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EL SABOR DE LA FIDELIDAD/6

Vida y martirio de la Beata Sor María Clementina Anuarite Nengapeta

   

La muerte violenta y victoriosa de la Beata Anuarite Nengapeta es ciertamente como una luz que brilla en las tinieblas y merece, por lo tanto, una memoria inmortal en la comunidad eclesial y civil a fin de que, en nuestro tiempo y en el futuro, sean propuestas sus virtudes, sus cualidades humanas y cristianas. Estas no pueden ser descuidadas si se quiere verdaderamente promover la dignidad y la libertad del hombre quien es, al mismo tiempo, ciudadano de la tierra e hijo de Dios en camino hacia la Jerusalén celestial[1]. 




La Esposa bella

En el momento de responder en su soledad, Anuarite de miedosa que era se volvió valiente, casi temeraria.

Ella se presentó plenamente como la que se burla de la guerra y la desafía sin pestañear. Es, para ella, el momento de "proclamar públicamente la fe en Cristo"[2], e s la hora de la lucha. El "a solas" con Dios, con aquel Yezu Tu, es el desapego que Clementina cumplió por encima de la mediocridad, con el impulso de la fe y del amor[3].

Sucedió la separación de las demás hermanas. Un jefe de los rebeldes Simba, el coronel Olombe, llamó a Anuarite y a la hermana Jean-Baptiste. Él tuvo que hacer la función del "Griso": llevar a Anuarite adonde el general Ngalo, reservando a la hermana Jean-Baptiste para sí mismo.

Mejor morir que traicionar al amor: Anuarite resistió con fuerza y se rehusó a ir adonde Ngalo.

Olombe, no pudiendo llevarla adonde Ngalo, frente a la reacción de Anuarite, se volvió más obstinado aún y decidió tenerla para sí y rugió como un "león": "Esta noche serás mi esposa"[4].

Anuarite no se desorientó frente al escarnio de Olombe que le recordó que no era tan linda con esa cabeza alargada[5]. Ella sabía que, aunque pobre... pecadora..., era la Esposa linda: había sido escogida por el Rey.

No se atemorizó ni siquiera frente a las amenazas de muerte y respondió inmediatamente: "Je m'en fous". No me importa, me es indiferente.

El coronel Olombe no logró hacer entrar a la Sor Clementina y la Sor Jean-Baptiste en el auto vehículo; su reacción se volvió furiosa y comenzó a golpear, a tontas y a locas, con el cañón del fusil.

La Sor Jean-Baptiste cayó al suelo desmayada por los golpes. Anuarite -golpeada ella también- no pudo y no quiso defenderse y dijo: "Golpea también hasta el final, porque es así que he querido"[6].

Anuarite afirmó, de tal modo, que era consciente y libre de aceptar la muerte, para defender la sacralidad de su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cf. 1 Co 6, 19), y su virginidad ofrecida al Esposo divino a quien ella ha amado con corazón indiviso, por encima de todo[7].

La Madre General recobró el conocimiento y puso sus brazos alrededor del tórax de Olombe en el intento desesperado de detenerlo, pero él con una azada continuó golpeando a Anuarite y se ensañó con ella, a pesar de que su cabeza ya estuviera destrozada por los golpes.

Antes de caer al suelo sin emitir un grito de dolor, Anuarite murmuró: "Te perdono porque no sabes lo que haces"[8].

Olombe estalló, entonces, en una de esas crisis histéricas que abundan en muchas historias de los Simba. "De verdugo se transformó, repentinamente, en lo que Manzoni llama ‘el malvado que está fuerte' y que puede convertirse en víctima precisamente mientras que oprime al débil"[9]. Olombe invo có, en efecto, la ayuda de sus Simba contra "las muchachas evolucionadas" que querrían matarlo. Les ordenó que traspasaran a Anuarite con la hoja de los cuchillos, y ellos lo hicieron varias veces. En fin, él mismo la remató con el fusil.

Anuarite alcanzó el ápice de su martirio con las palabras que fueron del Protomártir Estefan; o sea, ella juntó los dos ases portantes de su vida: la línea vertical, el amor a Cristo, Yezu Tu, y la línea horizontal, el amor a los hermanos: "Te perdono...". Tales líneas se intersecan en la Cruz, en el amor sin límites.  

Todas las generaciones me llamarán beata...

La muerte de Anuarite hace actuales las palabras de Tertuliano, quien afirma que la sangre de los mártires es semilla de otros cristianos. Mientras que ella moría, en efecto, las otras hermanas cantaban el Magnificat, rebosantes de una nueva fuerza, listas ellas también a morir siguiendo el ejemplo de Anuarite.

El primer milagro de Anuarite fue precisamente el coraje que infundió en las otras hermanas y el hecho de que, a pesar de que estuvieran golpeadas y sometidas a cada vejación durante toda la noche, ninguna de ellas fue violada[10].

Las hermanas que vivieron estos acontecimientos afirman, sin vacilación, que la muerte de Anuarite les dio la gracia y el coraje de resistir a los golpes y a las amenazas de los militares Simba. Conscientes del hecho de que Anuarite había muerto mártir, luego tomaron su delantal manchado de sangre, sus sandalias y su velo, que conservan como reliquias hoy todavía.

Las hermanas intentaron recomponer como pudieron el cuerpo de Anuarite y dejaron la pequeña imagen de la Virgen de Lourdes en el bolsillo de su falda. Será gracias a esta imagencita como ella será reconocida después de su exhumación.

En efecto, sucesivamente cuando fueron puestas en libertad, las hermanas no pudieron llevar consigo el cuerpo de Anuarite.

Los jefes Simba ordenaron que se echara a Anuarite al río para que fuera devorada por los peces. El jefe de los excavadores de fosas, sin embargo, no quiso hacerlo, por respeto a su estado de religiosa y, a escondidas, la enterró, en cambio, cerca de la fosa común.

Seis meses más tarde, la noticia del martirio de Anuarite se había difundida notablemente en la ciudad de Isiro y en los alrededores. Las hermanas de la Sagrada Familia comenzaron la búsqueda de sus despojos mortales, que encontró muchas dificultades, pero en fin, fue hecha posible gracias al jefe de los excavadores de fosas, quien la había valientemente enterrada aparte e indicó el lugar de su sepultura.

Actualmente, los despojos de Anuarite están guardados en Isiro, y las etapas de su Calvario se han vuelto un lugar de peregrinación. En particular, la Maison Bleu, el lugar de su martirio, se ha convertido en su primer santuario nacional.

Que sea en el lugar mismo donde Anuarite cayó bajo los golpes del coronel Olombe, marcado por una cruz, o en la pequeña habitación, el oratorio, donde rindió el alma algunos minutos más tarde, son numerosos los fieles en visita quienes pueden testimoniar sobre gracias recibidas por la inte rsección de esta joven mujer quien, por el amor a Cristo y la fidelidad a sus votos, se convirtió en la primera mártir hija del pueblo congolés.

Será, en efecto, ante todo la fe del pueblo de Dios que la ha reconocido inmediatamente mártir, la que empujará a los promotores a recoger los testimonios para la causa de beatificación de Anuarite.

Olombe, el asesino de Anuarite, testimonió él mismo durante el proceso de beatificación, y confirmó lo esencial de las circunstancias y de las razones de la muerte de Anuarite, añadiendo, en fin: "Dos días después, el efecto de la droga se acabó y comprendí que había actuado mal... Soñé con la Sor Clementina, quien me dijo que debía rezar. ... en Bafwabaka, pedí perdón a las hermanas. Ellas me respondieron que me perdonaban y que debía pedir perdón a Dios. En 1966, fui detenido por el Ejército nacional congolés y encarcelado en Isiro por el general Yossi Malasi. Fui condenado a muerte en Kisangani como rebelde. En 1967, en la época del caso Schramme, combatí con el Ejército nacional y, gracias a esto, mi pena fue conmutada por la de cinco años de prisión que pasé en la cárcel de Ndolo"[11].

Olombe, sumergido en la muchedumbre, estaba presente el día de la beatificación de Anuarite en Kinshasa.

Antonietta Cipollini

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)





[1] Cf. Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum, Isiren.–Niangaraën. Decretum Canonizationis Servae Dei Mariae Clementinae (in saeculo: Alfonsinae Nengapetae Anuarite), Sororis professae Congregationis a Sacra Familia, en AAS 77 (1985) 94.

[2] Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum, P.N. 1218, Isiren.-Niangaraën. Canonizationis Sororis Mariae Clementinae Anuarite Nengapeta, religiosae congregationis sororum a Sacra Familia, in odium fidei, ut fertur, interfectae († 1 dec. a. 1964). Positio super martyrio, Tip. Guerra, Roma 1983 (de ahora en adelante Positio), Summarium, 208.

[3] Positio, Informatio, 41.

[4] Cf. el testimonio de Olombe, el asesino: “Cuando me di cuenta de que había rechazado a Ngalo, yo mismo la he tomado en mi cuarto y quería dormir con ella en mi cama, pero ella rechazó. Yo no he querido forzarla. Le dije que habría sido asesinada si rechazaba. Me respondió: ‘No me importa’... La Sor Clementine ha sido asesinada porque había rechazado ser la mujer, primero de Ngalo y luego de mí mismo”, Positio, Summarium, 186.

[5] Anuarite había sido sometida, al nacer, al "tratamiento" craneal tradicional a la manera de la tribu del Mangebétu, cf. R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite Nengapeta, vergine e martire zairese, Edizioni Paoline, Roma 1978, 32-33.

[6] Positio, Informatio, 55.

[7] Cf. Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum, Isiren.-Niangaraën. Decretum..., 93.

[8] Positio, Informatio, 25, 55.

[9] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 194.

[10] Cf. Positio, Summarium, 88-89, 105.

[11] Cf. Positio, Summarium, 187, cf. también O. Matungulu, Bienheureuse Anuarite l'Africaine et son maître spirituel, Editions Loyola, Kinshasa 1997, 80-81. Precisamos que Jean Schramme participó en 1967, con sus milicias, al golpe de estado de Moïse Tshombé contra Mobutu.

 

 

 

17/04/2019

 

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