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Perfiles misioneros y espirituales    


A LAS RAÍCES DE MI DIÓCESIS DE ORIGEN


Homenaje a Mons. Guido María Conforti


Los santos, a través de su vida, nos ayudan a comprender mejor nuestra identidad cristiana. Por eso, en este
período en que me encuentro en Italia, en una pausa de mi compromiso pastoral en Camerún, he deseado profundizar en la figura de Guido María Conforti, desde 1907 hasta 1931 Obispo de Parma (Italia) - mi diócesis de origen e incardinación - y proclamado beato por Juan Pablo Paolo II, en 1996.

Lo he hecho leyendo una biografía suya[1] y unos de sus escritos, y también encontrando a algunos Misioneros Javerianos, miembros de la familia religiosa que él fundó, presente también en Camerún, y dialogando con ellos.

Llevar a todos, vecinos y lejanos, la luz de Cristo fue el compromiso que orientó la vida de Conforti. Su pasión misionera marcó a la Iglesia italiana en el comienzo del siglo XX, y puede iluminar, aún hoy, nuestro camino.

Un pastor, dos rebaños

"Tengo otras ovejas que no son de este corral. A ésas también las llevaré" (Jn 10, 16). Son las palabras del Evangelio que marcaron la vida y el ministerio del beato Conforti, transformándolo, por decirlo así, en "un Pastor con dos rebaños".

Obispo de Parma por 25 años, se ocupó con dedicación de la cura pastoral de su Diócesis. La instrucción religiosa, las visitas pastorales, la preocupación por la formación y la santidad del Clero fueron los puntos fundamentales de su actuación. Fue igualmente muy atento a la evangelización de quienes habían perdido el sentido de la fe. Hizo esto mostrándose cerca de la gente común y, sobre todo, de los más pobres, en los momentos difíciles del comienzo del siglo XX, marcado por las luchas sindicales y las huelgas de los campesinos. Más tarde, en el momento de la ascensión del fascismo, fue determinante su mediación para evitar una guerra civil en la ciudad de Parma, que resistía a ultranza al avance de las "camisas negras" (así se llamaban los fascistas).

Supo comprometerse también en la actividad misionera, a través de la fundación de su familia religiosa, la de los Misioneros Javerianos, inicialmente destinada a la evangelización de la China, y emprendiendo iniciativas de animación misionera en Italia y en el mundo, con la creación de la Unión Misionera del Clero, de la cual fue el primer presidente.

La capacidad de conjugar lo "local" y lo "universal" que tenía Conforti, Pastor de una porción del pueblo de Dios en una zona en que se registraba un preocupante abandono de la fe, se alimentaba de la convicción de que el camino de la misión, para anunciar el Evangelio a los que no lo conocían, fuese un camino providencial para fortalecer la fe también en las tierras de antigua cristiandad. "¡La fe se fortalece dándola!" escribirá Juan Pablo II (Redemptoris missio, 2).

El beato Conforti nos interroga hoy sobre la madurez de nuestra fe; nos invita a no replegarnos en nosotros mismos, manteniendo siempre vivo el compromiso de anunciar el Evangelio por todas partes.

Bondad, pero no debilidad

Acerca de su personalidad, la bondad fue lo que más impresionaba. Son numerosos los episodios que lo atestiguan: la paciencia para escuchar a un pobre obrero, antes de ir a la catedral para una ceremonia litúrgica; sus visitas a los enfermos en su domicilio; el entretenerse con quienquiera que encontrase durante sus paseos cotidianos.

En la época en que era Vicario general de la Diócesis, su Obispo, Mons. Francesco Magani, decía: "Yo soyMons. Guido María Conforti un carácter fuerte, y esto le conviene al padre de la Diócesis. Pero, se necesita también de una madre. Y Mons. Conforti es la madre de mi Clero". En otros momentos, Mons. Magani se deleitaba en compararse con Saúl, con sus cóleras repentinas, y decía: "Conforti es mi David". Los sacerdotes de Parma, en esta época de muchos contrastes y difícil, solían decir: "Mejor un no de Conforti que un sí de Magani".

Algunas semanas antes de su muerte, recordando la frase del Evangelio: "Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti..." (Mt 5, 23), Mons. Conforti decidió encontrar a un sacerdote suyo que, amargado por cierta actitud de la Curia, estaba irritado también contra su Obispo. Me llamó "en su dormitorio - testimonió el sacerdote -, me mostró las piernas hinchadas por la enfermedad y, con aspecto cansado y afable, me dijo: ‘No lleve rencor contra su Obispo, al que pronto ya no tendrá...'. Quedé emocionado hasta las lágrimas. Caí de rodillas y el Siervo de Dios me levantó y volvió a abrazarme".

La bondad del beato Conforti no le impidió mostrarse severo y determinado, en el momento oportuno. Impresionó su firmeza en la condena del Modernismo, el movimiento cultural-religioso que, con la intención de adecuar la cultura eclesiástica a la evolución de los tiempos, acabó por degenerar en doctrinas y prácticas ajenas a la tradición de la Iglesia. También suscitó sensación la intransigencia de sus posiciones, con respecto al régimen fascista. En 1923 se rehusó a bendecir los gallardetes, en una ceremonia pública. Algunos años después, con ocasión de la visita a Parma de Mussolini, en aquel entonces primer ministro, no quiso ir con las demás autoridades ciudadanas a recibirlo en la estación ferroviaria, ni a rendirle homenaje en la Gobernación.

La bondad de Conforti no es la actitud de quien se conforma con todos y con todo, para huir de las dificultades y la verdad, para ganar el consentimiento de las muchedumbres o de los poderosos. En él, en efecto, la bondad se une a la determinación de afirmar siempre sus convicciones profundas.

El gran libro

Conforti forjó su personalidad en la contemplación de la Cruz, desde niño, cuando quedaba extasiado ante un gran Crucifijo, en el oratorio donde iba cotidianamente, antes de encaminarse hacia el Colegio. "Yo lo miraba y Él me miraba, y parecía que me dijese muchas cosas...", dirá más tarde. Cuando fue nombrado Obispo, mandó buscar aquel Crucifijo y lo puso cerca del altar, en la Catedral; ahora está conservado en el Santuario dedicado a Conforti, en Parma.

Escribirá en 1925: "El Crucifijo es el gran libro. Todas las enseñanzas contenidas en el Santo Evangelio están compendiadas en el Crucifijo. Este nos habla con una elocuencia sin igual: con la elocuencia de la sangre... Ningún otro libro puede hacernos surgir propósitos más generosos y volver a despertar en nosotros todas las energías necesarias para actuarlos. Por esta razón, al Misionero que parte para anunciar la Buena Nueva no se le entrega otra arma que el Crucifijo, porque este posee la potencia de Dios y por medio de ella el Misionero triunfará sobre todo y sobre todos, después de haber triunfado sobre sí mismo".

Como miembro de la Iglesia de Parma, no puedo no recoger la herencia transmitida a nosotros por Mons. Conforti, junto con la responsabilidad de hacerla fructificar, en el interior de mi vocación de consagrado de la Comunidad Redemptor hominis, y de misionero en África, conjugando, para seguir su ejemplo, lo "universal" con lo "local", la pasión por toda la Iglesia con el compromiso concreto en medio del pueblo a mí encomendado.

Franco Paladini



[1] Cf. A. Luca, Sono tutti miei figli. Il beato Guido Maria Conforti. Vescovo di Parma. Fondatore dei Missionari Saveriani, EMI, Bologna 1996.

23/09/09

 

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