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CONVERTIRSE A LA ALEGRÍA
BENEDETTA BIANCHI PORRO/5

 

El sufrimiento siempre es una prueba, a veces dura, a la cual la humanidad está sometida. Benedetta ha conocido esta dura prueba; pero, viviéndola con amor y uniéndola a los sufrimientos de Cristo, ella se volvió particularmente receptiva, abierta a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo[1]. En su cama de sufrimiento, en su debilidad, ella acogió y transmitió esta paradoja de la fuerza de la Cruz, y se convirtió en misionera de la misma.


“Me gusta decir a los que sufren…”

Todo el itinerario de sufrimiento de Benedetta, vivido en el amor, se vuelve un ejemplo y una promesa para todos los que sufren. Ella comparte con ellos el consuelo que ha recibido del Señor: “Me gusta decir a los que sufren, a los enfermos, que si seremos humildes y dóciles, el Señor hará de nosotros grandes cosas”[2].

Numerosas son sus cartas dirigidas a personas enfermas, como la a Natalino, que hemos referido ya integralmente al principio de nuestro recorrido.

Benedetta tuvo también una correspondencia con Umberto, un amigo enfermo quien encontró de nuevo la fe gracias a ella y murió un mes antes de ella. Benedetta le había escrito, com partiendo sus dificultades pasadas: “Yo también he sufrido tantos dolores, inquietudes, y en la lucha buscaba a Él, solo a Él: desde siempre. ... Y Él ha llegado, me ha consolado, me ha acariciado en los momentos de miedo y de dolor más fuerte, precisamente cuando todo me parecía derrumbado: salud, estudio, suos, trabajo... ¡Cómo querría que usted, Umberto, encontrara un poco de aquella paz que tengo yo! No se aflija, no se pregunte ‘¿dónde está?’. No busque a Dios lejos, porque Él está cerca de usted, y sufre con usted”[3].

Benedetta ya tiene una conciencia clara de su misión: olvidarse de sí misma para compartir el dolor de los demás[4]. Ella reza incesantemente por estas personas: por Natalino, por Umberto y también por Luciana, una joven mujer conocida en el hospital, en estado terminal. De estas dos últimas personas, Benedetta tendrá también la premonición del día de su salida al Cielo...

Y ella escribe incansablemente; la caridad la empuja a aprovechar todo el tiempo que le es donado. Toda su correspondencia testimonia sobre un verdadero impulso misionero, un impulso vivido en la fidelidad a la gracia y en la realización del ideal evangélico, hasta el supremo martirio para el bien de las almas.

La de Benedetta es una misión vivida a través de la irradiación, que nos recuerda la experiencia de santa Teresa del Niño Jesús, protectora de las misiones.

Benedetta, en efecto, como la pequeña Teresa, nos recuerda que el Amor, la interioridad, la contemplación son la verdadera fuente de la acción misionera.

La misión de Benedetta, quien había soñado volverse médico y luego monja misionera, según el plan de Dios será otra; será la de quedar a los pies de la Cruz y de modelar su vida en la de la Virgen, quien permaneció de pie en el sufrimiento, cerca de su Hijo[5].

Benedetta, aunque reconociéndose débil, está llena de gratitud por este lugar que le está asignado y por la gracia que la levanta cada vez que el dolor la aplasta, un hecho que ella describe a su amiga como una verdadera experiencia mística: “Soy pobre, tan pobremente inactiva y, a veces, me ocurre encontrarme en el suelo, en la calle, bajo el peso de una cruz pesada. Entonces, llamo a Jesús con amor, a sus pies, y Él dulcemente me hace reclinar la cabeza sobre Su regazo. ¿Entiendes, Maria Grazia, conoces la dulzura de estos instantes?”[6].

Verdaderamente, en la fe, el Paraíso está abierto para Benedetta y cada uno de nosotros: he aquí su enseñanza de vida.

Y, en un tiempo en que la evangelización, a menudo, se ha reducido a una multiplicación de obras y actividades, perdiendo de vista la relación nupcial[7] que está a la fuente de la misión, y los hombres tienen, ante todo, sed de Dios[8], Benedetta, en su pobreza total, nos acompaña a los pies de la Cruz.

Benedetta es un signo elocuente de la misión a los pies de la Cruz: “En su muerte, ella vive el misterio de la resurrección, la presencia pura del Amor más allá de cada signo. En realidad, el signo es precisamente ella misma. Irrumpió en ella la vida divina y, en la descomposición del mal, ella apareció transfigurada: precisamente cuando no tuvo nada más que dar, pudo dar a Dios a los hombres”[9].

“Yo partiré y tú te quedarás en Sirmione…”

Las amigas, viejas compañeras de Universidad, y testigos de la constancia con que, antaño, Benedetta había continuado sus estudios de Medicina, serán las personas más afectadas por su transformación; su confianza total en el Señor, la capacidad de superar, frente al plan de Dios, sus proyectos de vida y también de sonreír de ellos, como de aquel de volverse médico, las interrogan profundamente.

Es una vez más Nicoletta la que ayudará a Benedetta, no solo en las aulas de la Facultad de Medicina, sino también “en la otra Universidad, la verdadera, la de Dios”[10].

En el diálogo con ella y en el discernimiento, Nicoletta afirma que Dios rompe todos los esquemas, también los ideales más elevados de ellas. Dios, en efecto, las ha conducido por itinerarios diferentes a comprender que la Cruz es el camino que seguir, que para los hombres lo esencial no es ser sanados, sino encontrar en Jesucristo la explicación y el sentido de su vida y de su sufrimiento[11].

Nicoletta ha decidido volverse monja misionera, tan pronto como termina los estudios de Medicina, y explica así su elección a Benedetta: “Es bello pensar que si yo partiré y tú te quedarás La casa en Sirmione donde murió Benedettaen Sirmione, será exactamente lo mismo que haber partido juntas. Porque ir a anunciar a Cristo quiere decir simplemente ofrecerse a Él, minuto por minuto, para que venga el Reino. El modo lo decide Él según las circunstancias”. Lo que las une no es, por lo tanto, hacer la misma cosa “o realizar lo que teníamos en mente hacer, sino ofrecerse por amor a Él minuto por minuto, sin decidir nosotros dónde Él nos querrá llevar”[12].

Benedetta le expresará su inmensa alegría por esta elección y le confirmará: “Ciertamente, adondequiera que te vayas (ahora sé) estaremos siempre cerca, no podríamos estar más cerca, si Cristo será nuestro guía”[13].

Gracias a Nicoletta y también a sus amigos, Benedetta ya había comprendido bien que el encuentro con el Dios Viviente era determinante, para cada uno y para la historia del mundo[14].

El sufrimiento de Benedetta, unido al de Cristo, se vuelve fecundo también para otros jóvenes amigos quienes, a su vez, unirán su trabajo a su ofrecimiento diario. Es el caso, por ejemplo, de Piero Corti, un joven que había conocido a Benedetta en la Facultad de Medicina y que se volverá misionero[15]. Benedetta le expresará todo su agradecimiento por la decisión de ser médico en misión, también en lugar de ella[16].

Antes de morir, el pensamiento de Benedetta se dirigirá también a algunos jóvenes amigos, que se preparaban a partir para Brasil: “Parto con ellos...”[17].

Ella “acompaña˝ la misión de sus amigos, y también nosotros podemos afirmar que “Benedetta ‘camina con nosotros’ hacia aquella Patria donde Dios estará todo en todos”[18].

La misión de la amistad de Benedetta, de la caridad, comprendida y vivida como el hecho de “habitar los unos en los otros”[19], se ha ensanchado hasta los confines del mundo, volviéndose comunión de los santos.

“No démosle poco, sino todo”

Benedetta nos deja un mensaje de alegría que deriva de la Cruz, un mensaje de amor a la vida y de plenitud de una vida donada en el amor.

Su testimonio es una obra maestra de Dios que nos encanta por su belleza, que, sin embargo, no podemos tan solo admirar, como lo había destacado ella misma.

Benedetta, en efecto, puede suscitar en todos nosotros una saludable vergüenza; ella nos pide, silenciosamente y con dulzura, que sigamos su ejemplo, que nos convirtamos a la alegría, que nos pongamos en tela de juicio profundamente, para saber acoger cada acontecimiento de la vida, la enfermedad y también la muerte, como una ocasión para amar, para donarnos con alegría. Ella nos pide que amemos hasta el final, cualquiera que sea la prueba a la cual podamos ser sometidos.

Antes de morir, Benedetta había recordado a la mamá una leyenda que la había conmovido profundamente: la del mendigo y del rey, de Tagore, diciendo que era muy importante...[20].

Queremos, por lo tanto, recordar también nosotros esta leyenda[21], en conclusión de nuestro recorrido con Benedetta (ver recuadro).

A través de esta leyenda, Benedetta ha querido ofrecernos el secreto de su alegría, que ha sido la de donarlo todo, en su relación de amor con el Señor, su Rey.

Como lo había dicho, en la última semana de su vida, Benedetta nos dice hoy todavía: “No démosle poco, sino todo”[22].

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)



 

El mendigo y el rey


Había ido mendigando de puerta en puerta a lo largo del sendero del pueblo, cuando, en la lejanía, apareció tu áurea carroza, como un signo maravilloso: yo me pregunté: ¿Quién será este Rey de todos los Reyes?

Aumentaron mis esperanzas y pensé que mis tristes días se habrían acabado, estuve esperando que la limosna me fuera dada sin que la pidiera, y que las riquezas fueran derramadas por todas partes en el polvo.

La carroza se paró junto a mí. Tu mirada cayó sobre mí, y tú bajaste con una sonrisa. Percibía que había llegado, por fin, el momento supremo de mi vida. Pero tú, de repente, me alargaste la mano derecha, diciéndome: “¿Qué tienes que darme?”.

¡Ah! ¡Qué gesto real fue el de tender tu palma para pedir a un pobre! Confuso y titubeante, saqué lentamente de mi alforja un grano de trigo y te lo di.

Pero, ¡cuál fue mi sorpresa cuando, al final del día, vacié mi alforja en el suelo y encontré, en el pequeño montoncito, un granito de oro! Lloré amargamente por no haber tenido el corazón de darte todo lo que poseía.

Rabindranath Tagore (Escritor indio: 1861-1941)






[1] Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, Salvifici doloris (11 febbraio 1984), 23.

[2] D. Barsotti, Il cammino verso la luce, Quaderni di Benedetta 1, Fondazione Bianchi Porro, Dovadola 2007, 15; cf. también www.benedetta.it/ita/Pubblicazioni/htm

[3] B. Bianchi Porro, L’Epistolario, A Umberto Merlo (24 luglio 1963), en B. Bianchi Porro. Scritti completi. A cura di A. Vena, San Paolo, Milano 2006, 628-629 (De ahora en adelante Scritti completi). 

[4] Cf. B. Bianchi Porro, L’Epistolario, A Maria Grazia Bolzoni (19 settembre 1963), en Scritti completi, 647. 

[5] Cf. B. Bianchi Porro, L’Epistolario, A Maria Grazia Bolzoni (18 maggio 1963), en Scritti completi, 600.

[6] B. Bianchi Porro, L’Epistolario, A Maria Grazia Bolzoni (16 ottobre 1963), en Scritti completi, 656.

[7] Cf. Papa Francisco, Santa Misa con los Cardenales (14 marzo 2013).

[8] Cf. Papa Francisco, Exhortación Apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 199.

[9] D. Barsotti, Il cammino verso la luce..., 22. 

[10] B. Bianchi Porro, L’Epistolario, A Nicoletta Padovani (28 agosto 1963), en Scritti completi, 640. 

[11] Cf. B. Bianchi Porro, L’Epistolario, Nicoletta Padovani a Benedetta (2 dicembre 1960), en Scritti completi, 532. 

[12] B. Bianchi Porro, L’Epistolario, Nicoletta Padovani a Benedetta (2 dicembre 1960)…, 532-533. 

[13] B. Bianchi Porro, L’Epistolario, A Nicoletta Padovani (10 agosto 1960), en Scritti completi, 536. 

[14] Cf. G. Biffi, Approccio teologico al mistero di Benedetta Bianchi Porro, Edizioni Amici di Benedetta, Cesena 1988, 14-15.

[15] Cf. M. Arsenault, Un sogno per la vita. Lucille e Piero Corti, una coppia di medici in prima linea, Paoline, Milano 1999.

[16] Cf. B. Bianchi Porro, L’Epistolario, A Piero Corti (20 maggio 1961), en Scritti completi, 553.

[17] D.M. Turoldo, Profilo spirituale della Serva di Dio, Benedetta Bianchi Porro, en Scritti completi, 64.

[18] D. Orsuto, Prefazione, en Scritti completi, 9.

[19] B. Bianchi Porro, I Pensieri (12 maggio 1962), en Scritti completi, 423.

[20] Cf. D.M. Turoldo, Profilo spirituale..., 66. Este episodio está insertado en la cronología esencial retomada por el proceso de canonización. Cf. Sunto cronologico-biografico di Benedetta Bianchi Porro, en Scritti completi, 732.

[21] Cf. D.M. Turoldo, Profilo spirituale..., 67.

[22] D.M. Turoldo, Profilo spirituale..., 63.

 



16/08/2017
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis