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ETTY HILLESUM, LA CHICA QUE ENCONTRÓ

A DIOS DURANTE LA SHOAH

 

La historia de la joven holandesa, que falleció en Auschwitz hace 75 años, que escribió: "Una vez que se comienza a caminar con Dios, se sigue simplemente caminando y la vida se convierte en un único, largo paseo"


 

      

"Se quisiera ser un bálsamo para muchas heridas". Con estas palabras concluye el Diario que escribió Etty Hillesum, joven judía holandesa que el 7 de septiembre de 1943 fue deportada a Auschwitz, en donde falleció, según un informe de la Cruz Roja, el 30 de noviembre de 1943, hace 75 años. Benedicto XVI, recordando a todos que "la gracia de Dios está trabajando y obra maravillas en la vida de tantas personas", dijo sobre ella: "Inicialmente lejos de Dios [...], en su vida dispersa e inquieta Etty Hillesum Lo encontró precisamente en medio de esa gran tragedia del siglo XX, la Shoah. Transfigurada por la fe, se transforma en una mujer llena de amor y de paz interior, capaz de afirmar: ‘Vivo constantemente en intimidad con Dios'".

Palabras para nuestro tiempo

Todavía no tan conocido como debería, el "Diario" permite descubrir una semilla que, junto con tantas otras, fue plantada en el vientre ensangrentado de la historia del siglo XX. Una semilla buena, que puede acompañar y sostener especialmente a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo.

Como un bote de basura

Etty Hillesum nació en Middelburg, Holanda, en 1914, en una familia de hebreos no practicantes. Se mudó a Ámsterdam, se licenció en Jurisprudencia y comenzó a estudiar lenguas eslavas y a dar lecciones de ruso (la lengua de su madre). Era una joven mujer culta, vivaz, curiosa. Y muy inquieta. Dotada de una gran capacidad de introspección, en el principio del Diario (en 1941) se describió con estas palabras: "Yo quiero algo y no sé qué. De nuevo me siento presa de una gran inquietud y ansia de búsqueda, todo está en tensión dentro de mi cabeza [...] En lo profundo de mí misma, soy como una prisionera de una madeja de estambre, y, con absoluta claridad en los pensamientos, a veces no soy más que un pobre diablo atemorizado. [...] A veces me siento precisamente como un bote de basura; soy tan turbia, llena de vanidad, de irresolución, sentido de inferioridad. Pero en mí también hay honestidad, y un deseo apasionado, casi elemental de claridad y de armonía entre lo exterior y lo interior".

La gratitud

Decidida a ordenar su caos interior, Etty se dirigió a un alumno de Jung (Julius Spier), hebreo, fundador de la psicoquirología (ciencia que estudia a las personas analizando las manos), con quien después vivió una relación sentimental. Tras la muerte de este hombre, a quien ella llamaba "el obstétrico de su alma", le dedicó estas palabras: "Tú me has enseñado a pronunciar con naturaleza el nombre de Dios. Has sido el intermediario entre Dios y yo [...] Ahora yo seré la intermediaria para todos aquellos a quienes pueda llegar". La límpida gratitud hacia Spier, expresada en muchos pasajes de su Diario, contrasta con la presión cultural actual de "crearse a sí sin vínculos ni deudas con nadie", e invita a honrar y agradecer a todos los que, de cualquier generación, enseñan a "pronunciar el nombre de Dios", entregando de esta manera un tesoro que después cada uno, a su vez, tiene la responsabilidad de llevar a los demás.

Mientras tengas mi mano

La guerra arreciaba y las condiciones de vida empeoraban cada vez más para los hebreos holandeses. Las páginas del Diario ofrecen el recorrido interior de Etty, su dirigirse a Dios y la confianza con la que se abandona a Él: "Dios mío, tómame de la mano, te seguiré como buena chica, no opondré demasiada resistencia. No me alejaré de ninguna de las cosas que me caigan en esta vida, trataré de aceptarlo todo de la mejor manera. El calor y la seguridad me gustan, pero no me rebelaré si me toca estar en el frío, mientras tengas mi mano iré a donde sea y trataré de no tener miedo. Y, donde quieras que me encuentre, trataré de irradiar un poco de ese amor, de ese verdadero amor por los hombres que llevo dentro [...] Una vez que se comienza a caminar con Dios, se sigue simplemente caminando y la vida se convierte en un único, largo paseo".

El ágape de Dios

La oración para Etty (lectora atenta de la Biblia) no era un replegarse narcisista hacia sí misma, ni la búsqueda de una tranquilizada relación con Dios, en la que sumergirse ignorando a los demás. Bajo este aspecto, su experiencia ayudaba a identificar la distorsión en la que hoy puede caer la oración: en nuestra época, minada por un enorme narcisismo, la oración está expuesta al riesgo de convertirse en una técnica para auto tranquilizarse psicológicamente, una práctica para llegar al bienestar, para "estar bien con uno mismo" (que se ha convertido casi en un dictado de las sociedades occidentales). Rezar, para Etty, significaba involucrarse en la dinámica del ágape con Dios por todos Sus hijos: "Debemos abandonar nuestras preocupaciones para pensar en los demás, que amamos. Quiero decir esto: hay que estar a disposición de quien nos encontremos por nuestro sendero, y que lo necesite, poner a disposición toda la fuerza y el amor y la confianza en Dios que tenemos en nosotros mismos y que últimamente están creciendo maravillosamente en mí. O lo uno o lo otro: o se piensa solo en uno mismo y en la propia conservación, sin dudas, o se toman distancias de todos los deseos personales y se rinde. Para mí, esta rendición no se basa en la resignación, que es un morir, sino que se dirige hacia allá a donde Dios, por aventura, me manda a ayudar como pueda".

La vida llena de significado

Mientras tanto, la represión contra los hebreos holandeses se había enrudecido tremendamente: los nazis comenzaron a llevarlos al campo de exterminio de Westerbork, última etapa antes de Auschwitz. En julio de 1942, Etty comenzó a trabajar en una sección del Consejo Hebreo, organización que mediaba entre los nazis y los hebreos. Poco después pidió ser transferida a Westerbork, para asistir a las pelonas en tránsito. Algunas veces volvió a Ámsterdam debido a cuestiones de salud. En ella la conciencia del destino que esperaba a su pueblo estaba muy clara: "Bien, yo acepto esta nueva certeza: quieren nuestra aniquilación total. No daré más fastidios con mis miedos, no me amargaré si otros no comprenden lo que está en juego para nosotros los hebreos. Sigo trabajando con la misma convicción y encuentro la vida igualmente rica en significado". Las páginas del Diario celebran constantemente la vida: "De minuto en minuto, deseos, necesidades, vínculos se separan de mí, estoy lista para todo, me mande Dios al lugar que me mande. Estoy lista para cualquier situación y para la muerte para testimoniar que esta vida es bella".

Abrir el camino a Dios

En julio de 1943, los nazis establecieron que la mitad de los miembros del Consejo Hebraico presentes en el campo volviera a Ámsterdam, mientras que la otra mitad habría debido quedarse sin poder salir. Etty, que habría podido tratar de salvarse ocultándose, prefirió quedarse. Quería cuidar a esa humanidad dolida y espantada: "¡Cuán grandes son las necesidades de tus criaturas terrestres, Dios mío! Te agradezco porque dejas que tantas personas vengan a mí con sus penas: hablan tranquilas y sin sospechas, y, de repente, salen todas sus penas y se descubre una pobre criatura desesperada que no sabe cómo vivir. Entonces comienzan mis problemas. No basta predicarte, Dios mío, no basta desenterrarte de los corazones ajenos. Hay que abrirte el camino, Dios mío, y para hacer esto hay que ser un gran conocedor del ánimo humano. Mis instrumentos para esto son limitados. Pero ya existen, de alguna medida: los mejoraré poco a poco, con mucha paciencia".

Cada átomo de odio

En una época como la nuestra, en la que se difunden como un virus maléfico tonos de desafío y palabras de odio, Etty sostiene y anima a esa multitud inmensa de hombres y mujeres que, incluso hoy, vive con alegría y no sin mohosos sacrificios, sembrando cotidianas obras de ágape: esas infinitas formas de custodia, del cuidado, de la dedicación que mantienen al mundo de pie y que son encantos cotidianos: mesiánicamente invisibles, existencialmente decisivos. Anotó Etty: "La ausencia de odio no significa de por sí ausencia de un elemental desdén moral. Sé que quien odia tiene motivos fundados para hacerlo. Pero, ¿por qué deberíamos siempre escoger el camino más barato? Allá [en Westerbork) pude tocar con la mano cómo cada átomo de odio que se suma al mundo lo vuelve más inhóspito. Y creo que, tal vez ingenua pero obstinadamente, esta tierra podría volver a ser un poco más habitable, gracias al amor sobre el que escribió el hebreo Pablo a los habitantes de Corinto".

Hasta el último aliento

Demostrando la convicción de que la humanidad forma una cadena cuyos anillos han sido soldados unos con otros, Etty pensaba en todos los que habrían venido al mundo después de ella: "Tengo el deber de vivir de la mejor manera y con la máxima convicción, hasta el último aliento. Entonces, mi sucesor no tendrá que volver a comenzar desde el principio y con tantos esfuerzos". Todos los seres humanos nacen "en deuda" con otros y están destinados a vivir "a favor" de otros: en el Diario de Etty esta verdad humana resplandece.

Cristina Uguccioni


 

© Vatican Insider - 26 novembre 2018
    Foto a cura della redazione di www.missionerh.it


 

Para profundizar en la figura de Etty Hillesum, léase también:

* Sandro Puliani, Tú no puedes ayudarnos, sino que nos toca a nosotros ayudarte. Una página del diario de Etty Hillesum.

 


 

04/12/2018
 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis