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Perfiles misioneros y espirituales  



JOSEPH CARDIJN/1

Apóstol de la juventud obrera cristiana



 

El 24 de julio de 1967 muere Joseph Cardijn, una de las figuras más fascinantes en la historia de la Iglesia belga. Su personalidad y su mensaje, a los 44 años de su muerte, son todavía actuales.

Joseph Cardijn La herencia que ha dejado ha superado los confines del movimiento de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y del mismo territorio nacional, transformándose en patrimonio de la Iglesia universal.

Animado por un profundo sentido de la Iglesia y un gran amor por los jóvenes trabajadores, produjo una síntesis única entre Evangelio y doctrina social de la Iglesia.

El mundo entero puede estar agradecido a Cardijn, por la pedagogía que ha llevado a la práctica, bajo la forma de la célebre trilogía, "ver, juzgar, actuar", que se ha vuelto un punto de referencia para muchas Iglesias, movimientos y comunidades religiosas.

 

 

El llamamiento de los jóvenes obreros pobres

Joseph Cardijn nace en Bruselas (Bélgica) el 13 de noviembre de 1882, de una familia de modestos trabajadores[1]. El padre es cochero-jardinero, y su madre está al servicio de una familia burgués de la capital. El pequeño Jef ayuda a su padre durante el trabajo, pero esto no le impide tener éxito en la escuela, leer todo lo que encuentra, escuchar y observar. Nota su biógrafo que "delante de la puerta de casa pasaban los obreros y las obreras de los pueblos cercanos, que iban a las fábricas del Brabante. Aún antes de levantarse, hacia las cuatro, las cinco de la mañana, Josef escucha debajo de las ventanas el ruido de sus chanclos en contacto con el adoquinado. En estas colas interminables y doloridas, se encuentran algunos adolescentes, hasta algunos muchachos de su edad, medio adormecidos, literalmente arrastrados por sus compañeros más grandes".

 Cardijn empieza los estudios clásicos en el instituto Notre Dame, pero está claro que, como todos los muchachos de familia popular de aquel tiempo, tendrá que empezar a ganarse el pan para vivir. Una tarde, antes de acostarse, se realiza un coloquio con el padre, decisivo para su futuro: "Querría continuar asistiendo a clase. Querría hacerme sacerdote y, por eso, hay que estudiar mucho. Le pido el permiso de no ir a trabajar". El padre responde valientemente: "Ya hemos trabajado mucho. Pero, si nosotros, pobre gente, podemos tener el orgullo de donar un hijo a Dios... bien, trabajaremos más todavía".

Así Cardijn, en 1897, parte para terminar sus estudios humanísticos en el seminario menor de Malines.

Después de su ordenación sacerdotal, en setiembre de 1906, decide seguir los estudios de sociología. Con la autorización del Arzobispo de Malines, cardinal Mercier, se inscribe en la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de Lovaina.

Al término de los estudios, contra sus expectativas, es nombrado profesor de latín en el seminario Basse-Wavre (1907-1911). Para él, es una gran prueba, pero la acepta con espíritu de fe y obediencia.

Vicario parroquial en Laeken

En el comienzo de 1912, contrae una grave forma de pleuritis, y sus superiores lo nombran vicario parroquial de Laeken, en la periferia de Bruselas (1912-1918). Aquí, muy pronto, empieza a reunir algunas jóvenes aprendices, obreras y empleadas, y realiza algunas encuestas sobre su ambiente de trabajo.

El cardinal Mercier El cardinal Mercier nota enseguida la actividad entusiasta e inteligente de Cardijn, y lo nombra Director de las Obras Sociales del distrito de Bruselas (1915-1927). En 1916, el Reino de Bélgica es ocupado por los alemanes, y el joven sacerdote, comprometido en la resistencia, es condenado a trece meses de cárcel. Una vez indultado después de siete meses, se encuentra de nuevo en la cárcel el año siguiente, por haber participado con un grupo de coetáneos, sobre todo muchachas, en los servicios de espionaje en favor de los aliados.

En el campo social, está convencido de la necesidad de formar una élite obrera, que sea capaz de tomar en sus manos el propio destino. Con este objetivo que alcanzar, vuelve a reflexionar sobre toda la problemática del movimiento obrero cristiano, y confía decididamente en la juventud, la esperanza del mañana, recurriendo al empeño personal y a la responsabilidad de los jóvenes mismos.

Las dificultades, el encuentro con Pío XI, el nacimiento de la JOC

Bajo su impulso, en 1919 nace la Juventud Sindicalista. Cardijn intenta dar al nuevo movimiento una orientación completamente diferente con respecto a la espiritualidad dominante del tiempo, encarnando el Evangelio, los sacramentos y la oración en el corazón mismo de la vida y del apostolado de los jóvenes obreros, en las fábricas y en las oficinas. El éxito de la Juventud Sindicalista, sin embargo, tiene que afrontar una serie de dificultades con la ACJB (Asociación Católica de la Juventud Belga). La óptica de los dos movimientos es muy diferente.

Muy pronto, los grupos de la Juventud Sindicalista se encuentran entre dos fuegos: los movimientos juveniles cristianos existentes se oponen a la autonomía de los jóvenes trabajadores, y el movimiento obrero cristiano rechaza la autonomía de los jóvenes, porque los adultos quieren controlarlo todo.

A partir de 1924, el nombre cambia de Juventud Sindicalista en Juventud Obrera, para subrayar que los objetivos educativos son más importantes que las perspectivas sindicales. De aquí el programa y los estatutos, de la que tomará el nombre de Juventud Obrero Cristiana, la JOC.

La JOC tiene una partida fulminante, en Valonia. Al término del verano de 1924, un millar de jóvenes participa del congreso organizado por la Asociación Católica de la Juventud Belga (ACJB).

Cardijn sigue predicando que el hombre es un ser encarnado, y que el problema de la salvación tiene que ser puesto en esta perspectiva: no se trata de salvar las almas, sino de hacer llegar a Dios algunos hombres concretos, hechos de cuerpo y espíritu. Perspectiva igualmente fundamental es la apostólica y, por consiguiente, no admite que la JOC esté excluida de la acción católica.

Las cada vez más grandes dificultades que Cardijn encuentra lo empujan a ir a Roma, para pedir el parecer del papa Pío XI sobre su movimiento. El encuentro con Pío XI es un éxito. El Papa lo anima a seguir por el camino emprendido.

Entre el 18 y el 19 de abril de 1925, se lleva a cabo el Primer Congreso Nacional, en la sede de las Obras Cristianas de Bruselas. Los 400 participantes aprueban los estatutos de la JOC y el programa general del movimiento. El movimiento se extiende también en las Flandes. Se constituye, así, la rama flamenca de la JOC, que toma el nombre de Kristene Arbeidersjeugd (KAJ).
 

Maurizio Fomini

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

(Continúa)


[1] Las referencias biográficas y las citas en el texto están tomadas del volumen Aa.Vv., Cardijn. Un homme, un mouvement/Een mens, een beweging, Handelingen van het colloquium/Actes du colloque, Leuven/Louvain-la-Neuve 18-19/11/1982, Universitaire Pers Leuven/Kadoc, Leuven 1983.



22/07/2011


 

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