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Perfiles misioneros y espirituales
 

EL EVANGELIO EN ACTO

Padre Cyprian Michael Iwene Tansi



 

 

El 20 de enero de 1964 moría el Padre Cyprian Michael Iwene Tansi. "Tenemos que estar convencidos del hecho de que cada uno de nosotros, según su particular condición de vida, está llamado a hacer no menos de cuanto ha cumplido el padre Tansi". Con estas palabras Juan Pablo II invitaba a conocer a este monje trapense nigeriano, beatificado en 1998 y por él definido "hombre de Dios" y "hombre del pueblo".

 


Historia lineal la del Ibo Iwene, del cristiano Michael y del monje Cyprian Tansi.

Nacido en Igboezunu (Nigeria) en 1903 de padres paganos, Iwene frecuentó la escuela en el pueblo cristiano de Aguleri, donde fue bautizado por su elección personal, tomando el nombre de Michael. Se distinguía en todas las disciplinas, incluido el fútbol en que, más tarde, junto con las competiciones enPadre Cyprian Michael Iwene Tansi pista, entrenó, cuando era seminarista, a los muchachos de la parroquia. Bajo de estatura, parece que tuviese también problemas serios de un ojo, pero, nunca lo hizo notar.

A los 17 años era ya profesor y a los 21, director de la escuela; ponía a todo sí mismo en lo que hacía; trabajaba duramente para elevar la calidad de la enseñanza, y tenía una gran capacidad de hacerse escuchar por los alumnos y los colegas. Después de su trabajo en la escuela, estudiaba, rezaba, hacía catequesis. Compartía su sueldo con los pobres. Sus convicciones y el ejemplo de los misioneros lo empujaron a entrar en seminario, a los 22 años. Fue la primera vocación de su zona, obstaculizada por su familia, que había esperado en su acceso al mundo escolar, económico o político.

En el seminario le fue confiado el economato, por su entrega, por el cuidado de evitar derroches y hacer uso de lo necesario, y también por su atención a cada uno. A los 34 años fue ordenado sacerdote y actuó como capellán en Nnewi, luego, como párroco, en Dunukofia, en Akpu/Ajalli y en Aguleri.

Elecciones pastorales

Algunas opciones lo caracterizaron por todas partes. Privilegió la catequesis y la formación cultural, sobre todo de los jóvenes, con la insistencia en el estudio y las lecturas apropiadas, para conocer la vida de quienes representan modelos que imitar. Creó la comprensión de la importancia de una pastoral que privilegia la cultura y la formación, que consideraba, al igual que la escuela, como un trabajo "artesanal" que educa las conciencias.

Instituyó unas casas de acogida para muchachos, y otras en las cuales las muchachas, ya orientadas a formas de convivencia prematrimonial, pudieran aprender, desde un punto de vista espiritual y material, cómo formar familias cristianas. Los jóvenes novios tenían que esperar el fin de la formación de sus

“CUENTA LO QUE SOMOS”

Con respecto a su visión de la vida sacerdotal, el P. Tansi pensaba que el rebaño confiado al presbítero es carne de su carne, hueso de su hueso, tiene que estar en sus sueños, en sus pensamientos noche y día. Pero, lo importante es la relación de “afectuosa amistad personal” con el Señor, porque es Dios el autor principal de cada obra buena: “Sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15, 5). En este sentido, no vale lo que hacemos o lo que decimos, vale lo que somos y el poder decir al pueblo: “Vengan detrás de mí que soy el pastor del rebaño de Dios, sé adónde estamos yendo, son salvos”. Benedicto XVI, el 25 de julio de 2005, en el encuentro con el clero de la Diócesis de Aosta, con respecto a las dificultades de la evangelización, ha dicho: “En todo este sufrimiento, no solo no hay que perder la certeza de que Cristo es realmente el Rostro de Dios, sino que se debe profundizar en esta certeza y en el gozo de conocerla y de ser así realmente ministros del futuro del mundo, del futuro de cada hombre. Y profundizar esta certeza, en una relación personal y profunda con el Señor. … No es muy importante qué haces, sino, quién eres en nuestro compromiso sacerdotal. Sin duda, tenemos que hacer muchas cosas y no ceder a la pereza, pero, todo nuestro empeño trae fruto solo si es expresión de lo que somos. Si en nuestros hechos aparece nuestro estar profundamente unidos a Cristo: ser instrumentos de Cristo, boca por medio de la cual habla Cristo, mano a través de la cual actúa Cristo. El ser convence, y el hacer convence solo en cuanto es realmente fruto y expresión del ser”.
 
 
novias, y proveer económicamente a mantenerlas en el Centro, donde se desarrollaba la preparación. Se pueden fácilmente imaginar los conflictos y las dificultades iniciales, pero, la perseverancia, el coraje, la franqueza y la coherencia del P. Tansi, su conquistada autoridad, y además la evidencia de los efectos positivos sobre la gente, cambiaron las usanzas y las costumbres, contribuyendo a preparar personas capaces de asumir funciones de responsabilidad en la sociedad.

Los pobres y los enfermos eran una constante preocupación suya, por la cual nunca se echaba para atrás. Ninguno de ellos debía ser descuidado. Para él, nadie podía ser rechazado o tratado como esclavo, porque cada persona ha sido adquirida al precio de la sangre de Cristo: somos todos esclavos, pero, hechos hombres libres por el bautismo.

Su caridad no era sentimental, sino alimentada de un fuerte sentido de justicia. A quien podía trabajar no le daba una limosna, sino que invertía sus energías. Contrastaba la autocompasión y empujaba a las personas, donde era posible, a ayudarse con los propios medios.

Desenmascaró, con decisión, los abusos perpetrados contra los más débiles, por usanzas y costumbres contrarias a la dignidad del hombre, que él, nacido en aquella cultura, conocía bien. El coraje con que taló, a pesar de los presagios de muerte por haberse atrevido entrar en ella, la impenetrable floresta de Umudioka, donde parece que fueron descubiertos muchos cadáveres, permanece uno de los episodios más significativos.

En una situación de primera evangelización, logró hacer amar el cristianismo no como algo que combate creencias tradicionales para sacrificar sus valores, sino como un camino de desarrollo y valorización de las potencialidades humanas, de mayor proximidad del hombre a Dios. En un tiempo de transformación de los modos de vivir y de pensar, enfrentando poderes e intereses locales, mostró cómo el cristianismo es un recurso para el crecimiento de una sociedad, más allá de cada cultura humana. Antes que imitar a los blancos en todo, decía, es necesario hacer cada esfuerzo para ganar el Reino de Dios.

La fe no admite verdades atenuadas

El anuncio de la Palabra, la importancia y la seriedad conferidas a los sacramentos, el espíritu de oración y de penitencia, que, vivido en primera persona, supo transmitir, favorecieron el desarrollo de muchas vocaciones sacerdotales y religiosas, entre las cuales la del Card. Francis Arinze
[1].

 El P. Tansi constituyó una llamada constante, para la población, a una fe integra y responsable, sin medias medidas: la fe, una vez abrazada, no permite componendas. Repetía frecuentemente que los cristianos son tales si viven enteramente por Dios, quien no admite indiferencia, mediocridad o verdades atenuadas.

Para él, trabajar para Dios es esencial en la vida de todos; la santidad, "verdadera unión nupcial con el Señor", no es un camino para pocos o un ideal imposible. Lo es solo para quien no quiera pagar su precio.

Tuvo la capacidad de construir escuelas, capillas, caminos con la ayuda de la gente y el material por ella proveído. No contaba con organizaciones internacionales que lo respaldasen y los testimonios hablan de los enormes sacrificios que esto requería, de él primero. Quien no podía aportar dinero, podía dar tiempo y trabajo para sostener a la propia Iglesia. Lo administraba todo con gran transparencia, enseñando a "rendir cuentas" a nivel económico y, por consiguiente, también a nivel de la propia vida cristiana.

Nunca renunció a la confrontación, a la lucha, si era necesaria, a la palabra fuerte, comprobada por los hechos. Explicaba todo lo que hacía.

De aquí descienden las implicaciones sociales predicadas por el P. Tansi, como la armonía y la fraternidad entre las personas, la importancia, para el hombre, del trabajo organizado y diligente, y al mismo tiempo el respeto de la propiedad, la apreciación de la simplicidad, la pobreza y la pureza de las costumbres. Implacable fue su compromiso por la defensa de la dignidad de la mujer, comenzando por la concepción subtendida a la expresión utilizada, en el idioma ibo, para indicar a la esposa: "El individuo que vive en casa". El P. Tansi refutaba: "No, es tu esposa, tu mitad mejor, parte de tu propio cuerpo".

Amor sin límites ni confines

Lo animaba la firme convicción de ser amado por Dios, y lo que hacía era solo el modo para corresponderle. Esto fundaba su proceder, y de aquí emanaba la riqueza de vida y de palabra para los demás. En esto podemos ya intuir el secreto de los desarrollos sucesivos de su experiencia.

A menudo afirmaba que, si una cosa debe ser hecha, porque Dios la quiere, aunque pequeña, tiene que ser hecha bien, porque es para Él. Si a Dios no le podemos dar nada, ya que es imposible ganarlo en generosidad, al menos podemos ofrecerle lo mejor de nosotros.

No basta con creer que Dios existe, porque la fe sin el amor está muerta (cf. Stgo 2, 17), es necesaria una relación de auténtica donación. Sin esta relación, a la que nada se opone, no se entendería el porqué de su decisión de dejar lo que estaba realizando con éxito, para encerrarse en el monasterio de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (Trapenses) de Mount Saint Bernard a Coalville (Inglaterra). Estaba dando a todo sí mismo, con inteligencia e intuición pastoral, a una población que apreciaba su enseñanza, modificando costumbres ancestrales y elecciones de vida. Seguramente, otras parroquias todavía habrían tenido necesitad de él. Es original el hecho de que fue exactamente su Obispo, Mons. Charles Heerey, quien tanto lo apreciaba como párroco, el que, en un retiro para sacerdotes, describió valores y ventajas de la vida monástica, y, frente a la solicitud del P. Tansi, el que llamó a las puertas de varios monasterios, a fin de encontrar concretamente una posibilidad para él. Lo acompañó a Inglaterra en 1950.

El P. Tansi, antecedentemente, había ya tenido contacto con algunos escritos sobre la vida monástica del abad benedictino Columba Marmión.

En el monasterio, el P. Cyprien -así se llamó- tuvo que superar diversidad de lengua, de cultura, de clima. El frío no debió haber sido un obstáculo pequeño. Sin embargo, él había hecho ya mucho ejercicio, en los años precedentes, en buscar la voluntad de Dios, en aceptar las mediaciones humanas a través de las cuales esta se manifiesta, y en encomendarse totalmente a esta voluntad. No contó nunca de sus éxitos anteriores, quería solo hacer bien lo que se le confiaba en aquel momento. Por esto, repetía: "No me exalten, díganme mis errores".

A pesar de su gran actividad pastoral, desde joven pasaba muchas horas en oración. Hay, por tanto, una continuidad con la oración monástica, la centralidad de la Eucaristía y la meditación diaria de la palabra de Dios, a través de la cual Dios lo ha llamado a emprender, como Abrahán, un viaje desconocido, cada vez más hacia lo alto, pero, sin temores. El P. Tansi, que se definía "un enano en todas las cosas", ha demostrado que quien se fía de Dios y tiene la certeza de trabajar para Él y con Él, no tiene miedo de nada y de nadie.

Se podría exaltar su apostolado de monje como consejero de sacerdotes, misioneros, hombres políticos y estudiantes africanos, pero, no se daría razón de su verdadera actividad evangelizadora. Su auténtica misión reside mayormente en el "otium monasticum", que tiene un significado opuesto al que comúnmente se da a la palabra "ocio". Este es entendido, también en cierta tradición cisterciense, como contemplación, como atención constante a la presencia de Dios. Se trata de aquel estado que lleva a la paz interior, que, sin embargo, es activo y dinámico: si el trabajo es la oración de las manos del monje (para el P. Tansi, "trabajar es rezar"), la contemplación, oración del corazón, es la actividad que ocupa su alma. El estar en la presencia de Dios y en unión con Él vuelve a llamar al monje a contemplar lo que reside en el corazón divino: en este ve el designio salvífico universal, la carga redentora de la Cruz de Cristo para cada hombre y participa de ella con todas las propias fuerzas. En uno de los tantos testimonios, rendidos en el proceso para la beatificación, se subraya cómo él entró en el monasterio para seguir promoviendo, a través de la oración y el sufrimiento, el trabajo de evangelización en su País y en el mundo. Su amor habría asumido así una dimensión universal.

Este aspecto nos aparece aún más sorprendente, si se tiene en cuenta que el P. Tansi había demostrado ampliamente, en Nigeria, cómo fuese inimaginable, para él, no trabajar. Es unánime la constatación que él quería que cada uno trabajase con rigor. Él mismo era un modelo de esto, porque, como frecuentemente repetía: "El que no quiera trabajar, que tampoco coma" (2Tes 3, 10). Amaba afirmar que "el más grande homicidio que se pueda cumplir es el de matar el tiempo".

Predicar lo que se vive y vivir lo que se predica

El P. Tansi nunca habría recomendado una cosa que no vivía. Él, en efecto, según los muchos que lo conocieron, decía siempre lo que pensaba y vivía lo que decía, sin doblez ni irracionalidad. Para él, en el contexto africano como en otro lugar, a través del trabajo se movilizan las fuerzas humanas y los recursos de la naturaleza, en una asunción de sí mismos. El trabajo, como participación en la obra creadora y redentora de Dios, tiene una dignidad suya y un valor salvador. El P. Tansi mostró, con creatividad, que había tantos modos para explotar el ambiente y las posibilidades que nos rodean.

Él fue el primer nigeriano que emprendió la vida monástica, y su deseo inicial era el de fundar también en Nigeria un monasterio. Sin embargo, el proyecto no se realizó, y el P. Tansi comprendió que su lugar estaba en Europa. Hizo, pues, voto de estabilidad, una prueba ulterior de su fe.

A la pregunta sobre cómo considerase el monaquismo africano, respondió que no tenía que representar nada otro que el auténtico espíritu monástico, o sea, lo que impregna aquellos lugares donde no se predica a Cristo, sino que se vive a Cristo.

En 1963 pareció plantearse una fundación trapense en Camerún, en las cercanías de Bamenda. El P. Tansi fue designado, como maestro de los novicios, entre quienes habrían partido, pero, la enfermedad lo agarró, y un aneurisma aórtico lo llevó a la muerte, el 20 de enero de 1964. Con espíritu de donación, aceptó la muerte prematura como el dar la vida por los propios amigos, ya todos los hombres, en aquel corazón literalmente reventado por amor universal.

 Hoy los trapenses están presentes también en Nigeria. Onitsha es una de la Diócesis más florecientes de África. Se remontan al P. Tansi millares de laicos activos en varios sectores.

Sin embargo, el P. Tansi, que en su vida nunca se ha hecho ilusiones, y lo ha dejado siempre todo precisamente cuando parecía poder recoger los frutos de su coherencia, nos recuerda que vivimos todavía en el tiempo, en la lucha. Él estaba convencido de que la única cosa que puede de veras satisfacer al hombre es ver a Dios. Durante un retiro predicado a Mons. Godfrey Okoye, que se disponía a empezar su servicio episcopal, subrayaba que no importa cuánto estamos cerca de Dios, siempre hay espacio para una unión más estrecha con él. Y no podemos hacernos ilusiones que lo amamos, si no amamos a nuestro prójimo. Pero, por otra parte, no podemos ser perfectos en el amor a los demás, considerada nuestra naturaleza, si en nosotros no hay un gran amor a Dios. Todo esto empieza por el tener los mismos sentimientos de Cristo, por el querer transformarse en otro Cristo. Sin embargo, solo si el aspecto interior y el exterior concuerdan, estamos por el buen camino. La vida del P. Tansi es una confirmación de esto: de él testimonian que dijo siempre lo que pensaba y, sobre todo, que vivió bien lo que predicó.

Concluyendo, nos vuelven a la mente estas palabras: "Yo les he dado el ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo" (Jn 13, 15).



 

PARA PROFUNDIZAR EN LA FIGURA DEL P. TANSI:


Onitshaën. Canonizationis Servi Dei Cipriani Michaëlis Iwene Tansi sacerdotis professi Ordinis Cisterciensium seu Strictioris Observantiae (1903 - †1964). Summarium Super Dubio,
Roma 1992.

Congregatio De Causis Sanctorum, Onitshaën. Beatificationis et canonizationis servi Dei Cipriani Michaëlis Iwene Tansi sacerdotis professi Ordinis Cisterciensium Strictioris Observantiae (1903-1964). Relatio et vota congressus peculiaris super virtutibus, Roma 1995.

Congregatio De Causis Sanctorum, Onitshaën. Beatificationis et canonizationis ven. servi Dei Cypriani Michaëlis Iwene Tansi sacerdotis professi Ordinis Cisterciensium Strictioris Observantiae (1903-1964). Relatio et vota congressus peculiaris super miro, Roma 1995.

Dossier Nigeria, in "Popoli" n. 4 (1998) 8-13.

Websites: http://www.afrikaworld.net/tansi

http://www.paginecattoliche.it/beatoTansi.htm

 

 

Mariangela Mammi


(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


[1] Cf. Entrevista al Card. F. Arinze (Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos), La conversione del cuore è essenziale ad ogni autentico sviluppo. A cargo de M. Mammi, en "Missione Redemptor hominis" n.° 75 (2005) IV.

19/01/2011

 

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