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CONVERTIRSE A LA ALEGRÍA
BENEDETTA BIANCHI PORRO/3

 

 

La vida de la venerable Benedetta Bianchi Porro nos muestra que los santos han alcanzado las cumbres místicas de la santidad, en la aceptación de toda la fatiga de la propia humanidad. En un contexto socio-cultural en el cual el sufrimiento está proscrito, y en varios países la interrupción voluntaria de la vida, también para los niños, está admitida por la ley, Benedetta nos ofrece el testimonio continuo de su amor a la vida como don: "¡Qué cosa maravillosa es la vida (aun en sus aspectos más terribles); cómo mi alma está llena de gratitud y amor hacia Dios, por esto!"[1].
 

"Mi barca es frágil..."

La lectura de su diario y de sus cartas nos restituye la humanidad de Benedetta: su alegría y su amor a la vida, y también la fatiga de la lucha vivida frente a su enfermedad.

A los 17 años, la sordera de Benedetta, primer signo importante de su terrible enfermedad, la llevó a tomar conciencia de su destino. La primera reacción fue el rechazo de su sordera, que le impedía vivir como todos los jóvenes y realizar sus sueños, esperando encontrar una solución[2].

Benedetta comenzó, entonces, una carrera heroica contra el tiempo para terminar lo más pronto posible sus estudios en el bachillerato, y matricularse en la Universidad.

Frente a este acontecimiento de la sordera, ocurrió en ella una maduración humana, que la orientó más aún hacia la grandeza de la vida interior. Como escribió a su amiga Anna, reaccionó diciendo que podrá escuchar siempre la voz de su alma[3].

Fue un paso decisivo, una primera "conversión", pero, Benedetta no podía librarse de la angustia y del desconcierto frente a su futuro que se le abría delante, sin amor, y que tal vez ella percibía ya despojado de obras y de eficacia. El descubrimiento de la vida interior no podía bastar a Benedetta: "Si a la vida interior le falta la presencia viva de Dios, su grandeza es demasiado fría, para un alma como la de Benedetta, hecha para la amistad y el amor"[4].

Fue un momento de prueba durísima, que Benedetta describe como una tempestad, en la carta a su amiga Anna: "Tu estímulo y tus palabras tan tranquilas y serenas aplacan las tempestades de mi ánimo. Yo también estoy sedienta de paz y deseo abandonar las olas del mar, para refugiarme en la tranquilidad de un puerto. Pero, mi barca es frágil, mis velas están desgarradas por el rayo, los remos partidos; y la corriente me arrastra lejos"[5].

El peligro que amenazó a Benedetta, en aquel momento, fue la idea de la inutilidad de la lucha. Nunca más escribirá una página tan dramática: "Sabes, Anna, me parece estar en un pantano infinito y monótono y hundirme lentamente, lentamente, sin dolor o añoranza, así inconsciente e indiferente hacia lo que ocurrirá, aun cuando la última franja de cielo desaparecerá y el barro se cerrará sobre mí"[6].

No fue, por lo tanto, la enfermedad el peligro más grave, para Benedetta. El gran riesgo para ella fue el escepticismo, el suicidio moral y religioso. Ella escribía todavía: "Yo me siento cada vez más estúpida, cada vez más inquieta. A veces, encuentro un equilibrio y estoy llena de amor y de compresión hacia todos, a veces, envidio la inconsciencia (pero ¿es verdaderamente tal?) de los demás y me siento tonta, yo, que busco de la vida lo que no hay y tampoco sé qué es, pero, muy a menudo, estoy llena de dudas, precipito en el escepticismo más profundo. ¿No crees que el escepticismo sea fascinante, por lo menos porque nos quita el pensamiento de encontrar, a través de nosotros, una realidad?"[7].

"Benedetta, por lo tanto, está al borde del precipicio, y solo un miedo instintivo la hace retroceder"[8]: "Deseo talmente la verdad, no deseo sino esto, pero, nadie sabe nada de ella. Yo estoy en un camino equivocado, solo de esto me doy cuenta"[9].

Dios la sustrae de una vida sin fe y sin amor. Su propósito se volvió: "Tengo tanto deseo de empezarlo todo de nuevo y de amarlo todo y a todos para siempre"[10].

Esta solidaridad con todo y con todos y la alegría son las características más constantes de su espiritualidad, desde el inicio hasta el fin de su camino.

Si la había abierto a la vida interior, de modo dramático, la sordera, por otro lado, esta hizo posible su camino hacia la santidad.

Este camino, iniciado en 1953, a través de numerosas etapas, llegará a lo sumo de su transformación y santidad en los últimos meses de su vida, desde febrero de 1963 hasta el 23 de enero de 1964, día de su muerte.

La "barca frágil" de Benedetta, aunque destruida y aniquilada por la enfermedad, se vuelve una fuente de energía espiritual inagotable. La joven y delicada Benedetta será, en la totalidad de su conversión, el símbolo de la fuerza y de la potencia de Dios.

"El sol sigue resplandeciendo más allá de las nubes..."

"Lo que más sorprende, en Benedetta, es que su 'santidad' no tiene un carácter recalcado y casi exclusivo de víctima, como en tantos otros a quienes Dios ha conducido por los mismos caminos; el suyo es un camino de libertad, de apertura al amor, de alegría"[11].

Es el aspecto más impresionante de Benedetta: el amor a la vida, que caracteriza todo su diario de infancia y de juventud no desaparece, sino que se vuelve infinito, durante su enfermedad, cuando ella exclama: "La vida en sí y por sí me parece un milagro"[12].

Un amor a la vida, aun en sus aspectos más terribles, que no está alimentado por la ilusión de la sanación. Su alegría deriva de la Cruz de Cristo, de la contemplación del rostro del Resucitado: "¡Cómo son verdaderas las palabras que Dios da la Cruz y luego la Resurrección! ¡A cada prueba, nos mira, nos habla, nos consuela! ¡Y yo pienso que todo es como la primavera, que brota, reflorece, perfuma, después del frío y del hielo del invierno!"[13].

En este camino hacia la alegría, en la vida de Benedetta la amistad tiene un lugar privilegiado.

Basta pensar en el encuentro determinante con Nicoletta, a quien Benedetta misma define su madre espiritual: "Nicoletta, ¡cómo te amo por haberme dado 'el don de la fe'!"[14].

En efecto, es el momento decisivo: es el 1957, el año de la verdadera conversión de Benedetta, de la que hemos hablado más arriba, cuando ella descubre que el cristianismo no es una doctrina, el camino hacia la verdad tan rebuscada, sino un encuentro personal con Dios.

El conocimiento de Nicoletta, con la cual dialoga profundamente, abre la vida de Benedetta a la conversión decisiva al amor, y ella escribe: "¡Cómo, de veras, es pagana la moral con la que siempre lo he medido todo y en la cual el mundo prospera; y ahora cuánta fatiga hago para librarme de ella y vivir como quisiera!"[15].

Nicoletta ha ayudado a Benedetta a aclarar su corazón, donde la fe estaba ya encendida; ella le ha hecho romper el envoltorio que le impedía volar en la libertad del amor.

Ahora, Benedetta no solo acepta la realidad, sino que se vuelve pura entrega. También los pecados "las nubes del alma: oscurecen el sol, oscurecen a Dios"[16] ya no se le presentan más como un límite insuperable. Aunque reconociéndose "mezquinita, mediocre e impotente", tiene confianza en la misericordia de Dios y afirma: "Y ¿cómo podría, en caso contrario, soportarme a mí misma y aguantar la realidad de todos los días? Grande es su misericordia: en Él confío, en Él vivo, a Él elevo mi hosanna"[17].

Es por eso por lo que, aunque las nubes se amontonen en el cielo de su alma, Benedetta afirma con fe: "El dolor y el amor (y todos los sentimientos) tienen un valor para Él, también si nosotros no lo vemos. El sol sigue resplandeciendo más allá de las nubes, y el arco iris viene después de la tormenta"[18].

Antonietta Cipollini

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 


[1] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, A Maria Grazia Bolzoni (19 aprile 1958), en B. Bianchi Porro, Scritti completi. A cura di A. Vena, San Paolo, Milano 2006, 491 (de ahora en adelante Scritti completi).

[2] "Esta tarde me hallo muy triste, y pienso no poder aguantar toda la vida tan sorda: una solución, cualquiera que sea tengo que encontrarla, lo más pronto", B. Bianchi Porro, I diari (1 febbraio 1954), en Scritti completi, 403.

[3] Cf. B. Bianchi Porro, L'Epistolario, Ad Anna Laura Conti (20 ottobre 1954), en Scritti completi, 453.

[4] D. Barsotti, Il cammino verso la luce, Quaderni di Benedetta 1, Fondazione Bianchi Porro, Dovadola 2007, 7; la lectura integral está disponible en la red: www.benedetta.it/ita/Pubblicazioni/htm

[5] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, Ad Anna Laura Conti (26 gennaio 1953), en Scritti completi, 442-443.

[6] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, Ad Anna Laura Conti (26 gennaio 1953), en Scritti completi, 443-444.

[7] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, Ad Anna Laura Conti (28 aprile 1953), en Scritti completi, 445.

[8] D. Barsotti, Il cammino verso la luce..., 8.

[9] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, Ad Anna Laura Conti (28 aprile 1953), en Scritti completi, 445.

[10] B. Bianchi Porro, I diari (20 marzo 1953), en Scritti completi, 390.

[11] D. Barsotti, Il cammino verso la luce..., 12.

[12] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, A Maria Grazia Bolzoni (21 febbraio 1960), en Scritti completi, 517.

[13] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, A Padre Gabriele Casolari (novembre 1963), en Scritti completi, 669.

[14] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, A Nicoletta Padovani (30 agosto 1962), en Scritti completi, 569.

[15] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, A Nicoletta Padovani (9 ottobre 1960), en Scritti completi, 534.

[16] B. Bianchi Porro, I Pensieri (30 ottobre 1961), en Scritti completi, 415.

[17] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, A Nicoletta Padovani (9 ottobre 1960), en Scritti completi, 534.

[18] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, A Maria Grazia Bolzoni (14 giugno 1961), en Scritti completi, 554.

 



11/08/2017
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis