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FRANS TITELMANS/3

“Estos pobres son mis bibliotecas”

 

 

Superior de la Provincia romana

Mapa de la Provincia romana de los Capuchinos

Titelmans se dedicó a la tarea de Superior de la Provincia romana de los Capuchinos con gran entrega, haciéndose cargo de los hermanos y estimulándolos con las palabras y, sobre todo, con los ejemplos de humildad y mortificación.

En los encuentros y en las conversaciones, explicaba a los hermanos la Regla y exaltaba, sobre todo, el precepto de la pobreza.

Una pobreza no proclamada o asombrosa, sino arraigada en la humildad, en el despojo, en el desapego; una pobreza interior encarnada en signos externos claros y numerosos que hacían decir a alguien que la de los capuchinos era una “vida desesperada”, en expiación de graves culpas de las que debían de haberse manchado anteriormente, habiendo sido todos “grandes hombres en el mundo, o soldados, capitanes, asesinos y homicidas”[1].

La altissima paupertas era, para Titelmans, “el fundamento de la Orden y de toda virtud, cuchillo cortante que quita y amputa de los siervos de Dios todo impedimento que podría detenerlos o retrasarlos en la perfecta contemplación, lo que él definía la finalidad de la vida religiosa. Esta pobreza no fue introducida por el hombre, sino por Jesucristo, Hijo de Dios, y dejada como testamento a la Iglesia, su esposa”[2].

Titelmans volvía a tomar casi literalmente las palabras de Mateo de Bascio, quien subrayaba que la intención de san Francisco fue la que los hermanos fueran absolutamente desapegados del mundo, en una perfecta pobreza a la que él llamaba “altissima”, porque era diferente de todas las demás pobrezas del mundo, y porque solo esta hacía posible la contemplación[3].

Al mismo tiempo, exhortaba a los hermanos a trabajar con sus manos y a ganar con su trabajo el propio alimento, como hacía san Pablo. Él mismo daba el ejemplo y había aprendido a fabricar canastas.

Y, cuando era Provincial, había ordenado que los hermanos “aprendieran a tejer la lana, a fabricar canastas y otras cosas. Y decía que, a menudo, se adquiere mucho más espíritu observando la Regla de esta manera y obedeciendo a Dios que permaneciendo tranquilos sin hacer nada, so pretexto del espíritu, y que, para los hermanos, sobre todo, para los más jóvenes, era imposible conservarse castos si no huían el ocio”[4].

Frecuentemente, reprochaba de manera áspera a los hermanos que ociaban o que no ocupaban bien su tiempo, “hermanos que, jóvenes y gallardos, no eran dignos de las limosnas con las que vivían en la abundancia, sin tener que penar”[5].

La profunda humildad de Titelmans le hacía preferir siempre el último lugar entre los hermanos y, atento a no dejar traslucir su gran ciencia, pasaba de buena gana por ignorante hasta tal punto que evitaba expresarse en latín, cuando no lograba hacerse entender en italiano.

Pero, el Padre Bernardino de Asti, sabiendo qué persona excepcional era, le impuso predicar a los hermanos para animarlos a la verdadera observancia de la Regla. A partir de ese momento, “pronunciaba sermones a los hermanos y explicaba la Regla de manera tan divina que todos esos venerables hermanos, a pesar de que fueran hombres de ciencia, afirmaban no haber oído nunca sentimientos y conceptos tan altos. Su rostro resplandecía como el de un querubín; ponía atención, entonces, en no utilizar el idioma vulgar y hablaba en latín. Luego, se entristecía un poco, dirigiendo la mirada hacia los laicos, como si estuviera disgustado por no poder alimentarlos de esos bellos conceptos de la Regla”[6].

“Estos pobres son mis bibliotecas”

En todo caso, el encargo de Provincial no le impidió continuar su vida pobre y austera, con el amor ardiente de la pobreza y la caridad hacia los demás, con su afabilidad y dulzura, cosas que le habían conquistado la confianza de todos los hermanos y causado fama de santidad.

Impresionado por las feas noticias que llegaban del Nuevo Mundo, sobre la desastrosa reputación que creaban con respecto a la fe, hombres crueles que no titubeaban en asesinar a los más débiles por codicia y avidez de las riquezas, Titelmans proyectó también viajar a Bélgica junto con algunos hermanos, a fin de preparar a unos colaboradores para las misiones.

Pero, las cosas evolucionaron de manera diferente. Su salud se resentía fuertemente de toda la austeridad que se había impuesto y cuando, en el mes de agosto de 1537, emprendió una visita canónica al convento de Anticoli (viejo nombre de la actual Fiuggi), estallaron, después de dos días, los síntomas de la enfermedad, con fiebres violentas, hemorragia y múltiples males. Después de casi cuatro semanas, la enfermedad ya había llevado a cabo su devastación de ese organismo debilitado, y el 12 de septiembre de 1537 Frans Titelmans fallecía.

Fueron unánimes las voces que proclamaban la santidad del capuchino, y estas fueron reforzadas por el hecho de que, cuatro años después de su muerte, su cuerpo fue hallado intacto. Se vio en esto un testimonio del cielo, confirmado también por el sentimiento común que atribuía a Titelmans varios milagros, y se profundizó la veneración de la que fue objeto a tal punto que muchos le dieron el título de Beato, pero esto no fue confirmado y la autoridad competente no tomó ninguna decisión al respecto[7].

Escribía W. Schmitz que no ha sucedido frecuentemente que algunos grandes hombres hayan iluminado una época como estrellas de primer tamaño y luego hayan desaparecido, para finalmente reaparecer más tarde[8].

Seguramente, Titelmans ha estado presente, para Mons. Schruers, Obispo de Hasselt desde 1989 hasta 2004, como inspiración y fuerte punto de referencia con su elección radical evangélica de abandonarlo todo para servir a Cristo en los pobres, en los sufrientes, en los enfermos.

“Los pobres son mi biblioteca”: así titulaba un escrito suyo Mons. Schruers, en el cual proponía de nuevo cuanto había dicho durante el Sínodo de los Obispos para Europa, refiriéndose precisamente al capuchino de Hasselt. En un tiempo en que la Iglesia en Flandes, con tanta dificultad y frecuentemente con aparente esterilidad, está a la búsqueda de una renovación evangélica, decía Mons. Schruers, la experiencia de este sacerdote de Hasselt, que ha vivido siglos atrás, puede ser llena de significado. También en su tiempo, la Iglesia atravesaba una crisis y las componendas con respecto al Evangelio eran normales. En semejantes situaciones, no son los programas o las grandes visiones los que pueden ayudar, sino algunas simples claves que nos vienen del Evangelio y de la vida de quien lo vive[9].

Las palabras de Titelmans y, sobre todo, el hecho de su conversión radical que lo llevó a servir a Cristo en los “incurables” de su tiempo, son un lugar teológico donde reflexionar sobre Dios quien se comunica al hombre, y una indicación elocuente para el mundo y la Iglesia de hoy, a poner el centro de gravedad de nuestra vida fuera de nosotros mismos, en el rostro y en la historia de cada hombre, y sobre todo de los más pobres[10].

Giuseppe Di Salvatore

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


______________________

[1] Cf. B. Da Colpetrazzo, Historia Ordinis…, IV, 157s.

[2] Cf. B. Da Colpetrazzo, Historia Ordinis…, III, 173.

[3] Cf. B. Da Colpetrazzo, Historia Ordinis…, II, 251.

[4] Cf. M. Da Salò, Historia Capuccina, en Monumenta historica Ordinis capuccinorum (MHOC), VI, 182.

[5] Cf. B. Da Colpetrazzo, Historia Ordinis…, III, 176.

[6] Cf. B. Da Colpetrazzo, Historia Ordinis…, III, 173s.

[7] Cf. Chrysostomus de Calmpthout, François Titelmans de Hasselt…, 22-23.

[8] Cfr. W. Schmitz, Het aandeel der Minderbroeder …, 80.

[9] Cf. P. Schruers, De armen zijn mijn bibliotheek, en “Samen” 14 (1999) 211; cf. también Toespraak van Mgr. Schruers op de Synode over Europa, en De radicaliteit van de liefde. Impulsen voor een nieuwe evangelisatie in de geschriften van Mgr. Paul Schruers, Altiora Averbode, Averbode 2001, 78-79; De armen zijn onze meesters. Interview over de Europese synode, en De radicaliteit van de liefde…, 80-86.

[10] Cf. E. Grasso, La radicalità dell'amore. Spunti per una nuova evangelizzazione negli scritti di Mons. Paul Schruers, Vescovo di Hasselt (Belgio), en www.missionerh.it

 

23/09/2015

 

 

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