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JULIO CÉSAR DUARTE ORTELLADO,

EL SACERDOTE DE LA EUCARISTÍA/1



Introducción

En este breve texto, hemos resumido la vida de Julio César Duarte Ortellado, un sacerdote secular paraguayo, cuya biografía está relatada en dos libros escritos por el P. Carlos A. Heyn, quien ha utilizado también la extensa obra manuscrita de Mons. José León Mercado.

Leyendo sus cartas y el testimonio de las personas que lo conocieron de cerca, nos hemos preguntado dónde se encontraba lo extraordinario de la vida del P. Julio César. En su historia, no hay visiones y tampoco episodios sorprendentes que, en cambio, se suelen observar en los libros que hablan de algunos santos. 

Podemos afirmar que "la sola perfección moral no constituye santidad. Lo que constituye santidad es el amor y la unión con Cristo que Dios nos comunica. La perfección moral, el crecimiento en virtudes, es la consecuencia de esta comunicación"[1].

María, modelo de toda santidad, nos recuerda que la santidad es, ante todo, una cuestión de "ser" y no consiste tanto en lo que se hace, sino en la perfecta unión con Cristo por la fe, la confianza y el amor, que nos lleva a amar a los demás como Cristo los amó[2].

Por lo tanto, para dar una respuesta a nuestra pregunta, no hemos fijado nuestra atención sobre sus obras materiales que fueron muchas y demuestran su gran ardor apostólico, sino que hemos querido analizar la vida interior de Julio César, reflejo de un alma totalmente donada al Señor, no solo por un día, sino por toda la vida. El secreto de su mística reside en el amor a Jesús realmente presente en la Eucaristía

Por este motivo, hemos subrayado el amor de este sacerdote a la Eucaristía, fuente de toda su labor pastoral.

Se trata de una orientación para cualquier acción pastoral, que nos recuerda las palabras del Papa Francisco en el Paraguay: "Uno de los secretos más grandes del cristiano radica en ser amigo, amigo de Jesús. Cuando uno quiere a alguien, le está al lado, lo cuida, ayuda, le dice lo que piensa, sí, pero no lo deja tirado. Así es Jesús con nosotros, nunca nos deja tirados. Los amigos se hacen el aguante, se acompañan, se protegen. Así es el Señor con nosotros. Nos hace el aguante..."[3]

Su origen

Julio César Duarte Ortellado nació en Caazapá el 12 de abril de 1906. Su padre, don Simón Duarte Jiménez, fue un hombre muy apreciado en la zona. Cuantos lo conocieron han subrayado su capacidad para el trabajo productivo y ganancioso, así como su visión de futuro, cualidades que pondrá al servicio de la formación integral de su hijo seminarista. Fue un comerciante de variados rubros: maíz, mandioca, caña de azúcar, grasa, cuero, bananas, piñas, etcétera.

La madre de Julio César fue doña Juana Bautista Ortellado Espínola, casada en segundas nupcias con don Simón. Tuvieron siete hijos[4].

En la infancia de Julio, se destaca su carácter sencillo, pacífico, equilibrado y caritativo, cualidades mantenidas a lo largo de su vida. No faltaba en los juegos con sus compañeros; tampoco olvidaba su participación fiel en la Misa, en la que actuaba como monaguillo. 

También tenía una atención especial a los pobres, a quienes llevaba la limosna, junto con su madre, cada sábado.

La primera etapa de su vida coincidió con la época en la que el Paraguay, renacido de las cenizas de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), dejaba de ser el "Paraguay niño" para transformarse en el "joven Paraguay"[5]..En 1904, el Partido Liberal reemplazó al Partido Colorado en el Gobierno, pero había un general consentimiento para mantener el régimen establecido en 1870, aunque la inestabilidad política continuara caracterizando aquella época. Esto se realizó bajo la égida de hombres formados en el país.

Este período, denominado "la época autonómica", tuvo su inicio en 1893 y se prolongó hasta la Guerra del Chaco. Antes de esta contienda, el Paraguay, sin parar su marcha de subida, experimentó los efectos de la cuestión contradictoria de los propios confines con Bolivia[6]

La historia de la Iglesia en Caazapá se ha destacado por la presencia de los franciscanos, en particular, por la de fray Luis Bolaños, llamado "fundador de pueblos". Fue él quien tradujo el catecismo al guaraní[7]. La ciudad, fundada el 10 de enero de 1607 por el mismo Bolaños, durante el segundo Gobierno de Hernando Arias de Saavedra, era conocida como "San José de Tebicuary".

El pueblo de Caazapá, donde Julio César nació, está situado en el homónimo Departamento.

En aquella época, era un municipio bastante extenso y se encontraba en un creciente progreso, a pesar de estar muy aislado por falta de caminos. El ferrocarril suplía esta carencia y constituía la principal vía de comunicación para trasladarse a Asunción y al exterior. 

En este ámbito se formó Julio César, quien, gracias a la intuición y a la sagacidad del celoso cura párroco de Caazapá, Juan Guillermo Díaz, tomó la decisión de ingresar en el Seminario Conciliar de Asunción[8].

El sacerdote es y debe ser otro Cristo

El Seminario de Asunción, en aquella época, se encontraba al costado norte de la actual Catedral; allí Julio César estuvo seis años y regresaba durante las vacaciones unas veces al pueblo natal, otras, a una parroquia cercana, bajo la dirección y la vigilancia del párroco[9].

Sobresalió, en este período, por su personalidad. Se distinguía por su elevada estatura y por su imponente presencia, que le valió el apodo de "el cardenal Richelieu"; además, le agradaban mucho el aseo y la limpieza exterior, por eso, ponía un riguroso orden en todas sus cosas. El reglamento no era para él una carga pesada; lo cumplía hasta sus mínimos detalles, con la prontitud y la espontaneidad propias de los hombres convencidos. En esto, su conducta era irreprochable y se constituía en un modelo para todos[10]. Así lo describen sus compañeros: "Julio estaba allí en la capilla, sentado o de rodillas, con la mirada baja sin mover la cabeza a ningún lado, sin abrir los labios si no para musitar fervientes plegarias. Allí estaba recogido sin afectación, en actitud reverente, sin hipocresía, serio y grave, sin ser ceñudo ni melancólico"[11].

Todo esto es digno de nota, porque lo que predominaba en él, desde ya, era el amor a la oración: en la capilla, durante la celebración de la santa Misa, en la meditación de la mañana, en la oración de la noche y en la visita al Santísimo Sacramento. Son estas visitas prolongadas, a solas con Jesús en el Sagrario, las que han caracterizado toda la vida del seminarista y luego del sacerdote. De esta fuente, que era el punto fundamental de su vida, él extraía la fuerza para sus actividades. Eran visitas no ocasionales, esporádicas, sino cotidianas, que duraban horas delante de Aquel a Quien había entregado toda su vida.

A pesar de sus estudios posteriores en Roma y de su preparación, Julio César era consciente de que para nada le servirá ser sabio, predicar bien y ser aplaudido por la gente, sin ser santo. Durante toda su vida, llevará esta convicción que le enaltecía cada vez más la dignidad de su persona. Escribía a su madre: "El sacerdote, madre mía, es y debe ser otro Cristo"[12].

Maria Laura Rossi

(Continúa)




[1] S. Galilea, Los días de Emaús, Ediciones Paulinas, Santafé de Bogotá 1993, 9.

[2] Cf. S. Galilea, Los días... 12.

[3] Papa Francisco, Encuentro con los jóvenes en la Costanera de Asunción (12 de julio de 2015).

[4] Cf. C.A. Heyn˗J.L. Mercado, Presbítero Julio César Duarte Ortellado (1906˗1943). Sacerdote Secular Paraguayo de Vida ejemplar, Diócesis de Carapeguá 2010, 15-18.

[5] Cf. E. Cardozo, Apuntes de historia cultural del Paraguay, Universidad Católica (Biblioteca de Estudios Paraguayos 11), Asunción 1985, 311.

[6] Cf. E. Cardozo, Apuntes de historia cultural..., 311-339.

[7] Cf. E. Cardozo, Breve historia del Paraguay, El Lector, Asunción 1987, 30.

[8] Cf. C.A. Heyn˗J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 31

[9] Cf. C.A. Heyn˗J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 32.

[10] Cf. C.A. Heyn˗J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 35.

[11] C.A. Heyn˗J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 36.

[12] C.A. Heyn˗J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 49.



15/03/2016

 

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