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Perfiles misioneros y espirituales  


HERMANAS EN EL MARTIRIO/2

Santa María Amandina y Santa María Adolfina


María Adolfina

Caterina Dierkx nació en Holanda, el 8 de marzo de 1866, en el pueblo de Ossendrecht, no lejos de la frontera belga. Cuando tenía solo cinco años, su mamá, Carolina, murió a causa de una epidemia deLa capilla María Adolfina en el pueblo de Ossendrecht viruela. Los hijos fueron acogidos por los parientes. Ella y la hermana más pequeña, Betje, primero estuvieron alojadas en la casa de la abuela paterna, luego una tía asumió el cuidado de la más pequeña, y Caterina fue a vivir en una familia de simples trabajadores, con los cuales no tenía ningún vínculo familiar.

A los seis años fue enviada a la escuela de las hermanas Franciscanas de Ossendrecht, y a los doce fue a trabajar en una de las fábricas del país Mantuvo regulares contactos con las hermanas Franciscanas, frecuentando, el domingo, sus cursos de formación.

Una vez alcanzados los dieciocho años, se trasladó a Amberes, para ir a servir en una familia acomodada. Este trabajo, haciéndola salir de su pequeño pueblo contribuyó a su formación y su desarrollo humano.

De Amberes mantuvo contactos con sus hermanas y hermanos y con las hermanas Franciscanas, volviendo regularmente a su pueblo natal. Tuvo cuidado de modo particular de la hermana Betje, a la que quiso traer cerca, cuando se enteró de que en la familia donde había ido a vivir se estaba alejando de la vida cristiana. Encontró un trabajo para ella, y la guió por el camino de la fe. Algunos años después, también Betje entró en un monasterio de hermanas, en Gent.

Caterina, después de haber asistido a la que le había dado el trabajo hasta la muerte, pudo entrar, el 19 de marzo de 1893, en la Congregación de las hermanas Franciscanas Misioneras de María, para realizar su deseo de partir, un día, hacia una tierra de misión. Aquí recibió el nombre de María Adolfina. En el monasterio de Amberes, adonde la destinaron, se ocupó de la cocina y dirigió la lavandería. De buena gana hacía los trabajos más pesados y humildes, dejando a sus ayudantes los más ligeros y nobles. Permaneció allí seis años, hasta el día en que también ella recibió la llamada para participar, con otras hermanas, en la fundación de una misión en China[1].

Misión en China

Adolfina y Amandina partieron de Masilia el 12 de marzo de 1899. A bordo del barco de vapor se encontraba también Mons. Fogolla[2], quien, durante el viaje, empezó a enseñar a las hermanas misioneras la lengua china, y las informó sobre los usos y las costumbres de su diócesis en China[3]. Después de un fatigoso viaje por mar y por tierra, de casi dos meses, las siete hermanas misioneras, el 4 de mayo de 1899, se encontraron finalmente en Tayuanfu, su destinación, en la provincia de Shansi. Llegaron allá no sin peligros, contaba Amandina en una carta suya: "Frecuentemente, los asnos que nos llevaban tropezaban, sobre todo en subir y bajar de los montes, y nosotras rodábamos la una sobre la otra. Sin embargo, en aquellos momentos sentíamos mucho la gracia de Dios y nos confiábamos a su santa voluntad, sin temor o preocupación"[4].

Después de haber hecho habitable su casa, las hermanas se ocuparon enseguida de la casa para los huérfanos. Ya en 1899, vivían allí casi 200 niños, entre los cuales también unas cuarenta muchachas huérfanas, además de cierto número de mujeres chinas, quienes se ocupaban, de modo penoso, de los pequeños y los mayores: niños carentes de vestidos, llenos de insectos, que caminaban a gatas en el polvo y en el barro, semejantes a perritos[5].

Precisamente en aquel año, hubo una gran sequía y la población sufrió enormemente el hambre. Por eso, la primera ocupación diaria de las hermanas era la de buscar a los niños abandonados, alrededor de los bastiones o por las callejuelas de la ciudad[6].

Ciertamente no fue fácil hallar el canal de comunicación con las mujeres que seguían a los huérfanos, para subvertir y hacer decente una situación al límite de la supervivencia, aunque en la pobreza más completa.

Las hermanas no permanecieron rígidas en lo que era su encargo inicial y por el cual habían sido escogidas para China, porque el anuncio del mensaje evangélico cambia, ante todo, la vida de quien lleva este mensaje de liberación. Ellas se dejaron guiar por el encuentro con el otro, y por las prioridades que este determinaba. A pequeños pasos y juntas, las hermanas tuvieron éxito en este desafío, como un testigo ocular notaba: "Con un amor increíble, se ofrecieron al cuidado de las pobres huérfanas, sin ahorro de trabajo o de fatiga... Las niñas aprendieron no solo a tricotar y cocinar, sino también a lavar, planchar y coser"[7].Santa Amandina en la misión de Taiyuan, en China. Fresco, en el coro de la Capilla china del museo dedicado a Amandina

Amandina empezó enseguida su trabajo de enfermera, aunque sin disponer de una estructura adecuada para acoger a los enfermos. Lo hizo con total entrega y serenidad, como ella misma escribía: "Cada día tengo que curar a unos treinta enfermos, y me siento tan feliz en esta tarea que me parece no deber esperar nada para el futuro"[8].

El ejemplo que sacamos de estas vidas simples y lineales, que no tienen nada espectacular, nos da la dimensión de cómo la gracia de Dios actúa en el corazón de las personas. La santidad, en efecto, no consiste en realizar actos heroicos o excepcionales, sino en cumplir las pequeñas cosas, a veces escondidas, que solo Dios ve y conoce, y que, si se permanece fieles a ellas, conducen al milagro de la conversión.

Lucia Ferrigno

(Continúa)



[1] Cf. L. Jongen, Heiligenlevens in Nederland en Vlaanderen, Bert Bakker, Amsterdam 1998, 104-109.
[2] Franciscano de los frailes menores, en China desde 1866. Fu destinado a Tayuanfu, en Shansi, como Obispo coadjutor de Mons.
Grassi.
[3]
Cf. L. Jongen, Heiligenlevens in Nederland en Vlaanderen..., 107.
[4]
J. Van Baelen, Heldin in China. De gelukzalige M. Amandina van Schakkebroek, Saeftinge pvba, Blankenberge 1967, 12.
[5] Cf. L. Verschueren, Een Nederlandse martelares. De zalige Maria Adolphine. Franciscanesse Missionarisse van Maria
, Urbi et Orbi, Amsterdam 1946, 18.
[6] Cf. J. Vos, Onze vlaamsche missie-patrones de gelukzalige Maria-Amandina van het Heilig Hart. Paulina Jeuris van Schakkebroek (Herk-de-Stad) Franciscanes-Missionarisse Van Maria. Gemarteld in China, den 9en Juli 1900, Brems, Herk-de-Stad
1946, 103.
[7] L. Verschueren, Een Nederlandse martelares...,
20.
[8] J. Vos, Onze vlaamsche missie-patrones...
, 105.


26/11/09
 

 

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