaje de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, donde Pablo VI subraya la importancia del testimonio de vida: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio"[10].

En un período como este, en el que comprobamos, cada día más, cuán inexorablemente avanza la hemorragia de presencias en nuestras iglesias, Edoardo Poppe nos recuerda que no es importante el número de las personas que siguen el anuncio evangélico, ni tanto menos el número de los sacerdotes presentes en una Diócesis. Lo que es fundamental, para él, es la calidad de los sacerdotes: "A veces, vemos que en el extranjero diez o quince sacerdotes, para un territorio tan grande como el Limburgo, actúan tan bien como mil sacerdotes en una Diócesis de aquí"[11].

Edoardo Poppe, en un tiempo en que la descristianización ya estaba muy difundida, sobre todo en la clase obrera, ha buscado ir al núcleo del mensaje evangélico, en un primer momento, compartiendo con los más pobres su vida y, luego, ofreciéndose como grano de trigo, celebrando en el concreto cotidiano su Misa: "En su relación íntima con el Dueño de la mies, él ofrecía el mundo a Dios, para poder ofrecer a Dios al mundo"[12].

Lucia Ferrigno



[1] Cf. A. Janssens De Varebeke, Edward Poppe. Gebed en mystiek, Priester Poppe-Centrum Rome, Tielt 1985, 137.
[2] Cf. Juan Pablo II, Misa de beatificación de seis siervos de Dios (3 de octubre de 1999), en www.vatican.va
[3] J. Ratzinger, Introducción al cristianismo. Lecciones sobre el credo apostólico, Ediciones Sígueme, Salamanca 2005, 237.
[4] E. Poppe, Een bloemlezing. Samengesteld en van voetnoten voorzien door K. Weekers, De Boog, Amsterdam 2001, 85.
[5] E. Poppe, Een bloemlezing..., 92.
[6] A. Buckinx-Luykx, Zo zie ik priester Poppe, en R. De Roover, Priester Poppe. Leven en Zending, Priester Poppe-Centrum Rome, Tielt 1987, 172.
[7] E. Poppe, Een bloemlezing..., 189.
[8] Cf. E. Poppe, Een bloemlezing..., 84.
[9] D. Mondrone, Een priestergestalte, en R. De Roover, Priester Poppe..., 17.
[10] Evangelii nuntiandi, 41.
[11] A. Janssens De Varebeke, Uit de geschriften van priester Poppe, en R. De Roover, Priester Poppe..., 320.
[12] Juan Pablo II, Discurso a los peregrinos que vinieron a la beatificación (4 de octubre de 1999), en www.vatican.va.

12/10/09

 

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